De las mujeres derechos políticos en América Latina centro

10 consideraciones para la reunión del Consejo Ciudadano [Pablo Iglesias]

2019.01.30 17:29 Subversivo-Maldito 10 consideraciones para la reunión del Consejo Ciudadano [Pablo Iglesias]

10 consideraciones para la reunión del Consejo Ciudadano
Hoy no podré asistir a la reunión de nuestro Consejo Ciudadano Estatal. Me conectaré por teléfono en la medida en que las tareas que conlleva mi permiso de paternidad me lo permitan, como hizo Irene en el último Consejo. Sin embargo, quiero hacer algunas consideraciones sobre la situación política general y sobre nuestra situación como fuerza política, dirigidas no solamente a nuestros consejeros sino también a nuestra militancia e inscritos.
  1. Vuelve la geopolítica del miedo: golpes de Estado y fake news. La situación internacional está dominada por la competencia entre viejas y emergentes superpotencias y entre diferentes poderes e intereses económicos. La competencia entre Estados Unidos y China tras la llegada de Trump se ha redefinido en términos más agresivos por parte de la administración estadounidense. Por desgracia todo apunta a que en las dos próximas décadas esa competencia se podrá expresar en conflictos militares de mayor escala entre los dos grandes y el resto de actores geopolíticos. De hecho, lo que está ocurriendo en América Latina no se puede desligar de la presión de EEUU por recuperar terreno frente a sus competidores geopolíticos. Reconocer los límites y fracasos de muchos proyectos políticos construidos en nombre de la justicia social, no debe hacernos ciegos ante la normalización de la mentira como instrumento político y a los intereses económicos que mueven los golpes de Estado, por mucho que se hagan en nombre de la democracia. Los amigos y aliados de los dirigentes saudíes no tienen legitimidad para hacer exámenes de democracia a otros países. Debemos seguir defendiendo el respeto al Derecho Internacional, el diálogo y la mediación pacífica para afrontar el conflicto en Venezuela.
  2. Los chalecos amarillos son el enésimo indicador del fracaso del neoliberalismo en Europa. La Unión Europea renunció a ser un referente geopolítico de primer orden y asiste a la degradación de sus sistemas de protección social y al fin de buena parte de sus sistemas políticos tal y como los hemos conocido. El proyecto de la Europa alemana, asociado a políticas de recortes y precariedad, está mostrando su agotamiento. La traducción política más evidente es el auge de fuerzas xenófobas y de extrema derecha. Podemos fue y es una de las pocas traducciones en forma democrática a la crisis europea y una barrera frente al autoritarismo. El macronismo, como pretendido contenedor moderado de las crisis del sistema europeo, está revelando sus estrecheces frente a la agresividad social del globalización. Debemos defender una Europa basada en la justicia social, respetuosa de las soberanías y que se construya como actor político internacional referente de los derechos humanos y la legalidad internacional.
  3. Los trillizos reaccionarios son la vía aznariana de involución democrática para afrontar la crisis de régimen en España. El nuevo Gobierno de Andalucía señala un modelo para ayuntamientos y comunidades de toda España y para el Estado. La receta es más atlantismo, más neoliberalismo y violencia social, más judicialización para afrontar cualquier conflicto, la recentralización para encarar la crisis territorial y fakeperiodismo de tabloides para dar la pelea del relato. Frente a la extrema derecha y su capacidad directora de la triple alianza aznariana, el feminismo y la revolución de las mujeres señalan el mejor camino de progreso hacia la justicia social.
  4. Nuestros adversarios quieren destruir el bloque de la moción de censura. Quieren impedir que ese bloque se convierta en un gobierno de coalición entre Unidos Podemos y el Partido Socialista que sea un referente europeo de políticas de protección del Estado del bienestar y que afronte la crisis territorial desde el diálogo y la negociación política. La moción de censura que sacó al PP del Gobierno y el acuerdo de presupuestos que firmamos en Moncloa con Pedro Sánchez, supusieron la mayor demostración del peso político de Unidos Podemos en España. Lógicamente van a por nosotros y de nuestra madurez y la de nuestros aliados depende que sigamos siendo o no un actor decisivo que pueda gobernar en España.
  5. Destruir Unidos Podemos es condición de posibilidad para que solo haya dos alternativas de superación de la crisis de régimen. La más evidente hoy es el modelo aznariano de los trillizos reaccionarios, frente a la que algunos sectores del poder tratan de lanzar un modelo macroniano de gran centro con un PSOE susanista y Ciudadanos como protagonistas. Para eso necesitan lo que algunos analistas llaman una izquierda amable escindida de Podemos. Los acontecimientos de las últimas semanas muestran hasta qué punto fue relevante el debate que tuvimos en el Consejo Ciudadano sobre si apoyar o no el Gobierno de Rivera presidido por Sánchez en 2016. Los inscritos resolvieron el debate de manera clara, pero los adversarios de Unidos Podemos tomaron nota.
  6. Hoy Unidos Podemos vuelve a ser un actor determinante para que el acuerdo de presupuestos que firmamos con el Gobierno se haga realidad. Justo en el momento de nuestro mayor peso político en España, cuando buena parte de nuestros dirigentes trabajaban en las negociaciones con el Gobierno para que se cumpla el acuerdo de presupuestos, se ha puesto en cuestión, desde fuera pero con aliados dentro, nuestro sentido como fuerza política.
  7. En política la forma es el fondo. La propuesta de superar Unidos Podemos como referencia política del cambio, que representa lo poco que conocemos del nuevo partido de Íñigo y Manuela, es un planteamiento que me parece erróneo pero que es legítimo. Sin embargo, no se ha discutido ni en los órganos ni en ningún proceso de participación en Podemos. Mientras una Asamblea Ciudadana no decida nuestra autodisolución o nuestro fin como referente electoral, en Podemos las decisiones las toman los inscritos y los espacios colectivos de dirección elegidos por ellas y ellos. Hacer las cosas en secreto, por sorpresa y sin contar con los espacios colectivos me parece incompatible con formar parte de Podemos y sus espacios colectivos. Con todo, es legítimo que, por la vía de los hechos consumados, haya compañeros que abandonen nuestra formación. Hay que asumirlo con naturalidad y madurez.
  8. Iñigo, a pesar de todo, no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos. La indignación ante la falta de respeto a nuestros espacios colectivos es natural y lógica, pero debemos afrontar la situación con madurez y responsabilidad. Nuestro trabajo es ser útiles a la ciudadanía y ello pasa por ser generosos y responsables tratando de construir una confluencia lo más amplia posible. Comparto la preocupación expresada por muchos de nuestros secretarios autonómicos.
  9. Podemos debe ahora tener un debate sosegado y la dirección interina de nuestra organización madrileña debe bajar ese debate a los círculos. Debe hablarse de programa, de proyecto para Madrid y también de procedimientos de participación y decisión con Izquierda Unida y con los actores con los que hemos construido Unidos Podemos. Debe hablarse también con otros actores de la sociedad civil y por supuesto con el partido de Íñigo y Manuela. Pero para llegar a ese punto Podemos necesita tener un debate propio sin que se le pretenda imponer tragar con platos precocinados. Hemos cometido errores pero para enmendarlos y asumir responsabilidades nos hemos dotado de procedimientos que deben ser respetados y que tienen sus tiempos.
  10. Carmena no es lo que fue pero representa lo más útil que hay para impedir que la derecha reconquiste el poder municipal en Madrid. Me apena que del proyecto de Ahora Madrid de hace cuatro años quede tan poco y nunca entendí el papel que ha jugado el equipo de gobierno Carmena en la Operación Chamartin. Soy consciente de los problemas de burocratización de las organizaciones colectivas como la nuestra pero me parecen preferibles a los partidos de expertos o notables, sin mecanismos conocidos de toma de decisiones, configuración de listas o rendición de cuentas. Es normal que muchos compañeros que compartieron el camino de Ahora Madrid vayan a conformar una candidatura alternativa. A mi entender debemos saludar y escuchar cualquier iniciativa que defienda el municipalismo transformador pero creo que debemos ser responsables asumiendo que, hasta el día de hoy, la opción más viable para que la derecha no vuelva al Ayuntamiento es que Manuela Carmena repita como alcaldesa. Ojalá Manuela quisiera contar con nosotros en esa tarea respetándonos como partido y proyecto colectivo, ojalá contara con todos los que la apoyaron en Ahora Madrid, pero hay algo mucho más importante que nosotros mismos y es que la derecha no vuelva a Madrid.
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2019.01.30 15:29 MayaTime Mensaje de Pablo Iglesias a los inscritos (30-01-2019) 😀

10 consideraciones para la reunión del Consejo Ciudadano
Hoy no podré asistir a la reunión de nuestro Consejo Ciudadano Estatal. Me conectaré por teléfono en la medida en que las tareas que conlleva mi permiso de paternidad me lo permitan, como hizo Irene en el último Consejo. Sin embargo, quiero hacer algunas consideraciones sobre la situación política general y sobre nuestra situación como fuerza política, dirigidas no solamente a nuestros consejeros sino también a nuestra militancia e inscritos.
  1. Vuelve la geopolítica del miedo: golpes de Estado y fake news. La situación internacional está dominada por la competencia entre viejas y emergentes superpotencias y entre diferentes poderes e intereses económicos. La competencia entre Estados Unidos y China tras la llegada de Trump se ha redefinido en términos más agresivos por parte de la administración estadounidense. Por desgracia todo apunta a que en las dos próximas décadas esa competencia se podrá expresar en conflictos militares de mayor escala entre los dos grandes y el resto de actores geopolíticos. De hecho, lo que está ocurriendo en América Latina no se puede desligar de la presión de EEUU por recuperar terreno frente a sus competidores geopolíticos. Reconocer los límites y fracasos de muchos proyectos políticos construidos en nombre de la justicia social, no debe hacernos ciegos ante la normalización de la mentira como instrumento político y a los intereses económicos que mueven los golpes de Estado, por mucho que se hagan en nombre de la democracia. Los amigos y aliados de los dirigentes saudíes no tienen legitimidad para hacer exámenes de democracia a otros países. Debemos seguir defendiendo el respeto al Derecho Internacional, el diálogo y la mediación pacífica para afrontar el conflicto en Venezuela.
  2. Los chalecos amarillos son el enésimo indicador del fracaso del neoliberalismo en Europa. La Unión Europea renunció a ser un referente geopolítico de primer orden y asiste a la degradación de sus sistemas de protección social y al fin de buena parte de sus sistemas políticos tal y como los hemos conocido. El proyecto de la Europa alemana, asociado a políticas de recortes y precariedad, está mostrando su agotamiento. La traducción política más evidente es el auge de fuerzas xenófobas y de extrema derecha. Podemos fue y es una de las pocas traducciones en forma democrática a la crisis europea y una barrera frente al autoritarismo. El macronismo, como pretendido contenedor moderado de las crisis del sistema europeo, está revelando sus estrecheces frente a la agresividad social del globalización. Debemos defender una Europa basada en la justicia social, respetuosa de las soberanías y que se construya como actor político internacional referente de los derechos humanos y la legalidad internacional.
  3. Los trillizos reaccionarios son la vía aznariana de involución democrática para afrontar la crisis de régimen en España. El nuevo Gobierno de Andalucía señala un modelo para ayuntamientos y comunidades de toda España y para el Estado. La receta es más atlantismo, más neoliberalismo y violencia social, más judicialización para afrontar cualquier conflicto, la recentralización para encarar la crisis territorial y fakeperiodismo de tabloides para dar la pelea del relato. Frente a la extrema derecha y su capacidad directora de la triple alianza aznariana, el feminismo y la revolución de las mujeres señalan el mejor camino de progreso hacia la justicia social.
  4. Nuestros adversarios quieren destruir el bloque de la moción de censura. Quieren impedir que ese bloque se convierta en un gobierno de coalición entre Unidos Podemos y el Partido Socialista que sea un referente europeo de políticas de protección del Estado del bienestar y que afronte la crisis territorial desde el diálogo y la negociación política. La moción de censura que sacó al PP del Gobierno y el acuerdo de presupuestos que firmamos en Moncloa con Pedro Sánchez, supusieron la mayor demostración del peso político de Unidos Podemos en España. Lógicamente van a por nosotros y de nuestra madurez y la de nuestros aliados depende que sigamos siendo o no un actor decisivo que pueda gobernar en España.
  5. Destruir Unidos Podemos es condición de posibilidad para que solo haya dos alternativas de superación de la crisis de régimen. La más evidente hoy es el modelo aznariano de los trillizos reaccionarios, frente a la que algunos sectores del poder tratan de lanzar un modelo macroniano de gran centro con un PSOE susanista y Ciudadanos como protagonistas. Para eso necesitan lo que algunos analistas llaman una izquierda amable escindida de Podemos. Los acontecimientos del las últimas semanas muestran hasta que punto fue relevante el debate que tuvimos en el Consejo Ciudadano sobre si apoyar o no el Gobierno de Rivera presidido por Sánchez en 2016. Los inscritos resolvieron el debate de manera clara, pero los adversarios de Unidos Podemos tomaron nota.
  6. Hoy Unidos Podemos vuelve a ser un actor determinante para que el acuerdo de presupuestos que firmamos con el Gobierno se haga realidad. Justo en el momento de nuestro mayor peso político en España, cuando buena parte de nuestros dirigentes trabajaban en las negociaciones con el Gobierno para que se cumpla el acuerdo de presupuestos, se ha puesto en cuestión, desde fuera pero con aliados dentro, nuestro sentido como fuerza política.
  7. En política la forma es el fondo. La propuesta de superar Unidos Podemos como referencia política del cambio, que representa lo poco que conocemos del nuevo partido de Íñigo y Manuela, es un planteamiento que me parece erróneo pero que es legítimo. Sin embargo, no se ha discutido ni en los órganos ni en ningún proceso de participación en Podemos. Mientras una Asamblea Ciudadana no decida nuestra autodisolución o nuestro fin como referente electoral, en Podemos las decisiones las toman los inscritos y los espacios colectivos de dirección elegidos por ellas y ellos. Hacer las cosas en secreto, por sorpresa y sin contar con los espacios colectivos me parece incompatible con formar parte de Podemos y sus espacios colectivos. Con todo, es legítimo que, por la vía de los hechos consumados, haya compañeros que abandonen nuestra formación. Hay que asumirlo con naturalidad y madurez.
  8. Iñigo, a pesar de todo, no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos. La indignación ante la falta de respeto a nuestros espacios colectivos es natural y lógica, pero debemos afrontar la situación con madurez y responsabilidad. Nuestro trabajo es ser útiles a la ciudadanía y ello pasa por ser generosos y responsables tratando de construir una confluencia lo más amplia posible. Comparto la preocupación expresada por muchos de nuestros secretarios autonómicos.
  9. Podemos debe ahora tener un debate sosegado y la dirección interina de nuestra organización madrileña debe bajar ese debate a los círculos. Debe hablarse de programa, de proyecto para Madrid y también de procedimientos de participación y decisión con Izquierda Unida y con los actores con los que hemos construido Unidos Podemos. Debe hablarse también con otros actores de la sociedad civil y por supuesto con el partido de Íñigo y Manuela. Pero para llegar a ese punto Podemos necesita tener un debate propio sin que se le pretenda imponer tragar con platos precocinados. Hemos cometido errores pero para enmendarlos y asumir responsabilidades nos hemos dotado de procedimientos que deben ser respetados y que tienen sus tiempos.
  10. Carmena no es lo que fue pero representa lo más útil que hay para impedir que la derecha reconquiste el poder municipal en Madrid. Me apena que del proyecto de Ahora Madrid de hace cuatro años quede tan poco y nunca entendí el papel que ha jugado equipo de gobierno Carmena en la Operación Chamartin. Soy consciente de los problemas de burocratización de las organizaciones colectivas como la nuestra pero me parecen preferibles a los partidos de expertos o notables, sin mecanismos conocidos de toma de decisiones, configuración de listas o rendición de cuentas. Es normal que muchos compañeros que compartieron el camino de Ahora Madrid vayan a conformar una candidatura alternativa. A mi entender debemos saludar y escuchar cualquier iniciativa que defienda el municipalismo transformador pero creo que debemos ser responsables asumiendo que, hasta el día de hoy, la opción más viable para que la derecha no vuelva al Ayuntamiento es que Manuela Carmena repita como alcaldesa. Ojalá Manuela quisiera contar con nosotros en esa tarea respetándonos como partido y proyecto colectivo, ojalá contara con todos los que le apoyaron en Ahora Madrid, pero hay algo mucho más importante que nosotros mismos y es que la derecha no vuelva a Madrid.
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2018.10.17 09:35 RaulMarti EN BRASIL: LA IGLESIA EVANGELISTA ACORRALA A LA IGLESIA CATOLICA Y OCUPA EL ESPACIO DEL ESTADO

Entrevista de Eduardo Febbro a Lamia Oualalou, autora de "JESUS TE AMA"(Página 12)
“Los evangelistas en Brasil ocuparon el espacio del Estado”
La investigadora franco-marroquí habla de cómo funciona la lógica de la “teología de la prosperidad” en el vecino país. Los evangelistas están en todas las esferas de poder: en el aparato judicial, en la política, en la policía.
. La periodista franco marroquí y especialista de América Latina Lamia Oualalou la cuenta desde su más insólita raíz: el movimiento evangélico que se apoderó del primer país católico del mundo y, desde allí, mucho antes de las elecciones presidenciales, derrotó a la izquierda brasileña en la intimidad de los templos de las múltiples iglesias evangélicas que pululan en el país.
Su investigación periodística publicada en francés por les Editions du Cerf, Jésus t’aime, (Jesús te ama) es la crónica resplandeciente y rigurosa de un movimiento de vagos arraigos teológicos que fue trepando por la columna vertebral del país humilde y periférico abandonado por el Estado, la Iglesia Católica y la misma izquierda.
La nación que en los años 60 vio nacer la teología de la liberación perdió ante lo que la autora llama “la teología de la prosperidad” y sus elocuentes y disparatadas escenificaciones: la Juda Cola remplaza a la Cola Cola, Bolsonaro es un un santo al lado de Satanás, es decir, el PT, los pastores de las iglesias evangélicas son los nuevos millonarios del Brasil y los propietarios de los principales medios de comunicación que pusieron al servicio del candidato que salió a la cabeza de la primera vuelta.
–Con los resultados de la primera vuelta de las elecciones en Brasil y el peso considerable que han tenido en ella los evangelistas ¿se puede decir que hay una expansión del evangelismo en América Latina?
–Sí hay una expansión en México, en Argentina, en Chile. En Brasil vemos la consecuencia de la influencia de los evangelistas directamente en las elecciones: los pastores evangelistas llamaron a votar por Bolsonaro. Hoy tenemos una buena parte de la población brasileña que no sólo es evangélica sino que también sigue lo que le dice el pastor.
Esto ha tenido y tendrá un impacto muy complicado porque el PT no sabe hablar con los evangélicos. Ese ha sido uno de los grandes errores que ha cometido en el pasado.
–Usted demuestra en su investigación que esa expansión del evangelismo es una respuesta a la ausencia del Estado…y algo más.
Hubo varios factores combinados.
Por un lado, poco a poco la Iglesia Católica fue desapareciendo de los lugares más populares, sobre todo de las nuevas ciudades y las favelas que se crearon con una velocidad enorme después de los años 70.
La Iglesia Católica tiene aquí un problema de presencia urbana: en las favelas y las ciudades emergentes la Iglesia Católica no entra.
En ese mundo suburbano, pobre, con gente oriunda por ejemplo del Nordeste, no hay lugares de sociabilización.
Lo único que existe es el templo evangélico: allí pueden cantar, hacerse de amigos, dejar a sus hijos. No están presentes ni el Estado con sus ayudas (salud, trabajo, educación), ni la Iglesia Católica, pero sí los evangelistas que suelen prestar algunos de esos servicios. Los evangelistas, en Brasil, ocuparon el espacio del Estado con el consiguiente impacto cultural y político que ello acarrea: la gente sólo escucha la radio evangélica, ve la televisión evangélica, acude a los grupos evangélicos de Facebook y WhatsApp.
La gente vive encerrada en ese mundo.
Y claro, viven en ese círculo porque los partidos y movimientos progresistas, el PT por ejemplo, abandonaron a esta gente.
Al final, lo que ocurrió es que se cortaron los puentes para dialogar con la gente humilde.
¡Qué enorme y dolorosa paradoja!:Brasil fue la tierra donde se forjó la Teología de la Liberación y hoy se ha vuelto la cuna del evangelismo, al que usted define como una “teología de la prosperidad”.
La lógica de la teología de la prosperidad es fascinante porque le dice al miembro de la Iglesia que, básicamente, tiene derecho a todo: a la salud, a una buena vida material.
¡ Y eso ahora mismo y no en la próxima vida !.
Y si no lo tiene ya es porque no sabe exigir.
Esto implica un cambio con respecto a la relación con Dios:
Dios tiene que darte eso y sólo tienes que saber pedírselo.
Y para pedírselo debes formar parte del grupo evangélico, pagar y rezar. Y al final, de alguna forma funciona: cuando los evangelistas dicen “deja de beber y vas a encontrar un trabajo”, la gente termina trabajando más y mejor sin estar borracha.
Por eso la gente termina viendo que hay un impacto positivo en su vida, aunque lo que obtengan sea mínimo.
La izquierda brasileña parece que tampoco entendió el tema de la teología de la prosperidad.
No, claro que no y eso ha sido otra tragedia
. La izquierda interpretó la teología de la prosperidad de forma muy básica. La leyó únicamente como una adaptación del neoliberalismo.
Es cierto que hay una parte de consumismo, pero también existe una fuerte lógica de solidaridad.
Hoy se pagan las consecuencias: lo que empezó con Dios se convirtió en un enorme movimiento moralista, anti PT, anti intervención del Estado.
Los evangelistas están en una lógica de consumo capitalista. No obstante, es preciso resaltar que ese era el discurso de todo el país. Incluso en los años de Lula se decía “ahora todos los brasileños pueden ser ciudadanos porque tienen acceso a una tarjeta de crédito” (Guido Mantega, ex ministro de Hacienda).
Para mucha gente, los años de Lula le dieron más legitimidad a la teología de la prosperidad.
Ese discurso se apoderó de todo el país.
El evangelismo también es una forma de ascenso en la escala social. Ni el trabajo, ni la política ni el sindicalismo lo permiten.
Los evangelistas hicieron un trabajo de penetración sector por sector: sedujeron a los deportistas, a los actores, a los surfistas, a la policía, al crimen organizado, etc, etc. Sectorizaron su expansión.
De hecho no hay una Iglesia evangélica sino muchas.
Su único punto en común es la fuerte personalidad de los pastores
. Los evangelistas tienen una visión de marketing sobre la sociedad. Hacen una Iglesia que interesa a la gente que juega al futbol, otra Iglesia para los gays porque están excluidos, otra Iglesia más rigurosa y una más permisiva.
Esto termina teniendo una fuerza increíble porque siempre acabas encontrando una Iglesia a tu gusto.
Están igualmente en todas las esferas de poder: en el aparato judicial, en la política (tienen 90 diputados), en la policía.
Si van a la página de la policía militar verán que una parte de las ayudas sociales están organizadas por los evangelistas. Hasta son mayoritarios en las cárceles.
En Río de Janeiro, de las 100 representaciones religiosas que están presentes en las cárceles 92 son evangélicas. El Estado lo permite porque ha perdido si capacidad de intervención..
Con Bolsonaro y sus respaldos evangélicos estamos ante una doble derrota: la del PT y la del Papa Francisco.
Creo que cuando vino a Brasil el papa Francisco se dio cuenta de que era demasiado tarde.
Las imágenes del viaje del Papa con millones y millones de personas correspondían a barrios católicos.
Cuando les preguntaba a los evangelistas qué pensaban de Francisco, muchos de ellos no sabían quién era el Papa.
Y estamos hablando del primer país católico del mundo. Además, para no perder terreno, una parte de la Iglesia Católica termina en muchos casos imitando a la Iglesia Evangélica.
El Papa tuvo que aceptarlo. La única manera de cambiar la situación actual es con un trabajo de terreno.
Pero la gente que está en Brasil fue nombrada por los dos papas anteriores (Benedicto XVI y Juan Pablo Segundo) y hoy no repercute lo que ordena Francisco.
Derrota también del PT, claro.
Como la izquierda brasileña abandonó a las poblaciones pobres esta población se fue cada vez más a la derecha. Encima la campaña se articuló en torno a WhatsApp, detalle que el PT tampoco entendió.
En suma, Bolsonaro no estaría donde está sin los aportes de los evangelistas. Estos derrotaron al PT en los templos antes de las elecciones.
El entendió muy bien cómo hablar con ellos.
No es evangélico (su mujer sí) pero aceptó toda una parte del circo evangélico: pidió a un Pastor que lo bautizara y acude con frecuencia a los actos evangélicos
. En este momento de crisis y de miedo él viene con este discurso de orden, de matar a los bandidos.
A esto se le agrega el trabajo de demonización del PT que emprendieron los pastores.
En los templos se dice que la crisis y la recesión son culpa de satanás, y ese satanás es el PT.
Presentan al PT como si fuera un partido radical cuando en realidad es de centro- izquierda. Distribuyen una retórica que nada tiene que ver con la realidad y la gente cree.
Además, los evangelistas trabajaron el tema de los medios.
La segunda televisión del país es propiedad de Edir Macedo, el Obispo de La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). Macedo puso todo su aparato mediático al servicio de Bolsonaro.
El poder de Bolsonaro va a depender mucho del poder de los pastores evangelistas.
El PT intenta a la apurada acercarse a ese electorado, pero es tarde. Lo que habría que hacer es deconstruir la imagen de los pastores y demostrar que son bandidos, que son las principales fortunas del país.
Pero esto no se lleva a cabo en un par de semanas.
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2017.02.01 10:15 Subversivo-Maldito Resumen de la PRIMERA PARTE (Hacia una nueva Transición) del Documento POLITICO que el Equipo de Pablo Iglesias presentará en VistaAlegre II, y, titulado: Mandar Obedeciendo (Podemos para Todos)

PRIMERA PARTE: HACIA UNA NUEVA TRANSICIÓN:
La primera Transición y el Régimen del 78. B) Los años 80-90 y los hechos que nos han conducido a la necesidad de una NUEVA TRANSICIÓN a partir de la Crisis del 2008. C) El surgimiento de Podemos. D) «Vistalegre I»: la máquina electoral. E) El bloqueo. F) Un régimen débil y un gobierno no tan débil: el epílogo de Rajoy. G) El efecto poltergeist y el bloque de la restauración. H) Las claves de la nueva transición: el fin del miedo.
A) La primera Transición y el Régimen del 78
España vive una tensión entre restauración y cambio....Aunque no hayamos logrado todos nuestros objetivos, hemos cambiado nuestro país. La corrupción ya no se acepta con resignación; a los políticos que hacen mal las cosas no se les recompensa; a los políticos corruptos no se les celebra; los machistas, sean en la política, en el periodismo, en la universidad o en la empresa, ya no campan a sus anchas; la monarquía no puede seguir comportándose como si España fuera su cortijo;... Queda mucho por hacer, pero estamos cambiando nuestro país.
El régimen del 78 ha dado el nombre al sistema político español vigente desde la promulgación de la Constitución de 1978 hasta las elecciones generales de diciembre de 2015. Tal sistema fue el resultado de la Transición, un proceso de transformación institucional que posibilitó el tránsito desde una dictadura hacia una democracia liberal... Vázquez Montalbán definió la relación entre los actores protagonistas de la Transición como «una correlación de debilidades», pues las élites del franquismo carecían de legitimidad pero tenían casi todo el poder, mientras que las élites de la oposición democrática (básicamente la izquierda) tenían solo legitimidad.
La Transición tuvo como hitos fundamentales los referéndums que avalaron la Ley para la Reforma Política y la proclamación de la Constitución de 1978 con los Pactos de la Moncloa incluídos...Al mismo tiempo, el fracaso del golpe de Estado del 23F (que fortaleció a Juan Carlos de Borbón) y la abrumadora victoria del PSOE en 1982, (con la incorporación de España a la Comunidad Europea y con el referéndum sobre la OTAN) consolidaron el un nuevo proceso político en este País. Al mismo tiempo, el sistema del 78 se articuló sobre dos grandes partidos nacionales, que se las supieron "componer" para resistir la tensión plurinacional....En el caso catalán, la clave fue el reconocimiento mutuo entre las élites españolas y las catalanas. En el caso del País Vasco, el terrorismo de ETA, el consenso entre los principales partidos, restó progresivamente capacidad operativa a ETA y, sobre todo, apoyo político en Euskadi y Navarra.
Por otra parte, como en el resto del mundo, durante las tres primeras décadas del sistema del 78 tuvo lugar un enorme desarrollo de la cultura audiovisual y los medios de comunicación, que se consolidaron como actores ideológicos fundamentales, y, con un nivel de influencia sin precedentes.
Por último, la base social que garantizó el éxito del sistema político del 78 fueron unos sectores populares cuya aspiración era convertirse en clases medias....y vivir en el sueño de la modernización y mejora de sus condiciones de vida, un objetivo que hasta cierto punto se cumplió....No se puede negar que la mejora de las condiciones de vida de amplios sectores de la población y la extensión y mejora de los servicios públicos fue una realidad durante los años ochenta y noventa del pasado siglo xx. Después vendría la crisis del 2008, que nos hizo contemplar a dónde nos había llevado un modelo de desarrollo sustentado en la especulación inmobiliaria y en el consumo mediante el crédito ilimitado....y, todo ello, en un país con una estructura productiva débil, la cual, a su vez, había transferido buena parte de sus atribuciones soberanas a Europa....Con la crisis de 2008 comenzó en España una década de transformaciones que culminaría en la nueva transición que estamos viviendo.
B) Los años 80-90 y los hechos que nos han conducido a la necesidad de una NUEVA TRANSICIÓN a partir de la Crisis del 2008.
A partir de finales de los años 70 se producirá un empoderamiento constante de los sectores financieros...en dónde la globalización económica tendrá un signo político de carácter neoliberal: la desregulación financiera puso fin al sistema monetario y financiero de Bretton Woods.....Tras duros conflictos, los trabajadores perdieron capacidad de negociación...limitándose los instrumentos de protección social....Crecieron también las deslocalizaciones productivas hacia áreas periféricas con mano de obra barata y el deterioro medioambiental alcanzó dimensiones inéditas....Los años 80 fueron tiempos de derrota para los proyectos emancipatorios y de desgaste progresivo de la URSS y sus países satélites, que se fueron desplomando como un castillo de naipes desde finales de los años ochenta.
Fueron años en dónde comenzó hablarse del «fin de las ideologías»....y, en dónde, muchos "progresistas" llegaron a creer, e, incluso defender que era verdad.... A finales de la década de los noventa comenzaron a sugir adversarios políticos al neoliberalismo no solo en forma de movimientos sociales, sino también de nuevos gobiernos que reivindicaron un nuevo papel del Estado, como, por ejemplo, sucedió en En América Latina....Al mismo tiempo, paralelamente, frente a la vieja hegemonía absoluta de Estados Unidos en los ámbitos políticos y económicos, emergieron nuevas y viejas superpotencias como China y Rusia.
Al mismo tiempo, la desaparición del bloque del Este y la reunificación alemana constituyeron el mejor empujón para la expansión del poder financiero y el predominio alemán en Europa, que adquirió rango constitucional con el Tratado de Maastricht en 1992, por el que los Estados entregaban la soberanía monetaria al Banco Central Europeo.
Tras Maastricht, los mecanismos de intervención en la economía por parte del Estado quedaron reducidos a los recortes, la contención salarial...; o dicho en plata: en la Unión Europea de Maastricht y del Tratado de Lisboa la capacidad de los gobiernos para tomar decisiones políticas macroeconómicas nacionales es más que escasa.
Por su parte, la crisis del 2008, sin embargo, que comenzó en Estados Unidos como crisis hipotecaria, provocó en Europa efectos desastrosos, sobre todo en los llamados despectivamente PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), donde millones de personas perdieron sus empleos y sus viviendas y donde los sistemas de salud y educación públicos se deterioraron, produciendo una notable inestabilidad política. En la europeriferia, la respuesta de los gobiernos (ya fueran conservadores o socialdemócratas) desplazar la carga y las consecuencias de la crisis de los bancos a la gente, aplicar recortes y precarizar el mercado de trabajo....
Entretanto, en España, la cual en el pasado siempre se ponía como ejemplo de éxito económico por parte de los partidarios de la moneda única y del Tratado de Lisboa, se tiene que enfrentar a una situación social humillante, consecuencia de un modelo de desarrollo fundamentado en burbujas inmobiliarias y pelotazos urbanísticos, administrados y promovidos por los viejos partidos del régimen del 78....Las políticas de recortes aplicadas en la última etapa de Zapatero y continuadas por Rajoy fueron determinantes para desencadenar la crisis de régimen del 78...La clave fue el ensañamiento con amplísimos sectores populares fruto de las políticas de austeridad y recortes aplicadas, y sobre todo la terrible frustración de expectativas entre las generaciones más jóvenes...El 15M fue quizás la válvula de escape más obvia de aquellas frustraciones...aunque lo cierto es que cogió a la izquierda con el pié cambiado revelándose su impotencia en esos momentos...Y es que el 15M proporcionó también muchos de los ingredientes de un nuevo sentido político antioligárquico que no se podía entender solamente mediante la geografía ideológica tradicional izquierda-derecha...El 15M abrio las posibilidades de articular un nuevo espacio político....iniciando, con ello, un ciclo de amplia movilización social que tuvo como máximos exponentes la PAH y los colectivos de vivienda y las mareas, y que llegó al menos hasta las Marchas de la Dignidad de la primavera de 2014.
C) El surgimiento de Podemos
Y, en este contexto, apareción Podemos....En enero de 2014 Podemos era apenas un grupo de cuadros con experiencias intelectuales y militantes muy concretas; La Tuerka como espacio de reflexión y experimentaciones en la comunicación; algunas reflexiones académicas sobre los procesos de cambio en América Latina; algunas experiencias militantes superpuestas y diversas (en Izquierda Anticapitalista, en Juventud Sin Futuro, en el movimiento estudiantil, etcétera).... Debemos estar orgullosos de aquella etapa y de aquel espíritu que está en nuestro ADN, pero es absurdo reivindicar hoy «la vuelta a los orígenes». Después vinieron las elecciones europeas con un resultado electoral impresionante para Podemos (1,3 millones de votos y 5 europarlamentarios...Más tarde la desgastante gincana electoral que tuvimos que vivir (siete procesos electorales sin pedir dinero a los bancos)...No se alcanzaron los cielos pero gobernamos, junto con otros compañeros, los principales Ayuntamientos de nuestro país y tenemos peso en los gobiernos de muchas comunidades autónomas... Si no comentemos errores de inmadurez, podemos consolidarnos como la principal fuerza de oposición político-social ...con el objetivo de intentar ganar las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales.
D) «Vistalegre I»: la máquina electoral
Tras las elecciones europeas afrontamos un proceso de organización para construir Podemos como máquina electoral....Cometimos entonces....Uno de ellos fue el del excesivo poder otorgado al equipo dirigente, que terminaría concentrándose especialmente en las secretarías general, política y de organización...Sus "frutos" surgieron cuando cuando se empezaron a producir diferencias políticas, propias de una organización democrática, entre secretarías con tanto poder que llegaron a convertirse en APARATOS CON VIDA PROPIA...Lo cierto es que las diferencias políticas enfrentaron no solo a compañeros, sino también a aparatos con amplias estructuras de profesionales liberados, que solamente pudieron salvarse gracias a la intervención de los inscritos que, mediante su participación en diversas consultas, determinaron dos rutas estratégicas cruciales: no apoyar el acuerdo de gobierno del PSOE con Ciudadanos y concurrir a las elecciones generales en confluencia con IU y EQUO en el conjunto del Estado (y no solo en Galicia y Cataluña)....En estos momentos, todos estamos de acuerdo en que un Podemos con sistema de tres macrosecretarías todopoderosas no funciona bien para afrontar el momento estratégico actual y es el peor límite a la descentralización y a las garantías a la pluralidad.
Nuestros resultados en las elecciones generales de diciembre de 2015, aunque no nos permitieron "asaltar los cielos", superaron ampliamente las expectativas de las encuestas...Superaron el 20,5% y mejoramos los resultados de todas las autonomías excepto Aragón. En Comú Podem (ECP) fue la primera fuerza política en Cataluña y ganamos también en Euskadi con un 26% de los votos....Es cierto que el PP ganó las elecciones, pero, también lo es, que con sus peores resultados desde 1989 (cuando Aznar no llegó al 26% de los votos), mientras que el PSOE obtuvo su peor resultado desde la Transición (22%) y Ciudadanos, que había llegado a encabezar las encuestas, no llegó al 14%.....Las elecciones de diciembre de 2015 marcaron un antes y un después....y, en dónde, asistiremos al bloqueo político que se vivió hasta la investidura de Rajoy a finales de octubre de 2016.
E) El bloqueo
El denominado «bloqueo» es el periodo que va desde las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 hasta la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno en octubre de 2016. Durante ese tiempo se produjeron dos intentos de investidura fallidos y unas nuevas elecciones generales.
Es evidente que los históricos resultados de diciembre no crearon una suerte de situación de empate entre las fuerzas del cambio y las fuerzas de la restauración....Sería de esperar que las primeras tuvieran muy claro que el cambio, en esos momentos, pasaba por lo siguiente: a) Apostar por una política económica más soberana, redistributiva y crítica con el modelo alemán para Europa. b) Recuperar derechos sociales, con medidas de regeneración efectivas (como la prohibición de las «puertas giratorias»).c) Apostar por una real Independencia de la justicia, asi como por una reforma del sistema electoral haciéndolo más proporcional.d) Oponerse al TTIP y asumir la urgencia de afrontar los problemas medioambientales. e) Practicar políticas efectivas de defensa de los derechos de las mujeres. f) Afrontar el carácter plurinacional de España.
A priori algunos pensaban que cabía esperar que el Partido Socialista hubiera podido asumir al menos una parte de esta agenda....Pero no fué así....El PSOE ya formaba parte, y, defendía, desde años, del Statu Quo... Cuando hablamos de los defensores del statu quo del viejo sistema político, nos estamos refiriendo a los grandes empresarios y banqueros, y sus aparatos de poder, con capacidad para determinar las decisiones en los partidos que les defienden, entre ellos, además del PP y Cs. también el PSOE.... Este bloque de poder es partidario de: a) Mantener una política económica neoliberal conformista con las dinámicas europeas. b) Mantener la Constitución como papel mojado en lo que se refiere a la soberanía y los derechos sociales.c) Mantener una trinchera estrecha para bunkerizarse frente la plurinacionalidad.
En conclusión: hoy ya nadie duda que ningún sector relevante del PSOE contempló jamás la posibilidad de formar con nosotros un gobierno que asumiera los desafíos del cambio...Y ello, por mucho que Pedro Sánchez pretendiera apropiarse de la expresión «fuerzas del cambio», incluyendo en ella a su partido y a Ciudadanos....Y fue una pena porque Gobernar con el PSOE era una posibilidad, llena de dificultades y de riesgos, pero que habría despertado la ilusión y la esperanza de muchos ciudadanos. En su lugar asistimos a un periodo en el que, al tiempo que los poderes económicos y sus aparatos debatían las diferentes fórmulas políticas para mantener su poder...y, en dónde, todas las fórmulas y estrategias de las élites y sus partidos compartían un elemento: Podemos no debía estar, bajo ningún concepto, en el gobierno de España....Para lograrlo, se llegaron a barajar múltiples opciones....Se llegó incluso a presionar a Mariano Rajoy para que se echara a un lado y favoreciera a un candidato limpio del PP que lograra los apoyos de Ciudadanos y del PSOE. Pero Rajoy resistió, negándose a asumir en solitario el espectáculo de la corrupción, y supo esperar....La otra opción consistía en presionar a Podemos para que favoreciera, mediante una abstención, un gobierno del PSOE sobre la base de un acuerdo programático entre el PSOE y Ciudadanos...Nuestros inscritos demostraron claramente que no aceptaban esa opción...
La opción que Podemos defendía, es decir, un gobierno del PSOE presidido por Sánchez con una presencia proporcional de Podemos, las confluencias e IU, mediante la abstención de ERC y PDC, jamás se la hubieran permitido a Pedro Sánchez. Y lo sabemos porque él mismo se lo contó a Jordi Évole ante millones de espectadores.
Ahora bien, es evidente tambié´n que durante todo este periodo sufrimos un desgaste notable, y, cometimos fallos...y que nos decepcionaron los resultados de las elecciones generales de junio de 2016 ante las expectativas de unas encuestas que aseguraban que obtendríamos la segunda posición y que, en algunos casos, apuntaban incluso la posibilidad de superar al PP....No fue así...Ahora bien, del mismo modo, estoy convencido que de haber concurrido a las elecciones del 26J en los mismos términos que en 2015, los resultados habrían sido peores....No deberíamos olvidar que la petición de «unidad, unidad» fue una de las más repetidas durante esos meses y, por ello, hubiera sido muy difícil explicar por qué compartiendo tanto del programa no compartíamos las elecciones y caminábamos juntos.....Y algo esencial: de nuevo, fuisteis los inscritos y las inscritas en Podemos quienes marcasteis el rumbo....
F) Un régimen débil y un gobierno no tan débil: el epílogo de Rajoy
En los años setenta una familia vivía con un sueldo. Hoy, en una misma familia a veces entran dos sueldos y no se llega a fin de mes....Pero aún existe un problema aún mayor: la casta política y mediàtica nos quiere convencer que estamos ante una situación "natural"...Se pretende conseguir la normalización de la precariedad, y, en difinitiva, imponer la resignación disfrazándola de «recuperación».
No es cierto que el del PP sea un Gobierno en una situación de debilidad, a pesar de no contar con una mayoría parlamentaria. Como escribió el periodista Enric Juliana, en esta legislatura íbamos a ver garrotazos para la galería en el Congreso y acuerdos estratégicos por la noche. Y lo estamos viendo. El PSOE, además de entregar el gobierno al PP, está permitiendo que el Gobierno pueda saltarse cómodamente las decisiones del Congreso en materia de salario mínimo y pobreza energética actuando poco menos que como un ministerio de maquillaje social del Gobierno....Al mismo tiempo, todos estamos viendo como el Gobierno cuenta con facultades legales y reglamentarias para gobernar ignorando al Congreso, logrando que buena parte de las decisiones de este queden en papel mojado....sabiendo que el PSOE tiene sobre su cabeza la espada de Damocles de la convocatoria de nuevas elecciones, una amenaza que los socialistas no están en condiciones de resistir.
Se nos está acusando de ser una fuerza irrelevante y se ha llegado a afirmar que el PP y el PSOE «nos comen la tostada» en el Parlamento...Lo que no se dice es las dos iniciativas clave del PP y del PSOE en los últimos meses han sido las relacionadas con la subida del SMI (salario mínimo interprofesional) y la pobreza energética....¿Desde qué momento comenzarón los partidos del bipartidismo a preocuparse por cuestiones como éstas?...Pues desde aquel en que la acción coordinada de Unidos Podemos, las confluencias y las organizaciones de la sociedad civil, llevaron estas demandas al Parlamento...Si no fuera así, aún estaríamos esperando...No interesa informa que fuímos nosotros quienes hemos incluido estos temas en la agenda del Congreso, al mismo tiempo que hemos conseguido que su tramitación saliera adelante....A continuación, el PP y el PSOE no tienen reparo en "subirse al carro" y presentase ante la opinión pública como los "creadores originarios" de tales medidas....Pero la gente no es tonta y está cada vez mejor informada....Muchos ya saben que el PP y el PSOE, en relación a las dos medidas señaladas, han hecho un pacto a escondidas para intentar ponerse una medalla y, sobre todo, pactar esas medidas en un formato rebajado respecto a lo que podrían haberse aprobado si su trámite hubiese continuado en el Parlamento....Podemos había propuesto una subida del SMI que debería alcanzar los 800 euros en dos años y los 950 euros en cuatro años, mientras que la aprobada por el PP y el PSOE lo deja en 707....Pero lo importante es que lo han hecho, ¡forzados!....lo que nos muestra que Podemos no es inutil en un Parlamento Democrático....
G) El efecto poltergeist y el bloque de la restauración.
Aunque algunos piensan lo contrario no creo que sea cierto que los tiempos que están por venir nos lleven de nuevo a la situación del año 78 y la vuelta del Bipartidismo...La situación sociopolítica que atravesamos indica justo lo contrario: vivimos una transición hacia algo nuevo, aunque, como en toda transición, pasamos por tiempos de incertidumbre, y, como siempre, ante la tensión que representa la lucha entre lo nuevo y un bloque restaurador que se resiste a los cambios.
Es cierto que ante las esperanzas y anhelos de cambio despertados con el 15M, las élites y sus aparatos han puesto toda su maquinaria a funcionar para lograr que todo cambio que se tenga que dar sea siempre a favor de sus intereses. Se trata de una estrategia gatopardiana que pretende imponer un plan «restaurador-normalizador» capaz de servir de freno a los desafíos abiertos por la irrupción del 15M y de fuerzas como Podemos.
Tal plan restaurador intentará sustensarse en dos pilares fundamentales: a) Reimplantar el sistema del turno mediante una fórmula nueva de tipo «turnismo por abstención», asegurando con ello que se pueden tejer sucesivos acuerdos, legislativos y ejecutivos, entre los partidos de la Triple Alianza (PP, PSOE y C’s). b) Construir su proyecto de futuro haciendo irreversibles las reformas aplicadas en el periodo 2010-2016, asi como intentar edificar un nuevo modelo de Estado basado en los recortes ya aplicados, es decir, la precariedad y la desigualdad ya generadas....En definitiva, estamos estamos asistiendo a lo que podríamos denominar como el «efecto Poltergeist»: las fuerzas de la restauración quieren edificar una nueva casa común de convivencia sobre el cementerio social que ellos mismos han generado previamente con sus políticas.
España no puede construir un modelo de convivencia sobre la precariedad, los salarios de pobreza y el desempleo crónico, o con pensiones que pierden poder adquisitivo año tras año, así como el trasvase de lo público a manos privadas, la emigración de jóvenes, etcétera....
Para evitarlo es necesario abrir en nuestro país tres grandes procesos de cambio: económico, político y social: a) El cambio económico que proponemos tiene que seguir orientado a revertir cuanto antes los recortes en sanidad, educación, etc consolidados hoy gracias al acuerdo de techo de gasto entre el PP y el PSOE para 2017. ...Nuestro objetivo tiene que ser el de superar el diseño elaborado con la idea de que convertir a nuestro país en un Estado de la periferia europea y al servicio de los intereses económicos de los grandes centros de poder europeos....También es necesario establecer un salario mínimo en sintonía con las necesidades reales de la gente, superando las dos sucesivas reformas laborales del PSOE y del PP, estableciendo un renta garantizada que haga posible que todo el mundo tenga acceso a unos ingresos que le permitan vivir con dignidad. b) El cambio político y social debe ir encaminado a cuestionar y superar al bloque del miedo y de la restauración, la cual pretende erigir un nuevo edificio institucional, legislativo y en última instancia constitucional sobre un cementerio social...Para ello debemos trabajar como oposición popular y política...con la idea de construir democráticamente un nuevo modelo de Estado, en dónde, de verdad, no se deje a nadie atrás.
H) Las claves de la nueva transición: el fin del miedo
No se puede negar que la La Transición del 78 logró que los sectores populares y las clases medias se sintieran parte de un mismo proyecto: acabar con dictadura, instaurar la libertad y construir un País más justo socialmente....Se hizo lo que se pudo...Y es que, tras cuarenta años de terror y con unas fuerzas armadas en las que los oficiales demócratas eran aún perseguidos, el MIEDO fuera un operador político fundamental que condicionó la actitud y las estrategias de los jefes de la oposición democrática.... Como han explicado los jóvenes historiadores, los debates paralelos en el PSOE y el PCE a propósito de renunciar respectivamente al marxismo y al leninismo no tenían tanto que ver con cuestiones ideológicas (es dudoso que entonces el marxismo o el leninismo significaran algo concreto en la práctica del PSOE o del PCE) como con una voluntad inequívoca de no dar miedo a amplios sectores sociales a los que la memoria de la guerra civil y cuarenta años de anticomunismo oficial les había condicionado. Todo ello hizi que, durante la Transición se debatiera en comedores privados y entre las élites.
Hoy, la situación de España es diferente....
Y es que los nacidos en los años sesenta y setenta (la generación del baby boom) experimentaron el cambio en España y empezaron a disfrutar de una educación que sus mayores no habían podido recibir. Gracias al esfuerzo de sus mayores, hoy España cuenta con las generaciones jóvenes más preparadas de su historia, las cuales (según todos los estudios electorales) apoyan mayoritariamente el cambio político que Unidos Podemos y las confluencias representan..... La España del siglo xxi vive con normalidad y fraternidad que el nuestro sea un país plurinacional y no teme ni a los referéndums, ni a las formas de democracia directa, ni a una participación más democrática en los partidos políticos....Vivimos en una nueva sociedad más crítica, más informada que reconoce los méritos y el esfuerzo de las generaciones pasadas, pero que no se va a dejar atrapar en la vuelta al pasado que buscan las fuerzas de la restauración. [Fuente: https://vistalegre2.podemos.info/documentos/]
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2016.09.16 11:32 felixramon La deuda del feminismo latinoamericano con Cristina y Dilma

Escrito por Ilka Oliva Corado y publicado en Pressenza:
" He buscado hasta por debajo de las piedras, algún comunicado expresamente feminista y burgués, donde se manifieste el rechazo al Golpe a Dilma y la persecución política que sufre Cristina (y con ella Las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo y Milagro Sala, entre tantos otros) pero, o yo no he buscado bien o no existen. Feministas manifestándose individualmente sí he visto, pero ése es otro paisaje. Hablo del conglomerado que para otros trámites firma inmediatamente. Por el contrario, organizaciones de mujeres se han pronunciado abiertamente desde las barriadas, y han sido miles las que han tomado las calles de Argentina y Brasil para mostrar respaldo a ambas presidentas. Lo hemos visto también en Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Perú, Colombia y Venezuela. A esas mujeres de periferia, las feministas burguesas las llaman fanáticas e idealistas. Ignorantes. Porque no tienen un título universitario que les permita el mote de intelectuales. Porque hacen visible en la práctica lo que otras se acomodan en la teoría. El gran vacío en este momento de la historia es el del feminismo latinoamericano. Y lo encabeza el feminismo burgués, por supuesto. El feminismo de vitrina. El que es excelente plataforma para pronunciamientos desde la intelectualidad y la comodidad de clase, que eleva y galantea en lisonjas a quienes saben de memoria la teoría pero que son incapaces –por hipócritas y aprovechadas- de volverla acción en la práctica. Me refiero con esto, a quienes van y vienen recitando Una habitación propia, de Virginia Woolf pero que jamás bajarían a la alcantarilla para decirle a la mujer obrera cómo liberarse de un sistema patriarcal que la abusa y la invisibiliza. A hablarle de políticas de inclusión, de sus derechos. A compartirle un libro. Me refiero a aquellas que van partiendo plaza con su “yo, feminista” y que son adeptas de Simone de Beauvoir pero que le tienen pavor a Rosa Luxemburgo, Clara Campoamor o a Dolores Ibárruri “La Pasionaria”. Pero eso sí, que conmemoran cada año a Las 13 Rosas. Para que vean… Y que degradan a mujeres como Evita y Bartolina Sisa, una por indígena y la otra por paria e iletrada. Pero eso sí, van por el mundo dictando conferencias con su chalina típica, para que digan… Pero en sus casas a las mismas indígenas y parias de las que hablan, las tienen trabajando de lunes a domingo sin derechos laborales. De ese feminismo hablo, del que abunda por doquier. Hablo del feminismo donde se tiran flores unas a otras, con baños de intelectualidad. Del que permite entrar a las universidades, embajadas y centros culturales para recitar textos y obtener diplomas de participación, fotografías y contactos; pero que no va a hablar de derechos humanos, derechos laborales, violencia de género y equidad de género a la vendedora de mercado, a la panadera, a la tortillera, a la mujer que limpia casas: porque ahí no hay de dónde sacar ventaja. A la maquiladora, a la que se pudre 18 horas en las fábricas. Simple, la razón es simple: porque para pasar de la teoría a la acción se necesitan arrestos y éstos no los tiene cualquiera. Lo mismo sucede con los intelectuales y los de la ultra izquierda. Ahí entran Dilma y Cristina que son aborrecidas por este tipo de feminismo, porque demuestran todos los días con acción que la teoría puede ir muy bien a los cañales, a los campos abiertos, a las fábricas y a las periferias. No sólo eso, ellas demuestran que sí son posibles las políticas de inclusión social y de equidad de género y que pueden ir de la mano. No por gusto una es perseguida política y la otra acaba de recibir un Golpe traidor. ¿Cuántas niñas, adolescentes y mujeres pudieron ir a la escuela en sus gobiernos? ¿A cuántas niñas y adolescentes se les sacó del trabajo forzado, de la explotación infantil? ¿Del tráfico para explotación sexual? ¿A cuántas se les dieron derechos laborales? ¿A cuántas Dilma y Cristina han permito la expresión y el sustento? ¿Cuántas han tenido educación gratuita y lograron graduarse en la universidad? ¿Cuántas han tenido acceso al sistema de salud? ¿A cuántas se les quitó una bolsa de pegamento de las manos y se les puso una computadora, un pincel, un uniforme deportivo? Y no es teoría porque los cambios son palpables y visibles y lo sabemos todos, aunque algunos pretendamos no conocerlos porque nos va mejor personalmente y para nuestros proyectos particulares. Al feminismo latinoamericano burgués, al de la lisonja, al feminismo de lociones finas y micrófonos apartados, al que nunca ha sido político, porque para ser político se necesita entereza, a ese feminismo Dilma y Cristina les quedan grandes. Ese feminismo no merece congéneres como ellas. No se lo ha ganado. No lo ha luchado. Y su silencio en este momento de la historia lo evidencia. Ese feminismo viene siendo entonces una copia de la ultra izquierda latinoamericana que también las aborrece y las apuñalada. Porque el silencio otorga, el que guarda silencio solapa. Es en estos momentos en los que el feminismo debe pronunciarse y no por pasión, por idealismo, por fanatismo. Debe pronunciarse porque debería ser su obligación moral y humana para con dos mujeres que han cambiado la historia de América Latina, les guste o no. Y deben pronunciarse por agradecimiento, por lealtad y por consecuencia política, porque fueron millones de mujeres en los más bajos estratos de la sociedad las que se beneficiaron con las políticas de inclusión de ambas. Esas miles de mujeres que nunca han visto a una feminista burguesa ir a sus lugares de trabajo, saludarlas en la calle, invitarlas a un café y conversarles, como hacen con intelectuales y gente de clase social holgada donde sí se pueden obtener beneficios personales por el contacto. Probablemente muchas feministas me llamarán ignorante, idealista y fanática. Me dejarán infinidad de mensajes con insultos, como regularmente sucede cuando cuestiono al feminismo, y me dirán machista. Y me desmenuzarán la teoría. O simplemente me llamarán loca, como sucede con frecuencia. Muchas tal vez saquen a relucir el tema del aborto y la corrupción de las que se les acusa (sin prueba alguna) para defender su negativa a apoyarlas y así lavarse las manos. Jamás mencionarán que estas dos mujeres han sido insultadas, menospreciadas y que han sufrido violencia de género desde los medios de comunicación hasta del esposo de la feminista burguesa que nunca ha alzado la voz en su comodidad; y la han sufrido por mujeres consecuentes con la acción que es la única que cambia los patrones y que libera sociedades. No hay punto de comparación con el feminismo burgués y todos los que de ahí nacen, con su “yo, feminista” pero que guardan silencio ante este nivel de violencia que están viviendo Dilma y Cristina. Sólo queda agradecer el respaldo de las mujeres que sin etiquetas y sin aires de intelectualidad, agradecidas y consecuentes y sobre todo políticas, han dado la cara en defensa de semejantes mujeres de Latinoamérica. Por supuesto, no soy feminista, no pertenezco a ningún gueto o jauría; a mí si me quieren etiquetar me llaman como lo que soy: paria y estoy con Cristina y Dilma. Por amor y agradecimiento, de ahí pal real… Y si sueno populista es porque en absoluto lo soy."
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2016.08.14 15:58 ShaunaDorothy Mineras canadienses en Lationoamérica - Sangre, saqueo y ganancias (Mayo de 2016)

https://archive.is/d0XFz
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
El siguiente artículo ha sido traducido de Spartacist Canada No. 186 (otoño de 2015), periódico de la Trotskyist League/Ligue Trotskyste, sección canadiense de la Liga Comunista Internacional.
En la antesala de las elecciones federales [llevadas a cabo el 19 de octubre], los partidos parlamentarios están compitiendo en retórica patriótica sobre cómo Canadá es, o puede ser, “el país más grandioso del mundo”. La brutalidad y la ambición de la industria minera canadiense, especialmente en América Latina, expone como un completo fraude la noción de Canadá como una potencia benévola en la escena mundial.
Las corporaciones mineras canadienses ven a Latinoamérica como su versión particular de El Dorado. En el espíritu de los primeros conquistadores, sostienen sus grandes ganancias con asesinatos, desapariciones y tortura de aquéllos que se interponen en su camino, destruyendo comunidades enteras y desposeyendo a los pueblos indígenas. El año pasado, Shin Imai, un abogado del proyecto Justice and Corporate Accountability [Justicia y Rendición de Cuentas Empresarial], declaró: “Nuestro conteo preliminar muestra que en los últimos años, al menos 50 personas han sido asesinadas y unas 300 han sido heridas en conflictos mineros que involucran a compañías canadienses” (Inter Press Service, 31 de octubre de 2014). Para citar sólo algunos ejemplos:
El Salvador, 2009: El cuerpo de Marcelo Rivera fue hallado con signos de tortura en el fondo de un pozo; Ramiro Rivera murió cuando su auto fue tiroteado en una emboscada; Dora “Alicia” Sorto tenía ocho meses de embarazo cuando la mataron a balazos. Los tres se oponían a la compañía minera de propiedad canadiense Pacific Rim.
México, 2012: En Chihuahua mataron a tiros a la pareja de esposos que había dirigido las protestas contra la mina Cascabel, propiedad de MAG Silver de Vancouver. El marido, Ismael, ya había sido golpeado por empleados de la compañía minera. En Oaxaca, Bernardo Méndez recibió siete balazos mientras protestaba cerca de la mina Cuzcatlán, propiedad de la compañía Fortuna con sede en Vancouver.
Guatemala, 2014: Topacio Reynoso, de 16 años, murió baleado y su padre Alex fue gravemente herido. Ambos eran líderes comunitarios de Mataquescuintla, Jalapa, y oponentes activos de la mina de Escobal, de la compañía Tahoe Resources con sede en Vancouver. Según MiningWatch Canada, en esa área miles de familias han sufrido violencia y represión por oponerse a la mina de Tahoe.
Estos brutales crímenes no son sino la punta del iceberg. La violenta expoliación que Canadá lleva a cabo en esta región ilustra perfectamente cómo funciona el capitalismo imperialista, un sistema económico basado en la conquista o el dominio del mundo semicolonial por materias primas, mercados, mano de obra barata y esferas de influencia. Para los marxistas, esto también demuestra cómo el estado capitalista canadiense es un instrumento de violencia organizada, que se usa para impulsar internacionalmente la explotación y el saqueo imperialista, así como para imponer la explotación de los obreros en casa.
El sector minero canadiense es uno de los más grandes al nivel global. El 75 por ciento de las compañías mineras del mundo tienen aquí sus cuarteles generales. Esto se debe en gran medida a que tiene una de las tasas de impuesto corporativo más bajas del grupo G7 de potencias imperialistas, así como un sector de valores destinado a promover la minería. Con su clima de impunidad y sus generosos subsidios públicos, que se otorgan sin hacer demasiadas preguntas, Canadá es, en palabras del Guardian de Londres “el paraíso de la industria minera global” (24 de abril de 2013).
Canadá tiene mil 500 proyectos mineros en Latinoamérica, donde el 41 por ciento de las grandes compañías mineras operan bajo su bandera. El pillaje imperialista de estos países —y la brutal represión que implica— es una empresa conjunta entre las venales burguesías locales y sus patrones imperialistas, especialmente de Estados Unidos, pero también de potencias secundarias como Canadá. En esta división del trabajo, los imperialistas subcontratan las fuerzas militares, la policía y los escuadrones de la muerte de los gobernantes locales para asegurar que no se detenga el flujo de ganancia.
Guatemala: Bajo la bota imperialista
La minería canadiense en Guatemala tiene una historia particularmente larga y violenta, enraizada en décadas de saqueo por parte de los imperialistas estadounidenses. Para defender sus “intereses”, Estados Unidos ha patrocinado un régimen de escuadrones de la muerte tras otro. Durante una campaña de 36 años que empezó en 1960 contra una insurgencia guerrillera de izquierda, 200 mil personas —sobre todo campesinos mayas— fueron asesinadas y otras 45 mil “desaparecidas”. Aquel año, el gigante minero canadiense Inco comenzó a operar en Guatemala, a pesar de que la minería a cielo abierto estaba prohibida. Además, los insurgentes izquierdistas tenían su base de operaciones cerca del pueblo de El Estor, departamento de Izabal, donde Inco quería construir su mina de níquel a cielo abierto.
Un informe de la Universidad de York fechado en 2012, redactado por Shin Imai y dos colegas, titulado “Rendición de cuentas a través de las fronteras: La minería en Guatemala y el sistema de justicia canadiense”, documentó cómo el gobierno del régimen militar le resolvió sus problemas a Inco. Se redactó un código de minería favorable a Inco que permitía la “minería a cielo abierto” y se le concedieron generosos descuentos fiscales y un contrato por 40 años. Sobre todo, consiguió la “estabilidad” que exigía gracias al reino del terror que impuso el ejército guatemalteco. Para abrir el camino a esta mina de Inco, los pobladores indígenas fueron expulsados y entre 3 mil y 6 mil fueron asesinados.
La mina de Inco cerró en 1982 cuando cayó el precio del níquel. En 2004, otra compañía canadiense, Skye Resources, compró la mina, ahora llamada Fénix. Para los agricultores mayas que poco a poco habían empezado a reocupar el área, esto significó una ola renovada de violencia. Sirviendo a los intereses de Skye Resources, la policía y el ejército llevaron a cabo actos de gran brutalidad, incluyendo desalojos e incendios de viviendas. Entre los más horribles estuvo la violación tumultuaria de once mujeres de la comunidad maya Q’eqchi’ por parte de policías y guardias de seguridad de Fénix. Cuando la compañía Hudbay, de Toronto, compró la mina en 2008, la violencia no cesó, y los patrones mineros continuaron la expulsión de los habitantes. En 2009, los matones de seguridad de la Guatemalan Nickel Company (propiedad de Hudbay) dispararon contra los manifestantes. Un hombre fue asesinado y otro quedó paralítico. Actualmente, los tribunales canadienses están juzgando casos que involucran estos tiroteos y las violaciones tumultuarias.
Todo tiene su precio
El gobierno capitalista canadiense está profundamente entrelazado con las corporaciones mineras, a las que apoya política y financieramente. Para ello moviliza a sus embajadas, diplomáticos, ministros de gabinete y mercenarios de las firmas legales de Bay Street [centro financiero canadiense]. Sus servicios incluyen el chantaje, la intimidación económica y legal y el encubrimiento.
En México, con más de 230 explotaciones mineras canadienses, la lista de fuerzas que hay detrás de la violencia contra los líderes comunitarios y los oponentes de la minería parece el directorio de la industria minera. Los bien documentados crímenes de estas compañías no han impedido que Ottawa continúe dando apoyo incondicional a la industria. Entre los más infames está la compañía Blackfire, de Calgary, a cuyo servicio la embajada canadiense emprendió una intensa campaña de presión ante el gobierno estatal de Chiapas. Un agradecido ejecutivo de Blackfire reconoció esto en un correo electrónico fechado en septiembre de 2008 dirigido a los funcionarios de la embajada, a quienes agradecía por todo “lo que la embajada ha hecho para presionar al gobierno estatal para que nos facilitara las cosas. No hubiéramos podido hacerlo sin su ayuda” (Toronto Star, 8 de diciembre de 2014).
Tras el asesinato de Mariano Abarca en noviembre de 2009, Ottawa volvió a acudir en ayuda de Blackfire. Abarca era un líder de la Red Mexicana de Afectados por la Minería, que había protestado por la contaminación de los ríos y la destrucción de ganado y cosechas que la mina de Blackfire provocaba. Él sabía que estaba en la mira y había advertido: “Si algo me pasa, responsabilizo a la compañía canadiense Blackfire”. Poco después, la gobernadora general Michaëlle Jean y Peter Kent, ministro tory [conservador] del gabinete, fueron a Chiapas a controlar el daño. Ante los manifestantes enfurecidos, Jean parloteó sobre la “justicia” mientras Kent cínicamente afirmaba que las compañías canadienses en México “se consideran y reconocen prácticamente como modelos de empresas socialmente responsables”.
Los tories usan los fondos de la “ayuda al exterior” para apoyar “iniciativas comunitarias” ligadas a los proyectos mineros. Perú, uno de los países más ricos en minerales de la región, es uno de los destinatarios de esos fondos. Unos míseros 53 millones de dólares canadienses irán a “proyectos de desarrollo” de áreas con operaciones mineras canadienses, abriendo la puerta al saqueo de miles de millones de dólares en riqueza mineral por parte de esas empresas. Un tratado de libre comercio entre Canadá y Perú ha abierto todavía más al país a las incursiones de las compañías mineras.
La redituable relación triangular entre la industria minera y los gobiernos canadiense y peruano ha generado una represión sangrienta. Según declaró Rosa Huamán, dirigente comunitaria del norte de Perú, en una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en octubre de 2014, “el gobierno ha instalado un puesto de policía que sigue nuestras actividades y le rinde informes a la compañía minera y al gobierno” (Georgia Straight, 5 de diciembre de 2014). En 2011, al menos cuatro personas fueron asesinadas y 24 resultaron heridas en protestas contra una mina de plata propiedad de la Bear Creek Mining Corp. de British Columbia. Dos años después, unos 25 manifestantes contra la Candente Copper Corporation de Vancouver resultaron heridos en choques con la policía. En noviembre, cuando más de 400 manifestantes cerraron la construcción de una mina de cobre de Hudbay en los Andes del sur peruano, la policía peruana atacó a una docena de mujeres que se encontraban sentadas ante la entrada principal de las instalaciones.
En este contexto, a finales de 2014 Canadá develó una versión recalentada de su “Estrategia Empresarial de Responsabilidad Social” para la industria minera de 2009. Su objetivo era proyectar la imagen de un gobierno que supuestamente ya no le haría el juego a las pocas manzanas podridas que no cumplen con sus altos estándares. No son más que trucos de ilusionista, destinados a apaciguar a los críticos y engañar a los crédulos. En efecto, un reportero de CBC dio en el clavo al describir su objetivo: “aumentar las posibilidades de nuevos negocios de nuestras compañías de recursos en el extranjero” (14 de noviembre de 2014).
Ilusiones liberales en el capitalismo canadiense
Bajo los tories de Harper, la clase dominante canadiense se deshizo de la imagen de “Canadá la buena”. Sin embargo, el NDP [el socialdemócrata Nuevo Partido Demócrata] sigue alimentando este mito autocomplaciente. Por su parte, el sindicato acerero United Steelworkers busca presionar al gobierno en Ottawa para hacer que las compañías mineras estén sujetas a los tribunales canadienses, mientras que MiningWatch Canada ofrece panaceas liberales respecto a “asegurar que las empresas rindan cuentas”. Pero la verdadera justicia y la verdadera “rendición de cuentas” no pueden venir de los tribunales de los gobernantes capitalistas. Existe también el mito relacionado de que las fechorías sangrientas que Canadá perpetra en el extranjero son anomalías de ese país por lo demás tan bien educado. Ése fue el espíritu detrás de la asombrosa declaración de Murray Klippenstein, el abogado de Toronto en el caso de los guatemaltecos contra Hudbay, de que “jamás toleraríamos esos abusos en Canadá”.
Por el contrario, cuando la población nativa de Canadá intenta resistir —en Oka, Quebec, en Gustafsen Lake, B.C. o más recientemente en Rexton, N.B., donde el pueblo mi’kmaq intentó impedir la extracción de petróleo por medio de fracking en sus tierras sin su consentimiento— lo típico es que se encuentren con una represión policiaca masiva. Mientras De Beers extrae gigantescas ganancias de su mina de diamantes en el noreste de Ontario, el pueblo de la cercana Attawapiskat, donde el desempleo llega al 70 por ciento, no obtiene más que migajas. En Canadá y Estados Unidos, tanto como en los países al sur del Río Bravo, la vida aborigen se mide en pobreza, violencia policiaca, racismo y robo. La idea de que los imperialistas de éste o cualquier otro país puedan ser presionados para servir a los intereses de los oprimidos es ilusoria.
El imperialismo no es simplemente una política reaccionaria que adoptan los gobiernos derechistas, sino un sistema global enraizado en la sed capitalista de ganancias. En 1916, el dirigente revolucionario V.I. Lenin señaló en El imperialismo, fase superior del capitalismo, que “el imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero” y “ha terminado el reparto de toda la tierra entre los países capitalistas más importantes”. Un reducido club de potencias imperialistas ricas subordina y oprime a la vasta mayoría de la población mundial. Los países dependientes, como los latinoamericanos, “que desde un punto de vista formal, político, gozan de independencia”, “en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia financiera y diplomática”. La historia de todo el resto del siglo, incluyendo dos guerras interimperialistas por la redivisión del mundo e incontables aventuras coloniales, confirman ampliamente las palabras de Lenin.
¡Por la revolución socialista en toda América!
Las operaciones mineras de la clase dominante canadiense han causado un sufrimiento extremo a las poblaciones indígenas de Latinoamérica. Nosotros defendemos vehementemente a esos pueblos contra las depredadoras compañías extractivas y sus mercenarios, así como contra las clases dominantes de la región.
Creemos que la gran riqueza mineral de Latinoamérica le pertenece a las masas trabajadoras, y en primer lugar a los obreros de la región. Bajo una economía socialista racionalmente planificada, estos recursos se usarían para erradicar el hambre y la pobreza en una sociedad de abundancia generalizada. Cuando la clase obrera gobierne toda América, el saqueo de recursos, irracional y dirigido a la ganancia, terminará y esa riqueza quedará sometida a las decisiones igualitarias y racionales de los trabajadores.
Esta perspectiva requiere de la lucha de clases internacional. En lugar de ello, los dirigentes sindicales canadienses promueven el nacionalismo de la hoja de maple, poniendo a los obreros de aquí contra sus hermanos y hermanas de otros países. Cuando se estaba negociando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1991, las secciones mexicana, estadounidense y canadiense de la Liga Comunista Internacional emitimos una declaración conjunta llamando a “Alto al TLC, rapiña a México por el imperialismo EE.UU.”. Ahí explicamos que el imperialismo estadounidense quería “convertir a México en una maquiladora gigantesca, una zona franca para el ‘libre comercio’—‘libre’ de sindicatos y ‘libre’ para el capital” (Espartaco No. 2, verano-otoño de 1991). En cambio, las diatribas nacional-chovinistas que los burócratas sindicales dirigían al TLCAN servían para poner a los obreros estadounidenses y canadienses los unos contra los otros y a ambos en contra de sus hermanos y hermanas de clase mexicanos. Durante las dos últimas décadas, el TLCAN ha significado mayores ganancias y más poder para los gobernantes estadounidenses y sus socios menores canadienses mediante la sobreexplotación de los obreros mexicanos y la ruina económica de los campesinos mexicanos.
La necesidad de la lucha unida de los obreros al nivel internacional proviene directamente de la naturaleza global de la industria minera. Al igual que los mineros de Canadá, los de Latinoamérica se ven obligados a trabajar por necesidad, vendiendo su fuerza de trabajo. Los obreros que trabajan en las minas —en Canadá, México, Guatemala, Perú y el resto del mundo— tienen un enorme poder social potencial para dirigir a todos los oprimidos en la lucha anticapitalista. Las ganancias de miles de millones que afluyen a los bolsillos de los patrones mineros, cualquiera que sea su nacionalidad, provienen de la plusvalía que generan los obreros que extraen el mineral y lo envían a los puertos para su exportación.
En Perú, donde la minería representa hasta el quince por ciento del PIB, decenas de miles de obreros de la Federación Minera del Perú se fueron a huelga en mayo contra la subcontratación y una medida que permitiría despidos masivos si las compañías mineras reportan pérdidas. Ante la amenaza del despido, la huelga fue breve y de carácter limitado. Sin embargo, señaló el poder potencialmente inmenso que tienen estos obreros para interrumpir las ganancias capitalistas. Históricamente, de Chile y Bolivia hasta el norte de México, las luchas de los mineros de América Latina han estado entre las más combativas y las que han tenido mayores alcances.
En toda la región, una intensa pobreza coexiste lado a lado con una fabulosa riqueza, expresión del desarrollo desigual y combinado. Las burguesías nacionales dependen totalmente del imperialismo y son incapaces de llevar a cabo la modernización económica de la sociedad. Surcado por fronteras artificiales, el dominio burgués en la mayor parte de Latinoamérica ha alternado entre juntas militares sanguinarias y diversas formas de populismo burgués, en general apoyadas por la izquierda.
En vez de fantasear con que la burguesía del propio país oprimido, atrasada y dependiente del imperialismo, sea el vehículo de la liberación, nosotros luchamos por la perspectiva de la revolución permanente, desarrollada originalmente por el líder marxista León Trotsky. La solución completa y genuina de las tareas de conseguir la democracia y la emancipación nacional en los países de Latinoamérica sólo puede darse con el poder de la clase obrera al frente de toda la nación subyugada, especialmente de las masas campesinas indígenas. Al tomar el poder, la clase obrera no podrá detenerse en las tareas democráticas, sino que deberá continuar inmediatamente con las socialistas, incluyendo la expropiación de la burguesía como clase, la colectivización y la planificación económica. Para sobrevivir y florecer, esas revoluciones deberán extenderse a los centros del imperialismo mundial, señalando la necesaria perspectiva de la revolución obrera en Estados Unidos y Canadá.
La LCI lucha por construir partidos obreros revolucionarios e internacionalistas —parte de una IV Internacional reforjada—que vinculen las luchas obreras de las semicolonias con las de los países imperialistas. Esta perspectiva, que Trotsky señaló en “La guerra y la Cuarta Internacional” (1934) conserva hoy toda su fuerza:
“Sud y Centroamérica sólo podrán liquidar el atraso y la esclavitud uniendo sus estados en una única y poderosa federación. Pero no será la atrasada burguesía sudamericana, agencia totalmente venal del imperialismo extranjero, quien cumplirá esta tarea, sino el joven proletariado sudamericano, llamado a dirigir a las masas oprimidas. Por lo tanto, la consigna que debe guiar la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta dominación de las camarillas compradoras nativas es Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centroamérica.
“En todos lados el problema nacional se mezcla con el social. Sólo la conquista del poder por el proletariado mundial garantizará la paz real y duradera para todas las naciones del planeta”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/mineras.html
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2016.06.07 03:58 ShaunaDorothy Mineras canadienses en Lationoamérica - Sangre, saqueo y ganancias (Mayo de 2016)

https://archive.is/d0XFz
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
El siguiente artículo ha sido traducido de Spartacist Canada No. 186 (otoño de 2015), periódico de la Trotskyist League/Ligue Trotskyste, sección canadiense de la Liga Comunista Internacional.
En la antesala de las elecciones federales [llevadas a cabo el 19 de octubre], los partidos parlamentarios están compitiendo en retórica patriótica sobre cómo Canadá es, o puede ser, “el país más grandioso del mundo”. La brutalidad y la ambición de la industria minera canadiense, especialmente en América Latina, expone como un completo fraude la noción de Canadá como una potencia benévola en la escena mundial.
Las corporaciones mineras canadienses ven a Latinoamérica como su versión particular de El Dorado. En el espíritu de los primeros conquistadores, sostienen sus grandes ganancias con asesinatos, desapariciones y tortura de aquéllos que se interponen en su camino, destruyendo comunidades enteras y desposeyendo a los pueblos indígenas. El año pasado, Shin Imai, un abogado del proyecto Justice and Corporate Accountability [Justicia y Rendición de Cuentas Empresarial], declaró: “Nuestro conteo preliminar muestra que en los últimos años, al menos 50 personas han sido asesinadas y unas 300 han sido heridas en conflictos mineros que involucran a compañías canadienses” (Inter Press Service, 31 de octubre de 2014). Para citar sólo algunos ejemplos:
El Salvador, 2009: El cuerpo de Marcelo Rivera fue hallado con signos de tortura en el fondo de un pozo; Ramiro Rivera murió cuando su auto fue tiroteado en una emboscada; Dora “Alicia” Sorto tenía ocho meses de embarazo cuando la mataron a balazos. Los tres se oponían a la compañía minera de propiedad canadiense Pacific Rim.
México, 2012: En Chihuahua mataron a tiros a la pareja de esposos que había dirigido las protestas contra la mina Cascabel, propiedad de MAG Silver de Vancouver. El marido, Ismael, ya había sido golpeado por empleados de la compañía minera. En Oaxaca, Bernardo Méndez recibió siete balazos mientras protestaba cerca de la mina Cuzcatlán, propiedad de la compañía Fortuna con sede en Vancouver.
Guatemala, 2014: Topacio Reynoso, de 16 años, murió baleado y su padre Alex fue gravemente herido. Ambos eran líderes comunitarios de Mataquescuintla, Jalapa, y oponentes activos de la mina de Escobal, de la compañía Tahoe Resources con sede en Vancouver. Según MiningWatch Canada, en esa área miles de familias han sufrido violencia y represión por oponerse a la mina de Tahoe.
Estos brutales crímenes no son sino la punta del iceberg. La violenta expoliación que Canadá lleva a cabo en esta región ilustra perfectamente cómo funciona el capitalismo imperialista, un sistema económico basado en la conquista o el dominio del mundo semicolonial por materias primas, mercados, mano de obra barata y esferas de influencia. Para los marxistas, esto también demuestra cómo el estado capitalista canadiense es un instrumento de violencia organizada, que se usa para impulsar internacionalmente la explotación y el saqueo imperialista, así como para imponer la explotación de los obreros en casa.
El sector minero canadiense es uno de los más grandes al nivel global. El 75 por ciento de las compañías mineras del mundo tienen aquí sus cuarteles generales. Esto se debe en gran medida a que tiene una de las tasas de impuesto corporativo más bajas del grupo G7 de potencias imperialistas, así como un sector de valores destinado a promover la minería. Con su clima de impunidad y sus generosos subsidios públicos, que se otorgan sin hacer demasiadas preguntas, Canadá es, en palabras del Guardian de Londres “el paraíso de la industria minera global” (24 de abril de 2013).
Canadá tiene mil 500 proyectos mineros en Latinoamérica, donde el 41 por ciento de las grandes compañías mineras operan bajo su bandera. El pillaje imperialista de estos países —y la brutal represión que implica— es una empresa conjunta entre las venales burguesías locales y sus patrones imperialistas, especialmente de Estados Unidos, pero también de potencias secundarias como Canadá. En esta división del trabajo, los imperialistas subcontratan las fuerzas militares, la policía y los escuadrones de la muerte de los gobernantes locales para asegurar que no se detenga el flujo de ganancia.
Guatemala: Bajo la bota imperialista
La minería canadiense en Guatemala tiene una historia particularmente larga y violenta, enraizada en décadas de saqueo por parte de los imperialistas estadounidenses. Para defender sus “intereses”, Estados Unidos ha patrocinado un régimen de escuadrones de la muerte tras otro. Durante una campaña de 36 años que empezó en 1960 contra una insurgencia guerrillera de izquierda, 200 mil personas —sobre todo campesinos mayas— fueron asesinadas y otras 45 mil “desaparecidas”. Aquel año, el gigante minero canadiense Inco comenzó a operar en Guatemala, a pesar de que la minería a cielo abierto estaba prohibida. Además, los insurgentes izquierdistas tenían su base de operaciones cerca del pueblo de El Estor, departamento de Izabal, donde Inco quería construir su mina de níquel a cielo abierto.
Un informe de la Universidad de York fechado en 2012, redactado por Shin Imai y dos colegas, titulado “Rendición de cuentas a través de las fronteras: La minería en Guatemala y el sistema de justicia canadiense”, documentó cómo el gobierno del régimen militar le resolvió sus problemas a Inco. Se redactó un código de minería favorable a Inco que permitía la “minería a cielo abierto” y se le concedieron generosos descuentos fiscales y un contrato por 40 años. Sobre todo, consiguió la “estabilidad” que exigía gracias al reino del terror que impuso el ejército guatemalteco. Para abrir el camino a esta mina de Inco, los pobladores indígenas fueron expulsados y entre 3 mil y 6 mil fueron asesinados.
La mina de Inco cerró en 1982 cuando cayó el precio del níquel. En 2004, otra compañía canadiense, Skye Resources, compró la mina, ahora llamada Fénix. Para los agricultores mayas que poco a poco habían empezado a reocupar el área, esto significó una ola renovada de violencia. Sirviendo a los intereses de Skye Resources, la policía y el ejército llevaron a cabo actos de gran brutalidad, incluyendo desalojos e incendios de viviendas. Entre los más horribles estuvo la violación tumultuaria de once mujeres de la comunidad maya Q’eqchi’ por parte de policías y guardias de seguridad de Fénix. Cuando la compañía Hudbay, de Toronto, compró la mina en 2008, la violencia no cesó, y los patrones mineros continuaron la expulsión de los habitantes. En 2009, los matones de seguridad de la Guatemalan Nickel Company (propiedad de Hudbay) dispararon contra los manifestantes. Un hombre fue asesinado y otro quedó paralítico. Actualmente, los tribunales canadienses están juzgando casos que involucran estos tiroteos y las violaciones tumultuarias.
Todo tiene su precio
El gobierno capitalista canadiense está profundamente entrelazado con las corporaciones mineras, a las que apoya política y financieramente. Para ello moviliza a sus embajadas, diplomáticos, ministros de gabinete y mercenarios de las firmas legales de Bay Street [centro financiero canadiense]. Sus servicios incluyen el chantaje, la intimidación económica y legal y el encubrimiento.
En México, con más de 230 explotaciones mineras canadienses, la lista de fuerzas que hay detrás de la violencia contra los líderes comunitarios y los oponentes de la minería parece el directorio de la industria minera. Los bien documentados crímenes de estas compañías no han impedido que Ottawa continúe dando apoyo incondicional a la industria. Entre los más infames está la compañía Blackfire, de Calgary, a cuyo servicio la embajada canadiense emprendió una intensa campaña de presión ante el gobierno estatal de Chiapas. Un agradecido ejecutivo de Blackfire reconoció esto en un correo electrónico fechado en septiembre de 2008 dirigido a los funcionarios de la embajada, a quienes agradecía por todo “lo que la embajada ha hecho para presionar al gobierno estatal para que nos facilitara las cosas. No hubiéramos podido hacerlo sin su ayuda” (Toronto Star, 8 de diciembre de 2014).
Tras el asesinato de Mariano Abarca en noviembre de 2009, Ottawa volvió a acudir en ayuda de Blackfire. Abarca era un líder de la Red Mexicana de Afectados por la Minería, que había protestado por la contaminación de los ríos y la destrucción de ganado y cosechas que la mina de Blackfire provocaba. Él sabía que estaba en la mira y había advertido: “Si algo me pasa, responsabilizo a la compañía canadiense Blackfire”. Poco después, la gobernadora general Michaëlle Jean y Peter Kent, ministro tory [conservador] del gabinete, fueron a Chiapas a controlar el daño. Ante los manifestantes enfurecidos, Jean parloteó sobre la “justicia” mientras Kent cínicamente afirmaba que las compañías canadienses en México “se consideran y reconocen prácticamente como modelos de empresas socialmente responsables”.
Los tories usan los fondos de la “ayuda al exterior” para apoyar “iniciativas comunitarias” ligadas a los proyectos mineros. Perú, uno de los países más ricos en minerales de la región, es uno de los destinatarios de esos fondos. Unos míseros 53 millones de dólares canadienses irán a “proyectos de desarrollo” de áreas con operaciones mineras canadienses, abriendo la puerta al saqueo de miles de millones de dólares en riqueza mineral por parte de esas empresas. Un tratado de libre comercio entre Canadá y Perú ha abierto todavía más al país a las incursiones de las compañías mineras.
La redituable relación triangular entre la industria minera y los gobiernos canadiense y peruano ha generado una represión sangrienta. Según declaró Rosa Huamán, dirigente comunitaria del norte de Perú, en una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en octubre de 2014, “el gobierno ha instalado un puesto de policía que sigue nuestras actividades y le rinde informes a la compañía minera y al gobierno” (Georgia Straight, 5 de diciembre de 2014). En 2011, al menos cuatro personas fueron asesinadas y 24 resultaron heridas en protestas contra una mina de plata propiedad de la Bear Creek Mining Corp. de British Columbia. Dos años después, unos 25 manifestantes contra la Candente Copper Corporation de Vancouver resultaron heridos en choques con la policía. En noviembre, cuando más de 400 manifestantes cerraron la construcción de una mina de cobre de Hudbay en los Andes del sur peruano, la policía peruana atacó a una docena de mujeres que se encontraban sentadas ante la entrada principal de las instalaciones.
En este contexto, a finales de 2014 Canadá develó una versión recalentada de su “Estrategia Empresarial de Responsabilidad Social” para la industria minera de 2009. Su objetivo era proyectar la imagen de un gobierno que supuestamente ya no le haría el juego a las pocas manzanas podridas que no cumplen con sus altos estándares. No son más que trucos de ilusionista, destinados a apaciguar a los críticos y engañar a los crédulos. En efecto, un reportero de CBC dio en el clavo al describir su objetivo: “aumentar las posibilidades de nuevos negocios de nuestras compañías de recursos en el extranjero” (14 de noviembre de 2014).
Ilusiones liberales en el capitalismo canadiense
Bajo los tories de Harper, la clase dominante canadiense se deshizo de la imagen de “Canadá la buena”. Sin embargo, el NDP [el socialdemócrata Nuevo Partido Demócrata] sigue alimentando este mito autocomplaciente. Por su parte, el sindicato acerero United Steelworkers busca presionar al gobierno en Ottawa para hacer que las compañías mineras estén sujetas a los tribunales canadienses, mientras que MiningWatch Canada ofrece panaceas liberales respecto a “asegurar que las empresas rindan cuentas”. Pero la verdadera justicia y la verdadera “rendición de cuentas” no pueden venir de los tribunales de los gobernantes capitalistas. Existe también el mito relacionado de que las fechorías sangrientas que Canadá perpetra en el extranjero son anomalías de ese país por lo demás tan bien educado. Ése fue el espíritu detrás de la asombrosa declaración de Murray Klippenstein, el abogado de Toronto en el caso de los guatemaltecos contra Hudbay, de que “jamás toleraríamos esos abusos en Canadá”.
Por el contrario, cuando la población nativa de Canadá intenta resistir —en Oka, Quebec, en Gustafsen Lake, B.C. o más recientemente en Rexton, N.B., donde el pueblo mi’kmaq intentó impedir la extracción de petróleo por medio de fracking en sus tierras sin su consentimiento— lo típico es que se encuentren con una represión policiaca masiva. Mientras De Beers extrae gigantescas ganancias de su mina de diamantes en el noreste de Ontario, el pueblo de la cercana Attawapiskat, donde el desempleo llega al 70 por ciento, no obtiene más que migajas. En Canadá y Estados Unidos, tanto como en los países al sur del Río Bravo, la vida aborigen se mide en pobreza, violencia policiaca, racismo y robo. La idea de que los imperialistas de éste o cualquier otro país puedan ser presionados para servir a los intereses de los oprimidos es ilusoria.
El imperialismo no es simplemente una política reaccionaria que adoptan los gobiernos derechistas, sino un sistema global enraizado en la sed capitalista de ganancias. En 1916, el dirigente revolucionario V.I. Lenin señaló en El imperialismo, fase superior del capitalismo, que “el imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero” y “ha terminado el reparto de toda la tierra entre los países capitalistas más importantes”. Un reducido club de potencias imperialistas ricas subordina y oprime a la vasta mayoría de la población mundial. Los países dependientes, como los latinoamericanos, “que desde un punto de vista formal, político, gozan de independencia”, “en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia financiera y diplomática”. La historia de todo el resto del siglo, incluyendo dos guerras interimperialistas por la redivisión del mundo e incontables aventuras coloniales, confirman ampliamente las palabras de Lenin.
¡Por la revolución socialista en toda América!
Las operaciones mineras de la clase dominante canadiense han causado un sufrimiento extremo a las poblaciones indígenas de Latinoamérica. Nosotros defendemos vehementemente a esos pueblos contra las depredadoras compañías extractivas y sus mercenarios, así como contra las clases dominantes de la región.
Creemos que la gran riqueza mineral de Latinoamérica le pertenece a las masas trabajadoras, y en primer lugar a los obreros de la región. Bajo una economía socialista racionalmente planificada, estos recursos se usarían para erradicar el hambre y la pobreza en una sociedad de abundancia generalizada. Cuando la clase obrera gobierne toda América, el saqueo de recursos, irracional y dirigido a la ganancia, terminará y esa riqueza quedará sometida a las decisiones igualitarias y racionales de los trabajadores.
Esta perspectiva requiere de la lucha de clases internacional. En lugar de ello, los dirigentes sindicales canadienses promueven el nacionalismo de la hoja de maple, poniendo a los obreros de aquí contra sus hermanos y hermanas de otros países. Cuando se estaba negociando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1991, las secciones mexicana, estadounidense y canadiense de la Liga Comunista Internacional emitimos una declaración conjunta llamando a “Alto al TLC, rapiña a México por el imperialismo EE.UU.”. Ahí explicamos que el imperialismo estadounidense quería “convertir a México en una maquiladora gigantesca, una zona franca para el ‘libre comercio’—‘libre’ de sindicatos y ‘libre’ para el capital” (Espartaco No. 2, verano-otoño de 1991). En cambio, las diatribas nacional-chovinistas que los burócratas sindicales dirigían al TLCAN servían para poner a los obreros estadounidenses y canadienses los unos contra los otros y a ambos en contra de sus hermanos y hermanas de clase mexicanos. Durante las dos últimas décadas, el TLCAN ha significado mayores ganancias y más poder para los gobernantes estadounidenses y sus socios menores canadienses mediante la sobreexplotación de los obreros mexicanos y la ruina económica de los campesinos mexicanos.
La necesidad de la lucha unida de los obreros al nivel internacional proviene directamente de la naturaleza global de la industria minera. Al igual que los mineros de Canadá, los de Latinoamérica se ven obligados a trabajar por necesidad, vendiendo su fuerza de trabajo. Los obreros que trabajan en las minas —en Canadá, México, Guatemala, Perú y el resto del mundo— tienen un enorme poder social potencial para dirigir a todos los oprimidos en la lucha anticapitalista. Las ganancias de miles de millones que afluyen a los bolsillos de los patrones mineros, cualquiera que sea su nacionalidad, provienen de la plusvalía que generan los obreros que extraen el mineral y lo envían a los puertos para su exportación.
En Perú, donde la minería representa hasta el quince por ciento del PIB, decenas de miles de obreros de la Federación Minera del Perú se fueron a huelga en mayo contra la subcontratación y una medida que permitiría despidos masivos si las compañías mineras reportan pérdidas. Ante la amenaza del despido, la huelga fue breve y de carácter limitado. Sin embargo, señaló el poder potencialmente inmenso que tienen estos obreros para interrumpir las ganancias capitalistas. Históricamente, de Chile y Bolivia hasta el norte de México, las luchas de los mineros de América Latina han estado entre las más combativas y las que han tenido mayores alcances.
En toda la región, una intensa pobreza coexiste lado a lado con una fabulosa riqueza, expresión del desarrollo desigual y combinado. Las burguesías nacionales dependen totalmente del imperialismo y son incapaces de llevar a cabo la modernización económica de la sociedad. Surcado por fronteras artificiales, el dominio burgués en la mayor parte de Latinoamérica ha alternado entre juntas militares sanguinarias y diversas formas de populismo burgués, en general apoyadas por la izquierda.
En vez de fantasear con que la burguesía del propio país oprimido, atrasada y dependiente del imperialismo, sea el vehículo de la liberación, nosotros luchamos por la perspectiva de la revolución permanente, desarrollada originalmente por el líder marxista León Trotsky. La solución completa y genuina de las tareas de conseguir la democracia y la emancipación nacional en los países de Latinoamérica sólo puede darse con el poder de la clase obrera al frente de toda la nación subyugada, especialmente de las masas campesinas indígenas. Al tomar el poder, la clase obrera no podrá detenerse en las tareas democráticas, sino que deberá continuar inmediatamente con las socialistas, incluyendo la expropiación de la burguesía como clase, la colectivización y la planificación económica. Para sobrevivir y florecer, esas revoluciones deberán extenderse a los centros del imperialismo mundial, señalando la necesaria perspectiva de la revolución obrera en Estados Unidos y Canadá.
La LCI lucha por construir partidos obreros revolucionarios e internacionalistas —parte de una IV Internacional reforjada—que vinculen las luchas obreras de las semicolonias con las de los países imperialistas. Esta perspectiva, que Trotsky señaló en “La guerra y la Cuarta Internacional” (1934) conserva hoy toda su fuerza:
“Sud y Centroamérica sólo podrán liquidar el atraso y la esclavitud uniendo sus estados en una única y poderosa federación. Pero no será la atrasada burguesía sudamericana, agencia totalmente venal del imperialismo extranjero, quien cumplirá esta tarea, sino el joven proletariado sudamericano, llamado a dirigir a las masas oprimidas. Por lo tanto, la consigna que debe guiar la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta dominación de las camarillas compradoras nativas es Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centroamérica.
“En todos lados el problema nacional se mezcla con el social. Sólo la conquista del poder por el proletariado mundial garantizará la paz real y duradera para todas las naciones del planeta”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/mineras.html
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2016.06.07 03:00 ShaunaDorothy Los imperialistas estadounidenses restablecen relaciones diplomáticas - ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política obrera en Cuba! (Marzo de 2015)

https://archive.is/ozkKB
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1059 (9 de enero), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Durante más de medio siglo, los imperialistas estadounidenses han intentado incansablemente derrocar la Revolución Cubana y restaurar el dominio del capital en la isla: desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta los constantes intentos de asesinar a Fidel Castro, y de las provocaciones terroristas de la CIA y los gusanos del exilio cubano hasta actos de sabotaje. Ahora la Casa Blanca de Obama ha anunciado su intención de “cambiar de curso” con Cuba y restaurar relaciones diplomáticas, es decir, busca conseguir el mismo fin estratégico a través de medios más efectivos. Fue a raíz de la expropiación por el gobierno de Castro de la clase capitalista de la isla en 1960, lo que trajo tan enormes conquistas para las masas cubanas, que Washington rompió relaciones con La Habana.
Lo que se propone es relativamente modesto: relajar diversas restricciones de viaje, autorizar algunas ventas y exportaciones comerciales y facilitar las transacciones bancarias entre los dos países. El paralizante embargo estadounidense, un acto de guerra económica que por décadas ha estrangulado a los obreros y campesinos cubanos, se afloja pero no se levanta. Obama dice que sin la aprobación del Congreso no puede derogar las leyes Torricelli y Helms-Burton. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991-92, lo que terminó con la crucial ayuda económica y militar a Cuba, estas leyes apretaron el embargo. Promulgadas bajo el demócrata Clinton, buscaban “desatar el caos en la isla”. ¡Abajo el embargo!
Desde el punto de vista de los marxistas revolucionarios, Cuba tiene derecho a establecer relaciones diplomáticas y económicas con cualquier país capitalista que desee, sobre todo para intentar superar el muy real problema de su estancamiento económico. Aumentar los vínculos comerciales y financieros con las corporaciones estadounidenses no significaría una restauración progresiva del capitalismo. Sin embargo, esto implicará un peligro muy real de fortalecer las fuerzas internas de la contrarrevolución capitalista en la isla.
Mientras tanto, la presencia de una base naval y centro de detención y tortura estadounidense en la Bahía de Guantánamo —donde hay unos 130 prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU.— es un recordatorio de que Cuba sigue en la mira militar del imperialismo. Aunque el año pasado fueran liberadas decenas de prisioneros, Obama no está dispuesto a cerrar ese calabozo, ni mucho menos a devolver Guantánamo a Cuba. ¡Estados Unidos fuera de Guantánamo ahora!
El deshielo en las relaciones entre los dos países se dio tras más de un año de negociaciones, albergadas por el gobierno canadiense e impulsadas por el Vaticano. Como los anteriores directores generales del imperialismo estadounidense, Obama tiene con respecto a Cuba intenciones abiertamente revanchistas. Bajo su presidencia, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —notoria por haber trabajado con la CIA desde principios de los años 60— ha fraguado diversos planes contrarrevolucionarios para sembrar descontento proimperialista en la isla. Una conspiración reciente incluía la infiltración de grupos clandestinos de hip-hop cubanos con la intención de detonar un movimiento juvenil contra el régimen.
Como parte del reciente acuerdo, Obama liberó a los últimos tres de los Cinco Cubanos que seguían bajo custodia tras haber sido condenados en 2001 bajo cargos falsos de espionaje y conspiración para cometer asesinato. La libertad de los Cinco Cubanos, hombres que heroicamente intentaban impedir actos terroristas en Cuba infiltrando y monitoreando a los grupos de cubanos exiliados en Florida, debe celebrarse. A cambio, el presidente cubano Raúl Castro devolvió a dos espías estadounidenses, el ex agente de inteligencia cubano Rolando Sarraff Trujillo —quien facilitó el arresto y la incriminación de los Cinco Cubanos— y el contratista de la USAID Alan Gross, quien fuera enviado a Cuba para introducir de contrabando equipo de cómputo y comunicación para espionaje.
La Liga Comunista Internacional siempre ha luchado por la defensa militar incondicional de Cuba frente a la amenaza de la contrarrevolución capitalista interna y el ataque imperialista. Esto fluye de nuestro entendimiento de que Cuba es un estado obrero donde el capitalismo fue derrocado. Sin embargo, desde su origen ha estado burocráticamente deformado, es decir, una burocracia parasitaria monopoliza el poder político. La base material de esta burocracia es la administración de la economía colectivizada en condiciones de escasez.
La eliminación de la producción para la ganancia, junto con el establecimiento de una planificación central y el monopolio estatal del comercio y la inversión exteriores, le permitió a Cuba garantizar a todos empleo, vivienda y educación. Hasta la fecha, Cuba tiene uno de los índices de alfabetización más altos del mundo y una tasa de mortandad infantil inferior a la de Estados Unidos o la Unión Europea. Su célebre sistema de salud, con más médicos per cápita que los de cualquier otro lugar, ofrece gratuitamente atención médica de calidad superior a la de muchos países avanzados. Los médicos cubanos han salvado vidas en todo el mundo y regularmente se les envía a ayudar a las víctimas de desastres, incluyendo la crisis del ébola en África. Es un testimonio de la superioridad de la economía colectivizada el que una isla pequeña y relativamente pobre haya sobrevivido por tanto tiempo bajo las paralizantes sanciones económicas y provocaciones militares de la bestia estadounidense, a menos de 150 kilómetros de sus costas.
En su discurso del 20 de diciembre donde anunció a la Asamblea Nacional de Cuba el reacercamiento con Estados Unidos, Raúl Castro advirtió contra las “terapias de choque” o la aceleración de las privatizaciones como recurso para revivir la estancada economía del país, lo que, dijo, significaría “arriar las banderas del socialismo”. Pero el socialismo es una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material a escala internacional. Mientras un estado obrero esté aislado, se verá sujeto a la enorme presión del mundo capitalista circundante, presión que lo socavará y terminará por destruirlo. El destino de Cuba y su avance al socialismo dependen de la lucha por el poder proletario en toda Latinoamérica y el resto del mundo, especialmente en Estados Unidos.
Desde el principio, la política de la burocracia castrista de La Habana ha demostrado ser un obstáculo a esta perspectiva. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista de la antigua Unión Soviética, el régimen cubano se comprometió con el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”. Esto ha significado oponerse a las posibilidades de revolución fuera de la isla. A principios de los años setenta, Fidel Castro abrazó al gobierno de frente popular de Chile encabezado por Salvador Allende, cuyo propósito era decapitar la amenaza de una revolución obrera y desarmar políticamente al combativo proletariado, pavimentando el camino al sangriento golpe de estado militar de Pinochet. Una década después, cuando los pequeñoburgueses sandinistas de Nicaragua derrocaron a la opresiva dictadura de Somoza haciendo añicos al estado capitalista, Fidel les aconsejó que no siguieran el camino cubano de expropiar a la burguesía. Los castristas siempre han promovido regímenes nacionalistas burgueses, lo que incluye la glorificación del fallecido caudillo populista venezolano Hugo Chávez como un supuesto revolucionario.
Así, la defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada al llamado trotskista por una revolución política proletaria que derroque a la burocracia castrista y ponga en el poder a la clase obrera, estableciendo un régimen basado en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Esto requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista que movilice a las masas trabajadoras cubanas en lucha.
Depredaciones imperialistas y “reformas de mercado”
Como era de esperarse, el relajamiento de las restricciones respecto a Cuba enfureció al nido de víboras anticomunistas del exilio cubano y sus criaturas, como el senador de Florida Marco Rubio. En cambio, fue celebrado por vastos sectores de la burguesía, incluyendo a la patronal Cámara de Comercio y a los voceros de los medios de comunicación capitalistas. En los últimos meses, el New York Times ha llamado repetidas veces a levantar el embargo. Considerando contraproducente y anticuada la beligerante política estadounidense, una editorial de la revista Forbes (16 de enero de 2013) señaló: “Tiene poco sentido mantener un embargo permanente sobre una nación en desarrollo que avanza hacia la reforma, especialmente cuando los aliados de Estados Unidos son hostiles al embargo. Impide que cobre vida una discusión más amplia sobre una reforma inteligente en Cuba y económicamente carece de sentido”.
El gobierno de Obama ha proclamado que desea una Cuba “democrática, próspera y estable”, lo que para él significa devolver a la isla a su estatus neocolonial mediante la restauración del capitalismo, introducir inversiones redituables para los gobernantes de EE.UU. basadas en la mano de obra barata e instalar un régimen político dócil. Los capitalistas europeos y canadienses han podido penetrar en el mercado cubano mediante su participación en empresas mixtas y esperan inundar el país con importaciones baratas. Varias corporaciones de la Fortune 500, incluyendo a Caterpillar, Colgate-Palmolive y Pepsico, temen haberle cedido este mercado a sus competidores.
Es mucho lo que está en juego: en última instancia, o la única economía socializada de Latinoamérica triunfa mediante la extensión internacional de la revolución, o la contrarrevolución capitalista convierte nuevamente a Cuba en el patio de juegos de la burguesía estadounidense. En La revolución traicionada (1936), el dirigente revolucionario marxista León Trotsky describió la situación que enfrentaba el estado obrero degenerado soviético, es decir, aquella de verse rodeado por economías capitalistas más avanzadas industrial y tecnológicamente. Trotsky escribió: “Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”. Esta observación es relevante con respecto a los peligros que Cuba enfrenta hoy.
Durante treinta años, Cuba se benefició de grandes subsidios soviéticos. En la última década, se ha apoyado mucho en la Venezuela capitalista como su principal socio comercial, obteniendo de ella petróleo barato. Pero esta situación es precaria, pues la propia Venezuela enfrenta una grave crisis como consecuencia de la caída mundial de los precios del petróleo, está acosada por la inflación y recientemente fue golpeada por nuevas sanciones vengativas de Estados Unidos.
Cuba nunca se recuperó del todo de la severa crisis que sufrió tras la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Desde el llamado “Periodo Especial” de principios de los años noventa, la burocracia cubana ha abierto el país a la penetración económica imperialista, entregando a través de “reformas de mercado” sectores de la economía colectivizada a empresas privadas a pequeña escala. Ésta y otras medidas, como alentar el autoempleo en el sector de servicios y conceder mayor autonomía a las empresas públicas, han aumentado la desigualdad en la isla. Los cubanos negros, quienes obtuvieron grandes conquistas de la revolución, se han visto particularmente golpeados, pues tienen menos oportunidad de acceder a las divisas, ya sea recibiendo remesas del exterior u ocupando empleos en el sector turístico.
Cuba tiene hoy una considerable inversión imperialista y aspira a tener más. A 50 kilómetros de La Habana, en el puerto profundo de Mariel, el gobierno cubano está permitiendo la construcción de una zona económica especial de “libre comercio”, capaz de recibir a los buques cargueros más grandes del mundo. Brasil ya ha destinado casi mil millones de dólares al proyecto. Ahora que se ha planteado la renovación del comercio con Estados Unidos, repetimos nuestra advertencia de que ese acontecimiento “subraya la importancia del monopolio estatal [cubano] sobre el comercio exterior —es decir, un estricto control gubernamental sobre las importaciones y las exportaciones”— (“Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El régimen cubano ha restablecido lazos y promovido a la reaccionaria Iglesia Católica en la isla, un potencial caldo de cultivo de la contrarrevolución capitalista. Tanto Obama como Castro aplaudieron al papa Francisco por su papel en las negociaciones. Este papa jesuita le ha dado al Vaticano un poco de cirugía cosmética, proponiendo hacer la iglesia más incluyente (aunque sin dejar de oponerse testarudamente al aborto y la ordenación de mujeres) y predicando contra la “tiranía” del capitalismo, aunque sus intenciones no son menos siniestras que las de sus predecesores.
El Vaticano es tristemente célebre por haber apoyado las dictaduras militares latinoamericanas y promovido la restauración del capitalismo bajo el disfraz de elecciones supuestamente libres y reformas “democráticas”. El cardenal cubano Jaime Ortega —quien fue confinado en un campo de detenidos durante los primeros años de la revolución cuando se quebró el dominio de la iglesia— es, junto con el papa Francisco, uno de los mayores promotores de esas reformas en la isla. En 1998, Fidel recibió con entusiasmo al papa Juan Pablo II, y en 2012 a Benedicto XVI. En todo el país hay fotos y monumentos conmemorando el encuentro entre Castro y Juan Pablo, santo patrón de las contrarrevoluciones, quien tan arduamente trabajó por restaurar el capitalismo en los estados obreros deformados de Europa Oriental, especialmente en su natal Polonia.
Defendiendo a Cuba en la encrucijada
Las fuerzas guerrilleras que entraron en La Habana en 1959 bajo la dirección de Fidel Castro eran un grupo pequeñoburgués políticamente heterogéneo. Su victoria no sólo derribó al odiado régimen de Batista, sino que hizo añicos todo el viejo aparato estatal. El nuevo gobierno llevó a cabo una serie de reformas liberales, pero la redistribución agraria y las medidas tomadas contra los torturadores de Batista asustaron a los partidarios burgueses de Castro, quienes empezaron a huir a Miami. Estas medidas también alarmaron a Washington, el cual emprendió una acción punitiva que obligó a Castro a firmar un tratado comercial con la Unión Soviética. El que las refinerías de propiedad imperialista se negaran a refinar el crudo soviético provocó que Cuba nacionalizara las propiedades estadounidenses, a las que siguieron todos los bancos y negocios en octubre de 1960, lo que liquidó a la burguesía cubana como clase. Hoy, las corporaciones como la United Fruit, Standard Oil y Texaco están salivando ante la posibilidad de obtener compensaciones por las nacionalizaciones que sufrieron hace medio siglo.
Lo mejor que pudo surgir de la Revolución Cubana —en ausencia de la toma del poder por el proletariado dirigido por un partido revolucionario de vanguardia— fue la creación de un estado obrero deformado. Explicando cómo fue que un movimiento guerrillero basado en el campesinado pudo derrocar el dominio capitalista, en la “Declaración de principios”, adoptada en la Conferencia de Fundación de la Spartacist League en 1966, escribimos:
“Movimientos de esta índole pueden bajo ciertas condiciones —es decir, la desorganización extrema de la clase capitalista en el país colonial y la ausencia de una clase obrera que luche por derecho propio por el poder social— destruir las relaciones de propiedad capitalista. Sin embargo no pueden llevar a la clase obrera al poder político. Al contrario crean regímenes burocráticos antiobreros que suprimen todo desarrollo ulterior de estas revoluciones hacia el socialismo”.
—“Declaración de principios de la Spartacist League”, Cuadernos Marxistas No. 1
Esta revolución no hubiera sobrevivido si la Unión Soviética no hubiera aportado un contrapeso militar al imperialismo y un salvavidas a la economía cubana. Hoy, cuando no hay nada parecido a esa ayuda, no existe más la ventana histórica que permitió que fuerzas pequeñoburguesas crearan un estado obrero deformado.
La lucha por defender y extender la Revolución Cubana ha sido un distintivo de nuestra tendencia desde su origen como la Revolutionary Tendency (RT, Tendencia Revolucionaria), una minoría dentro del Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) estadounidense. La mayoría del SWP equiparaba al régimen de Castro con el gobierno revolucionario bolchevique de Lenin y Trotsky. Al hacerlo, los líderes de la mayoría del SWP rechazaban abiertamente tanto la necesidad de un partido leninista-trotskista que aportara una dirección revolucionaria, como la centralidad del proletariado en la lucha por la revolución socialista.
Habiendo perdido la esperanza en esa perspectiva, el SWP elogió acríticamente a la burocracia castrista. En enero de 1961 el SWP adoptó las “Tesis sobre la Revolución Cubana” de Joseph Hansen, las cuales declaraban que Cuba había “entrado a la fase de transición a un estado obrero, aunque todavía no poseía las formas de la democracia obrera”.
Más de medio siglo después, nuestro análisis y programa trotskistas han resistido la prueba del tiempo. Los que ayer eran porristas de la burocracia castrista se han hecho más viejos, pero no más sabios. En un artículo fechado el 23 de diciembre y publicado en counterpunch.org, Jeff Mackler, el principal mandamás de Socialist Action (SA, Acción Socialista), un retoño del reformista SWP, poseído por el fantasma de Hansen, escribe: “Aunque a Cuba todavía [¡!] le faltan las instituciones formales y vitalmente necesarias de la democracia obrera,...la actual dirigencia cubana no se ha convertido en una casta endurecida cuyos intereses sólo puedan defenderse mediante la represión”.
De hecho, la casta burocrática encabezada por los Castro siempre ha excluido a la clase obrera del poder político, usando la represión y la ideología del nacionalismo para mantener a los obreros y campesinos cubanos atomizados y políticamente pasivos. El régimen de Castro no sólo encarcela disidentes que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense, también reprime a oponentes prosocialistas, incluyendo a militantes como los trotskistas en los años sesenta. Esto ilustra la naturaleza inherentemente contradictoria de la casta burocrática estalinista, la cual se equilibra entre la burguesía imperialista, por un lado, y la clase obrera, por el otro.
Mackler hace hasta lo imposible para presentar al “equipo Castro” como los grandes custodios del socialismo. Elogia las reformas de mercado de la burocracia —que, según él, “dentro del marco de los ideales socialistas, buscan hacer más eficiente la economía cubana”— y grazna absurdamente que estas reformas fueron “presentadas para su discusión, debate y modificación” a “millones de cubanos” antes de llevarse a la práctica.
Las reformas orientadas al mercado son un intento de responder al estancamiento económico dentro del marco del control burocrático estalinista de la economía. Como escribimos en el artículo: “For Central Planning Through Soviet Democracy” (Por una planificación central mediante la democracia soviética, WV No. 454, 3 de junio de 1988):
“La economía planificada...sólo puede ser eficaz cuando los obreros, la intelectualidad técnica y los gerentes se identifican con el gobierno que emite los planes...
“Dentro del marco del estalinismo, hay una tendencia inherente a remplazar la planificación y la administración centrales con mecanismos de mercado. Dado que los gerentes y los obreros no pueden ser sometidos a la disciplina de la democracia de los soviets (consejos obreros), la burocracia tiende a ver cada vez más la sujeción de los actores económicos a la disciplina de la competencia de mercado como la única respuesta a la ineficiencia económica”.
Los consejos obreros no son sólo otras “formas” de poder proletario, sino que son esenciales para la operación racional de una economía planificada y socializada.
Mackler sostiene también que los “esfuerzos humanitarios” que Cuba lleva a cabo en el exterior son testimonio de “una orientación revolucionaria y socialista que continúa”. Muchas de las intervenciones internacionales de Cuba han sido ciertamente heroicas, especialmente cuando el país envió a África en los años setenta miles de efectivos para ayudar a Angola a defender su recién conquistada independencia de Portugal contra fuerzas locales reaccionarias apoyadas por el imperialismo estadounidense y la Sudáfrica del apartheid. Sin embargo, el objetivo de los estalinistas cubanos no fue nunca ayudar en el derrocamiento del capitalismo en África; su intervención expresaba su apoyo político a los nacionalistas burgueses angoleños a cuyo lado luchaban. Incluso estando en la mira de las armas estadounidenses, la intención de Fidel Castro fue siempre una “détente” [distención] a través del ala “progresista” del imperialismo estadounidense, es decir, el Partido Demócrata.
Mientras los falsos trotskistas como SA se deshacen en elogios a los estalinistas cubanos, en otras partes se unen a las cruzadas anticomunistas por la “democracia” del imperialismo. SA se alió con los peores enemigos de la Revolución Cubana al defender a las fuerzas capitalistas-restauracionistas que se movilizaron contra el estado obrero degenerado soviético en los años ochenta, incluyendo al “sindicato” contrarrevolucionario polaco Solidarność, el favorito del papa Juan Pablo II.
Otros seudosocialistas se oponen al régimen de Castro desde el punto de vista de una virulenta hostilidad anticomunista al estado obrero cubano mismo. Ese es el caso de la estadounidense International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), los primos desheredados de la tendencia internacional de Tony Cliff. Los cliffistas son conocidos por haber descartado a Cuba, junto con China y todo el antiguo bloque soviético de Europa del Este, como “regímenes capitalistas de estado” que “no tienen nada que ver con el socialismo”.
Escribiendo en la revista Jacobin (22 de diciembre), Samuel Farber, quien publica frecuentemente en la prensa de la ISO, celebró el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos como una “importante conquista del pueblo cubano”. Según Farber, quien seguramente obtiene sus criterios del Departamento de Estado de EE.UU., ese acuerdo “puede mejorar los estándares de vida de los cubanos y ayudar a liberalizar las condiciones de su opresión política y su explotación económica, aunque no necesariamente a democratizarlas”. Para Farber, Cuba no es más que otro estado sujeto a la “explotación” capitalista, aunque difiere de Estados Unidos por su falta de “democracia”.
Los revolucionarios de Estados Unidos tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y del rapaz imperialismo estadounidense. Esto no puede reducirse a la cuestión de preservar la cultura cubana única ni a simplemente bloquear las incursiones de los monopolios imperialistas a la isla. El futuro de las masas cubanas —ligado al de la liberación de cientos de millones de trabajadores de América Latina y vinculado a la lucha por la emancipación de los explotados y los oprimidos en las entrañas del monstruo estadounidense— es una cuestión de clase. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario en Estados Unidos como sección de una Cuarta Internacional trotskista reforjada. Un partido así imbuiría a la multirracial clase obrera estadounidense con el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es una parte integral de su propia lucha contra sus gobernantes capitalistas y por la revolución socialista mundial.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/cubana.html
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2016.06.07 02:38 ShaunaDorothy Niños fugándose de los infiernos creados por EE.UU. - Refugiados centroamericanos: ¡Déjenlos quedarse! ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! (Octubre de 2014)

https://archive.is/sBQxB
Espartaco No. 42 Octubre de 2014
Traducido de Workers Vanguard No. 1050, 8 de agosto.
Desde octubre de 2013 hasta junio de este año, la Patrulla Fronteriza detuvo a 57 mil niños no acompañados a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos: más del doble de los que capturaron durante los doce meses previos. Este incremento es parte de una tendencia a la alza durante los últimos tres años en el número de jóvenes migrantes, en gran mayoría provenientes de Honduras, Guatemala y El Salvador. La aterradora violencia y miseria extrema de las que huyen estos refugiados son resultado directo del dominio imperialista estadounidense sobre Centroamérica. Durante las últimas décadas, el tejido social de estos países se ha visto desgarrado por factores que van desde las guerras sucias de la década de 1980 (orquestadas por EE.UU.) hasta la creciente militarización bajo el pretexto de la “guerra contra las drogas”, pasando por la devastación económica producto de los tratados de “libre comercio” impuestos por Estados Unidos.
Las imágenes de junio de jóvenes migrantes comprimidos como sardinas en centros de detención atiborrados reencendieron el debate político sobre la “reforma” migratoria. El Partido Republicano y los comentaristas políticos de derecha aprovecharon la oportunidad para acusar a Obama de ser “laxo” en cuestiones migratorias. Mientras tanto, un frenesí reaccionario envolvió a varias ciudades fronterizas: de manera más dramática, en Murrieta, California, una turba, que incluía neonazis y Minutemen, llevó a cabo bloqueos contra los camiones que transportaban inmigrantes y escupió su veneno contra ellos. Varios pueblos y condados han adoptado o están considerando resoluciones para impedir que los inmigrantes sean alojados temporalmente ahí.
El presidente Obama ha enfatizado que los miles de niños refugiados no podrán quedarse en el país. En una entrevista del 27 de junio, aleccionó a los padres, diciendo: “No manden a sus hijos a la frontera”. Y después agregó: “Incluso si logran cruzar, van a ser mandados de regreso”. El “deportador en jefe” —que ha establecido un récord deportando a más de dos millones de inmigrantes en lo que va de su gobierno— solicitó al Congreso un paquete de ayuda de emergencia de 3 mil 700 millones de dólares, la mayoría de los cuales estarían destinados a fortalecer la seguridad en la frontera y acelerar las deportaciones.
Con este mismo objetivo, Obama está determinado a enmendar una ley de 2008 contra el tráfico de niños firmada por George W. Bush. Esta ley autoriza la expulsión inmediata de los niños mexicanos pero requiere que los niños de otros países que no hacen frontera, como es el caso de los centroamericanos, sean canalizados al Departamento de Salud y Servicios Humanos. Una vez ahí, deben pasar por un juicio migratorio o ser entregados a un familiar en EE.UU. Lo que busca ahora la Casa Blanca es dar a la Patrulla Fronteriza el poder para expulsar a estos niños tan rápido como sea posible, sin darles acceso a representación legal.
A mediados de julio, el presidente supervisó la deportación de un centenar de mujeres y niños a la ciudad hondureña de San Pedro Sula, la capital mundial del homicidio. Desde el derrocamiento respaldado por EE.UU. del populista burgués hondureño Manuel Zelaya en 2009, el país mantiene el índice de asesinatos más alto en el mundo. (El Salvador y Guatemala también figuran consistentemente entre los primeros cinco.) Durante la primera mitad de este año, se registraron 3 mil asesinatos en Honduras, un país con sólo 8 millones de habitantes —más o menos la población de la Ciudad de Nueva York—.
Al ver a sus hijos prácticamente destinados a morir, ya sea a manos de las bandas criminales o de los salvajes en el ejército y la policía, hay padres desesperados dispuestos a todo para permitir que sus niños escapen. En ocasiones, los niños son enviados solos en el peligroso viaje hacia El Norte (varios de ellos esperan reunirse con sus padres u otros parientes que ya viven en EE.UU.). Una vez allá, muchísimos de estos jóvenes refugiados buscan residencia permanente pidiendo asilo o el estatus de Inmigrante Juvenil Especial, usando como argumento el miedo totalmente justificado de morir en sus países de origen. El proceso de asilo es tortuoso y no hay garantía alguna de que éste será concedido. El abuso sexual y la violencia conectada con pandillas, por ejemplo, no son consideradas razones válidas para solicitar asilo.
Los refugiados centroamericanos deben ser liberados de inmediato y obtener el derecho a quedarse, ya sea a través del asilo o por cualquier otro medio. Los mismos gobernantes capitalistas estadounidenses que saquean a Centroamérica, en casa explotan a los obreros y los oprimidos. La defensa de los inmigrantes es de vital interés para el movimiento obrero y para todos los combatientes contra la discriminación racista. Toda la gente que logra llegar a este país, sin importar su edad o su motivación, debería gozar de los mismos derechos que los que nacieron aquí. Exigimos plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes, incluyendo el derecho a un pasaporte estadounidense y a recibir educación gratuita. ¡Alto a las deportaciones! ¡Libertad para todos los detenidos!
El “patio trasero” del imperialismo estadounidense
Los gobernantes capitalistas estadounidenses han considerado por muchos años a Latinoamérica como su patio trasero. Durante las primeras tres décadas del siglo XX, las tropas estadounidenses intervinieron en los países de Centroamérica y el Caribe en casi 20 ocasiones. Junto con el ejército venían los representantes de enormes corporaciones estadounidenses como la United Fruit Company. En Guatemala, Honduras y otros países burlonamente denominados “repúblicas bananeras”, los deseos de la United Fruit eran la ley. En Guatemala, Washington orquestó el derrocamiento del presidente populista burgués Jacobo Arbenz en 1954, después de que éste intentara nacionalizar algunas tierras propiedad de la United Fruit e implementar otras reformas.
Durante la década de 1980, EE.UU. financió, entrenó y proporcionó inteligencia a sangrientos regímenes basados en escuadrones de la muerte a lo largo de Centroamérica, quienes hicieron blanco de izquierdistas, sindicalistas, líderes campesinos y demás. Estas guerras sucias formaron parte de la Segunda Guerra Fría imperialista, con miras a la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, un estado obrero degenerado, y a revocar las conquistas de la Revolución Cubana, viendo a los izquierdistas locales como títeres soviéticos y cubanos. En el propio EE.UU. esta campaña bélica antisoviética tuvo su reflejo en el incremento de los ataques contra los sindicatos y la población negra.
En Guatemala, unas 200 mil personas —en su mayoría campesinos mayas— fueron asesinadas y otras 45 mil “desaparecidas” a lo largo de tres décadas de conflictos armados. Honduras fue el campo de entrenamiento de los reaccionarios contras patrocinados por EE.UU. para derrocar al gobierno nacionalista de izquierda de los sandinistas en Nicaragua. EE.UU. también enlistó al ejército hondureño en sus esfuerzos por destruir al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, una amplia insurgencia guerrillera que combatió contra la junta militar respaldada por Estados Unidos en El Salvador.
La oleada de inmigración hacia EE.UU. proveniente de Centroamérica data del periodo de la guerra sucia. En esa época, miles de salvadoreños que buscaban refugio en EE.UU. fueron deportados directamente de vuelta a las garras de los escuadrones de la muerte. Frente a esto, nosotros exigimos asilo para todos aquéllos que llegaran huyendo del horror derechista. En contraste con los refugiados que escapan del terror sangriento de los regímenes respaldados por EE.UU., Washington siempre ha dado la bienvenida a la peor gente, por ejemplo a los contrarrevolucionarios gusanos cubanos.
La imposición del TLCAN con México en 1994 y el Tratado de Libre Comercio de América Central (TLCAC) una década después trajo consigo incrementos adicionales en la migración a Estados Unidos, producto de la catástrofe económica que representaron esos tratados para millones de personas. Durante los años previos, el Fondo Monetario Internacional y otras agencias imperialistas habían dictado programas de “reestructuración de deudas”, que exigían el recorte de subsidios agrícolas y programas sociales. El TLCAN y el TLCAC incrementaron el número de campesinos arrastrados desde la tierra hacia la miseria urbana, habiendo eliminado las protecciones contra la importación de maíz y frijol de EE.UU., parte fundamental de la dieta de los pobres y los principales alimentos producidos por los campesinos. Esta situación de miseria fue exacerbada por la crisis económica global de 2008 —desatada por el capital financiero estadounidense— que produjo despidos masivos en las maquiladoras frente al desplome de la demanda de bienes de consumo.
Desde el inicio nos opusimos al TLCAN, la rapiña de “libre comercio” contra México, y a su equivalente centroamericano, porque sus únicos objetivos son el saqueo de estos países semicoloniales y el fortalecimiento del dominio de los amos estadounidenses. Esta perspectiva internacionalista proletaria contrasta agudamente con el chovinismo nacionalista de la burocracia sindical de la AFL-CIO, que denunció al TLCAN por supuestamente poner en riesgo los empleos estadounidenses.
En Honduras, las condiciones de los obreros y los pobres de la ciudad y el campo han empeorado significativamente desde que el régimen de Zelaya fue derrocado. El índice de homicidios está por las nubes, las pandillas están desatadas y el gasto en vivienda, salud y educación ha sufrido fuertes recortes. Después de ser elegido en 2005, el rico terrateniente Zelaya adoptó algunas medidas paliativas para limitar el descontento social y comenzó un proceso de acercamiento hacia la Venezuela de Hugo Chávez. Estas medidas hicieron enfurecer a EE.UU. y a amplios sectores de la burguesía hondureña, que conspiraron con éxito para derrocarlo en el golpe de 2009. Desde entonces, el gobierno de Obama ha respaldado completamente a los regímenes posteriores al golpe y continúa financiando a manos llenas a la policía y el ejército hondureños.
¡Abajo la “guerra contra las drogas”!
En una cumbre en julio de 2005 con los gobernantes de El Salvador, Guatemala y Honduras para hacer frente a la crisis de los niños refugiados, el presidente Obama elogió los esfuerzos de sus contrapartes centroamericanos para detener el flujo de migrantes pero los instó a hacer más. Desde 2008, Washington ha incrementado dramáticamente la ayuda y el entrenamiento para la policía de esos países bajo la bandera de la “guerra contra las drogas”.
Tanto la guerra contra las drogas como la “guerra contra las pandillas” no son más que pretextos para militarizar fuertemente la región. Estas medidas han incrementado la violencia e intensificado la represión contra la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. En el grueso de los países donde el gobierno supuestamente combate la narcoviolencia, el aparato estatal entero está absolutamente compenetrado con los cárteles de la droga; todos, desde la policía hasta los políticos, están involucrados hasta el cuello en el próspero mercado de la droga.
Los marxistas nos oponemos a la “guerra contra las drogas”, que no es sino una cobertura para la intervención militar imperialista a lo largo de América Latina y no ha traído más que terror y muerte a barrios pobres y áreas rurales en toda la región. En EE.UU., la “guerra contra las drogas” ha sido durante décadas el motor del encarcelamiento masivo de los negros y, cada vez más, también de los latinos y los inmigrantes. De igual forma, la “guerra contra las pandillas” criminaliza aún más a la juventud pobre y obrera, al tiempo que incrementa los poderes represivos del estado capitalista.
En Centroamérica, el flujo masivo de campesinos arruinados hacia las ciudades ha creado un campo fértil para el auge de la “economía informal”. Al ver sus ocupaciones tradicionales destruidas debido al “libre comercio” imperialista, muchas personas en Latinoamérica no encuentran otra forma de sobrevivir más que cultivando, vendiendo y transportando drogas, o emigrando. Llamamos por la despenalización de todas las drogas y por el retiro de todas las bases y fuerzas militares estadounidenses en Latinoamérica y el Caribe. Al eliminar los márgenes de ganancia estratosféricos producto del comercio ilegal de las drogas, la despenalización también reduciría el crimen y la violencia.
La migración y la sociedad capitalista
Tratando de sacar ventaja de la simpatía hacia los niños refugiados, algunos miembros del Partido Demócrata una vez más se presentan como “amigos de los inmigrantes”, con miras a las elecciones intermedias. Los liberales han estado muy ocupados tratando de presionar a Obama para que ignore al Congreso y promulgue una orden ejecutiva para implementar la “reforma” migratoria. Nosotros daríamos la bienvenida a cualquier reforma que en los hechos otorgue algún tipo de derechos o de protección legal para los inmigrantes. Pero nada de lo que el gobierno ha propuesto mejoraría realmente su situación.
Las propuestas bipartidistas de reforma respaldadas por la Casa Blanca están dirigidas a crear un estrato absolutamente vulnerable de la población, obligado a pagar grandes cantidades de dinero por el privilegio de trabajar a cambio de una miseria, sin protección laboral, sin estatus migratorio fijo, sin derechos democráticos y sin ningún tipo de acceso al bienestar social. Este propósito está en línea con los intereses de un sector de la burguesía estadounidense, que busca mantener una fuente de mano de obra inmigrante barata e indefensa —sobre todo para fomentar la división entre la clase obrera—. El ala más nativista de la burguesía, mientras tanto, despotrica contra los “invasores” y los “criminales” que cruzan la frontera, presentando a los inmigrantes como una carga sobre el mercado laboral, la vivienda y el sistema de salud.
Ambas partes concuerdan en su determinación para fortalecer la vigilancia de la frontera. El actual gobierno ha continuado la expansión de la infraestructura de la Patrulla Fronteriza y la militarización de la frontera a niveles sin precedentes, empujando a los inmigrantes a tomar caminos cada vez más peligrosos para ingresar al país. Desde 2010, agentes fronterizos han matado al menos a 28 inmigrantes. En 2012, guardias fronterizos de EE.UU. abatieron a un adolescente mexicano de 16 años con ocho disparos en la espalda, con la justificación de que estaba lanzando piedras mientras caminaba en Nogales, en el lado mexicano de la frontera. Si caen en manos de los federales, los inmigrantes son arrastrados a centros de detención marcados por condiciones terribles. Cientos de detenidos en el Northwest Detention Center en las afueras de Tacoma, Washington, han llevado a cabo una serie de huelgas de hambre este año, protestando tanto contra las deportaciones como contra su desesperada situación actual, bajo la cual son obligados a trabajar en virtual esclavitud.
Los inmigrantes no son sólo víctimas, también constituyen una parte crucial y vibrante de la clase obrera estadounidense. Los trabajadores deben combatir los venenosos intentos de la patronal de poner en conflicto a quienes nacieron en EE.UU. contra los inmigrantes, muchos de los cuales llevan a cabo los trabajos más peligrosos y menos deseables. Organizar a estos trabajadores es crucial para revitalizar al movimiento sindical. El primer paso en la lucha contra la explotación de los obreros y la opresión de los inmigrantes, así como contra el racismo hacia la población negra, es reconocer que los obreros y los capitalistas no comparten un “interés nacional” común. La clase obrera sólo puede mejorar su situación aliándose con los oprimidos en una lucha de clases contra su “propia” clase dominante. Una perspectiva así es un anatema para la burocracia sindical, siempre leal al capitalismo y a sus representantes políticos, particularmente en el Partido Demócrata.
Lo que necesitamos es una revolución obrera que remplace el sistema capitalista de ganancias, marcado por las crisis, con una economía planificada y socializada a escala internacional. Sólo la revolución socialista puede dar fin a la creciente miseria de las masas trabajadoras, tanto en los países capitalistas dependientes como México y Honduras, como en los centros imperialistas. Cuando la clase obrera sea la que controle la sociedad, las necesidades básicas como la vivienda, la salud y el empleo no serán cosas para las que la gente necesite arriesgar la vida. La violencia, la pobreza y la miseria endémicas al orden imperialista quedarán reducidas a un capítulo del pasado.
Corrección
En el artículo “Refugiados centroamericanos: ¡Déjenlos quedarse!” de Espartaco (octubre de 2014) pasamos por alto un error de traducción evidente, al publicar que “En una cumbre en julio de 2005 con los gobernantes de El Salvador, Guatemala y Honduras...el presidente Obama elogió los esfuerzos de sus contrapartes”. En 2005 Obama no era presidente. La referencia en Workers Vanguard (donde se publicó originalmente el artículo) es a una cumbre del 25 de julio de 2014.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/42/refugiados.html
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2016.06.07 02:34 ShaunaDorothy El FIT argentino: Alquimia reformista y cretinismo parlamentario (Octubre de 2014)

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Espartaco No. 42 Octubre de 2014
En octubre de 2013, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo alrededor de un millón 200 mil votos en las elecciones argentinas, lo cual le ha valido la obtención de varias curules entre diputados y concejales. Este voto masivo es un reflejo del creciente hartazgo de sectores de la clase obrera y de la pequeña burguesía con el populismo kirchnerista. Tan sólo este año, el gobierno de Cristina Fernández ha enfrentado, además de diversas huelgas en empresas individuales, dos huelgas generales.
Los reformistas saben oler las oportunidades; además de eso, conceder que el FIT se presentó formalmente como una opción electoral obrera “socialista” contrapuesta a los partidos burgueses es lo mejor que se puede decir de este amasijo sin principios de morenistas (Izquierda Socialista, IS), morenistas reciclados (Partido de los Trabajadores Socialistas, PTS) y altamiristas (Partido Obrero, PO).
Un bloque podrido
El FIT se formó en 2011 como un acuerdo entre esas tres organizaciones para presentar candidatos en las elecciones y así “quebrar la proscripción electoral” contra la izquierda (“Declaración programática” del FIT, junio de 2011). Así, con tal de obtener unos cuantos diputados, decidieron mostrar una fachada de “unidad” y se presentan como la encarnación de la independencia política del proletariado; al mismo tiempo, cada partido rutinariamente acusa a los demás de cruzar la línea de clases, y a menudo todos tienen razón.
Las pretensiones del PTS a la ortodoxia marxista son una herramienta cínica para posicionarse como el ala “izquierda” de lo que sea, incluyendo del propio FIT. El PTS se quejaba hace ya dos años, por ejemplo, de que el PO “en diversos planteos tácticos tiende a ceder al frentepopulismo”, entre otras cosas al haber llamado a votar por el nacionalista burgués Evo Morales en Bolivia al menos en 2005 “o, más recientemente, a Syriza en Grecia” (Estrategia Internacional No. 28, septiembre de 2012). Para los trotskistas, el llamar a votar por fuerzas ajenas al proletariado significa traicionar los principios del marxismo-leninismo; para el PTS, en cambio, ello apenas “tiende” a capitular. Además, en julio de 2011, cuando Jorge Altamira era ya candidato presidencial del entonces flamante FIT, el caudillo del PO dejó claro que no tenía intención de contraponerse a Cristina Fernández, al declarar: “yo creo que a la gente militante y luchadora del kirchnerismo hay que decirle: ‘Querés defender a Cristina, bueno votala sólo a ella. Para abajo votá al Frente de Izquierda’” (Prensa Obrera No. 1187, 28 de julio de 2011). ¡Ésa es la “lucha” del FIT por la “independencia política de los trabajadores”!
En cuanto al estado obrero deformado cubano, IS es una organización “socialista” gusanoide que está por “la liberación de todos los presos políticos, aun de aquellos que defienden posiciones que consideramos equivocadas, y [por que] pueda[n] formar partidos políticos” (El Socialista No. 170, 14 de julio de 2010, énfasis añadido). Este artículo de IS hace referencia en particular a Guillermo Fariñas, hoy dirigente de la Unión Patriótica de Cuba, una organización gusana que llama por la “libre empresa” y por hacer de Cuba “un país de propietarios y productores libres” —es decir, por la contrarrevolución capitalista—. Los trotskistas genuinos estamos por la defensa de Cuba contra el imperialismo y la contrarrevolución y por una revolución política proletaria para echar a la burocracia castrista e imponer la democracia obrera para las organizaciones que acepten el poder proletario (no la burguesía y sus títeres). En cambio, una de las afinidades programáticas fundamentales de todos estos seudotrotskistas —y no la menos importante— fue su apoyo a la contrarrevolución en Europa Oriental y la URSS, así como el dar hoy por muertos a los estados obreros deformados de China, Corea del Norte, Laos y Vietnam.
Frente unido vs. alquimia reformista
En discusiones con los camaradas mexicanos del PTS, éstos han procurado justificar la formación y el mantenimiento del FIT mediante la afirmación falsa de que se trata de un “frente único” (o frente unido). El frente unido es una táctica que consiste esencialmente en una acción común en torno a demandas específicas, usualmente negativas, que muchas veces se exigen de las autoridades burguesas. La forma característica de un frente unido es una acción concreta: una huelga, una manifestación de masas contra medidas del gobierno (o también acciones defensivas contra los fascistas). El objetivo de esta táctica es escindir a las organizaciones obreras reformistas de masas al exacerbar las diferencias programáticas en el curso de la lucha común, y su naturaleza se resume a menudo en la frase “golpear juntos, marchar separados”.
El FIT no tiene nada que ver con eso; es un bloque político-electoral de duración indefinida cuyo propósito es mostrar una cara unitaria mediante la propaganda y el trabajo parlamentario conjuntos. El PTS mismo deja claro que el FIT no es percibido —ni por sus fuerzas componentes ni por la clase obrera— como un frente unido, sino como el embrión de un partido unificado: “Si tomamos el fenómeno de conjunto la izquierda obrera, socialista y anticapitalista...especialmente cuando actúa en común, es visualizada como una suerte de ‘partido’, aun minoritario, pero actuante y extendido en la vanguardia” (óp. cit.).
¿Hacia un partido “unificado”?
El PTS impulsa el desarrollo del FIT hacia un partido único, para lo cual dice que hay que clarificar “los aspectos políticos, programáticos, estratégicos y teóricos que nos separan de quienes hoy son nuestros aliados en el FIT”. La base política para la formación del frente fue una “Declaración programática” concretada en una lista reformista de 22 demandas, en gran parte económicas. La “Declaración” es un mínimo común denominador concebido para archivar cualquier diferencia. Dos ejemplos bastan para mostrar su carácter fraudulento. Allí se afirma con pompa que “El FIT denuncia el carácter claramente capitalista de todos los gobiernos latinoamericanos”, incluido el de Evo Morales, ¡pero no se dice una palabra del apoyo electoral del PO a ese mismo nacionalista burgués (ni de su declaración de 2011 de no competencia con “Cristina”)! Similarmente, la “declaración” se pronuncia “Contra el bloqueo y cualquier tipo de agresión imperialista contra Cuba y contra la restauración capitalista en la isla”, ¡sin mencionar el llamado de IS por derechos políticos para la gusanada! A eso se reduce la palabrería del PTS sobre una “constante, y a veces dura, lucha política de tendencias” al seno del FIT.
Para los revolucionarios genuinos, la lucha programática es la clave para forjar un partido leninista-trotskista políticamente homogéneo capaz de dirigir a la clase obrera hacia nuevas revoluciones de Octubre. Para los oportunistas, el programa político es un obstáculo a sus apetitos oportunistas, algo que debe ser enterrado tan pronto como sea posible en aras de la “unidad”. De concretarse tal “unidad”, el resultado será un efímero partido seudotrotskista más, tan inestable y sin principios como lo es hoy el FIT.
¡Abajo los puestos ejecutivos del estado capitalista!
El FIT no sólo ha presentado candidatos al parlamento; su fórmula ejecutiva postuló a Jorge Altamira para presidente nacional y a Christian Castillo del PTS para vicepresidente. Los espartaquistas nos oponemos, como una cuestión de principios, a que los marxistas se postulen a puestos ejecutivos del estado burgués; esta posición se basa en nuestro entendimiento de que el estado es el comité ejecutivo de la clase dominante. Asumir un puesto ejecutivo u obtener el control de una legislatura burguesa o un ayuntamiento municipal burgués exige tomar responsabilidad por la administración de la maquinaria del estado capitalista. Como explicamos en Spartacist (Edición en español) No. 36 (noviembre de 2009), el postularse para puestos ejecutivos legitima las concepciones reformistas dominantes respecto al estado. El resto de la izquierda rechaza el entendimiento leninista del estado y no sólo se postula para puestos ejecutivos, sino que una parte integral de su perspectiva consiste en asumirlos.
Aunque predeciblemente Altamira quedó lejos de ganar la presidencia, el éxito electoral de los seudotrotskistas argentinos al nivel parlamentario subraya la importancia inmediata de nuestra posición respecto a los puestos ejecutivos: el FIT bien podría obtener mayoría en algún municipio o algo parecido, y ponerse al frente tanto del aparato represivo estatal local como de las cloacas.
Bolchevismo vs. cretinismo parlamentario
La esencia de la democracia burguesa —de la cual el parlamento es una institución clave— consiste en decidir cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar a los pobres. La democracia burguesa es la democracia para los ricos, un maquillaje para la dictadura del capital (ver “Por qué rechazamos la consigna por una ‘asamblea constituyente’”, Spartacist [Edición en español] No. 38, diciembre de 2013). Al tiempo que defendemos los derechos democráticos bajo el capitalismo hoy, los espartaquistas luchamos por construir un partido obrero capaz de llevar a cabo la revolución socialista, el único medio para remplazar el parlamentarismo burgués con la democracia obrera soviética. Los soviets —o consejos— de obreros y campesinos son corporaciones de trabajo, legislativas y ejecutivas a la vez, que representan “un nuevo tipo de estado, un tipo nuevo y superior de democracia; una forma de la dictadura del proletariado, el medio de gobernar el estado sin la burguesía y contra la burguesía (Lenin, “Carta a los obreros norteamericanos”, 1918).
En el camino a ese fin, los comunistas podemos participar, como opositores, en los parlamentos y otros cuerpos legislativos como tribunos revolucionarios de la clase obrera. Pero para los bolcheviques el trabajo en el parlamento es una cuestión táctica, un punto de apoyo secundario de la acción revolucionaria para impulsar el desarrollo de la conciencia de la clase obrera. Las “Tesis sobre el Partido Comunista y el parlamentarismo” del II Congreso de la Internacional Comunista (1920) explican que para los comunistas, “el parlamento no puede ser actualmente, en ningún caso, el teatro de una lucha por reformas y por el mejoramiento de la situación de la clase obrera, como sucedió en ciertos momentos en la época anterior. El centro de gravedad de la vida política actual está definitivamente fuera del marco del parlamento”. Al hacer trabajo en cualquier institución legislativa burguesa, “el partido comunista entra en ella no para dedicarse a una acción orgánica sino para sabotear desde dentro la maquinaria gubernamental y el parlamento”, pues el comunismo, en la lucha por la dictadura del proletariado, “se da como misión la abolición del parlamentarismo”. Las Tesis afirman también que “los partidos comunistas deben renunciar al viejo hábito socialdemócrata de hacer elegir exclusivamente a parlamentarios ‘experimentados’ y sobre todo a abogados. En general, los candidatos serán elegidos entre los obreros”.
Éste fue el entendimiento que guió nuestras campañas electorales en EE.UU. en los años 70 y 80. (En 1985 postulamos a Marjorie Stamberg para la alcaldía de Nueva York. Dado nuestro entendimiento de entonces, aquél no fue un acto aprincipista, sino una campaña llevada a cabo de acuerdo con lo que considerábamos una práctica comunista correcta. A la luz de nuestro entendimiento actual, postularse para un puesto ejecutivo está fuera de la cuestión; no es una cuestión de táctica, sino de principio.) Aquellas campañas se centraban en consignas revolucionarias tajantes, como “¡Romper con los demócratas—por un partido obrero para luchar por un gobierno obrero!”; “¡Terminar la Guerra Civil! ¡Liberación de los negros mediante la revolución socialista!”; “¡Somos el partido de la Revolución Rusa!”; “¡Defender las conquistas de la Revolución de Octubre!” o, una de nuestras favoritas, “¡El Ku Klux Klan no marcha en Moscú!”. Eso le pondría los pelos de punta no sólo a cualquier miembro del Partido Demócrata, sino a cualquier morenista.
Siguiendo los lineamientos del II Congreso de la Comintern, exigimos de nuestra candidata en 1978 una renuncia a su puesto parlamentario, firmada y sin fecha, para que el Comité Central de la SL la pudiera invocar en cualquier momento. Reprodujimos esta carta en Workers Vanguard No. 217 (20 de octubre de 1978) como parte de un artículo que explicaba: “No estás votando por un individuo sujeto a una miríada de presiones, sino por un partido que se mantendrá o caerá sobre la base de su programa”.
Dictadura proletaria vs. “república democrática”
Para discutir el trabajo bolchevique en la duma zarista a principios del siglo XX, es necesario clarificar las distintas concepciones de la venidera revolución rusa que tenían tanto los mencheviques como Lenin y Trotsky. Señalando el atraso del país, los mencheviques insistían en que la clase obrera no podía ser sino un apéndice de la burguesía liberal, la cual supuestamente procuraba establecer una república democrática. Por su parte, antes de 1917 Lenin mantenía la perspectiva de la “dictadura democrática del proletariado y el campesinado”; Lenin aceptaba que la lucha por la libertad política y la república democrática en Rusia era una etapa necesaria que no minaría “la dominación de la burguesía” (Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1905). Pero, crucialmente, Lenin no tenía ilusiones sobre el supuesto carácter “progresista” de la burguesía rusa, y descartaba categóricamente que ésta pudiera consumar su propia revolución. Para él, la fórmula de la dictadura revolucionaria democrática retuvo un carácter algebraico. Sus lineamientos para una dictadura revolucionaria conjunta no eran los términos para una época de la paz de clases, sino los planes de batalla para un episodio de la guerra de clases que se extendía a la arena internacional. La destrucción del gendarme Romanov inspiraría a los obreros de Europa a tomar el poder estatal. Entonces apoyarían al proletariado ruso a hacer lo mismo.
Como sabemos, la historia habría de demostrar mediante la Revolución de Octubre que las tareas que Lenin atribuía a la dictadura democrática sólo podría cumplirlas la dictadura del proletariado apoyada en el campesinado —la esencia de la concepción trotskista, la revolución permanente—, mientras que la fórmula de la dictadura democrática sería usada por otros para justificar su apoyo al Gobierno Provisional burgués en 1917. En los países de desarrollo capitalista atrasado (como lo era Rusia entonces, y lo son los países latinoamericanos hoy), las aspiraciones de los trabajadores a los derechos democráticos y nacionales y a la emancipación social sólo pueden realizarse mediante la revolución proletaria y su extensión a los centros del imperialismo mundial.
Con sus célebres “Tesis de abril” de 1917, Lenin abandonó la vieja consigna bolchevique y adoptó, en los hechos, el programa de Trotsky de la revolución permanente.
Los bolcheviques en la duma zarista
En su libro The Bolsheviks in the Tsarist Duma (Los bolcheviques en la duma zarista, 1929), A. Bádaiev, antiguo diputado bolchevique, explica que “los bolcheviques consideraban la campaña electoral para la Duma Estatal [de 1912] como una oportunidad para la agitación y la propaganda amplias y como un medio de organizar a las masas”. En consecuencia con la perspectiva de Lenin de ese entonces, las consignas principales del partido bolchevique en las elecciones a la duma eran: 1) la república democrática, 2) la jornada de ocho horas y 3) la confiscación de los latifundios. Bádaiev explica:
“Estas tres consignas básicas del Partido Bolchevique, posteriormente conocidas como las ‘tres ballenas’, formulaban las reivindicaciones elementales de los obreros y los campesinos rusos. La consigna por una ‘república democrática’ planteaba directamente la cuestión del derrocamiento del zarismo, aunque el zarismo se ocultara tras una duma castrada; esta consigna exponía las ‘ilusiones constitucionales’ y mostraba a la clase obrera que las reformas aprobadas por la Duma Estatal no los ayudarían en lo más mínimo, y que no había posibilidad de mejorar su suerte bajo la forma de gobierno existente...
“El resto del programa mínimo estaba ligado a estas tres reivindicaciones básicas, es decir, los bolcheviques enfatizaban que sólo se podría llevar a cabo una vez que las reivindicaciones básicas del movimiento revolucionario se hubieren realizado”.
Bádaiev recuenta también que la fracción bolchevique en la duma zarista sentía presión de los obreros, que les preguntaban dónde estaban las leyes que presentaban. En una ocasión le preguntó a Lenin qué tipo de leyes debían, pues, proponer. “Lenin respondió con su risa usual”:
“La tarea de un diputado obrero es recordar a las Centurias Negras [pogromistas], día tras día, que la clase obrera es fuerte y poderosa, y que no está lejano el día cuando la revolución habrá de irrumpir y barrer con las Centurias Negras y su gobierno”.
¿Cuál era el programa electoral de los mencheviques? Su programa, dice Bádaiev, “consistía precisamente en esas demandas secundarias que los bolcheviques impulsaban sólo en asociación con las consignas revolucionarias principales. La plataforma menchevique presentaba las tres consignas básicas de los bolcheviques en una forma diluida. En lugar de una ‘república democrática’ exigían la ‘soberanía de los representantes populares’; en lugar de ‘la confiscación de los latifundios’ pedían vagamente una ‘revisión de la legislación agraria’, etc.”.
Mencheviques peronistas
Hoy día, las campañas electorales y el trabajo parlamentario del FIT siguen la huella de los mencheviques paso a paso; procuran conducir a la clase obrera, en los hechos, a actuar como apéndice de la burguesía tras el espejismo de una “república democrática” —definitivamente desmentido por la historia en el curso del año 1917—, al tiempo que mantienen la vieja división entre el programa mínimo, que refleja su práctica reformista, y el programa máximo (a lo más, fraseología vacua para discursos dominicales).
Por supuesto, estos seudotrotskistas juzgan electoralmente contraproducente cualquier referencia al bolchevismo o a la Revolución de Octubre; de hecho, en la medida en que su “Declaración programática” menciona la palabra “revolución” es para ensalzar el mito de la “revolución árabe”, un término aclasista vacío diseñado para ponerse a la cola del nacionalismo árabe y de fuerzas islámicas reaccionarias.
A modo de cobertura “radical”, la propaganda electoral cotidiana del FIT está salpicada de llamados por el “control obrero” —sin ningún vínculo con la necesidad del derrocamiento del capitalismo—. Pero si la seudoizquierda en general hace de esta consigna un fetiche, el FIT y sus componentes la llevan a un nivel simplemente ridículo al exigir el “control obrero” de prácticamente todo: desde la minería y la industria energética hasta los trenes, el subterráneo de Buenos Aires, la administración de la seguridad social, la banca, las obras públicas, las cloacas (¡literalmente!), las licitaciones y contratos del estado, etc. La lógica de todo esto es impulsar el engaño de que la clase obrera controlará la economía entera no mediante la revolución socialista, sino bajo el capitalismo, presumiblemente mediante los buenos servicios del impotente parlamento burgués —un instrumento de opresión de los proletarios por la burguesía que nunca resuelve las cuestiones más importantes dentro de la democracia burguesa: las resuelven la bolsa y los bancos—.
El nacionalismo burgués peronista ha sido históricamente una de las principales ataduras ideológicas para mantener a la clase obrera encadenada a la burguesía. Sin embargo, ausente de la propaganda electoral cotidiana del FIT está cualquier llamado explícito a romper con el peronismo o con su encarnación actual, Cristina Fernández, o cualquier llamado por la construcción de un partido de vanguardia leninista-trotskista —tales consignas son demasiado programáticas, concretas y radicales para estos invertebrados—. En cambio, a la par con su “Declaración programática” el FIT impulsa otra colección ultrarreformista de “reivindicaciones urgentes” (“Manifiesto político-electoral” del FIT, septiembre de 2013) como “impuesto extraordinario a los grandes capitales” —haciendo caso omiso del hecho de que tales impuestos normalmente acaban adjudicándose a los consumidores mediante el simple aumento de precios—.
El reformismo formal del FIT: ¿“Desmantelamiento de las fuerzas represivas” burguesas?
El entendimiento del estado es una cuestión clave que separa al marxismo del reformismo. El estado capitalista consiste, en su núcleo, en destacamentos de hombres armados que mantienen el dominio de la burguesía. El ejército, la policía, los tribunales y las cárceles constituyen los verdaderos pilares del estado burgués. El ABC del marxismo es el entendimiento de que este estado no puede ser reformado para servir a los intereses de la clase obrera y los oprimidos, sino que debe ser destruido mediante la revolución socialista y remplazado por un estado obrero que defienda los intereses del proletariado como nueva clase dominante —ésta es, en esencia, la tarea fundamental de la revolución proletaria—.
Los oportunistas, en cambio, impulsan ilusiones en la reforma democrática del estado capitalista: el FIT llama por “la elección popular de los jueces y fiscales” —¡quizá el honorable Altamira quiera postularse!—. Los jueces, fiscales y demás administradores de la “justicia” burguesa son los encargados directos de esgrimir la represión estatal contra los pobres, los obreros y los oprimidos. El que los carceleros y verdugos de la burguesía sean elegidos “para que rindan cuentas” —como dice conmovedoramente el PO— no cambiará nada la naturaleza del estado ni la brutalidad policiaca. En la mayor parte de EE.UU., por ejemplo, los sheriffs (alguaciles) obtienen su puesto mediante “elección popular”. Por citar un caso, el infame sheriff Joe Arpaio de Maricopa, Arizona, ha sido reelegido seis veces; ¡que los diputados del FIT vayan a contarle a los inmigrantes indocumentados de las bendiciones de la “elección popular” de los represores burgueses!
En diciembre de 2013 hubo un motín policiaco en la Argentina con la demanda de aumento salarial. Ante ello, el FIT publicó un “Comunicado” (13 de diciembre) en el que se pronuncia por el “desmantelamiento de las fuerzas represivas” del estado capitalista —una consigna recurrente del PTS y el PO—, omitiendo clarificar quién o cómo habrá de “desmantelarlas”. De este modo, sugiere que el estado burgués va a “desmantelarse” a sí mismo mediante la legislación o ante la presión extraparlamentaria. Ésta es una ilusión reformista suicida: ninguna clase poseedora en la historia ha cedido jamás su posición dominante sin una lucha a muerte.
El reformismo del FIT en los hechos: Reforzando el aparato represivo burgués
Igual que su “Declaración programática”, el “Comunicado” del FIT sobre el motín policiaco es un fraude. De entrada, salta a la vista que, aunque se refiere a la policía correctamente como una “fuerza de choque presta para enfrentar a los trabajadores”, no hay ninguna denuncia inequívoca del motín policial. Al contrario, el comunicado se desvía del tema para hablar de la inflación, que “pulveriza el salario de los trabajadores”, y así lanzar la exigencia de aumento salarial “para todos los trabajadores sin distinción” (énfasis añadido) —¡el FIT incluye a los policías entre los “trabajadores”!—. El hecho es que tanto el PO como IS consideran que los policías son “trabajadores” uniformados; la demanda del FIT por aumento salarial para los policías viene directamente de un comunicado publicado por el PO con anterioridad (11 de diciembre) y titulado más explícitamente “Ante la crisis política, inflacionaria y policial: Salario mínimo de $8.000 para todos los trabajadores; 82% móvil”. IS es aún más abierta en su defensa de la policía contra el repudio popular:
“Muchos trabajadores y jóvenes se preguntan si es legítimo y correcto apoyar el derecho a que la base policial y sus cuadros medios reclamen salarios contra el gobierno patronal de turno o puedan sindicalizarse. Izquierda Socialista contesta afirmativamente a ambos interrogantes”.
—El Socialista No. 259, 13 de diciembre de 2013
El PTS de hecho “polemizó” contra sus compañeros de bloque, acusándolos pusilánimemente de caer “en una posición sindicalista” (“La izquierda y el motín policial”, 12 de diciembre), ¡y procedió a firmar una declaración con la posición rastrera de sus aliados! La posición del PO, de IS y del FIT sobre la policía no tiene nada que ver con el sindicalismo. Los policías no son “trabajadores” uniformados, sino el puño armado del estado burgués. Apoyar los reclamos de la policía —incluyendo por sindicalizarse— significa apoyar llamados por mayor presupuesto para reprimir a la población trabajadora, por mejores armas, más municiones y todos los medios necesarios para sostener más eficazmente el dominio de la clase capitalista.
¿Y qué hacen los diputados del FIT respecto al estado? Un artículo del PO grotescamente titulado “Quince días que agitaron Mendoza” (22 de mayo) se jacta de la labor de sus parlamentaristas:
“Aprovechamos el debate para presentar un proyecto que crea el cuarto turno en el Poder Judicial y reduce la labor a seis horas —lo cual sí es una contribución a una mayor rapidez y, por sobre todo, transparencia de los procesos judiciales”.
Lejos de promover su patraña reformista de “desmantelar” los cuerpos represivos, ¡el PO se ofrece ante la burguesía como el mejor administrador de su aparato estatal!
Por su parte, el PTS defiende y exige la aplicación de legislación draconiana contra la prostitución y presenta en los hechos al estado burgués como el defensor de las mujeres y las prostitutas —ésa es la lógica del feminismo burgués—. En agosto pasado, su diputada y dirigente de la organización feminista Pan y Rosas presentó un proyecto de “Ley de Adhesión de la Provincia de Mendoza a la Ley Nacional 26.842 sobre Prevención y Sanción de la Trata de Personas”. Entre otras cosas, dicha ley nacional iguala la prostitución con la esclavitud y aplica una condena de cuatro a seis años de prisión al que “promoviere o facilitare la prostitución”, “aunque mediare el consentimiento de la víctima”.
La prostitución forzada, la violación y los ataques sexuales brutales son verdaderos crímenes. Sin embargo, nos oponemos a los intentos del estado —y de los diputados del FIT— de equiparar la “esclavitud sexual” y la “prostitución forzada” con la prostitución misma, así como de retratar cualquier intercambio de dinero por sexo como esclavitud potencial. La prostitución es muy a menudo degradante y explotadora, pero la criminalización simplemente hace que las prostitutas se tengan que refugiar en un medio lumpen en el cual no tienen acceso a servicios médicos y en donde quedan mucho más vulnerables a los crímenes de pandillas y la violencia de los proxenetas. Los marxistas advertimos que toda intervención del estado capitalista incrementa directamente la miseria de todos los involucrados y funciona como un pretexto para incitar a los policías y los tribunales a ir tras los inmigrantes, las mujeres y la sexualidad misma. (Para un análisis más completo de este tema, ver, por ejemplo, “Cruzada de los EE.UU. y la ONU contra el ‘tráfico sexual’”, Spartacist [Edición en español] No. 33, enero de 2005.)
¡Por un partido leninista-trotskista!
El régimen burgués argentino utiliza la retórica “antiimperialista” nacionalista y la nostalgia popular por el gobierno nacional-corporativista del general Juan Domingo Perón (especialmente a finales de los años 40 y principios de los 50) para mantener bajo su control a las masas trabajadoras. La oposición intransigente al nacionalismo burgués peronista, el cual ha llevado una y otra vez al desastre a los obreros y oprimidos argentinos, es crucial para romper estas ataduras. Pero desde el apoyo a las aventuras militares supuestamente “antiimperialistas” en las Malvinas/Falklands (ver Espartaco No. 35, junio de 2012) hasta su apoyo electoral a caudillos populistas como Evo Morales, la oposición al nacionalismo burgués es la última cosa que ofrecen los grupos seudotrotskistas que pueblan la izquierda argentina.
La necesidad candente hoy en día en Argentina es el forjamiento de un partido leninista-trotskista auténtico. Sólo un programa de internacionalismo revolucionario puede ofrecer un camino hacia delante a la clase obrera argentina. Los obreros y las masas oprimidas a través de América Latina deben ser ganados a los principios y el programa del internacionalismo proletario como fue representado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Ésta es la perspectiva de la LCI: reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/42/argentino.html
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2016.06.05 18:00 ShaunaDorothy El dictador de los escuadrones de la muerte de Reagan en Guatemala - Ríos Montt, asesino de masas (Septiembre de 2013)

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Espartaco No. 39 Septiembre de 2013
El dictador de los escuadrones de la muerte de Reagan en Guatemala
Ríos Montt, asesino de masas
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1026 (14 de junio de 2013).
Efraín Ríos Montt llegó al poder como el hombre fuerte de Guatemala en un golpe militar en marzo de 1982, tras derrocar a otro dictador sangriento, y a su vez fue derrocado en un golpe semejante en agosto de 1983. Durante ese periodo breve, condujo algunos de los crímenes más horripilantes contra los trabajadores y los campesinos, especialmente contra los indígenas mayas-ixiles, llevados a cabo durante una guerra civil que duró 36 años y que enfrentó a dictadores apoyados por EE.UU. con una insurrección guerrillera de izquierda. Según cifras oficiales, hubo más de 200 mil muertos y 45 mil más “desaparecidos” durante la guerra civil, de una población de unos 8 a 10 millones. Como mencionamos el mes pasado, un tribunal guatemalteco declaró culpable de genocidio y otros crímenes contra la humanidad a Ríos Montt (véase “U.S. Machinery of Torture” [La maquinaria estadounidense de tortura] WV No. 1024, 17 de mayo). Posteriormente, sin embargo, un tribunal constitucional de mayor instancia anuló la sentencia por un tecnicismo, y puede que un nuevo juicio no comience hasta abril de 2014, si es que hay un nuevo juicio.
La matanza en Guatemala fue plenamente apoyada por los gobernantes de Estados Unidos mientras lanzaban la Segunda Guerra Fría a finales de los años setenta y a principios de los ochenta contra la Unión Soviética. Washington también apoyó el régimen de escuadrones de la muerte en El Salvador mientras éste combatía una insurgencia izquierdista, y armó y entrenó a los reaccionarios contras que luchaban para derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua.
Independientemente del resultado final del juicio de Ríos Montt, la letanía de horrores relatada por los sobrevivientes de la matanza que él supervisó obliga al veredicto de la historia. El New York Times (27 de marzo) informó:
“Uno de los testigos era un hombre que habló de cómo el ejército guatemalteco bajo el Sr. Ríos Montt mató a su esposa y a sus dos hijos, dándole un machetazo en el rostro a su hijo de cinco años y rompiendo la cabeza de su bebé. Otro describió cómo su hermana embarazada fue atada a una estaca y quemada viva, junto con su hijo y otros seis niños. Uno de los testigos, Nicolás Brito, dijo que había visto a unos soldados quitarles el corazón a las víctimas y apilarlos en una mesa”.
Varias mujeres declararon sobre las violaciones masivas que sufrieron. Una afirmó que había sido violada —tenía doce años en ese entonces— después de ser obligada a observar como violaban a su madre, quien murió. Muchos testigos hablaron en idioma ixil, ya que no hablan español.
El New Yorker (“The Maya Genocide Trial” [El juicio por el genocidio maya], 3 de mayo) informó:
“Hubo recuentos desgarradores de ataques militares en pueblos ixiles con nombres como Xesayi, Chel y Tu B’aj Sujsiban; del asesinato de las personas ancianas cuando eran demasiado viejas para huir; de los bebés recién nacidos arrojados a las llamas de las casas que se estaban quemando; de los niños nonatos sacados a cuchilladas de los úteros de las mujeres embarazadas; de la gente cautiva recluida en agujeros en el suelo, violada en las iglesias... Un ex soldado declaró que hasta donde él sabía, sus órdenes eran simples: indio visto, indio muerto”.
Afuera del tribunal, los partidarios de Ríos Montt y sus secuaces protestaron con música militar y letreros que decían: “El comunismo afianza la destrucción de la unidad nacional”. Los jueces y los fiscales involucrados en el caso recibieron amenazas de muerte. Una fuerte oposición a la sentencia condenatoria provino particularmente de la poderosa federación empresarial guatemalteca conocida como Cacif.
Durante las diligencias, un testigo de la fiscalía —un mecánico en el ejército durante el régimen de Ríos Montt— implicó al presidente guatemalteco actual Otto Pérez Molina como participante en masacres cuando era el comandante en la región ixil. El periodista de investigación Allan Nairn, quien está bien versado en los asuntos guatemaltecos, se reunió con Pérez Molina en 1982, cuando sus tropas describieron cómo se había ejecutado y torturado a los aldeanos. En una entrevista realizada en ese tiempo, que se ha publicado en YouTube, Pérez Molina le dice a Nairn: “La verdad es que hay un dicho muy real: que la población civil es para la guerrilla lo que el agua para el pez. En este caso, la guerrilla no podría sobrevivir si no tiene el apoyo y la colaboración de la población”.
Al exterminar a pueblos enteros con el fin de combatir a los insurgentes izquierdistas, Pérez Molina y compañía llevaron a cabo en su territorio el tipo de atrocidades que las fuerzas estadounidenses cometieron en una escala mucho más amplia al buscar aplastar las revoluciones sociales en Corea y Vietnam en las décadas de 1950 y 1960. Durante el juicio de Ríos Montt, el embajador estadounidense en Guatemala y el funcionario de más alto rango en derechos humanos del Departamento de Estado estaban sentados entre el público. Dos semanas después de que la condena fue anulada, el secretario de estado estadounidense John Kerry se reunió con Pérez Molina en Antigua, Guatemala, sede de una Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. Kerry dijo: “Permítame comenzar felicitándolo, Sr. presidente, por los enormes avances que ha hecho con respecto a su sistema de justicia, el fortalecimiento de su sistema de justicia, la independencia de ese sistema” (Departamento de Estado de EE.UU., 4 de junio).
La mano sangrienta del imperialismo estadounidense
Que Estados Unidos colocara en el poder y/o apoyara a caudillos militares para mantener “libres” a los países de América Latina y el Caribe para la United Fruit y otros intereses semejantes ha sido ampliamente documentado. También es bien conocida la ofensiva de Washington para “hacer retroceder el comunismo”, desde la invasión de Cuba en Playa Girón (Bahía de Cochinos) organizada por la CIA en 1961, hasta los esfuerzos para aplastar a los insurgentes izquierdistas en Centroamérica en la década de los ochenta. Sin embargo, que uno de los déspotas apoyados por EE.UU. fuera juzgado por crímenes contra la humanidad en su propio país rompe con todo precedente. Esos crímenes tomaron una forma particularmente racista y sangrienta en Guatemala, especialmente durante el régimen de Ríos Montt. Aryeh Neier, un fundador y ex director ejecutivo de Human Rights Watch, escribió que Guatemala es “el único país de América Latina, para el cual sería apropiado utilizar la palabra ‘genocidio’ para describir los crímenes cometidos desde la Segunda Guerra Mundial” (New York Review of Books, 20 de junio). Ahora, el autor de esos crímenes sigue siendo un hombre libre.
El gobierno de Estados Unidos, su ejército y su policía secreta brillaron por su ausencia en el banquillo de los acusados durante el juicio por genocidio. Como escribimos en “Guatemala: CIA’s Mass Murder Inc.” (Guatemala: Asesinato de masas de la CIA, S.A., WV No. 621, 21 de abril de 1995):
“La verdad es que durante 40 años, Washington hizo mucho más que simplemente ‘ayudar’ a la brutal pandilla militar de Guatemala a afianzar el dominio de los latifundistas locales, los capitalistas y sus amos de Wall Street. Arreglándoselas solos, estos carniceros habrían sido bastante bárbaros... Pero fue el gobierno de los Estados Unidos que, en forma intencional y deliberada, planeó, financió, suministró, entrenó y dirigió la transformación de una pandilla de matones bestial pero ineficiente en una máquina moderna y científicamente organizada de exterminio, tortura y terrorismo sistemáticos. El imperialismo infligió horrores casi sin igual en la historia a los trabajadores desesperadamente pobres y explotados y a los indígenas mayas que constituyen la mayoría de la población de este pequeño país”.
El reinado de asesinatos de masas de Ríos Montt coincidió con los primeros años del gobierno de Ronald Reagan, que supervisó el impulso dado a la Segunda Guerra Fría contra la Unión Soviética. Las bases para esa campaña fueron preparadas por el presidente demócrata e hipócrita profesional Jimmy Carter, quien lanzó la carta de los “derechos humanos” en un esfuerzo por renovar las credenciales del imperialismo estadounidense después de su impactante derrota en Vietnam. Carter montó la simulación de eliminar el apoyo económico a los oficiales guatemaltecos en protesta por sus abusos. Pero fue una maniobra cínica. Cada vez más aliados cercanos de Estados Unidos, como Sudáfrica bajo el régimen del apartheid, Taiwán y Corea del Sur, comenzaron a dar su apoyo. El más importante fue Israel, que proporcionó subvenciones económicas, armas y entrenamiento para los asesinos reaccionarios de Washington.
Reagan aceptó con los brazos abiertos a Ríos Montt, un fundamentalista protestante que recibió entrenamiento en medidas de contrainsurgencia en el Fuerte Bragg y también se desempeñó como jefe de departamento en el Colegio Interamericano de Defensa de Washington, D.C. La aptitud principal de Ríos Montt era soportar el trabajo sucio. Cuando lanzó su ofensiva de “tierra quemada” contra los pobladores mayas de las tierras altas, entre los cuales las guerrillas izquierdistas habían ganado apoyo, el problema principal para Washington era cómo acelerar, reforzar y legitimar aún más el apoyo de Estados Unidos a ese esfuerzo.
En un memorándum al presidente Reagan poco antes de que éste se encontrara con Ríos Montt por primera vez, el secretario de estado George Shultz escribió que el golpe de estado que lo puso en el cargo “nos presenta una oportunidad para romper el largo congelamiento de nuestras relaciones con Guatemala y para ayudar a evitar una toma del poder extremista”. Reagan pregonó que Ríos Montt era un hombre “totalmente dedicado a la democracia” con “gran integridad personal y entrega” (“Guatemala’s Genocide on Trial” [El genocidio de Guatemala bajo juicio], The Nation, 22 de mayo). Elliott Abrams, el funcionario más alto en derechos humanos en el Departamento de Estado de Reagan, no sólo propagó la versión del gobierno de que Ríos Montt era un reformador sino que también ayudó a vender el plan de Washington para levantar el (muy abrogado) embargo del apoyo económico a las fuerzas militares.
En un artículo en la revista The Nation (17 de abril de 1995), Allan Nairn nombró a media docena de oficiales guatemaltecos de alto rango pagados por la CIA, incluyendo al menos tres jefes de la unidad de inteligencia militar del país, un antiguo jefe de personal del ejército y el general Héctor Gramajo, un ex ministro de defensa. Nairn citó al ex jefe de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense en Guatemala, el coronel George Hooker: “Sería una situación incómoda si alguna vez hubiera una lista de toda la gente en el ejército guatemalteco que ha recibido un sueldo de la CIA”. Esa lista tendría que remontarse a la Guerra Fría de los años cincuenta contra la Unión Soviética, el estado obrero que nació de la Revolución de Octubre de 1917 dirigida por los bolcheviques. A pesar de su degeneración burocrática estalinista posterior, la Unión Soviética sirvió como impedimento a la capacidad de Washington para ejercer el poder como quisiera en todo el mundo. Hasta la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS en 1991-92, los imperialistas de Estados Unidos estaban resueltos a destruir al estado obrero soviético y a todos los que, según ellos, promovieran sus intereses.
En 1954, Estados Unidos ingenió el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, un populista burgués que había intentado instituir algunas reformas como la nacionalización de algunas de las tierras de la United Fruit. Arbenz ordenó que los terrenos baldíos, que incluían el 85 por ciento de las tierras de la empresa, se compraran en su valor declarado y se distribuyeran a los campesinos sin tierra. Esto no le cayó nada bien a Washington; el secretario de estado John Foster Dulles y su hermano, el jefe de la CIA Allen Dulles, estaban conectados al bufete de abogados de la United Fruit, y el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Henry Cabot Lodge Jr., era un accionista importante. Más directamente, la base de la histeria anticomunista por las módicas reformas agrarias de Arbenz fue la Guerra Fría. La participación sin importancia del minúsculo Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) estalinista en su gobierno fue aprovechada para lanzar una campaña de histeria anticomunista y el apoyo directo para los asesinos reaccionarios.
Un ejemplo de cobertura noticiosa de ese momento era un artículo del New York Times (8 de noviembre de 1953) sobre la llegada a Guatemala de John E. Peurifoy como el nuevo embajador de Estados Unidos. Decía en parte:
“Por lo general, en Guatemala se espera que su llegada signifique un cambio en la declarada pasividad con la que Estados Unidos ha visto el crecimiento de la influencia de los comunistas hasta el punto donde, al menos para alguien de afuera, parecen ser los amos del país para todo efecto”.
Mientras la CIA trabajaba para derrocar a Arbenz desde adentro, se organizó en Honduras un ejército improvisado de unos cuantos cientos al mando del exiliado Carlos Castillo Armas, quien había recibido entrenamiento en el Fuerte Leavenworth.
La clave del éxito de la invasión fue el bombardeo y ametrallamiento de la Ciudad de Guatemala por aviones de Estados Unidos piloteados por estadounidenses. Howard Hunt, un mandamás de la CIA (infame después por lo del Watergate), describió la misión en la serie documental de CNN Guerra Fría: “Lo que queríamos hacer era tener una campaña de terror, para aterrorizar a Arbenz en particular, para aterrorizar a sus tropas”. Abandonado por su ejército, Arbenz renunció, cediendo el poder al coronel Carlos Enrique Díaz. El embajador Peurifoy le presentó a Díaz una lista de presuntos comunistas para que los matara. Díaz, sin embargo, tenía la intención de liberar a todos los presos políticos, incluso a los miembros del PGT. Así que Peurifoy ordenó que el bombardeo continuara, Díaz fue removido de su cargo a punta de pistola y un avión de la embajada de Estados Unidos llegó con el nuevo líder de Guatemala, Castillo Armas. Luego siguieron las debidas oleadas de represión sangrienta. Miembros del PGT y líderes campesinos y obreros fueron detenidos, encarcelados o ejecutados, mientras que la tierra fue devuelta a la United Fruit y a los oligarcas nacionales. Tres años después, Castillo Armas fue asesinado a balazos, uno de una serie de “cambios de régimen” que luego se hicieron habituales en Guatemala.
Los lugartenientes del imperialismo estadounidense en el movimiento obrero participaron activamente en las intrigas anticomunistas en Guatemala. Los agentes de la American Federation of Labor [Federación Obrera Estadounidense] socavaron la influencia del PGT en los sindicatos y reclutaron a sindicalistas derechistas para la fuerza invasora. De hecho, Guatemala fue un campo de entrenamiento para el papel que la burocracia de la AFL-CIO desempeñaría en Centro y Sudamérica a través de su notorio American Institute for Free Labor Development (AIFLD, Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre), que trabajó con la CIA para destruir a los sindicatos combativos dirigidos por la izquierda. La “AFL-CIA” puede atribuirse el mérito de que, a partir de julio de 2009, la Confederación Sindical Internacional determinó que Guatemala era el segundo país más peligroso de América Latina para los sindicalistas.
El imperialismo y la lucha de clases
Ríos Montt es un asesino sicópata de masas. Para que se haga justicia, se requeriría un juicio llevado a cabo por los trabajadores y campesinos que sobrevivieron a su gobierno. Es sencillamente repugnante observar la fingida sorpresa de los gobernantes estadounidenses —quienes siguen creando y apoyando a líderes como el presidente Pérez Molina— ante las atrocidades de sus títeres. No importa cuál de los partidos capitalistas se encuentre en el poder en algún momento dado en Washington, la represión espeluznante es una característica fundamental del imperialismo estadounidense. Los tentáculos del pulpo (mote que se le ponía a la United Fruit por todo Centroamérica) pueden ser amputados, como ocurrió con la Revolución Cubana, pero el imperialismo yanqui continuará estrangulando el hemisferio hasta que reciba un golpe en el corazón.
El juicio por genocidio proporcionó una perspectiva descarnada de la barbarie que los imperialistas y sus secuaces locales infligen a los trabajadores en los países semicoloniales. Pero no será suficiente desenmascarar este sistema de opresión para eliminarlo. La clase obrera de Estados Unidos tendrá que aplastar el sistema capitalista-imperialista estadounidense desde adentro y acudir en ayuda de sus hermanos de clase en México y más al sur en su lucha para librarse de sus propias ataduras.
El movimiento obrero al norte del Río Grande/Río Bravo se enriquece con los trabajadores inmigrantes de El Salvador, Honduras, Guatemala y otros países que aportan al proletariado estadounidense su experiencia directa de la represión asesina y la explotación brutal impuestas por gente de la calaña de Ríos Montt en beneficio de los gobernantes capitalistas de Estados Unidos. Sólo cuando la clase obrera, dirigida por su partido de vanguardia internacionalista, tome el poder mediante una revolución socialista, expropiando a los expropiadores y extirpando de raíz su maquinaria estatal, se les impondrá justicia a tales sicarios y a sus amos imperialistas. En la Spartacist League, sección estadounidense de la Liga Comunista Internacional, estamos dedicados a la tarea de forjar tal partido en las entrañas de la bestia imperialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/montt.html
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2016.06.04 05:57 ShaunaDorothy Las elecciones peruanas y la sombra de Fujimori - La izquierda reformista apoya al populista burgués Humala (Otoño de 2011)

https://archive.is/3GKng
Espartaco No. 34 Otoño de 2011
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas del 5 de junio produjo una apretada victoria para el populista burgués Ollanta Humala, quien fuera oficial del ejército durante los días más negros de la guerra interna del país en los años 80 y principios de los 90. Con el apoyo de los sindicatos y los grupos de izquierda peruanos, Humala derrotó a Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, caído en desgracia. Durante la década en que estuvo en el poder (1990-2000), Fujimori desató un terror brutal contra los obreros, los campesinos y los pobres, usando como pretexto la insurgencia campesina de Sendero Luminoso. Casi 70 mil personas fueron asesinadas en este sangriento conflicto. Mientras tanto, la “terapia de shock” económica de Fujimori aumentó marcadamente la pobreza de las masas rurales y urbanas. El ex presidente, que luego fue sentenciado a 25 años de prisión bajo cargos de homicidio, secuestro y corrupción, recibió regularmente las visitas de su hija en su exclusiva prisión en Lima durante la campaña presidencial.
Desde la caída de Fujimori, Perú ha presenciado un boom económico bajo la presidencia de Alejandro Toledo y Alan García. La exportación de minerales —entre ellos el cobre, el zinc, el oro y la plata— ha despegado, mientras el país firmaba acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y China. Los rascacielos, los hoteles y restaurantes elegantes y los centros comerciales han proliferado en Lima. Sin embargo, poco o ningún progreso ha conseguido la vasta mayoría de los peruanos que vive en las villas miseria que rodean a la ciudad o en las áreas rurales del país. Para 2009, el 62 por ciento de la población intentaba sobrevivir con menos de tres dólares diarios.
El trasfondo de la elección de Humala fue un estallido de protestas entre los pobres rurales. Según reportó el periódico español El País (7 de junio), “Hay más de 230 conflictos sociales activos o latentes en Perú”, notablemente protestas de comunidades indígenas contra la incautación de tierras. En 2009, un choque entre la policía y los pueblos indígenas que habitan la provincia de Bagua, en el norte amazónico, dejó 33 muertos, 23 de ellos policías, y cientos de heridos. Esto se sumó a meses de protestas contra los decretos del gobierno que abrían el área a la inversión imperialista, y que el régimen de García tuvo que revocar. Este junio, los enfrentamientos entre el pueblo aimara y la policía por las concesiones otorgadas a la compañía minera canadiense Bear Creek dejaron al menos seis muertos y 30 heridos en la región meridional de Puno, cerca de la frontera con Bolivia. Una vez más, el gobierno tuvo que retroceder, cancelando la licencia minera a Bear Creek.
Fue en las áreas rurales mayoritariamente indígenas en donde Humala recibió más votos, mientras que Keiko Fujimori recibió la mayoría de sus votos en Lima y otras ciudades costeras. En la primera vuelta, en la que Humala obtuvo el 32 por ciento y Fujimori el 24, los principales candidatos del establishment gobernante fueron eliminados, incluyendo a un ex presidente, un ex ministro del gabinete y un antiguo alcalde de Lima. El candidato de la gobernante APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) declinó al principio de la campaña, y su partido obtuvo sólo cuatro de los 130 escaños del congreso.
Los votos por Humala y Fujimori no fueron tanto a favor de ellos sino en contra del otro. Muchos de quienes votaron por Humala en la segunda vuelta lo hicieron para impedir el regreso del “fujimorismo”. Entre las fuerzas burguesas que lo apoyaron estuvieron el ex presidente Toledo y el aclamado escritor de derecha (y alguna vez candidato presidencial) Mario Vargas Llosa, quien proclamó que Humala “defender[ía] la democracia en el Perú” e impediría “el escarnio de una nueva dictadura” (EFE, 19 de mayo). A su vez, muchos de los que votaron por Keiko Fujimori lo hicieron basándose en las persistentes imputaciones de que Humala era un izquierdista radical e incluso un comunista, con el fin de mantener más o menos el status quo.
Algunos comentaristas señalaron que Humala ganó probablemente porque Keiko Fujimori cometió más equivocaciones. Pasó de defender el gobierno de su padre como “el mejor que tuvo el Perú en toda su historia” a pedir perdón por sus crímenes. Entre los crímenes que recibieron mayor atención estuvieron los perpetrados por el tristemente célebre Grupo Colina, un escuadrón de la muerte ligado a los escalones más altos del régimen. Este grupo fue el responsable de atrocidades como la masacre de Barrios Altos de 1991, cuando quince personas acusadas de simpatizar con Sendero Luminoso fueron asesinadas en el centro de Lima, y la masacre de La Cantuta de 1992, en la que nueve estudiantes y un profesor universitario fueron secuestrados y asesinados. También en 1992, el Grupo Colina asesinó al líder sindical Pedro Huilca, secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), para luego inculpar a Sendero Luminoso por el asesinato.
Otro asunto que recibió una atención generalizada durante la campaña fue la esterilización forzosa de 300 mil mujeres de 1993 a 1999 como parte de una campaña gubernamental. Esto vino tras la “recomendación” del Fondo Monetario Internacional de controlar el crecimiento demográfico. El gobierno de Fujimori llevó a cabo diversos planes de esterilización, siendo particularmente agresivos en las áreas rurales indígenas. Muchos documentos salieron a la luz mostrando que las autoridades habían establecido cuotas mínimas de esterilizaciones por semana. Más de 25 mil hombres, otra vez principalmente indígenas, también fueron esterilizados. Se atrevieron a denunciar estos actos brutales muchas mujeres que sufrieron consecuencias no sólo físicas (dolores constantes y severos que les impidieron seguir trabajando la tierra), sino también sicológicas; muchas terminaron abandonadas por sus esposos.
¡Romper con el populismo burgués!
Humala, cuyo Partido Nacionalista es esencialmente un vehículo personal, se postuló al frente de una alianza llamada Gana Perú, que incluía grupos de izquierda reformistas como el Partido Comunista Peruano (PCP) y el Partido Socialista, entre otros. Estos reformistas continúan su política perpetua de atar a la clase obrera a fuerzas burguesas; por ejemplo, en 1990 apoyaron a Alberto Fujimori contra Vargas Llosa. Pero, en este caso, incluso formaban parte de la planilla electoral “de izquierda” triunfante, presentando sus propios candidatos al congreso bajo la bandera de Gana Perú. Cuando supuestos socialistas impulsan un programa de colaboración con fuerzas burguesas, es siempre y en todas partes una traición a los intereses del proletariado.
La burocracia sindical —incluyendo la de la CGTP, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), el sindicato magisterial SUTEP y otros sindicatos menores— también apoyó activamente a Humala, y algunos sindicatos postularon candidatos en su planilla. El PCP estalinista y los maoístas de Patria Roja-Movimiento Nueva Izquierda (PR-MNI) son la fuerza motriz tras los grandes sindicatos, aunque sean partidos más bien débiles. El año pasado, PR-MNI apoyó a la candidata triunfante a la alcaldía de Lima, Susana Villarán, de la coalición burguesa Fuerza Social. Animado por este éxito, el PR-MNI inicialmente se mantuvo distante de la alianza de Humala, sólo para terminar lanzándose con todo a apoyar al nuevo presidente.
Lejos de ser un radical, mucho menos un comunista, Humala ha hecho todo lo posible por mostrar que será un líder “responsable” del Perú capitalista. En las elecciones de 2006, que perdió contra García tras haber triunfado en la primera vuelta, Humala se presentó como aliado del caudillo populista burgués venezolano Hugo Chávez. Esto provocó la ira de los capitalistas peruanos y de sus amos imperialistas estadounidenses, que temían que procediera a nacionalizar sectores de la economía, como lo ha hecho Chávez en Venezuela, revirtiendo así la ola de privatizaciones que inició Fujimori.
En esta ocasión, Humala se esforzó mucho por distanciarse de Chávez, jurando que no llevaría a cabo nacionalizaciones y que mantendría una “economía de libre mercado” aunque con “una mejor distribución y más justa de los recursos”. Promovió el “modelo de Brasil”, donde un régimen de frente popular centrado en el Partido dos Trabalhadores (PT) ha supervisado el capitalismo durante los últimos nueve años. El PT envió a Luis Favre (antiguo seudotrotskista y hermano de Jorge Altamira, líder del Partido Obrero argentino) a ayudarle a Humala en su campaña. Por el otro lado, Keiko Fujimori se rodeó del círculo de su padre y contrató como asesor a Rudolph Giuliani, el antiguo alcalde de la ciudad de Nueva York, tristemente célebre por haber desatado el terror policiaco en los guetos y barrios.
Tras las elecciones, el bando perdedor especuló cómo pudo haber impedido la victoria de Humala, y los ganadores repitieron incesantemente que respetarían “a la inversión privada y a la propiedad privada”. Todos concordaban en que había que “tranquilizar a la Bolsa” y “reconciliar a la familia peruana”. La primera salida de Humala al exterior tras su victoria, antes de su toma de posesión el 28 de julio, fue a Brasil. En una reunión con la presidenta petista Dilma Rousseff, celebró el “modelo exitoso de crecimiento” del país. (Tras casi una década de gobierno del PT, Brasil sigue siendo uno de los países más inequitativos del mundo, con una brecha inmensa entre las condiciones de vida de la élite y las de las masas obreras y campesinas.) Después fue a Washington, donde sostuvo reuniones amistosas con Hillary Clinton y Barack Obama. Y ahora un conglomerado de capitalistas estadounidenses y peruanos ha anunciado la mayor inversión minera en la historia de Perú.
Entre las pequeñas organizaciones seudotrotskistas de Perú, el Nuevo PST (Nuevo Partido Socialista de los Trabajadores, seguidor del fallecido aventurero argentino Nahuel Moreno) apoyó a Humala descaradamente. En un artículo en Internet, llamó a “respetar las esperanzas que vastos sectores de los obreros y del pueblo han puesto en Ollanta Humala”, añadiendo: “estamos dispuestos a acompañarlos en su experiencia votando críticamente por él” (litci.org, 17 de mayo). La Corriente Marxista Revolucionaria, una escisión supuestamente de izquierda de la Tendencia Marxista Internacional de Alan Woods, aconsejó a Humala “adoptar un programa socialista en el que se llame abiertamente a eliminar la propiedad privada capitalista y a sustituir al Estado burgués por una democracia obrera” (militante.org, 9 de junio). Aunque a veces finge defender a las masas pobres e indígenas de Perú, Humala es un político burgués que necesariamente defenderá el sistema de ganancia brutal y explotador frente a todo lo que amenace el dominio capitalista.
El sangriento legado de Fujimori
Durante el mandato de Alberto Fujimori, la Liga Comunista Internacional denunció la sangrienta guerra del gobierno contra los obreros, los campesinos, los pobres y los grupos izquierdistas como las guerrillas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). En abril de 1997, un escuadrón de la muerte ejecutó a sangre fría a catorce miembros del MRTA que habían ocupado la residencia del embajador japonés, donde retuvieron como rehenes a varios carniceros militares, empresarios de alto rango y funcionarios de gobierno, con el fin de obtener la libertad de 450 de sus camaradas en las prisiones de Fujimori. La LCI organizó protestas al nivel mundial contra esta masacre, llamando a “¡Liberar a todas las víctimas del terror de Fujimori!”
Si bien criticamos la estrategia guerrillera del MRTA como incapaz de eliminar la explotación y la opresión capitalistas, saludamos el valor de sus militantes, que habían obtenido una amplia simpatía entre los obreros y campesinos peruanos. Contrastamos al MRTA con Sendero Luminoso, cuyas actividades en general no merecían más que asco. Pese a la retórica izquierdista que utilizaba, Sendero era conocido por su violencia patológica, por ejecutar públicamente a prostitutas y asesinar a oponentes políticos, incluyendo partidarios del MRTA y organizadores sindicales. Como escribimos: “Este repulsivo grupo parece tener muchos paralelos con el genocida Khmer Rouge de Pol Pot en Camboya, con su ideología primitivista y antiurbana, su culto a la personalidad y sus operaciones gangsteriles” (“Peru: For Workers Revolution to Smash Fujimori Dictatorship!” [Perú: ¡Por la revolución obrera para aplastar la dictadura de Fujimori!] WV No. 659, 10 de enero de 1997).
En cuanto a los remanentes actuales de Sendero, el ala en torno al líder encarcelado Abimael Guzmán llama por la “reconciliación nacional”. Los abogados de Guzmán formaron un partido, el Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales, con la idea de participar en las elecciones. Al final, un par de sus partidarios fueron postulados como parte de la planilla del partido Justicia, Tecnología, Ecología. Las autoridades responsabilizaron a la otra ala de Sendero, que sigue siendo clandestina, por la muerte de cinco soldados durante la emboscada a una patrulla militar que se dirigía a vigilar las elecciones en el área del valle de los ríos Apurímac y Ene, al sureste de Perú. Ésta es una base histórica de Sendero y periódicamente es escenario de actividad rebelde.
¡Por la revolución socialista en toda América!
A la perspectiva de colaboración de clases de la izquierda peruana, los trotskistas contraponemos la lucha por la revolución proletaria como el único camino para liberar a las masas. Mientras los reformistas le dan una cubierta de izquierda al populismo burgués latinoamericano, nosotros buscamos la movilización independiente de la clase obrera contra todas las alas de los capitalistas en la lucha por un gobierno obrero y campesino. El venezolano Chávez, quien tiene la retórica más izquierdista entre estos populistas, ha usado los ingresos petroleros del país para llevar a cabo algunas modestas reformas sociales, así como algunos repartos de tierras y una mínima nacionalización de la industria. Pero, si bien defendemos esas nacionalizaciones contra el ataque imperialista, no se trata de medidas socialistas; más bien, son parte de un programa que ata a las masas obreras a los gobernantes burgueses locales.
Perú es un ejemplo extremo del desarrollo desigual y combinado. Enormes villas miseria colindan con mansiones coloniales de la venal burguesía; los ricos, en deuda con sus amos imperialistas estadounidenses, viven en el lujo, mientras que millones de pobres indígenas en el campo luchan por apenas sobrevivir. Como en el resto del mundo semicolonial, la burguesía nacional es totalmente incapaz, debido a su debilidad y dependencia respecto al imperialismo, de cumplir las tareas de las revoluciones burguesas clásicas de los siglos XVII y XVIII, que sentaron las bases de la modernización económica y la creación de sociedades industriales.
La única fuerza capaz de mostrar un camino hacia delante es la clase obrera, con su enorme poder social potencial, particularmente en las aceleradamente crecientes (e inmensamente lucrativas) industrias minera y de gas natural. El proletariado debe enarbolar la causa de todas las víctimas del capitalismo peruano, desde las masas indígenas hasta los pobres urbanos y las mujeres, cuya profunda opresión es reforzada por el yugo de la Iglesia Católica. Para romper las cadenas de la opresión imperialista se requiere forjar un partido leninista-trotskista dedicado al derrocamiento del orden capitalista y el establecimiento de un estado obrero. Semejante revolución debe tener la perspectiva de extenderse al resto de América Latina —sobre todo al dinamo industrial que representa Brasil— y, de manera crucial, a los países capitalistas avanzados de Norteamérica.
La LCI lucha por construir un partido obrero revolucionario internacional —una IV Internacional reforjada— que pueda vincular las luchas de los obreros de las semicolonias con las de sus hermanos en los centros imperialistas. En Latinoamérica, un partido así se construiría en oposición no sólo a la derecha “neoliberal” flagrantemente proimperialista, sino también a los nacionalistas burgueses y los políticos reformistas de todos los colores. La tarea de arrancar a Latinoamérica del atraso y la subyugación al imperialismo le corresponde al proletariado. Como escribieron los trotskistas peruanos del Grupo Obrero Marxista en 1946:
“Nuestra revolución, simultáneamente democrática y socialista, no puede desarrollarse y triunfar dentro del estrecho marco del estado nacional. No puede triunfar a menos que el imperialismo sea aplastado. No puede triunfar sin la ayuda de victorias revolucionarias en otros países latinoamericanos... Hacemos un llamado al proletariado peruano a luchar por sus objetivos históricos, por el comunismo mundial, con la confianza de que ‘las masas de los países atrasados, conducidas por el proletariado consciente de los países capitalistas desarrollados, accederán al comunismo sin pasar por los diferentes estadios del desarrollo capitalista’ (Tesis adicionales sobre los problemas nacional y colonial, adoptadas por el II Congreso Mundial de la IC [Internacional Comunista])”.
—“Manifiesto de los trotskistas peruanos” (1947, nuestra traducción del inglés)
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/34/fujimori.html
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2016.06.04 04:04 ShaunaDorothy Chile: Protestas masivas exigen educación gratuita (diciembre de 2011)

https://archive.is/iolzP
Joven Espartaco diciembre de 2011
A continuación publicamos, ligeramen te editado, un artículo de Workers Vanguard, periódico de nuestros camaradas de la SL/U.S., No. 990, 11 de noviembre de 2011.
Durante meses, Chile se ha visto sacudido por protestas masivas que comenzaron con la lucha por la gratuidad de la educación superior. Desde mayo, cientos de miles de estudiantes universitarios y de bachillerato se han mantenido en huelga, ocupando escuelas y campus alrededor del país, en tanto que la capital Santiago y el país entero han sido escenario de manifestaciones gigantescas. La furia contenida por varios años contra la arraigada desigualdad en el sistema educativo y la falta de financiamiento ha estallado. Un artículo en el sitio web de la BBC News (11 de agosto) señalaba: “La raíz del enojo de los estudiantes es su percepción de que el sistema educativo chileno es sumamente injusto; a los estudiantes ricos les otorga acceso a algunas de las mejores escuelas en América Latina, mientras que a los pupilos pobres los consigna a escuelas estatales en mal estado y con escaso presupuesto”.
El gobierno de derecha, encabezado por el multimillonario Sebastián Piñera del partido Renovación Nacional, ha respondido a las protestas con salvaje represión estatal. Con frecuencia, los manifestantes han sido víctimas de gas lacrimógeno, cañones de agua y golpizas. Miles han sido arrestados y brutalizados por la fuerza policiaca militarizada, los carabineros. El 25 de agosto, Manuel Gutiérrez, de 16 años, murió por un disparo de la policía mientras pasaba por una manifestación en Santiago.
La lucha estudiantil ha servido como polo de atracción del descontento más amplio de los trabajadores de Chile. Las familias, muchas de las cuales se han endeudado enormemente para financiar la educación de sus hijos, han salido a las calles en solidaridad con los estudiantes, protestando con cacerolazos. Los sindicalistas de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) se han movilizado en apoyo a los estudiantes, realizando paros de dos días en agosto y octubre y sumándose a las manifestaciones de cientos de miles. Los trabajadores han venido exigiendo mejoras en los servicios de salud pública, pensiones y derechos sindicales.
En Chile existen la educación pública y la privada, pero la educación pública no es gratuita. Las instituciones encargadas de proporcionar educación básica (primaria) y media (secundaria y preparatoria) se dividen en: colegios municipales (financiados por el estado pero con cuotas), los colegios particulares subvencionados (la mayoría tienen fines de lucro y todas reciben apoyos estatales), los que son administrados por las llamadas corporaciones de administración delegada (propiedad del estado pero administradas por instituciones empresariales) —todas las anteriores tienen cuotas diferenciadas— y los colegios particulares.
Del total de estudiantes de secundaria, cerca del 40 por ciento estudia en colegios públicos (municipales), mientras que el 50 por ciento lo hace en escuelas subvencionadas. El resto recurre a educación privada. Más de la mitad de las escuelas y la mayoría de las universidades son privadas. El 80 por ciento de los universitarios estudia en instituciones privadas creadas durante la dictadura militar. Del total de dinero que se destina a la educación superior a nivel nacional el 79 por ciento proviene directamente de las familias. Las cuotas que se cobran en nivel medio y superior son elevadas y los créditos para pagarlas conllevan altos intereses. Como señaló The Nation (18 de agosto), el salario mínimo mensual promedio es de 385 dólares, mientras que la colegiatura promedio es de 485 dólares mensuales y el promedio de la deuda de los estudiantes después de graduarse es de 40 mil dólares. Según una comparación internacional de los estándares educativos realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile se encuentra en el lugar 64 de los 65 países evaluados en términos de la segregación según la clase social en escuelas y universidades. Las escuelas privadas de educación básica y media, incluidas las que opera la iglesia católica, reciben subsidios del estado por medio de un sistema de vouchers (cupones). Dado que las colegiaturas se cobran adicionalmente al voucher, este sistema ha beneficiado predominantemente a las familias más ricas. Una demanda central de los estudiantes en huelga es acabar con “la educación con fines de lucro” y con el financiamiento estatal de las escuelas privadas.
Pinochet, la Concertación y la educación
La privatización de amplios sectores del sistema educativo data de la política hambreadora de “libre mercado” implementada bajo la dictadura asesina de Augusto Pinochet. Pinochet llegó al poder en 1973 a través de un golpe militar que derrocó al gobierno de la Unidad Popular (UP) encabezado por Salvador Allende, líder del Partido Socialista (PS). La UP era un frente popular clásico: una alianza de partidos obreros reformistas, principalmente el PS y el Partido Comunista (PC), con fuerzas burguesas —el pequeño Partido Radical así como algunos de la Democracia Cristiana—. El gobierno de Allende no era, como sostienen los reformistas alrededor del mundo, un “gobierno del pueblo” que estuviera introduciendo gradualmente el socialismo. Era un gobierno comprometido a mantener el capitalismo. La presencia de partidos burgueses en la coalición de la UP era una garantía para los capitalistas de que los partidos obreros no tomarían medida alguna que pudiera amenazar su sistema de ganancias.
Incluso antes de asumir el cargo, Allende firmó un acuerdo comprometiéndose a impedir la formación de fuerzas armadas “privadas”, es decir, de milicias obreras. El gobierno de Allende desarmó a los trabajadores tanto confiscando sus armas como sembrando ilusiones en un “camino pacífico hacia el socialismo”. Esto pavimentó el camino para que la burguesía aplastara a la clase obrera. Con el apoyo del imperialismo estadounidense, la junta de Pinochet asesinó a por lo menos 30 mil izquierdistas, obreros y campesinos, y envió a quién sabe cuántos miles más a campos de concentración y al exilio.
Este sangriento terror estatal, dirigido a destruir la combatividad del proletariado chileno, le permitió a la burguesía implementar el programa de austeridad económica —una “terapia de shock”— desarrollado por Milton Friedman, economista de la Universidad de Chicago. Al ver que las grandes universidades estatales eran campo fértil para la radicalización y la protesta, Pinochet redujo el financiamiento destinado a éstas y más tarde promovió la proliferación de universidades privadas.
Tras la dictadura de Pinochet, que llegó a su fin en 1990, siguieron 20 años de dominio de la coalición de “centro-izquierda” de la Concertación, que afirmaba estar restaurando la democracia en Chile. Este nuevo frente popular del PS con la Democracia Cristiana y otras tendencias recibió de la burguesía el mandato de traer a Chile “estabilidad” y crecimiento económico. Pero para los obreros, para los pobres del campo y la ciudad y para las oprimidas minorías indígenas como los mapuches, los gobiernos capitalistas de la Concertación y más recientemente el de Piñera sólo han significado la persistencia de la pobreza y la desigualdad generalizadas. Chile tiene el ingreso per cápita más alto de América Latina. Al mismo tiempo está clasificado como uno de los quince países con mayor desigualdad en el mundo en un informe de desarrollo de la ONU de 2010.
¡Educación gratuita y de calidad para todos!
Los gobernantes burgueses mantienen escuelas de élite para garantizar la calidad de la educación de sus hijos y para entrenar a los administradores y técnicos que se necesitan para dirigir el sistema capitalista. Cuando se trata de la clase obrera y los pobres, los capitalistas buscan gastar en educación sólo lo que calculan que pueden recuperar en ganancias.
Un punto de referencia para los estudiantes que se manifiestan hoy en Chile es la huelga masiva de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de 1999-2000. Durante nueve meses y medio, los estudiantes mantuvieron cerrada la UNAM en una dura batalla en contra de los ataques al acceso a la universidad para jóvenes obreros y pobres. Nuestros camaradas del Grupo Espartaquista de México intervinieron activamente en la huelga, señalando la necesidad de los estudiantes de aliarse con el poder social de la clase obrera y combatiendo las ilusiones en el populista burgués Partido de la Revolución Democrática. La huelga encontró apoyo entre sectores clave de la clase obrera al intersecar el amplio descontento en contra de la austeridad capitalista. Sin embargo, la dirección sindical procapitalista fue en gran medida responsable de desmovilizar a los obreros y dejar que la huelga estudiantil quedara aislada. Aunque la huelga logró evitar la imposición de cuotas —una conquista importante— al final fue aplastada por la brutal represión estatal.
En un artículo evaluando las lecciones de la huelga de la UNAM, el GEM exigió la abolición de la administración universitaria burguesa y llamó por el control de la universidad por parte de los estudiantes, profesores y trabajadores (“Un análisis marxista de la huelga de la UNAM de 1999-2000”, Espartaco No. 31, primavera de 2009). El artículo señala: “Estas consignas, junto con nuestro llamado principal por una educación gratuita y de calidad para todos, apuntan hacia la necesidad de la revolución socialista, la única manera de poner la educación y la cultura en su conjunto no sólo al alcance, sino también al servicio de las masas”.
Para que la educación sea verdaderamente accesible para todos, luchamos no sólo por abolir las cuotas y por nacionalizar las universidades privadas, sino también por admisiones abiertas —todos los que quieran estudiar deberían poder hacerlo— y por subsidios estatales para los estudiantes. Sólo será posible asegurar el acceso de todo mundo a servicios educativos y de salud de calidad y a trabajos y vivienda dignos cuando la clase obrera haya tomado control de las minas, las fábricas y los bancos, y los haya puesto al servicio de las necesidades de los trabajadores y no de las de un puñado diminuto de explotadores capitalistas. Para ello se requiere una revolución socialista que barra con el estado capitalista y expropie a la burguesía.
El poder obrero es clave
Coincidiendo con las manifestaciones estudiantiles chilenas, los mineros —el sector más poderoso y estratégico del proletariado— han llevado a cabo una serie de huelgas en los últimos meses. Chile es el principal productor mundial de cobre y la burguesía chilena y sus patrones imperialistas han obtenido ganancias masivas con el alza en los precios del cobre en años recientes. En julio, los trabajadores de las minas estatales Codelco, las cuales producen más del diez por ciento del cobre del mundo, llevaron a cabo un paro de 24 horas en contra de medidas encaminadas a la privatización. Un poco después, en ese mismo mes, más de dos mil mineros paralizaron por dos semanas La Escondida, la mina de cobre más grande del mundo, exigiendo mejores salarios y prestaciones. La huelga le costó 30 millones de dólares diarios a BHP Billiton y sus socios.
A finales de octubre los obreros de Collahuasi, la tercera mina de cobre más grande del mundo, se fueron a huelga por el pago de bonos. Esta huelga siguió a la del año pasado —la más larga que haya habido en una mina privada en Chile— en la que los obreros resistieron por 32 días contra sus patrones de Xstrata y Anglo American. Durante las recientes acciones el dirigente del sindicato minero, Cristian Arancibia, dijo: “Además de nuestras demandas como trabajadores de una transnacional tan poderosa como Collahuasi, también esta movilización es una forma de expresar nuestro respaldo a las demandas del movimiento estudiantil, en nuestra calidad de padres y apoderados de miles de jóvenes que están dando un ejemplo en la lucha por las reivindicaciones sociales” (www.radio.uchile.cl, 29 de octubre).
Es el poder social de obreros como éstos, capaces de detener el flujo de ganancias, lo que debe ejercerse en la lucha por educación gratuita y de calidad para todos. Los estudiantes son una capa pequeñoburguesa en la sociedad, sin relación directa con los medios de producción y en consecuencia, con poco poder social propio. Sin embargo, sus luchas pueden ser un catalizador para luchas sociales y de clase más amplias. Así sucedió en Francia en mayo de 1968, cuando las protestas estudiantiles fueron el precursor inmediato de una huelga general de millones de obreros que condujo a una situación prerrevolucionaria. Posteriormente, los obreros fueron vendidos por los falsos dirigentes reformistas del Partido Comunista Francés (ver “France, May 1968” [Francia, mayo de 1968], Workers Vanguard Nos. 972, 974 y 976, 21 de enero, 18 de febrero, 18 de marzo). El punto es que los estudiantes radicales no vean a la clase obrera simplemente como un aliado en su lucha, sino como la única clase que, gracias a su posición única en la producción capitalista, tiene el poder de derrocar al sistema basado en la ganancia.
Las principales organizaciones estudiantiles están dirigidas por miembros del PC y el PS, así como ocurre con la CUT. Estos falsos dirigentes reformistas son un obstáculo fundamental para movilizar el poder social de la clase obrera, promoviendo la misma política frentepopulista que llevó a la sangrienta derrota de 1973. El PC y el PS predican la traicionera idea de que, a través de reformas democráticas, el capitalismo chileno puede actuar en interés de los trabajadores y los oprimidos. Un ejemplo es el llamado de los dirigentes estudiantiles al gobierno de Piñera para que financie la educación gratuita incrementando los impuestos sobre las ganancias mineras, renacionalizando una porción mayor de la industria del cobre y recortando el presupuesto militar, ¡como si el problema fuera que la burguesía no sepa de dónde sacar el dinero para financiar la educación! Aunque las protestas estudiantiles han empujado a Piñera a dar un poco más de dinero estatal para la educación, su verdadera respuesta fue el proyecto de ley que presentó al Congreso mientras se sentaba a “negociar” con los dirigentes estudiantiles. La ley propuesta impone sentencias de cinco años de prisión para los estudiantes que ocupen escuelas o bloqueen el tráfico, junto con varias otras medidas represivas.
Ilusiones en la democracia burguesa
Según el sitio web del Guardian de Londres (7 de octubre), Camila Vallejo, dirigente juvenil del PC, “dijo que los estudiantes se están preparando desde ahora para hacer que el gobierno la pague en las próximas elecciones”. De cara a las elecciones municipales el año entrante y las presidenciales en 2013, los camaradas de Vallejo en el Congreso han estado discutiendo una potencial alianza electoral con los dirigentes del Partido por la Democracia, una parte integral de la coalición de la Concertación. A pesar de toda la retórica del PC contra Piñera y la Concertación, es evidente que el PC está buscando canalizar el descontento en las calles hacia una nueva alianza electoral izquierdista.
El PC y muchos otros de la izquierda también llaman por una nueva constitución y un plebiscito sobre la reforma educativa. La constitución actual data de 1980, cuando Pinochet estaba en el poder, y mantiene muchas de las restricciones sobre las libertades democráticas de su régimen al tiempo que se dirige específicamente contra los obreros, prohibiendo que los empleados estatales se vayan a huelga e impidiendo que los dirigentes sindicales sean miembros de partidos políticos. Mientras que los trotskistas nos oponemos a esta clase de disposiciones reaccionarias y apoyamos las luchas obreras contra ellas, los dirigentes reformistas del PS y el PC buscan canalizar el justo odio de los obreros contra la herencia de la dictadura de Pinochet en ilusiones en la democracia burguesa.
La protección de los derechos de la propiedad capitalista frente a las amenazas del proletariado está consagrada en todas las constituciones burguesas. Mientras las minas, las fábricas y los bancos permanezcan en manos de la clase capitalista, Chile seguirá siendo una dictadura del capital. Esta dictadura es defendida por el aparato represivo del estado capitalista: el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles. Las trampas democráticas del parlamento, referendos y constituciones son usadas por la burguesía para ocultar que el estado capitalista es una máquina que sirve para la represión violenta del proletariado. Como explicó V.I. Lenin, dirigente de la Revolución de Octubre de 1917: “La burguesía se ve obligada a recurrir a la hipocresía y a calificar de ‘gobierno de todo el pueblo’ o democracia en general, o democracia pura, a la república democrática (burguesa) que, en la práctica, es la dictadura de la burguesía, la dictadura ejercida por los explotadores contra los trabajadores”(“‘Democracia’ y dictadura”, diciembre de 1918).
La sangrienta derrota del “camino pacífico al socialismo” de Allende proporciona una muy vívida confirmación de la enseñanza de Karl Marx de que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines” (La guerra civil en Francia, 1871). La conclusión de Marx fue que el estado capitalista no puede ser reformado, sino que tiene que ser destruido a través de la revolución proletaria. Siempre fieles a su adoración de la democracia burguesa, los líderes del PC y el PS se han distanciado de los llamados “encapuchados” en las manifestaciones estudiantiles, quienes son denunciados como “violentos” por la propia burguesía chilena que está bañada en sangre. Es necesario que el movimiento obrero salga en defensa de todos los manifestantes, exigiendo la liberación de aquellos encarcelados y el retiro inmediato de los cargos.
Lecciones del frente popular
Los trabajadores y la juventud en Chile tienen que entender que demoler la “herencia de Pinochet”, por lo que llaman muchos izquierdistas, requiere también demoler la herencia de Allende. El frente popular de la UP llegó al poder en 1970 mientras Chile era sacudido por una oleada de huelgas obreras y ocupaciones de tierras por parte de trabajadores agrícolas y campesinos sin tierra. Lejos de significar un paso hacia el socialismo, las modestas reformas del gobierno de Allende estaban dirigidas a detener esta oleada de luchas.
La nacionalización en 1971 de las minas y de parte de la industria ligera que estaba en manos de extranjeros desató una nueva oleada de lucha de la clase obrera. En respuesta, la UP recurrió a la represión y a la austeridad, tratando de apaciguar cada vez más a los oponentes derechistas del frente popular. En 1972, poniéndose de rodillas ante las movilizaciones reaccionarias de varios sectores de la pequeña burguesía, Allende invitó a algunos dirigentes militares a ser parte del gobierno. Nombró Comandante en Jefe del ejército a Pinochet, quien había masacrado a los mineros del cobre en huelga en el pueblo de El Salvador en 1966.
Allende predicaba la fe en la supuesta “neutralidad” del ejército “democrático” al mismo tiempo que prometía no tocar a los cuerpos de oficiales burgueses. Empujó una ley que autorizaba cateos militares en busca de armas, supuestamente dirigida contra “extremistas” de izquierda y de derecha. Como era de esperarse, fue usada exclusivamente en contra de los sindicatos, los trabajadores fabriles y los partidos obreros, mientras los grupos fascistas acumulaban arsenales. En 1973, Allende retiró la escala móvil de salarios para los trabajadores de la mina de cobre El Teniente, de propiedad estatal, y así desató una huelga que fue reprimida por la policía antimotines. Además, colocó dos provincias mineras bajo control militar.
Hacia el final del régimen de Allende, el rechazo a su política antiobrera había llevado a los trabajadores de las áreas industriales alrededor de Santiago a formar “cordones industriales” (cuerpos de coordinación distrital de los comités de fábrica). Estas formaciones embrionarias de poder obrero indicaron que Chile había entrado en una situación prerrevolucionaria en la que la coalición colaboracionista de clase en el poder ejercía cada vez menos control sobre la clase obrera. Esta situación era similar a la de Rusia en 1917. La diferencia en los resultados —victoria para el proletariado en Rusia, derrota en Chile— se reduce a la ausencia, en el segundo caso, de un partido de tipo bolchevique que estuviera comprometido a llevar a los obreros al poder.
Para ocultar que fue su política de colaboración de clases lo que condujo a la derrota, el PS y el PC siguen pintando el golpe de Pinochet como obra de fascistas y reaccionarios en alianza con la CIA. Aunque no hay duda alguna de que ésas fueron las fuerzas que dirigieron y fomentaron el golpe, todos los sectores importantes de la clase capitalista chilena, incluyendo a los “moderados” de la Democracia Cristiana y a los oficiales “constitucionalistas” del régimen de la UP, estuvieron involucrados de un modo u otro en el golpe. De esa manera, la responsabilidad de la aniquilación física de un sector entero de la clase obrera recae enteramente sobre los hombros de los falsos dirigentes del PS y el PC y de los supuestos partidos marxistas en Chile y alrededor del mundo que dieron apoyo, no importa cuán crítico, a la UP, tal como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno. El régimen estalinista de Cuba comparte también responsabilidad: su programa de “socialismo en un sólo país” lo llevó a apoyar a la UP y a oponerse al llamado por expropiar a la burguesía. Fidel Castro llegó incluso a sermonear a los mineros en huelga de El Teniente, para que “se sacrificaran más” por el bien de la patria.
La Tendencia Espartaquista fue la única en la izquierda internacional que se opuso desde el inicio a otorgar apoyo político alguno a la UP. Como escribimos en “Frente popular en Chile” (noviembre-diciembre de 1970, publicado en español en Cuadernos Marxistas No. 3):
“Es el deber más elemental de los marxistas revolucionarios el oponerse irreconciliablemente al frente popular en las elecciones y no tener absolutamente ninguna confianza en él una vez en el poder. Cualquier ‘apoyo crítico’ a la coalición de Allende sería una traición a la clase, abriendo el camino para una derrota sangrienta del proletariado chileno cuando la reacción doméstica, auxiliada por el imperialismo internacional, esté lista”.
Escribiendo acerca del frente popular español de la década de 1930, el líder bolchevique León Trotsky explicó que la subordinación del proletariado a la burguesía garantiza la derrota, señalando que esto representa “toda la experiencia histórica, al menos desde 1848. La historia moderna de las sociedades burguesas está plagada de frentes populares de toda especie, es decir, de las más diversas combinaciones políticas aptas para engañar a los trabajadores” (“Lección de España: última advertencia”, 17 de diciembre de 1937).
Los combativos obreros y jóvenes de Chile tienen que ser ganados a la lucha por forjar un partido obrero revolucionario en oposición a todas las alas de la burguesía. Un partido así debe actuar, en palabras de Lenin, como “tribuno del pueblo”, defendiendo los derechos de todas las capas oprimidas de la sociedad —las mujeres, los homosexuales, los jóvenes, los mapuches, etc.—. Un partido de vanguardia podrá ser forjado sólo a través de una aguda lucha contra el nacionalismo —la falsa conciencia predominante, reforzada por la dominación imperialista, que ata a los explotados y oprimidos a la burguesía chilena—. La lucha por el poder proletario en Chile debe estar basada en la perspectiva de la revolución socialista a lo largo de América Latina y en el centro imperialista estadounidense, donde la crisis económica mundial ha golpeado duramente al proletariado multirracial. Lo que se necesita es reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/leaflets/chile.html
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2016.06.03 15:16 ShaunaDorothy ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! ¡Abajo la racista ley de pases de Arizona! ¡Ninguna ilusión en Obama y los demócratas! (Otoño de 2010)

https://archive.is/HiDZi
Espartaco No. 32 Otoño de 2010
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 958, periódico de la Spartacist League/U.S., 7 de mayo de 2010.
A pocos meses de la publicación de este artículo, se hizo pública la masacre de 72 inmigrantes de Centro y Sudamérica en un rancho del municipio de San Fernando, Tamaulipas, presuntamente a manos del narco. Este aterrador asesinato masivo, el peor (que se conoce) desde la matanza de Acteal, Chiapas, en 1997, es un recordatorio fúnebre de que México es un literal infierno para los inmigrantes latinoamericanos que buscan cruzar el Río Bravo. Según un informe reciente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sólo entre septiembre de 2008 y febrero de 2009 hubo 9 mil 758 inmigrantes secuestrados, es decir, más de mil 600 por mes.
La burguesía hoy llora lágrimas de cocodrilo ante esta masacre, cuando en realidad su estado funge como el perro guardián de la puerta trasera de EE.UU. Víctimas de vejaciones y violaciones, los inmigrantes indocumentados son sometidos a niveles impensables de explotación, opresión y tortura. El racismo y la xenofobia inherentes a la ideología nacionalista burguesa del gobierno mexicano crean un campo fértil para esta situación atroz. Está en el interés de la clase obrera romper con este veneno chovinista y movilizarse en defensa de sus hermanos inmigrantes. Los espartaquistas del GEM buscamos forjar un partido obrero de vanguardia que sirva como el tribuno de todos los oprimidos: ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! ¡Plena libertad de tránsito a través de México! ¡Por la revolución socialista en todas las Américas!
Tener piel morena en el estado de Arizona equivale a ser sospechoso de un crimen según las disposiciones de la recientemente aprobada “Support Our Law Enforcement and Safe Neighborhood Act” [Ley de Apoyo a Nuestras Fuerzas Policiacas y de Vecindarios Seguros]. Esta ley de pases antiinmigrante, al estilo del apartheid, ordena que los policías detengan e interroguen a cualquier persona que consideren un posible inmigrante “ilegal”. Quienes sean incapaces de mostrar inmediatamente los documentos que prueben su “derecho” a estar en Estados Unidos podrían ser arrestados y arrojados tras las rejas. Ésta es la codificación legal de las redadas racistas contra los latinos que ha conducido durante años el infame sheriff de Arizona, Joe Arpaio, que encadena a sus prisioneros en grupos y los obliga a vivir en ciudades de tiendas de campaña bajo el abrasador sol del desierto.
La indignación contra la ley Arizona llevó a decenas de miles a protestar en las calles en diversas ciudades a lo largo del país el 1º de mayo. Pero como sucedió con las manifestaciones masivas en defensa de los derechos de los inmigrantes del Primero de Mayo de 2006, los dirigentes de las protestas están canalizando esta indignación hacia la estafa política que constituye uno de los pilares centrales del dominio capitalista en Estados Unidos: la idea de que el Partido Demócrata es “amigo” de los inmigrantes, los trabajadores y los negros. El grito de “Hoy marchamos, mañana votamos”, usado en 2006, dio excelentes resultados a los demócratas, que se hicieron de la mayoría de los votos latinos en la última elección presidencial. Este año, la consigna “¡Sí, se puede! Yes, we can!”, el eslogan de campaña del Comandante en Jefe del imperialismo estadounidense, Barack Obama, fue el coro impulsado por las organizaciones latinas, los políticos del Partido Demócrata y los burócratas sindicales que encabezaron las protestas.
En un mensaje televisivo dirigido a los cientos de miles que participaron en la manifestación del 21 de marzo en defensa de los derechos de los inmigrantes en Washington, D.C., Obama prometió “construir un futuro digno de nuestra historia como una nación de inmigrantes y una nación de leyes”. La capacidad de usar ese tipo de palabras melosas para enmascarar un sistema basado en la explotación de la clase obrera y enraizado en la perversa opresión racial es precisamente lo que ha hecho que la burguesía estadounidense recurra con frencuencia al Partido Demócrata en tiempos de guerra y crisis económica.
Detrás de estas palabras se alza el puño de hierro de la represión estatal capitalista. Esto quedó demostrado en Arizona tan sólo una semana antes de la aprobación de la nueva ley, con las redadas antiinmigrantes llevadas a cabo por el Departamento de Seguridad Nacional de Obama (actualmente encabezado por la antigua gobernadora de Arizona, Janet Napolitano). Bajo el zumbido de los helicópteros, hasta 800 agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Bureau of Immigration and Customs Enforcement, ICE) y otras agencias policiacas, algunos con pasamontañas negros, llevaron a cabo un ataque estilo militar contra las empresas de camionetas que transportan a los trabajadores inmigrantes en Phoenix, Tucson, Rio Rico y Nogales. Anunciadas como el golpe contra el tráfico de personas más importante en la historia del ICE, estas redadas son un escalofriante retrato del programa para la “reforma migratoria” de los demócratas.
Como expuso un artículo del Washington Post (1º de mayo):
“El ‘marco’ legislativo de los demócratas incluye una serie de medidas nuevas contra la migración a ser aplicadas en las fronteras y los lugares de trabajo de Estados Unidos. Esto engrosaría aún más la Patrulla Fronteriza, que cuenta con 20 mil efectivos; triplicaría las multas contra los patrones estadounidenses que contratan trabajadores ilegales y, de manera más controversial, haría un requisito que todos los trabajadores estadounidenses (tanto los que son ciudadanos como los que no) obtuvieran nuevas tarjetas de Seguridad Social asociadas a sus huellas digitales para facilitar la revisión de su derecho a trabajar”.
Obama prometió “abrir un camino a la ciudadanía” para los más de once millones de indocumentados en este país. Lo que esto significa queda claro en la actual propuesta por parte de los demócratas de que estos trabajadores, desesperadamente empobrecidos, se entreguen como “infractores”, paguen fuertes multas e impuestos atrasados, superen revisiones de antecedentes y hablen inglés fluidamente. Incluso en ese caso, se les otorgaría solamente un estatus provisional por ocho años.
Esto no ha sacudido las ilusiones de los reformistas en Obama como un “cambio” en el que pueden “creer”. Como de costumbre, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se lleva las palmas. Un artículo del 30 de abril en su periódico Socialist Worker opina: “La discusión sobre una reforma migratoria realmente progresista debe comenzar por definir estratégicamente cómo detener la amenaza de Arizona y cómo obligar a Obama, que ha reconocido en repetidas ocasiones que el sistema no funciona, ¡a que detenga las deportaciones!” Esto, argumentan, “puede ganar tiempo para que el movimiento presione por leyes...que pongan por delante el interés de toda la clase obrera, tanto inmigrante como nativa”.
La cruda realidad es que el sistema capitalista está basado en la explotación brutal de todos los trabajadores; la clase dominante atiza las hostilidades raciales y étnicas para mantener dividida a la clase obrera y, de ese modo, asegurar una mayor extracción de ganancias. De igual modo que los trabajadores inmigrantes son traídos en tiempos de prosperidad económica como fuente de mano de obra barata, el actual incremento de los ataques contra los inmigrantes en todo el mundo está siendo exacerbado por la crisis económica global y el desempleo galopante que ésta trae como consecuencia. Como escribimos en la “Declaración de principios y algunos elementos de programa” de la Liga Comunista Internacional (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998):
“El capitalismo moderno, es decir, el imperialismo, que alcanza todas las regiones del planeta, en el curso de la lucha de clases y conforme la necesidad económica lo exige, introduce al proletariado por sus estratos más bajos nuevas fuentes de mano de obra más barata, principalmente inmigrantes de otras regiones del mundo, más pobres y menos desarrolladas; trabajadores con pocos derechos que son considerados más desechables en tiempos de contracción económica. Así, el capitalismo, en forma continua crea estratos diferentes entre los obreros; mientras, simultáneamente, amalgama obreros de muchas tierras diferentes. Por todos lados, los capitalistas, apoyados por oportunistas de la aristocracia obrera, intentan envenenar la conciencia de clase y la solidaridad entre los obreros, fomentando las divisiones religiosas, étnicas y nacionales. La lucha por la unidad y la integridad de la clase trabajadora en contra del chovinismo y el racismo es por lo tanto una tarea vital para la vanguardia del proletariado”.
Nosotros no procuramos ajustar el sistema capitalista recomendándole a la burguesía que adopte una política migratoria alternativa. Llamamos por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes como parte de nuestra lucha por elevar la conciencia y la solidaridad de clase en la clase obrera multirracial, preparándola para la batalla revolucionaria necesaria para dar fin al dominio de la clase capitalista. Una verdadera lucha a favor de los derechos de los inmigrantes en EE.UU. comenzará sólo cuando los trabajadores —blancos, negros, latinos y demás— combatan con base en sus intereses comunes como clase. Esto implica oponerse a todos los partidos políticos y las agencias estatales de la clase capitalista. Para desatar el poder social de la clase obrera multirracial será necesaria una lucha política contra los falsos dirigentes procapitalistas del movimiento obrero que han atado a la clase obrera a sus explotadores, particularmente a través del apoyo al Partido Demócrata.
Lugartenientes del capital en el movimiento obrero
Muchos de entre los 1.8 millones de miembros del Service Employees International Union (SEIU, Sindicato Internacional de Empleados de Servicios) son inmigrantes, y muchos de ellos han participado en combativas luchas para organizar sindicatos. Sin embargo, los líderes sindicales traicionan sus intereses. En un comunicado sobre la ley antiinmigrante de Arizona, Eliseo Medina, vicepresidente ejecutivo del SEIU, declaró:
“Esta ley radical contra la inmigración debe ser un despertador para el Congreso y la Casa Blanca. La inmigración es un problema nacional y necesita una solución nacional... Necesitamos políticas migratorias que eliminen la economía clandestina, insertando a los inmigrantes indocumentados en el sistema, de modo que paguen multas e impuestos atrasados, aprendan inglés y se vuelvan contribuyentes fiscales a nivel local, estatal y federal. Necesitamos una reforma que verdaderamente acabe con la inmigración ilegal y haga responsables a los patrones que han actuado mal, que han provocado la caída de los salarios y violado el derecho de todos los trabajadores a un lugar de trabajo seguro”.
De igual forma, un comunicado de Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO, en oposición a la ley Arizona exigía que “nos enfoquemos más bien en una solución integral al sistema migratorio, que ha dejado de funcionar”.
El año pasado, la federación sindical “Cambiar para Ganar” del SEIU y la AFL-CIO emitieron una declaración conjunta por una “reforma migratoria integral”. Al adoptar la campaña del gobierno contra los trabajadores indocumentados, estos traidores sindicales sólo buscan maquillar sus métodos de represión. Para regular la inmigración, su “marco unificado” pide una “comisión independiente que evalúe y administre los futuros flujos” de trabajadores inmigrantes, dejando abierta la posibilidad de que ellos mismos participen en esta comisión como la policía sindical del estado capitalista. También exigen “un control operativo más racional de la frontera” y un “mecanismo seguro y efectivo para la autorización de trabajadores”.
Desde que llegó al poder, financiado por millones de dólares en contribuciones otorgadas por los jefes sindicales, el gobierno de Obama ha extendido los “mecanismos de autorización de trabajadores” como el programa E-Verify, diseñado para confirmar el estatus legal de los trabajadores comparando sus números de Seguridad Social con las bases de datos del gobierno. En un lugar de trabajo tras otro, estas auditorías han conducido a despidos masivos de trabajadores inmigrantes. El año pasado, 254 obreros, en su mayoría mujeres, en la planta de comida procesada Overhill Farms y otros mil 500 empleados del fabricante de ropa American Apparel, ambas empresas del área de Los Ángeles, fueron despedidos de sus empleos después de las llamadas “redadas de escritorio”. El gobierno de Obama se jacta de que, en su primer año, deportó un número récord de “ilegales”.
Este tipo de redadas son una invitación abierta a deshacerse de los activistas sindicales y otros “revoltosos”. En 2006, los patrones de la planta Smithfield, dedicada al procesamiento de carne de puerco, en Tar Heel, Carolina del Norte, trataron de detener una lucha por el reconocimiento del sindicato al despedir a 75 obreros cuyos datos “no correspondían”. Un paro de dos días que involucró tanto obreros negros y blancos como latinos obligó a que la compañía los reinstalara a todos. Los obreros ganaron su sindicato a fines de 2008, pero para entonces las redadas del ICE en el lugar de trabajo habían expulsado a un número significativo de obreros inmigrantes.
La batalla en Smithfield subraya la necesidad de una campaña masiva y combativa de organización sindical en todo el país y especialmente en el sur no sindicalizado. Sólo el 6.5 por ciento de los trabajadores en Arizona, un estado infame por su política de “derecho al trabajo”, están sindicalizados. Ahora, en respuesta a la nueva ley antiinmigrante, un artículo en el Phoenix Business Journal (30 de abril) informa que los representantes sindicales del SEIU “afirman que están viendo un incremento en las solicitudes de informes por parte de los trabajadores hispanos en Arizona que están preocupados por la nueva ley y por el potencial de más redadas e investigaciones policiacas en sus lugares de trabajo”. Enlistar a los trabajadores inmigrantes —muchos de los cuales tienen historias de lucha combativa en sus países de origen— en las primeras filas del movimiento obrero es una tarea urgente tanto para combatir la explotación de las capas más vulnerables de la población como para aplastar las leyes antisindicales del gobierno. Esto, a su vez, podría revertir el declive que por décadas han sufrido los sindicatos en este país. En vez de defender a la clase obrera en su conjunto o incluso a los propios miembros de sus sindicatos, la burocracia sindical adopta los intereses “nacionales” de los gobernantes capitalistas de EE.UU. como propios.
Los planes de “reforma migratoria” de los demócratas incluyen la institución de una tarjeta nacional de identificación biométrica para cada persona en Estados Unidos. Esto fortalecerá los poderes al estilo de un estado policiaco y el aparato represivo del estado capitalista, que ya han sido ampliamente incrementados bajo la llamada “guerra contra el terrorismo”. Bajo el programa de la Transportation Workers Identity Credential (TWIC, Credencial de Identidad de los Trabajadores del Transporte), se ha hecho obligatorio que cientos de miles de trabajadores portuarios tengan identificaciones biométricas de ese tipo. Para obtener una credencial TWIC, todos los trabajadores portuarios tuvieron que someterse a exhaustivas revisiones de antecedentes penales y migratorios. Para los trabajadores portuarios negros y latinos, que han sido uno de los principales blancos de la racista “guerra contra las drogas”, el hecho mismo de solicitar la credencial trajo consigo el riesgo de posiblemente ser deportados o perseguidos como una suerte de “fugitivos de la justicia”. Las solicitudes de decenas de miles de trabajadores portuarios fueron rechazadas, aunque algunos finalmente ganaron sus casos en apelación. Un número desconocido de estibadores y otros trabajadores portuarios han sido despedidos de forma permanente, etiquetados como un riesgo para la “seguridad nacional” por ofensas triviales como posesión de drogas con la “intención” de distribuir, o simplemente por ser inmigrantes “ilegales”.
En vez de luchar contra esta ley “antiterrorista”, la respuesta de los dirigentes del International Longshore and Warehouse Union (ILWU, Sindicato Internacional de Muelles y Almacenes) —que todavía es considerado ampliamente como un bastión de poder y combatividad obrera— ¡fue llamar por una implementación más expedita y “justa” del programa TWIC! Como escribimos en “Represión en el puerto por la ‘guerra contra el terrorismo’” (Workers Vanguard No. 936, 8 de mayo de 2009):
“Para que el ILWU y otros sindicatos de estibadores libren un verdadero combate contra la TWIC y las leyes racistas y antisindicales de la ‘guerra contra el terrorismo’, el evidente punto de partida debe ser la oposición al estado mismo que está aplicando estas leyes. Esto significa luchar por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes y luchar para sindicalizar a los trabajadores nacidos en el extranjero... En un país construido sobre la subyugación de los negros, en el que la reacción racista ha servido por mucho tiempo para apuntalar la explotación de la clase obrera en su conjunto, la lucha por la libertad de los negros está estrechamente ligada a la lucha por romper las cadenas de la esclavitud asalariada capitalista y las leyes y fuerzas estatales que la preservan. Pero para librar esa clase de lucha, los sindicatos deben estar dirigidos por otro tipo de dirección, una que esté basada en un programa de lucha de clases, en contraste con la de los falsos dirigentes actuales, cuyas políticas de colaboración de clases subordinan cada vez más a los sindicatos al estado capitalista”.
Cuando el ILWU acepta la TWIC, convirtiéndose en un auxiliar de la represión racista contra los camioneros portuarios; cuando los sindicatos automotrices presionan a favor de los esquemas patronales de rescate, comprometiéndose a reducir el costo del trabajo sindicalizado para competir con los bajos salarios y las horrendas condiciones de las plantas no sindicalizadas; cuando el poderoso sindicato de los Teamsters alega que debería prohibirse que los “inseguros” camioneros mexicanos manejen en las carreteras estadounidenses, los burócratas conservadores se alinean en contra de los intereses de clase básicos del proletariado internacional. Su máxima lealtad es con la rentabilidad capitalista en nombre de su propia clase dominante racista, cuyos beneficios supuestamente deberían “filtrarse hacia abajo”. Esto significa enfrentar a unos trabajadores con otros en una competencia por simples migajas, así como el incremento de la pobreza y el desempleo, particularmente entre las capas sociales más vulnerables.
Los derechos de los negros y los derechos de los inmigrantes
Una serie de políticos del Partido Demócrata, desde el gobierno de la ciudad de San Francisco hasta Al Sharpton en Nueva York, han llamado por un boicot económico contra Arizona, con la izquierda reformista, como el Workers World Party (Partido Mundo Obrero), a la cola ¡exigiendo que los inversionistas y los negocios capitalistas “retiren sus inversiones de ese estado policiaco tipo apartheid!” La última vez que se hicieron llamados a un boicot similar fue en respuesta a la negativa por parte del gobierno estatal de Arizona a reconocer el natalicio de Martin Luther King como día feriado oficial. Esta negativa, junto con la ley antiinmigrante al estilo del apartheid, captura un poco de la historia de Arizona. Esta historia, a su vez, es emblemática en términos de la opresión racial de los negros y la reacción antiinmigrante que están al centro de la preservación del capitalismo estadounidense.
Hasta la Guerra de 1846-48 entre México y Estados Unidos, Arizona, como la mayoría del suroeste, era parte de México. Fue la campaña de los esclavistas sureños por extender el sistema de esclavitud lo que en gran medida motivó la invasión de México en 1846, que resultó en el robo por parte de EE.UU. de la mitad del territorio de México. Hoy día, los latinos —en gran medida mexicanos o mexicoamericanos— conforman más del 30 por ciento de la población del estado. Aunque la gente negra constituye apenas el 4.2 por ciento de la población de Arizona, el estado ha sido por mucho tiempo bastión del racismo contra los negros. Barry Goldwater, cinco veces senador por Arizona y candidato republicano a la presidencia en 1964, votó contra el Civil Rights Act [Ley de los Derechos Civiles] de 1964. Durante décadas, Goldwater fue un ícono de la reacción de derecha contra los derechos de los negros, los sindicatos y todos y cada uno de los programas de asistencia social. En la década pasada, Arizona ha estado al frente de la reacción antiinmigrante, dando origen a las milicias vigilantes de los minutemen que patrullan las fronteras contra los “ilegales”.
Actualmente, Sharpton —un embaucador político que se movilizaba contra las tiendas de abarrotes propiedad de los coreanos en Brooklyn antes de convertirse en un político del Partido Demócrata más “respetable”— declara con bombo y platillo que “llevaremos Freedom Walkers [Caminantes de la Libertad] a Arizona, igual que los Freedom Riders [Viajeros de la Libertad] fueron al sur profundo hace 50 años” (New York Daily News, 26 de abril). Las valientes luchas por los derechos civiles de los años 60 llevaron a la eliminación de la segregación formal Jim Crow en el sur. Pero la premisa de la libertad negra fue traicionada por los dirigentes del movimiento por los derechos civiles, que ataron su destino al Partido Demócrata y fueron comprados a cambio de concesiones simbólicas y unas cuantas “caras negras en puestos elevados”. Hoy día, el objetivo de la referencia de Sharpton a estos heroicos viajeros de la libertad es reforzar el dominio del racista capitalismo estadounidense en su careta del Partido Demócrata.
Uno de los oradores principales en la manifestación de 50 mil personas a favor de los derechos de los inmigrantes que tuvo lugar en Los Ángeles el Primero de Mayo fue el alcalde demócrata de la ciudad, el latino Antonio Villaraigosa. Una pancarta decía: “Nosotros los latinos somos los judíos del siglo XXI”. Tan sólo dos semanas antes, una pandilla de nazis amantes de Hitler llevaron a cabo una manifestación antiinmigrante y a favor del odio racial en Los Ángeles para “recuperar el suroeste”. Centenares de policías de L.A., movilizados por la oficina del alcalde, los protegieron contra una protesta de unos mil antifascistas. Los falsos dirigentes sindicales, en una ciudad en la que los trabajadores inmigrantes han estado al frente de la organización sindical durante las dos décadas pasadas, hicieron caso omiso de esta letal provocación fascista. Los fascistas debieron haber sido detenidos por una combativa movilización de masas compuesta por trabajadores y oprimidos, dirigida por el movimiento obrero. La falta de acción sindical condujo a una derrota total para la clase obrera; se trata del fruto amargo de la lealtad de la burocracia sindical al Partido Demócrata.
La clase obrera necesita su propio partido, un partido obrero revolucionario multirracial. La Spartacist League/U.S. tiene como propósito forjar un partido así, que, a través de la educación y en el curso de agudas luchas de clase, logre concientizar a la clase obrera no sólo de su poder social, sino también de su interés histórico como sepulturero del dominio violento y depravado del imperialismo capitalista. Para construir un partido así en EE.UU., es crucial entender la relación inextricable entre la lucha por la emancipación del trabajo, la defensa de los derechos de los inmigrantes y la causa de la liberación negra. Cuando la riqueza de este país se encuentre en manos de la clase obrera que la produjo, empezaremos la construcción de una economía socialista planificada que proporcionará las bases materiales para la erradicación de la opresión negra. Un gobierno obrero, fundamentado en el programa del internacionalismo revolucionario, comenzará a hacer justicia ante los crímenes históricos del imperialismo estadounidense, por ejemplo, devolviéndole a México ciertas áreas predominantemente hispanoparlantes a lo largo de la frontera. Un gesto así sería el repudio más agudo posible de las políticas socialpatriotas del actual movimiento obrero estadounidense y una demostración concreta del programa internacionalista para aplastar el orden mundial imperialista.
Como escribimos en una declaración conjunta de 2006 entre la SL/U.S. y nuestros camaradas del Grupo Espartaquista de México (GEM), escrita para intervenir en las movilizaciones masivas a favor de los derechos de los inmigrantes que tuvieron lugar ese año: “La clase obrera multirracial estadounidense es potencialmente el aliado más poderoso de los obreros mexicanos. La SL/U.S. y el GEM están dedicados a forjar partidos obreros revolucionarios en ambos lados de la frontera como parte de la lucha por reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista”.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/32/arizona.html
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2016.06.02 12:32 ShaunaDorothy Trotskismo vs. castrismo - A 50 años de la Revolución Cubana: ¡Defender a Cuba! ( 2 - 2 ) (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/rhukp
La lucha por la democracia obrera
El SWP y el S.U. fueron abiertos apologistas de la represión del gobierno de Castro contra la clase obrera e izquierdistas cubanos, incluyendo a los trotskistas. El SWP y el S.U. hicieron borrosa la diferencia cualitativa entre un estado obrero sano, en el cual la clase obrera posee el poder político, y uno deformado, en el que el poder político está en manos de una burocracia. Aunque en muy raras ocasiones dirigentes del SWP como Joseph Hansen reconocieron que las “formas de la democracia obrera” estaban ausentes, esto era visto como una pequeña imperfección, y en cualquier caso la “dinámica objetiva” obligaría “inevitablemente” a los castristas a ver la luz. Esto se reflejó en una declaración de Adolfo Gilly, un partidario de los pablistas mexicanos. Mientras afirmaba que “Cuba se ha visto influenciada por los métodos burocráticos y la falta de participación de los trabajadores que existen en otros países socialistas”, Gilly igual excusaba a la burocracia concluyendo que “no hay país alguno hoy donde haya mayor democracia que en Cuba” y que “es la presión desde abajo la que es decisiva en cada paso y la que termina por imponerse, ampliando así la senda misma de la Revolución Cubana” (Monthly Review, octubre de 1964). Bueno, ¡ya han pasado más de 40 años y aún seguimos esperando!
Convenientemente, el SWP y el S.U. trataron de echar toda la culpa del burocratismo estalinista a los cuadros del PSP, presentando particularmente a Castro y Guevara como “trotskistas inconscientes”. Por su parte, Socialist Action (febrero de 2008) afirma que “el Ché fue motivado por su concepto de la revolución permanente cuando dejó Cuba decidido a contribuir con la creación de ‘dos, tres, muchos Vietnams’.” Peter Taaffe, líder del Comité por una Internacional Obrera, afirmó recientemente que “Castro niega deliberadamente —de manera muy errónea, tal como Celia Hart ha indicado— que el Ché Guevara tuviera ‘simpatías trotskistas’.” Castro debe de saber. En su autobiografía (escrita con Ignacio Ramonet), Castro respondió a una pregunta del entrevistador sobre Guevara: “nunca le oí hablar realmente de Trotsky. Él era leninista y, en cierta forma, reconocía hasta algunos méritos de Stalin. En realidad, bueno, la industrialización y algunas de esas cosas” (Fidel Castro, biografía a dos voces, 2006).
Aunque Guevara haya sido un personaje valeroso que murió luchando por sus ideales, su guerrillerismo basado en el campesinado estaba en contraposición al leninismo y a la revolución permanente de Trotsky, que se basa en el internacionalismo proletario. Como explicamos en “La mística de la vía guerrillera” (WV No. 630, 6 de octubre de 1995):
“A pesar del espíritu revolucionario del grito de batalla contra el imperialismo de Guevara, su llamado por una guerra de guerrillas basada en el campesinado fue, desde muchos ángulos, un categórico rechazo del marxismo, del leninismo y de la lucha proletaria por el poder... Su programa político era fundamentalmente elitista en tanto que rechazaba abiertamente la necesidad de que los obreros expresen su voz y su poder a través de sus propios órganos clasistas, como los consejos obreros (soviets). Por el contrario, se suponía que las masas se iban a someter a la dirección de un grupo de intelectuales radicales pequeñoburgueses convertidos en guerrilleros que se autoproclamó y partió al monte.”
Debido a sus números, su ubicación en los centros urbanos de finanzas y manufactura, así como su posición estratégica con las manos puestas sobre los medios de producción, donde la experiencia común de los trabajadores crea la solidaridad y la organización, únicamente el proletariado tiene el poder social y el interés de clase para derrocar al capitalismo. Como una masa de pequeños productores de mercancías, el campesinado es una capa pequeñoburguesa cuyas condiciones de existencia dan origen a perspectivas estrechas. Su estrato inferior, los campesinos sin tierra, está más cercano a la clase obrera, mientras que su estrato superior está más inclinado hacia la burguesía. Su trabajo productivo se basa en la propiedad privada de parcelas de tierra; los campesinos no tienen un modo de producción independiente. El campesinado sigue al proletariado o a la burguesía.
Bajo las circunstancias más favorables que se puedan concebir, el campesinado pequeñoburgués sólo fue capaz de crear un estado obrero burocráticamente deformado. Con la destrucción del estado obrero degenerado de la Unión Soviética y, por consiguiente, sin un salvavidas disponible contra el cerco imperialista, la estrecha ventana histórica en la que las fuerzas pequeñoburguesas fueron capaces de derrocar el dominio capitalista en su territorio se ha cerrado en este periodo.
Guevara era despectivo con respecto a la democracia obrera. En su ensayo “El papel del partido marxista-leninista”, afirmó que los dirigentes guerrilleros en “las montañas” eran “ideológicamente proletarios”, mientras que aquellos en “los llanos” (es decir, en las ciudades) eran pequeñoburgueses. De lo anterior concluyó que “el Ejército Rebelde es el representante genuino de la revolución que triunfa”. La política de Guevara fue una vertiente particularmente idealista y voluntarista del estalinismo. En “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965), sostuvo que la productividad de los trabajadores podría ser estimulada mejor a través de “incentivos morales” en lugar de incentivos materiales; desechó el deseo de los trabajadores de un nivel de vida digno, tachándolo de burgués. Rechazando una perspectiva proletaria revolucionaria internacionalista, Guevara aceptó el marco de “construir el socialismo” en una isla pequeña, pobre y asediada. Los trotskistas comprendemos que sólo la expansión de la revolución a los países capitalistas avanzados puede resolver el problema de la escasez material. Guevara explícitamente caracterizó la formación de la Oposición de Izquierda por Trotsky en contra de la usurpación política de la revolución por Stalin como “contrarrevolucionaria”.
El que una burocracia gubernamental sólo estuviera en proceso de formación hizo que Cuba inicialmente se encontrara más abierta a la intervención de trotskistas que en otros estados obreros deformados. Esto se reflejó en el hecho de que a un grupo trotskista se le permitió funcionar por un periodo. Tanto las milicias como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y los sindicatos tenían una base de masas. Se trataba de una apertura transitoria, pero que tenía que ser puesta a prueba. La RT dio así una formulación transitoria al programa de revolución política para Cuba, al llamar por “poner a los ministros de gobierno bajo la responsabilidad de las organizaciones democráticas de obreros y campesinos y hacerlos sustituibles por esas mismas organizaciones”.
Un parteaguas en el endurecimiento de la burocracia fue la detención de miembros de la organización trotskista cubana, el Partido Obrero Revolucionario (POR), parte de una tendencia internacional dirigida por Juan Posadas. En mayo de 1961, el gobierno de La Habana embargó el periódico del POR, Voz Proletaria, y destruyó las placas de impresión para una edición de La revolución permanente de Trotsky. En noviembre de 1963, cinco miembros dirigentes del POR fueron detenidos. Se les acusó de distribuir un periódico ilegal, de llamar por el derrocamiento del gobierno y de ser críticos contra Fidel Castro. Fueron sentenciados a condenas de hasta nueve años de prisión; al final, pasaron un año y medio o menos en la cárcel. Guevara fue confrontado con respecto a las detenciones por un partidario espartaquista durante un viaje a Cuba en 1964. Nuestro camarada señaló que las críticas de quienes defienden incondicionalmente la Revolución deben ser manejadas políticamente, en lugar de suprimir puntos de vista. Guevara respondió:
“Estoy de acuerdo con su declaración, pero los trotskistas cubanos no están dentro de la Revolución, son sólo ‘divisionistas’... No voy a decir que son agentes de la CIA —no lo sabemos—. No tienen historial de apoyo a la revolución.”
—“¡Libertad para los trotskistas cubanos!”, Spartacist (Edición en inglés) No. 3, enero-febrero de 1965
Se trataba de una calumnia deliberada. Los miembros del POR arrestados participaron en todas las actividades de la Revolución antes de 1959, cuando los estalinistas aún estaban a la espera de ver quién ganaría. Andrés Alfonso luchó desde la clandestinidad contra Batista, mientras que Ricardo Ferrera había luchado del lado del Ejército Rebelde desde los 16 años. El POR incluía miembros de los sindicatos, los CDRs y de las milicias que se movilizaron para defender a Cuba durante la crisis de los misiles en octubre de 1962. Guevara, el “trotskista inconsciente”, era en realidad un perseguidor consciente de trotskistas; atacó a los camaradas del POR en varias ocasiones en 1961 como parte de su impulso de lograr un solo partido unificado (estalinista) en Cuba.
A pesar de las diferencias políticas, la tendencia espartaquista fue la primera —fuera de los mismos posadistas— en defender a los trotskistas cubanos y llevar su caso a la atención mundial. Como buenos lamebotas de los castristas, los dirigentes del SWP no mencionaron una palabra acerca de los arrestos hasta después de que los miembros del POR fueron liberados, tras haber firmado una declaración capitulatoria en que aseguraban que disolverían su organización. El trato despreciable hacia los trotskistas cubanos de parte del SWP y otros hizo recordar el silencio de los pablistas con respecto al encarcelamiento de los trotskistas chinos por Mao años antes.
¡Por el internacionalismo proletario!
Uno de los principios básicos de la revolución permanente —y una línea divisoria profunda entre el trotskismo y el estalinismo— es la necesidad de extender la revolución en un país semicolonial hacia el mundo capitalista avanzado. Esto se deriva de la comprensión de la necesidad de una economía planificada al nivel internacional, incluyendo necesariamente a las sociedades más avanzadas económicamente. Los estados obreros se ven amenazados no sólo por la intervención militar imperialista, sino incluso de manera más crucial por la penetración económica imperialista y el nivel de productividad cualitativamente más alto en los países capitalistas avanzados.
Lenin afirmó: “En tanto que el capitalismo y el socialismo existan uno al lado del otro, no habrá paz alguna para nosotros. El uno o el otro triunfará en el largo plazo. Habrá una marcha fúnebre, ya sea para la República Soviética o para el capitalismo mundial” (citado en Historia de la Revolución Rusa de Trotsky). La catastrófica caída de la Unión Soviética, socavada por décadas de traición y mala administración estalinista, confirmó lo estéril de intentar construir el “socialismo en un solo país”. ¡Cuánto más se aplica todo esto a la pequeña Cuba!
Las nacionalistas burocracias estalinistas buscan sus propios acuerdos con los imperialistas, incluso al precio de otros estados obreros (como se reflejó con la escisión sino-soviética en los años 60). A cambio de la ayuda económica y militar soviética, Castro generalmente apoyó la política del Kremlin al nivel internacional. Pero el dirigente soviético Nikita Jruschov dejó perfectamente clara su voluntad de llegar a un trato por separado con el imperialismo de EE.UU. a costa de Cuba durante la crisis de los misiles en 1962, cuando, en respuesta a las amenazas de EE.UU., se retiraron los misiles soviéticos de Cuba. Una declaración de la RT en el momento denunciaba “el papel contrarrevolucionario” de los “burócratas del Kremlin” en la crisis de los misiles en Cuba y afirmó: “La falsa política de la dirigencia castrista, su bloque político con los estalinistas, ha socavado enormemente esta defensa” (“Declaración sobre la crisis cubana”, 30 de noviembre de 1962, reimpreso en Marxist Bulletin No. 3, I parte).
Contrario al mito propagado por muchos izquierdistas, la línea cubana no era más “internacionalista” cuando Guevara estaba vivo. Así, la delegación cubana a la conferencia de Punta del Este (Uruguay) en 1961, encabezada por el Ché Guevara, ofreció distensión a los imperialistas estadounidenses. Tal como menciona John Gerassi en The Great Fear in Latin America [El gran temor en América Latina] (1965), Guevara dijo: “No podemos prometer que no exportaremos nuestro ejemplo, como nos lo pide Estados Unidos, porque un ejemplo es cuestión de espíritu y un elemento espiritual puede cruzar las fronteras. Pero garantizaremos que no habrá envío de armas cubanas para ser usadas en la lucha de ningún país latinoamericano.”
El patrocinio del gobierno cubano a la guerra de guerrillas en algunas zonas de América Latina, principalmente en los años 1964-67, fue de hecho bastante selectivo. Los castristas apoyaron distintos regímenes “democráticos” nacionalistas burgueses en América Latina que imaginaron serían un contrapeso a los imperialistas. La política exterior de Cuba sigue la lógica del “socialismo en un solo país” de Stalin, es decir, se opone a la revolución internacional con la esperanza de apaciguar la hostilidad imperialista, al tiempo que impulsa regímenes capitalistas dispuestos a ser “amigos” del estado no-capitalista propio de los estalinistas. En particular, Castro apoyó los regímenes nacionalistas de Jânio Quadros y João Goulart en Brasil a comienzos de los años 60. En 1969, Castro saludó a la junta militar peruana como “un grupo de oficiales progresistas que desempeñan un papel revolucionario”.
Sin embargo, la mayor traición vino con el apoyo político de Fidel a la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile. Repudiando la necesidad de una revolución en favor de la “vía parlamentaria al socialismo”, Castro dijo en 1971 que “nunca hubo contradicción alguna entre los conceptos de la Revolución Cubana y el camino seguido por el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile”. La coalición de Allende con partidos capitalistas chilenos, el frente popular, desarmó políticamente a la clase trabajadora, a la cual se le pidió que depositara su confianza en el ejército “constitucionalista” y la burguesía “democrática”. El resultado de esta traición fue el sangriento golpe militar de Pinochet del 11 de septiembre de 1973 y la masacre de más de 30 mil sindicalistas, izquierdistas y otros.
Cuando las masas nicaragüenses aplastaron la dictadura de Somoza en 1979, el estado capitalista fue hecho añicos, y se abrió la posibilidad de una revolución social. Nosotros dijimos: “¡Defender, completar y extender la revolución nicaragüense!” Sin embargo, Castro aconsejó al gobierno sandinista en ese momento: “Eviten los errores iniciales que al principio cometimos en Cuba, el rechazo político del Occidente, los ataques frontales prematuros a la burguesía, el aislamiento económico.” Bajo una “economía mixta” y la presión de los “contras” apoyados por la CIA, la burguesía nicaragüense fue capaz de revalidar su control una década más tarde, derrotando a la revolución.
Hoy es el caudillo capitalista Hugo Chávez, en Venezuela, a quien Castro promueve como el nuevo revolucionario del siglo XXI. Para los que viven en la isla esto puede parecer atractivo. Se calcula que desde 2003, Chávez ha invertido cuatro mil millones de dólares en diversas áreas de la agricultura, la industria, los servicios y la infraestructura en Cuba. En 2006, el 35.4 por ciento del total del comercio de productos de Cuba se hizo con Venezuela. Al nivel nacional, conforme los precios del petróleo ascendían, Chávez desvió parte de las enormes ganancias para financiar una serie de medidas sociales.
Como marxistas, llamamos por la defensa militar del régimen de Chávez en el caso de un golpe patrocinado por EE.UU., como lo hicimos en 2002. Sin embargo, no damos apoyo político a Chávez. La izquierda reformista perpetúa la ilusión de que Venezuela es “socialista” o está en camino al socialismo. Sin embargo, hay una diferencia cualitativa entre Cuba y Venezuela. En Cuba se aplastó al estado burgués y se expropió a la burguesía como clase. Chávez llegó al poder a través de un proceso electoral burgués y gobierna a la cabeza de un estado capitalista. La burguesía venezolana está vivita y coleando, y los imperialistas siguen llevando a cabo un esplendoroso negocio con Venezuela. A pesar de que Chávez ha aumentado la presencia estatal en industrias como la del petróleo, la electricidad, la producción de acero y de cemento, estas nacionalizaciones, que se han dado poco a poco, no presentan un desafío a la propiedad privada capitalista. Típicamente, medidas como éstas han sido llevadas a cabo por otros populistas latinoamericanos como Lázaro Cárdenas en México en los años 30 y Juan Perón en Argentina en los 40 y 50, así como Gamal Abdel Nasser en Egipto también en los años 50. Un antiguo coronel del ejército, Chávez es un gobernante bonapartista que emplea medidas populistas no para efectuar sino más bien para desviar una revolución social —al vincular más firmemente a las masas desposeídas con el estado capitalista venezolano—.
Los izquierdistas pro-Castro suelen citar las intervenciones de Cuba en África como prueba de su internacionalismo. Tras el desvanecimiento del colonialismo portugués en África en 1974-75, Angola fue presa de una guerra de aniquilación mutua entre fuerzas nacionalistas rivales en la que los marxistas no tomamos lado. Pero cuando el ejército sudafricano del apartheid, apoyado por EE.UU., invadió Angola, Cuba envió tropas, apoyadas por los soviéticos, que lucharon al lado de los nacionalistas angoleños del MPLA y lograron aplastar a las fuerzas sudafricanas y a sus aliados en Angola. A pesar de que políticamente no apoyábamos al MPLA, militarmente nos pusimos de su lado, del de las fuerzas cubanas y de sus asesores soviéticos en lo que era una guerra indirecta contra los imperialistas estadounidenses.
Las batallas heroicas libradas por las tropas cubanas hicieron añicos el mito de la invencibilidad del ejército del apartheid, ayudando así a inspirar las revueltas de Soweto en 1976 y otras luchas de las masas negras oprimidas en Sudáfrica. Sin embargo, es importante señalar que el objetivo de los estalinistas cubanos y soviéticos nunca fue derrocar el capitalismo en África. Así como patrocinaron al régimen burgués corrupto del MPLA en Angola, Cuba y la URSS también apoyaron la brutal dictadura de Mengistu en Etiopía a principios de los años 70. En Sudáfrica, que cuenta con el mayor proletariado en el África subsahariana, los estalinistas han apoyado desde 1928 una alianza con el burgués Congreso Nacional Africano (CNA). Hoy en día, el régimen del apartheid ya no existe, pero las masas negras siguen siendo los de abajo con un régimen de neoapartheid administrado por el CNA, el Partido Comunista de Sudáfrica y los líderes de la federación sindical COSATU.
A pesar de que Cuba ha estado bajo el acecho militar del imperialismo estadounidense durante casi medio siglo, la autobiografía de Castro deja claro su apetito por una “tregua” a través de un ala “progresista” del imperialismo estadounidense —es decir, el Partido Demócrata—. Hay abundantes referencias favorables a los presidentes del Partido Demócrata. “Franklin Delano Roosevelt...es, a mi juicio, uno de los mejores estadistas que ha tenido” EE.UU. “Yo siempre tuve buena opinión de [Jimmy] Carter como un hombre de ética. Su política fue constructiva con relación a Cuba.” El entrevistador preguntó si Clinton (quien intensificó el embargo a Cuba en dos ocasiones) fue “más constructivo”; Castro respondió: “Sí, él no era particularmente agresivo. Pero Clinton heredó toda aquella comunidad, heredó todas las campañas que se han hecho contra Cuba y era muy poco lo que podía hacer para ayudar.” Incluso Kennedy —con todo y Bahía de Cochinos— es excusado: “creo que Kennedy fue un hombre de gran entusiasmo, muy inteligente, con carisma personal, que trataba de hacer cosas positivas...dio luz verde a la invasión de Playa Girón en 1961, pero esa operación no fue preparada por él, sino por el gobierno anterior de Eisenhower y Nixon.” Castro está siguiendo los pasos de los estalinistas del Kremlin y del Partido Comunista de EE.UU., quienes desde los tiempos de Roosevelt generalmente han apoyado al capitalista Partido Demócrata.
El mundo postsoviético
Siempre sensibles a la opinión pública pequeñoburguesa, los pablistas fueron abandonando su anterior entusiasmo por la guerra de guerrillas campesina con los primeros indicios de la Segunda Guerra Fría a fines de los años 70. Votaron por la instauración de los gobiernos de frente popular más vehementemente anticomunistas, como el del “socialista” francés Mitterrand en 1981. Haciendo eco de la campaña imperialista por “democracia” y “derechos humanos”, apoyaron a todos y cada uno de los oponentes del gobierno soviético. Esto incluyó el apoyo en los años 80 a la polaca Solidarność, punta de lanza de la contrarrevolución capitalista en Europa Oriental. En EE.UU., Socialist Action incluso adoptó el logotipo de Solidarność como rótulo en su periódico. El fallecido Ernest Mandel, dirigente del S.U., aclamó a estos reaccionarios clericales, que fueron respaldados por la CIA y el Vaticano, como “los mejores socialistas del mundo”.
En retrospectiva, el S.U. incluso elogió como “luchadores por la libertad” a los nazis estonios “Hermanos del Bosque” durante la Segunda Guerra Mundial. Grupos del S.U., así como la tendencia Militante de [Ted Grant,] Peter Taaffe y Alan Woods, aullaron junto a los lobos imperialistas en apoyo al golpe contrarrevolucionario de Boris Yeltsin en Moscú en 1991. Hoy, la izquierda reformista aclama al Dalai Lama, apoyado por la CIA, y al movimiento “Tíbet libre” en contra del estado obrero deformado chino.
Nosotros, en la Liga Comunista Internacional, luchamos hasta el final contra la contrarrevolución en lo que fue la Unión Soviética y Europa Central y Oriental, tal como Trotsky exigió a sus partidarios. En contraste con la negativa de los falsos trotskistas a defender a la URSS contra los muyajedines armados por la CIA tras la intervención soviética iniciada en diciembre de 1979, nosotros dijimos: “¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos!” En una declaración de 1991, llamamos a los obreros soviéticos a “derrotar la contrarrevolución de Yeltsin y Bush”, y exhortamos al proletariado a formar soviets bajo el programa del internacionalismo bolchevique. En Alemania Oriental (RDA) en 1989-90, mientras el régimen estalinista en desintegración del SED-PDS clamaba que la restauración capitalista debía ser realizada de una manera humana, nosotros, de manera única, nos opusimos a la reunificación capitalista. Llamamos por una Alemania roja soviética, a través de una revolución política en la RDA y una revolución socialista en Alemania Occidental. Iniciamos una movilización masiva, que luego fue apoyada por el SED-PDS, en el parque Treptow en Berlín, el 3 de enero de 1990, contra la profanación fascista de un memorial de guerra soviético y en defensa de la URSS y de la RDA. Era la primera vez que los trotskistas intervenían en una plataforma pública en un estado obrero desde la Oposición de Izquierda rusa de Trotsky a fines de los años 20.
La destrucción de la URSS tuvo consecuencias desastrosas para Cuba. La economía cubana estaba fuertemente subsidiada por la URSS, lo que llegó a representar hasta el 36 por ciento del ingreso nacional cubano en los años 80. La economía cubana sufrió una contracción dramática, con una disminución precipitada del 40 por ciento en la producción económica per cápita para 1993. Esto significó apagones, escasez de productos básicos y un periodo de estricto racionamiento de alimentos para la población cubana durante un lapso conocido como el “periodo especial en tiempo de paz”. En respuesta, el gobierno instituyó una serie de “reformas de mercado”, que incluía legalizar la posesión y el intercambio del dólar estadounidense. Esta “dolarización” condujo a una intensa y creciente diferencia en los ingresos de la población, lo que tuvo un impacto más fuerte en las mujeres y los negros cubanos. En los últimos años, el gobierno ha intentado reducir la dependencia en la inversión imperialista mediante la firma de nuevos acuerdos comerciales con la Venezuela de Chávez y con China. Pero la situación económica sigue siendo muy grave para la mayoría de los cubanos, quienes se ven obligados a recurrir al mercado negro incluso para adquirir muchos artículos de primera necesidad.
Tratando de aliviar el embargo estadounidense para facilitar la penetración económica a la isla, el ex presidente Carter viajó a Cuba en 2002. Durante su viaje, Carter empujó la campaña por el Proyecto Varela —lanzado por disidentes proimperialistas— que incluía demandas por el derecho a la empresa privada, amnistía para los presos políticos y “elecciones libres”.
El llamado a “elecciones libres” es un llamado a apoyar la “democracia burguesa” en contra del estado obrero cubano, es decir, por la contrarrevolución. Nosotros estamos a favor de la democracia obrera. Como nuestro partidario dejó claro a Guevara en 1964, estamos por el derecho de todas las tendencias que defiendan los logros de la Revolución Cubana a organizarse políticamente. La clase obrera debe ejercer su gobierno a través de los soviets. Condenamos a aquellos como Olivier Besancenot, portavoz prominente de la Ligue communiste révolutionnaire [Liga Comunista Revolucionaria] de Francia, sección líder del S.U., quien a principios de este año proclamó su apoyo a “elecciones libres” en Cuba.
Para mérito propio, el gobierno cubano apoya la causa de Mumia Abu-Jamal, el principal prisionero político en la antesala de la muerte en EE.UU. Sin embargo, el gobierno cubano aplica la pena de muerte, aunque recientemente Raúl Castro conmutó las penas de muerte de casi todos los reclusos condenados en Cuba. Nosotros nos oponemos a la pena capital como una cuestión de principios en Cuba y China, así como en los países capitalistas. Cuando tres secuestradores de una embarcación fueron ejecutados en 2003, los sicofantes pro-Castro de Socialist Action trataron de justificar este hecho señalando las ejecuciones llevadas a cabo por los bolcheviques durante la Guerra Civil [mientras que el Grupo Internacionalista —pablistas de la segunda generación— trató de justificarlo presentando el secuestro del bote como “una acción de guerra contrarrevolucionaria” (El Internacionalista en Internet, mayo de 2003)]. Nosotros respondimos [ver Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003]:
“Los marxistas —incluyendo a los bolcheviques— estamos opuestos a la bárbara institución de la pena capital. Los bolcheviques llevaron a cabo terror revolucionario en defensa del nuevo estado obrero, entendiendo que la guerra contra la contrarrevolución era un episodio temporal que necesitaría medidas temporales y drásticas. Pero el código penal fue una característica más permanente del estado obrero. Cuando la pena de muerte, en vez de ser un acto de guerra, fue hecha parte del código penal del país en 1922, se pretendía que ésta fuera una medida temporal... Y como tantas otras medidas empleadas temporalmente por el joven estado obrero, con la contrarrevolución política estalinista éstas fueron hechas permanentes y retorcidas hasta quedar convertidas en los opuestos más grotescos de lo que buscaban los bolcheviques.”
La ejecución de los secuestradores no fue un asunto de justicia sumaria por parte de un gobierno obrero en una situación de guerra civil. Sabemos muy bien que el régimen de Castro arremete con represión en contra de sus opositores prosocialistas, incluyendo militantes como los trotskistas en los años 60. Y fue en el nombre de “defender la revolución” que Castro ordenó la ejecución del general Ochoa en 1989, un héroe de la guerra de Angola, después de un juicio al estilo estalinista que hizo recordar las purgas de Moscú a fines de la década de 1930.
Apoyamos las medidas adoptadas en defensa de la Revolución Cubana, incluyendo el encarcelamiento de los “disidentes” que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense. Pero no damos crédito a la capacidad de la burocracia para barrer con los contrarrevolucionarios. La invitación de Castro a Carter sólo sirvió para envalentonar a los reaccionarios, así como la continua búsqueda de una “tregua” con el imperialismo socava al estado obrero cubano. Los fundamentos de lo que escribimos en 1965 en nuestro artículo “¡Libertad para los trotskistas cubanos!” sigue siendo cierto hoy:
“La Revolución Cubana debe sustituir su actual ideología nacionalista de ‘coexistencia pacífica’...con una política exterior revolucionaria, una orientación a la revolución latinoamericana para construir concretamente y otorgar dirección al movimiento revolucionario en América Latina como parte de un movimiento mundial. Internamente, el establecimiento de una genuina democracia obrera, la construcción de soviets —consejos de obreros— órganos representativos electos de poder obrero, y la restauración de la rica vida interna es vital para cualquier movimiento revolucionario para derrotar a la burocracia.”
Los revolucionarios en EE.UU., el bastión del imperialismo mundial, tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y el imperialismo estadounidense. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario, sección de una IV Internacional reforjada, que lleve a la clase obrera multirracial de EE.UU. el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es parte integral de su lucha contra los explotadores capitalistas estadounidenses y de la lucha por la revolución socialista. ¡Defender la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política proletaria para abrir el camino hacia el socialismo! ¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/cuba.html
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2016.05.28 12:09 ShaunaDorothy Contra la ofensiva oscurantista de la iglesia y el PAN: ¡Aborto libre y gratuito! (Verano de 2007)

https://archive.is/zWVHG
Espartaco No. 28 Verano de 2007
¡Ninguna ilusión en AMLO y el PRD burgués! ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
El 24 de abril, la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, dominada por el PRD, aprobó cambiar los códigos legales de la ciudad para permitir el aborto a quien lo solicite, un derecho democrático elemental, durante las primeras doce semanas del embarazo. Esto da al Distrito Federal no sólo las leyes sobre el aborto más liberales de América Latina fuera de Cuba y Puerto Rico, sino que, al proporcionarlo gratuitamente a los residentes de la ciudad en los hospitales públicos, hace al aborto mucho más accesible que en EE.UU. y la mayor parte de Europa. Algunos investigadores estiman que las complicaciones en abortos ilegales, que han matado a unas mil 500 mexicanas cada año, representan la principal causa de muerte para mujeres entre 15 y 39 años de edad en América Latina y el Caribe. La reforma del aborto es una conquista importante para todas las mujeres, pero tendrá un impacto particular en la vida de las obreras, las pobres y las jóvenes que no tenían los medios para obtener abortos seguros viajando a otros países o pagando un elevado precio para obtener uno ilegalmente en instalaciones decentes. Sin embargo, la ley incluye penas de tres a seis meses de prisión para las mujeres que reciban un aborto después de las primeras doce semanas, y de uno a tres años de prisión a quienes lo practiquen. Nosotros decimos: ¡Abajo todas las penas! ¡Aborto libre y gratuito en todo México! ¡Abajo el límite de doce semanas!
Como comunistas revolucionarios, el Grupo Espartaquista de México, sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), apoya esta reforma y toda conquista obtenida para las mujeres, sin importar cuán parcial sea. El 19 de abril, la Juventud Espartaquista llevó a cabo un mitin en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM llamando por “¡Aborto libre y gratuito! ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!”, uno de los muy pocos eventos izquierdistas en favor de los derechos de aborto llevados a cabo en la universidad esta primavera. Nuestros camaradas explicaron la perspectiva marxista para acabar con la opresión de la mujer, llamaron a los estudiantes y obreros a movilizarse en apoyo de la reforma del aborto y advirtieron contra las ilusiones en el PRD.
La destrucción de la URSS, el primero y más poderoso estado obrero del mundo, ha traído una ofensiva global contra los estándares de vida y los derechos democráticos elementales de la clase obrera y los oprimidos, así como un clima ideológico dominado por la creencia generalizada en la “muerte del comunismo” y un resurgimiento del fanatismo religioso. Donde existen los derechos de aborto, como en EE.UU. —gobernado por la pandilla de fanáticos religiosos de Bush—, han estado bajo ataque constante tanto por parte de los republicanos como de los demócratas; cada vez es más difícil obtener un aborto, especialmente para las mujeres pobres.
México no ha sido, por supuesto, una excepción a esta ofensiva burguesa, con dos décadas de políticas antiobreras neoliberales que han devastado el nivel de vida de la clase obrera. Además, durante los últimos siete años, el gobierno del PAN ha combinado sus políticas privatizadoras y abiertamente a favor de los imperialistas estadounidenses con la ideología derechista religiosa. Recientemente, el país ha sido sacudido por huelgas poderosas y combativas, así como por movilizaciones masivas de la clase obrera, los pobres y los oprimidos por la satisfacción de sus necesidades más apremiantes y en defensa de conquistas ganadas a través de fuertes luchas. La burguesía misma está altamente polarizada, y la diferenciación se da respecto a cuestiones sociales tanto como económicas. El PRD nacionalista burgués de López Obrador trata de cooptar y desactivar el descontento obrero mediante concesiones. Es en este contexto que se ha dado la reforma del aborto, originalmente redactada por el PRI y aprobada gracias al apoyo del PRD.
El aborto, que da a las mujeres cierto control sobre la decisión de tener hijos o no, es una cuestión política explosiva. En México, con la segunda población católica más grande del mundo después de Brasil, la medieval Iglesia Católica ha desempeñado un papel político cada vez mayor, especialmente desde que Vicente Fox del PAN asumió la presidencia en el año 2000. Desde el momento en que fue propuesta, la reforma ha ocasionado un indignado tumulto entre las fuerzas oscurantistas y derechistas que alientan a las capas más violentamente atrasadas de la población y representan una amenaza mortal a las mujeres, los izquierdistas, los obreros, los homosexuales y los indígenas. El gobierno del PAN y la Iglesia Católica unieron fuerzas en una campaña reaccionaria y antimujer contra la propuesta. Despotricaron desde los púlpitos de la televisión nacional, curas y monjas se manifestaron por las calles de la Ciudad de México y el mismísimo Vaticano lanzó risibles amenazas de excomunión. Después de que la Asamblea Legislativa aprobó la reforma, hubo un ataque renovado, ahora con la grotescamente mal llamada Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Procuraduría General de la República (PGR) como punta de lanza para desafiar la nueva ley como anticonstitucional, ¡con la PGR argumentando que un embrión es sujeto de derecho! Nosotros decimos: ¡Por la separación de la iglesia y el estado!
Al apoyar esta reforma, no otorgamos ninguna confianza en absoluto al PRD ni al PRI, partidos del capital tanto como el PAN. Las reformas bajo el capitalismo no sólo son parciales sino también reversibles. La opresión de la mujer es un componente necesario del capitalismo, y no puede ser desenraizado mediante reformas sino sólo a través del derrocamiento revolucionario del sistema de explotación basado en la propiedad privada. Luchamos por construir un partido proletario leninista-trotskista para dirigir la lucha por una revolución socialista que comenzaría a sentar la base para la genuina emancipación de la mujer junto con la emancipación de la clase obrera y de todos los oprimidos.
La base material de la opresión de la mujer
Los marxistas consideramos que la institución de la familia, un componente necesario del régimen de la propiedad privada, es la principal fuente de la opresión especial de la mujer. La familia no es una institución inmutable y sempiterna, sino una relación social sujeta al cambio histórico. En la antigua sociedad de cazadores-recolectores existía la igualdad entre hombres y mujeres, donde la necesaria división del trabajo, basada en el papel de la mujer de procrear hijos, no involucraba subordinación alguna con base en el sexo, y el linaje se trazaba por la línea materna. En su obra clásica El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), Friedrich Engels (usando información disponible en aquel entonces) trazó el origen de la institución de la familia y del estado a la división de la sociedad en clases. El desarrollo de la tecnología —la agricultura, la metalurgia, la domesticación de los animales y otros avances revolucionarios— permitieron la existencia de un excedente allende lo necesario para la subsistencia mínima que caracterizaba a las sociedades de cazadores-recolectores, haciendo posible la existencia de una clase dominante ociosa. El estado surgió para asegurar el dominio de esa clase por la fuerza. La centralidad de la familia fluyó de su papel en la herencia de la propiedad sobre la línea paterna, que requirió la monogamia sexual de la mujer y su subordinación social. Engels describe la victoria de la propiedad privada sobre la propiedad comunal natural primitiva como “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.
La sociedad capitalista está dividida en dos clases principales: la burguesía, que posee los medios de producción, y el proletariado, que vende su fuerza de trabajo para crear la riqueza y mantener a la sociedad funcionando. Para las masas obreras y los pobres, que no tienen riqueza alguna que legar a las nuevas generaciones, la familia sirve para alimentar y vestir a los obreros y criar a la siguiente generación. Engels señala: “La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica franca o más o menos disimulada de la mujer, y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.” Aún hoy la institución de la familia desempeña un papel económico y social, y ésa es la base de la opresión de la mujer. Así, la lucha por la liberación de la mujer es una parte estratégica de la lucha por el socialismo y sólo puede llevarse a cabo mediante la revolución socialista.
Nuestra perspectiva no es la redivisión de las tareas domésticas dentro de la familia, sino la transferencia del trabajo doméstico entero a la esfera pública. Para liberar a la mujer, la institución de la familia como unidad económica de la sociedad no puede ser abolida, sino que ha de ser remplazada, con cocinas, guarderías y lavanderías comunales. La dictadura del proletariado, en la medida en que tenga suficientes recursos a su disposición, inmediatamente cambiará la condición concreta de la mujer en particular, más allá de los efectos liberadores generales de la revolución, y mucho más allá de hacer a la mujer y el hombre iguales ante la ley.
La opresión de la mujer no se reduce a una cuestión de ideología atrasada y la negación de derechos democráticos. La ideología machista es propagada para justificar la opresión económica y la subyugación concretas de la mujer. El aborto es restringido para afianzar la institución de la familia, cuyo papel social, junto con otras instituciones como la iglesia, es enseñar el respeto a la autoridad, actuar como una fuerza conservadora, controlar a la población (especialmente a la juventud) e imponer una moralidad que proscribe cualquier cosa que se desvíe del ideal de la familia —desde las relaciones sexuales premaritales hasta las homosexuales—. La sexualidad juvenil, aunque algunos no quieran admitirlo, es un hecho biológico. Las adolescentes se embarazarán y necesitarán abortos. ¡Por anticonceptivos y aborto libres y gratuitos! ¡Abajo los requisitos de consentimiento paterno! ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales! Nos oponemos a las leyes sobre la edad de consentimiento a través de las cuales el estado capitalista dicta a qué edad uno (típicamente la mujer) puede o no decidir tener relaciones sexuales. Estamos contra las leyes contra “crímenes sin víctimas”, como las relaciones sexuales consensuales, la pornografía y el uso de drogas.
En México, donde la mitad de la población vive en la pobreza incluso según cifras oficiales, la influencia embrutecedora de la familia adquiere una importancia aun mayor como un medio de supervivencia económica, especialmente para jóvenes adultos que no pueden conseguir un empleo decente, para los ancianos que tratan de sobrevivir con una pensión miserable —si es que la tienen— y para las mujeres que se ven forzadas a permanecer en matrimonios pese a su voluntad por la simple razón de que no podrían sobrevivir por sí solas, especialmente si tienen hijos. ¡Por guarderías gratuitas las 24 horas!
La mujer y la revolución permanente en México
En toda sociedad, el grado de la emancipación de la mujer es un indicador preciso de la emancipación general. Muchos aspectos de la naturaleza antimujer de la sociedad mexicana son conocidos en todo el mundo. Ciudad Juárez es tristemente célebre por los cientos de asesinatos de obreras; las víctimas son generalmente jóvenes y a menudo mutiladas sexualmente. En marzo, Ernestina Ascencio, una indígena de 73 años de edad, fue violada y matada por elementos del Ejército Mexicano en Veracruz, ¡y Calderón tuvo el descaro de declarar que había muerto de gastritis! La policía abusó sexualmente y violó a mujeres arrestadas durante la brutal ocupación del pueblo de Atenco en mayo de 2006.
Pero gran parte de las espantosas condiciones de la mujer en México no llegan a los encabezados porque son simplemente cosa de todos los días. La violencia contra la mujer ocurre en el 60 por ciento de los hogares. La discriminación abierta en las contrataciones es la norma. Las mujeres usualmente son relegadas a los trabajos más repetitivos y peligrosos de la industria, especialmente en las maquiladoras, son sometidas a procedimientos degradantes como pruebas de embarazo regulares y ganan menos que los hombres por el mismo trabajo. Al mismo tiempo, al integrarse a la industria, las mujeres obtienen cierta independencia económica y se han convertido en un componente poderoso y vibrante del proletariado. Nosotros decimos: ¡Salario igual por trabajo igual! ¡Sindicalizar a los no sindicalizados!
Las condiciones de la mujer indígena son particularmente brutales y degradantes, con la intersección de mayor pobreza y tradiciones atrasadas. En algunas regiones, ¡todavía se vende a las jóvenes en matrimonio! En algunos casos las mujeres no hablan a hombres que no pertenecen a la familia. Las mujeres indígenas típicamente viven en hogares campesinos pobres o en asentamientos urbanos miserables. El 34.5 por ciento de los hogares en municipios indígenas no tiene agua entubada y el 21.1 por ciento no tiene electricidad. La tasa de analfabetismo para las mujeres a partir de los quince años de edad que viven en hogares indígenas es un asombroso 32.2 por ciento, mientras que para los hombres es el 19.4 por ciento, y en hogares no indígenas es de 6.7 por ciento, con una mínima diferenciación entre sexos.
Especialmente en el Distrito Federal y otros grandes centros urbanos, un sector importante de la población, que viene principalmente de la pequeña burguesía, no hace suya la ideología fundamentalista católica del PAN. Encuestas recientes muestran que, a diferencia de lo que sucede a nivel nacional, son más los que apoyan la reforma que los que se oponen (aunque por un margen pequeño). En manifestaciones sindicales y del PRD, si bien algunos rechazan nuestro periódico cuando señalamos nuestra posición sobre el aborto, otros —especialmente estudiantes y jóvenes obreras— lo adquieren precisamente por esa posición. Encontramos una receptividad particularmente buena entre las enfermeras, probablemente bien enteradas de las consecuencias de los abortos ilegales, quienes se movilizaron contra el desmantelamiento del seguro social. En mayo, en una refrescante muestra de irreverencia, una gran parte de las 20 mil personas desnudas que posaban para la fotografía de Spencer Tunick en el Zócalo —justo enfrente de la Catedral Metropolitana en una mañana de domingo— corearon “¡Norberto Rivera, el pueblo se te encuera!”
Este sector socialmente más liberal representa una base importante de apoyo al PRD, y es a él que este partido apela a través de la reforma del aborto, las sociedades de convivencia (generalmente entendidas como matrimonios homosexuales) y las propuestas de legalizar la prostitución. Pero las ilusiones en el PRD como amigo de los trabajadores y de los oprimidos son suicidas. La clase capitalista en su conjunto, independientemente de sus posturas coyunturales, se opone al acceso gratuito y libre al aborto sin restricciones porque les da a las mujeres cierta libertad respecto a la subordinación total a la estructura familiar. Está en el interés de la clase obrera retomar la lucha contra la opresión de la mujer en contraposición a la burguesía.
El México neocolonial es un país de desarrollo desigual y combinado, donde los métodos más modernos de producción capitalista coexisten con los métodos agrícolas más arcaicos y la ausencia casi total de infraestructura, particular pero no exclusivamente en el campo. Un obstáculo fundamental para hacer realidad el aborto libre y gratuito, no sólo en la Ciudad de México sino a lo largo y ancho del país, es la escasez de instalaciones de atención médica de calidad y personal capacitado, ahora agravada por los ataques del gobierno federal del PAN al seguro social. Nosotros decimos: ¡Abajo la “reforma” al seguro social! ¡Atención médica gratuita y de calidad para todos!
Los recursos materiales para la plena integración de la mujer en el proceso productivo, para empezar a sentar la base de la emancipación de la mujer, para liberar a los campesinos y los indígenas de sus ancestrales miseria, aislamiento e ignorancia, simplemente no existen y no pueden obtenerse sino a través de una revolución socialista que se extienda internacionalmente. En nuestra lucha por la revolución socialista, nos guiamos por la perspectiva de la revolución permanente formulada por León Trotsky. En la época imperialista, las tareas asociadas con las revoluciones democrático-burguesas (como la Revolución Francesa de 1789), tales como la emancipación nacional, la revolución agraria y la democracia política, sólo pueden ser llevadas a cabo mediante la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado y los pobres urbanos. Así, las aspiraciones democráticas de las masas —desde el derecho al voto (que fue pisoteado por el intento de desafuero contra López Obrador y el fraude electoral) hasta la igualdad legal de la mujer— son fuerzas motrices de la revolución socialista. Para México, el derrocamiento de la brutal burguesía imperialista estadounidense por parte de la poderosa clase obrera multirracial al norte del Río Bravo será una cuestión urgente de vida o muerte. ¡Por lucha de clases conjunta en EE.UU. y México!
El PRD procura conducir estas justas aspiraciones al callejón sin salida de la política capitalista, apenas velada con los harapos de la democracia burguesa. A través de la ideología nacionalista burguesa, también procura borrar la división de la sociedad en clases, impulsando la mentira de que todos los mexicanos deben “mantenerse unidos” por el bien del país. Esto es un vil engaño. No sólo son los intereses del proletariado y de la burguesía irreconciliables, sino que, además, las débiles burguesías tercermundistas están inextricablemente atadas a sus amos imperialistas y son totalmente incapaces de romper con ellos para desempeñar cualquier papel revolucionario. En el mejor de los casos, procuran renegociar los términos de su propia subordinación a los imperialistas y, en el proceso, desactivar las luchas del poderoso proletariado. Cuando la ideología nacionalista no basta, el PRD no duda en desatar la fuerza represiva entera del estado capitalista, como lo ha hecho tantas veces en el pasado.
La Revolución Rusa señaló el camino a la liberación de la mujer
La revolución permanente de Trotsky fue vindicada en la práctica por la Revolución Rusa. En octubre de 1917, los bolcheviques de Lenin y Trotsky dirigieron a la clase obrera al poder mediante una revolución socialista en el atrasado y abrumadoramente campesino imperio zarista, derrocando el capitalismo y estableciendo la dictadura del proletariado sobre la base de la propiedad colectiva. La economía —ya no centrada en la producción de ganancias— se administraba bajo la democracia obrera a través de los soviets, o consejos, de diputados obreros, soldados y campesinos. La Revolución Rusa dio pasos importantes hacia los objetivos liberadores del comunismo. Representó enormes conquistas para todos los oprimidos y especialmente para la mujer. La Rusia soviética legalizó el aborto y decretó leyes que hacían del matrimonio y el divorcio simples procedimientos civiles, aboliendo la categoría de “ilegitimidad” de los hijos y toda discriminación contra los homosexuales.
El estado dio pasos hacia el remplazo de la esclavitud doméstica de la mujer mediante el establecimiento de comedores, lavanderías y guarderías para permitir a todas las mujeres ingresar al empleo productivo. Estas medidas minaron la institución de la familia y señalaron el camino hacia la liberación de la mujer. Tras la revolución, la ya de por sí atrasada economía fue aún más devastada brutalmente por la Guerra Civil —incluyendo la invasión por parte de catorce potencias capitalistas—. La joven república soviética simplemente carecía de los recursos materiales para remplazar el papel económico de la familia y alcanzar la liberación de la mujer.
Las condiciones de pobreza extrema y aislamiento de la Rusia soviética, debidas a la derrota de oportunidades revolucionarias para extender el poder obrero a Europa Occidental, especialmente a Alemania en 1918 y de nuevo en 1923, dieron pie al ascenso de la casta burocrática dirigida por Stalin, que usurpó el poder político de la clase obrera en 1923-24 y traicionó el propósito revolucionario del Partido Bolchevique y la Internacional Comunista de Lenin y Trotsky. La burocracia estalinista convirtió el aislamiento de la Unión Soviética de una profunda derrota a una “victoria” retórica con la doctrina nacionalista y antimarxista del “socialismo en un solo país”. Similarmente, la nueva casta gobernante, en lugar de reconocer la incapacidad material del país de establecer relaciones socialistas, recogió los pedazos de la familia burguesa y la declaró el fundamento sagrado del “socialismo triunfante”, justificando así el revocamiento de muchas conquistas para las mujeres.
La usurpación estalinista del poder constituyó una contrarrevolución política y no social, y transformó a la URSS en un estado obrero burocráticamente degenerado. Mediante su economía colectivizada y planificada, la URSS mantuvo las conquistas fundamentales de la Revolución de Octubre que, a pesar de la mala administración burocrática, condujeron a la transformación de la Unión Soviética en una potencia económica y militar capaz de hacer un contrapeso al imperialismo estadounidense. Hace dos décadas, la URSS tenía guarderías financiadas por el estado, las mujeres tenían plenos derechos de aborto, acceso a una amplia gama de oficios y profesiones y un alto grado de igualdad económica con sus compañeros hombres. En suma, la mujer tenía un estatus que en muchos aspectos era mucho más avanzado que en las sociedades capitalistas actuales. Luchamos hasta en las últimas barricadas por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética y los estados obreros burocráticamente deformados de Europa Oriental contra el ataque imperialista y la contrarrevolución interna, y llamábamos por revoluciones políticas proletarias para echar a las burocracias estalinistas y regresar al camino de Lenin y Trotsky.
La Unión Soviética, rodeada y golpeada por los imperialistas durante siete décadas, minada y finalmente vendida por los herederos de Stalin, fue destruida por la contrarrevolución capitalista en 1991-92, devastando la economía, lanzando a grandes masas a la calle en busca de medios de subsistencia —con las mujeres y los niños como las primeras víctimas de la contrarrevolución— y estimulando sangrientas guerras fratricidas entre los antiguos pueblos soviéticos. La destrucción final de la Unión Soviética condicionó un profundo retroceso en la conciencia del proletariado. El nuestro es el primer periodo desde la Comuna de París de 1871 en el que el grueso de los obreros en lucha no identifica sus sentidas necesidades inmediatas con los ideales y el programa de la revolución socialista.
¡Por un partido de vanguardia leninista-trotskista, el tribuno del pueblo!
Al carecer el proletariado de interés alguno en la preservación del orden burgués, su misión histórica es la emancipación universal. Sin embargo, en toda sociedad la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. En los países de desarrollo capitalista atrasado, la aguda degradación de la mujer está profundamente enraizada en la “tradición” precapitalista y el oscurantismo religioso. El grueso del proletariado mexicano hoy día está imbuido en la ideología machista, el racismo antiindígena y antinegro y el antisemitismo, que los capitalistas usan para mantener a la clase obrera dividida e inconsciente de su poder social e intereses históricos.
Un partido leninista-trotskista de vanguardia —el instrumento fundamental para dirigir a la clase obrera en una revolución socialista— sólo puede forjarse en la lucha contra la influencia de la ideología burguesa. Luchamos por que la clase obrera retome la lucha por los derechos de la mujer y se erija como el caudillo de todos los oprimidos como una parte esencial de la batalla contra el capitalismo. No tenemos ilusiones en que esta tarea será fácil, pero es la única manera de liberar a la humanidad de las cadenas de la explotación y la opresión. La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría la base para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, la abolición del significado social de raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, liberando el potencial humano a un nivel nunca antes imaginado e impulsando una ola monumental de avance de la civilización.
Como los bolcheviques antes que nosotros, rechazamos el concepto degradante, abrazado por gran parte de la seudoizquierda mexicana, de que la liberación de la mujer es “trabajo de mujeres”; es una parte integral de nuestro programa, por la que lucha nuestra organización internacional entera. En tajante contraste, la izquierda se adapta a la sociedad machista y a menudo se regodea en repugnantes muestras de ideología burguesa atrasada. En nuestro mitin del 19 de abril polemizamos en contra de la práctica común de activistas de usar epítetos misóginos y homófobos como insultos contra funcionarios de gobierno o reaccionarios derechistas. Nuestra denuncia pública de esta práctica por parte del colectivo estudiantil de la UNAM, Rebeldía, entre otros, le puso furioso. En una reacción más violenta, un miembro de la seudotrotskista Liga de Trabajadores por el Socialismo-Contracorriente (LTS-CC) atacó físicamente a uno de nuestros camaradas que denunció su uso de un vil epíteto homófobo en la manifestación en Tlatelolco conmemorando el 2 de Octubre en 2001 (ver volante de la Juventud Espartaquista “La LTS conmemora la masacre de Tlatelolco con epítetos antihomosexuales y puñetazos para los comunistas”, octubre de 2001).
El populismo radical del EZLN: Ninguna respuesta para los oprimidos
Muchos jóvenes que sienten indignación ante la horrible opresión de los indígenas miran hacia los zapatistas en busca de dirección, pero no obtendrán de ellos la liberación de la mujer ni cualquier cosa que se parezca a una revolución. Cuando surgió el EZ en 1994, explícitamente rechazó la lucha por la revolución proletaria y Marcos regularmente rechaza el legado de Lenin. Su “Ley Revolucionaria de Mujeres” de 1993 afirma una serie de derechos democráticos elementales para las mujeres, pero según la propia opinión de los zapatistas durante su encuentro en Oventik en diciembre de 2006, publicada en su sitio de internet oficial, “no hay una política sobre el aborto en el territorio zapatista”. No es pues de sorprender que Marcos haya mantenido un conspicuo silencio en el calor de la presente polarización. El programa del EZLN está enteramente circunscrito en los marcos del capitalismo y la democracia burguesa; está por reformas, como una nueva constitución, sin tocar el régimen de la propiedad privada, que es la base de la opresión de la mujer. Los zapatistas son simplemente otra manifestación del nacionalismo populista tradicional latinoamericano con una cierta base entre el campesinado; necesariamente y a pesar de sus críticas coyunturales al PRD, se mantiene en la órbita de este partido.
La idealización de la cultura y la economía campesinas tradicionales, como en el caso de los “Caracoles” zapatistas, significa idealizar la miseria y el atraso y retener la estructura familiar. Para el campesinado, la familia es la unidad económica de la agricultura a pequeña escala. Los intereses de clase de los campesinos se basan en la propiedad privada de la tierra y el campesinado es incapaz de reorganizar la economía sobre una base colectivista. Su influencia conservadora sólo puede ser vencida mediante la dirección de los obreros que participan en la producción socializada en la industria.
Lo que se necesita para poner fin a la miseria de los indígenas y el campesinado en general es la introducción de tecnología moderna en el campo: tractores, fertilizantes e irrigación junto con escuelas, hospitales, caminos y transportes. Este objetivo sólo puede alcanzarse mediante la revolución socialista y la implementación de una economía colectivizada y planificada internacionalmente.
El feminismo y el seudomarxismo: Obstáculos para la liberación de la mujer
Cualquier lucha que no presente un reto a la base material de la opresión de la mujer no liberará a las mujeres. El feminismo es una ideología burguesa que plantea que la fuente de la opresión de la mujer está en las ideas, igualando la lucha por su liberación con la lucha por sus derechos democráticos, es decir, por la igualdad con los hombres bajo el capitalismo. Así, el feminismo se opone a la posibilidad de liberar a las masas de obreras en la realidad mediante el derrocamiento del sistema económico que es la base de su opresión, y en cambio presenta la división entre hombres y mujeres como la principal división en la sociedad. El objetivo del feminismo burgués es permitir a las mujeres burguesas y pequeñoburguesas ingresar al club masculino del poder y el privilegio, como un enemigo del proletariado.
Rechazando el aborto como un derecho democrático elemental, la popular feminista burguesa Marta Lamas escribe que “Todas las personas estamos a favor de que se acaben los abortos, el problema es que para que eso suceda hay quienes piensan que se tienen que penalizar y otras personas pensamos que se tiene [sic] que despenalizar” (citado en La Jornada, 12 de abril). Ante la ofensiva reaccionaria antiaborto, el PRD y los feministas burgueses abrazan moralista y defensivamente la idea diseñada para inducir miedo y sentimientos de culpa de que el aborto es peligroso y traumático. Llevado a cabo bajo condiciones sanitarias apropiadas y por personal capacitado, el aborto es, de hecho, un procedimiento médico muy sencillo y seguro. Gran parte de la susceptibilidad respecto al aborto viene de la idea, inventada por la Iglesia Católica, de que el feto es un ser humano dotado de alma, y por lo tanto el aborto está mal. Como materialistas, rechazamos la idea del alma.
La LTS-CC escribió un artículo significativamente titulado “Anticonceptivos para no abortar y aborto libre, seguro y gratuito para no morir” (Estrategia Obrera No. 59, 25 de abril de 2007). Escribe, de manera similar a Marta Lamas, que “el fondo del debate no es abortar por abortar, decisión a la que ninguna mujer quiere llegar...” La posición de la LTS-CC comparte la perspectiva política liberal entera del feminismo. Su artículo ni siquiera menciona la revolución socialista, implicando que la opresión de la mujer puede ser combatida exitosamente dentro de los marcos del capitalismo. Tampoco dice una sola palabra de crítica al PRD burgués. Su posición es fundamentalmente sectoralista, negando la posibilidad de que la conciencia trascienda la experiencia personal de la opresión, y renunciando a la lucha leninista-trotskista de unir a todas las capas oprimidas de la sociedad tras el poder de la clase obrera. Así, sus argumentos están dirigidos sólo a las mujeres, denunciando a la iglesia por impedir que “la mujer [sin mención alguna de los hombres] rompa con la ideología machista y opresora” y termina con un llamado por un Encuentro Nacional de Mujeres para discutir demandas de género y clase. Si bien sería absurdo pensar que las mujeres son inmunes a los efectos de la ideología burguesa en cualquiera de sus formas, incluyendo la ideología misógina, la tarea de una dirección revolucionaria es combatir la ideología racista, sexista, homófoba y antiinmigrante entre la clase obrera y la sociedad en general.
Ahora que los derechos de aborto se han convertido en una causa popular entre los intelectuales pro-PRD, el Grupo Internacionalista (GI), otra organización supuestamente trotskista, finalmente ha publicado un artículo sobre el tema en El Internacionalista, tras más de una década de existencia en México (“¡Por el aborto libre y gratuito!”, El Internacionalista No. 6, mayo de 2007). A través de su artículo —que pretende ser una exposición ortodoxa del marxismo sobre la cuestión de la mujer— ¡no hay una sola mención ni mucho menos una advertencia contra las ilusiones masivas en el PRD, ahora fortalecidas por el hecho de que este partido ha sido el principal responsable de la reforma del aborto en la Ciudad de México!
El GI se acomoda al populismo radical pequeñoburgués y, lógicamente, sus pretensiones de guiarse por la revolución permanente se reducen a una oración abstracta y carente de significado en el último párrafo de su escrito, totalmente divorciada del resto del artículo. En la práctica rechaza la aplicación concreta de esta teoría. La contradicción entre su adherencia formal al trotskismo y su práctica de ir a la cola del populismo lo lleva a zigzaguear. Así, durante el “tortillazo” de enero pasado rechazó la lucha por subsidios para poner las tortillas al alcance de todos, renunciando a la lucha por reformas parciales bajo el capitalismo y dando la espalda a las necesidades más elementales de las masas obreras y pobres. Ahora que sí apoya la reforma perredista del aborto, ¡virtualmente omite cualquier crítica de los populistas burgueses que están detrás de ella!
¡Por nuevas revoluciones de Octubre!
Lenin forjó el Partido Bolchevique con el entendimiento de que “El ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de trade-union [sindicato], sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte.” Los espartaquistas estamos comprometidos con el forjamiento de tales partidos internacionalmente, las palancas fundamentales para hacer realidad un futuro comunista mediante revoluciones socialistas alrededor del mundo. En la lucha por nuevas revoluciones de Octubre, las palabras de Trotsky de 1924, dirigidas a las mujeres de Oriente, son perfectamente aplicables a México y todo el mundo semicolonial: “No habrá mejor comunista en el Oriente, ni mejor luchador por las ideas de la revolución y por las ideas del comunismo, que una mujer obrera despertada.”
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/28/aborto.html
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2016.05.21 23:15 ShaunaDorothy Los ataques derechistas de Fox y las tareas de la clase obrera: ¡Romper con AMLO y el PRD! ¡Forjar un partido obrero! (2 - 2) (verano de 2005)

https://archive.is/XBIt5
Un proyecto alternativo de subordinación
En su libro Un proyecto alternativo de nación, que en realidad es poco más que una gran colección de lugares comunes y sueños de opio sobre cómo México se convertirá en un paraíso de justicia social una vez que el PRD dirija sus destinos, AMLO presenta una serie de propuestas para resolver uno de los problemas más añejos y candentes del país: la tierra. Pero su programa para “reactivar el campo” es una burda broma. El objetivo es “armonizar y apoyar, al mismo tiempo, la producción de autoconsumo, la producción para el mercado interno y la producción para exportar”. ¿Cómo lograrlo?:
“Habría que promover el fortalecimiento de la economía de autoconsumo en las comunidades. El propósito es que, con pequeños apoyos, se fomenten las actividades productivas tradicionales...
“Hay casos excepcionales en comunidades indígenas donde todavía se produce casi todo lo que se consume. Está también, por ejemplo, lo que históricamente ha sucedido en pueblos como los de Tlaxcala donde los campesinos, en pequeñas porciones de tierra, cultivan maíz, con buena productividad, y tienen en sus patios borregos, chivos, vacas y el telar dentro de la casa.”
¡A los campesinos tlaxcaltecas les va tan bien que arriesgan su vida para emigrar en masa a EE.UU.! Además, AMLO dice: “La acción gubernamental que proponemos debe orientarse al otorgamiento de créditos a la palabra, para la compra de animales, granos y semillas, materiales de trabajo, insumos y todo aquello destinado a fortalecer las actividades productivas y las tecnologías tradicionales.” ¿Qué significa “tecnologías tradicionales”? ¿Bueyes famélicos para jalar arados? ¿Lodo para construir chinampas?
La agricultura mexicana, en gran parte de autoconsumo, no puede competir con las grandes plantaciones industrializadas estadounidenses, que además abarcan inmensas extensiones de tierra fértil que simplemente no existen en México. Para dar un ejemplo de las enormes diferencias, aquí hay un tractor por cada 100 personas involucradas en la agricultura, mientras que en Estados Unidos hay 1.5 tractores por cada trabajador rural. Hacer productivo al campo mexicano no requiere “tecnología tradicional” sino tecnología moderna: tractores, sistemas de riego, plantas procesadoras, fertilizantes y educación científica para los campesinos. Pero ésta es una meta imposible en el marco del capitalismo subdesarrollado; para hacerla realidad se necesita una revolución obrera apoyada por la guerra campesina, expropiando a la burguesía y a los latifundistas. Esta perspectiva no puede estar separada de la lucha por la extensión de la revolución al coloso del Norte, que haría posible obtener la tecnología necesaria para sacar al campo y sus habitantes del atraso y la miseria.
La emancipación nacional que las masas añoran y AMLO promete supone una economía industrial moderna. Pero el capitalismo mexicano no puede desembarazarse del imperialismo. En cuanto a la industria maquiladora, AMLO sostiene:
“Proponemos un trato directo con empresarios para detener la emigración de las maquiladoras. Es cierto que en China o en otras partes del mundo hay más ventajas comparativas, sobre todo por el bajo costo que representa la mano de obra, pero es posible ofrecer otros incentivos y revalorar la importancia que reviste la cercanía de nuestro país con el mercado más grande del mundo.”
La única forma de hacer competitiva la industria maquiladora es abaratar aún más la mano de obra, ofrecer mayores ventajas fiscales a los inversionistas chupasangre y continuar el régimen laboral draconiano establecido por los llamados “contratos de protección”.
¡Por la revolución obrera!
Las políticas reaccionarias del PRD no son el resultado de una traición encubierta ni de la corrupción de tal o cual dirigente, sino la consecuencia lógica e ineludible de su carácter de clase. En un país capitalista atrasado y dependiente como México —en el que la clase dominante nacional depende abrumadoramente de los créditos y la inversión de sus amos en Estados Unidos— toda alternativa política que, como el PRD, plantee la conservación del capitalismo mexicano, es decir, que defienda en última instancia el dominio y los intereses de algún ala de la burguesía nacional, se verá obligada a rechazar en los hechos las reivindicaciones democráticas que promete. Así, enfrentando en su propio territorio un proletariado moderno y socialmente poderoso y un vasto campesinado descontento, en última instancia la burguesía nacional es mucho más hostil a “sus propias” masas que a sus amos estadounidenses. Independientemente de su retórica, no existe un ala antiimperialista de la burguesía. Lo único que pueden plantear los nacionalistas burgueses es negociar de mejor manera los términos de su propia subordinación al imperialismo y de la consecuente cancelación de los derechos democráticos de su población. El PRD ni siquiera se opone al TLCAN, que por naturaleza es un “tratado” para la rapiña unilateral de la economía mexicana por los imperialistas, sino que sólo lo quiere “renegociar”.
La vinculación inseparable de las amplias reivindicaciones democráticas no resueltas con la lucha internacional y socialista del proletariado está en el centro de la teoría de la revolución permanente de León Trotsky. En una de sus “Tesis Fundamentales” de la revolución permanente, explicó:
“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder, como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”
El campesinado, sumido en las regiones más remotas y atrasadas, es parte de la heterogénea capa que los marxistas llamamos pequeña burguesía. Los campesinos sin tierras se encuentran reducidos, en el mejor de los casos, a la producción de autoconsumo y carecen de poder social. Los minifundistas compiten entre sí por colocar sus productos en el mercado. Su interés se encuentra en la propiedad privada de la tierra. Por ello, el campesinado es incapaz de reorganizar la sociedad, de desempeñar un papel revolucionario independiente. El campesinado actual es producto del rezago inherente al capitalismo tercermundista; lucha contra las grandes plantaciones mecanizadas, cuyo avance convierte a muchos campesinos en proletarios rurales. Los comunistas tomamos lado con los campesinos en sus luchas contra los latifundistas y el gobierno y buscamos ganar su apoyo a la revolución socialista, pero entendemos que, en tanto que lucha por mantener su existencia contra el capitalismo industrial moderno, el campesinado pretende echar atrás la rueda de la historia. El campesinado pobre, todavía compuesto por millones de personas, puede desempeñar un papel importante en la revolución, pero éste estará necesariamente subordinado a la dirección del proletariado industrial urbano.
La clase obrera o proletariado es la encargada de echar a andar, colectivamente, todos los engranajes de la economía industrial moderna —las fábricas, las comunicaciones, los transportes—. Al no poseer más que su propia fuerza de trabajo, la clase obrera no tiene interés en la continuidad del régimen de la propiedad privada; su interés histórico está en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la cual pondría la economía entera al servicio de las necesidades humanas y sentaría la base fundamental para erradicar la explotación, la opresión y la miseria. Por ello, la clase obrera es la única clase genuinamente revolucionaria de nuestra época capaz de dirigir a los campesinos, las masas urbanas empobrecidas y todos los oprimidos en la lucha por su emancipación.
La Revolución Rusa señala el camino hacia adelante en México. En efecto, la perspectiva trotskista fue confirmada en la práctica por la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917. En esa fecha la clase obrera rusa tomó en sus manos las tareas de la revolución democrática que el régimen burgués no había podido resolver: liberó a su país del yugo imperialista al desconocer la deuda externa contraída por el zar y la burguesía, sentó las bases para la emancipación de la mujer y dictó leyes prohibiendo todo tipo de discriminación contra homosexuales y minorías étnicas. También abolió la propiedad privada sobre la tierra y llamó al campesino pobre a emprender una revolución agraria que destruyera el latifundio y los restos del peonaje feudal. Pero para hacer esto realidad fue necesario emprender la expropiación de los medios de producción y establecer una economía colectivizada y planificada, así como el monopolio estatal del comercio exterior. En lugar del parlamentarismo burgués, la Revolución Rusa instauró la democracia obrera a través de los soviets, consejos de diputados obreros y soldados encargados de dirigir la economía y la sociedad entera. Esto es lo que significó un gobierno obrero: el gobierno basado en el proletariado y apoyado por el campesinado. Estas medidas sentaron las primeras bases para la reorganización socialista de la sociedad. Ciertamente, con el grado de interpenetración de la economía moderna, y como lo mostró el ejemplo de la Unión Soviética, ningún país puede crecer aislado del intercambio mundial. Así, desde su nacimiento mismo, un partido revolucionario victorioso en un país atrasado —y más en uno que comparte una frontera con EE.UU.— tendría que luchar, como parte de un solo partido internacional, por la revolución proletaria dentro del monstruo imperialista estadounidense y a escala internacional. De hecho, sólo el triunfo de la revolución obrera en EE.UU. podría asegurar la genuina emancipación nacional de México. La clase obrera multirracial estadounidense, en particular su estratégico componente negro, es potencialmente el aliado más poderoso de los obreros mexicanos. Como escribieron recientemente nuestros camaradas estadounidenses en un artículo denunciando las atrocidades racistas de los paramilitares “Minutemen” y exigiendo plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes:
“Una defensa efectiva de la clase obrera requiere un programa internacionalista que exprese los intereses de clase comunes en ambos lados de la frontera trazada cuando EE.UU. robó de México en 1848 gran parte del actual suroeste estadounidense. La lucha por los derechos de los inmigrantes debe verse como parte de la lucha contra todas las formas de opresión. En EE.UU. esto significa una lucha contra la opresión de los negros, la piedra angular del capitalismo estadounidense. Los obreros deben luchar contra los intentos de los gobernantes capitalistas de enfrentar a un grupo oprimido contra otro, como la reciente declaración grotesca del presidente derechista mexicano Vicente Fox de que los trabajadores mexicanos ‘hacen el trabajo que ni siquiera los negros quieren hacer en EE.UU.’”
Los millones de obreros y campesinos mexicanos y centroamericanos que emigran “ilegalmente” a EE.UU., sorteando toda clase de peligros, carecen de derechos y se ven obligados a tomar los trabajos más arduos y peor pagados. Pero al racista e hipócrita Fox no podrían importarle menos los trabajadores mexicanos y los negros. ¡Por lucha de clases conjunta en México y EE.UU. contra los gobernantes capitalistas!
La LTS: Reformismo “Libre y Soberano”
Dentro de los que se reclaman “trotskistas”, la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) se opuso a los ataques antidemocráticos del PAN y el PRI sin dejar de enfatizar correctamente su denuncia tanto del PRD como partido burgués como de los grupos “socialistas” que colaboran con éste (Estrategia Obrera No. 43, 16 de abril de 2005). Sin embargo, el fin estratégico al que la LTS vincula su posición sobre el desafuero es explícitamente reformista y no revolucionario: que las masas mexicanas se movilicen para “imponer una Asamblea Constituyente Libre y Soberana en la que se discutan las grandes demandas de las mayorías obreras y campesinas del país”. Esta asamblea constituyente estaría abierta “no sólo al PRD y a AMLO sino también al conjunto de las organizaciones sociales, sindicales y de izquierda”, y “discutiría” cuestiones democráticas candentes como la “reforma agraria radical”, “empleo y salarios dignos”, el dejar de pagar la deuda externa y la cancelación de “todos los tratados, como el TLC, que nos subordinan al imperialismo norteamericano” (Ibíd.). La LTS asigna a una asamblea constituyente, es decir, un cuerpo parlamentario burgués —¡prometiendo de antemano que incluiría al PRD!—, la tarea de resolver las justas aspiraciones de las masas. Echando por la borda la revolución permanente, el plan de la LTS no menciona ni de pasada que la solución de estas cuestiones requiere la revolución socialista: la implantación de una economía colectivizada y planificada y la lucha por extender el poder obrero a nivel internacional.
Para los comunistas, el llamado por una asamblea constituyente —es decir, una asamblea legislativa dentro del marco de la democracia burguesa— se justifica en situaciones en las que las leyes vigentes no formalizan ni siquiera las libertades democráticas más básicas (como es el caso de las dictaduras militares o bajo gobiernos democrático-burgueses no consolidados como el “Gobierno Provisional” ruso de febrero de 1917). En esos casos, este llamado puede usarse para vincular las aspiraciones concretas e inmediatas de la gente con la necesidad de la lucha por la revolución socialista: es, pues, una “consigna de transición” de la conciencia espontánea de las masas a la conciencia revolucionaria. Sin embargo, si este llamado se usa, como lo hace la LTS, como un medio para simplemente “mejorar” la democracia capitalista existente en un país atrasado, funciona exactamente como lo opuesto, consolidando la ilusión de que la democracia capitalista es susceptible a mejorías cualitativas. Vincular las aspiraciones de las masas a una democracia más plena no con la lucha por la revolución socialista sino con una “Asamblea Constituyente Libre y Soberana” implica un programa “de transición” de la lucha espontánea de las masas...al reformismo consciente.
El GI: De la ruptura con el trotskismo a la ruptura con la realidad
Pero sin duda el más pintoresco de los grupos seudotrotskistas es el (mal) llamado Grupo Internacionalista (GI), cuyo núcleo dirigente está formado por antiguos miembros de nuestra organización. Durante años nos han acusado estridentemente de “abstencionismo” y “propagandismo abstracto”, mientras que ellos prometen encontrar el camino hacia las masas. Habiendo roto, en los hechos, con el marxismo revolucionario, para justificar su existencia el GI se deshizo primero de la honestidad básica, pero ahora también ha tenido que romper con la realidad.
En su más reciente publicación en español (El Internacionalista No. 5, mayo de 2005) este grupúsculo se jacta de la más absoluta indiferencia frente a la campaña jurídica contra López Obrador. Lo extraordinario del caso es que, en el mismo artículo, el propio GI asegura que defiende “el elemental derecho democrático de que cualquier partido político se presente en las elecciones con los candidatos que decida” y reconoce que:
“Lo que [el gobierno de Fox y el PRI] quieren es que, una vez que esté sujeto a proceso penal, según Artículo [sic] 111 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, ‘AMLO’ carezca del derecho a participar en las elecciones.”
¿Cómo explican esa contradicción evidente? Pues con este absurdo argumento, que dan inmediatamente después:
“Pero pasarán meses hasta que esto se concrete. En este momento, [López Obrador] ni siquiera es candidato del PRD (hay otros, incluyendo el sempiterno candidato perredista Cuauhtémoc Cárdenas, que disputan la candidatura), y ningún partido ha presentado, ni mucho menos inscrito, a su abanderado... En caso de que Fox y el PRI se atrevan a realizar su locura...entonces defenderíamos el derecho de López Obrador a presentarse como candidato presidencial...
“...hasta ahora no se ha negado el derecho de AMLO de presentar su candidatura. Pretender lo contrario es entrar de plano en la jugada electorera del PRD...”
¿O sea que el GI sólo defendería los derechos democráticos de un candidato oficial del PRD? ¡Vaya criterio marxista! En realidad, la “locura” de Fox y el PRI que el artículo del GI situaba en un futuro hipotético (“en caso de que se atrevan...”) ya llevaba más de quince días de haber llegado a su punto culminante (el desafuero) para cuando el GI fechó este artículo (25 de abril de 2005). No deja de ser cómico que apenas dos días después de la fecha de este artículo, y tres días antes de la fecha del periódico en que aparece por primera vez, el propio Fox reconoció implícitamente que sí estaba atentando contra los derechos políticos de López Obrador, y dio marcha atrás. Al negar que el ataque a los derechos democráticos era ya una realidad vigente, los charlatanes del GI hubieran entrado en un bloque de facto con el gobierno foxista...de no ser porque llegaron demasiado tarde. Pero tal vez el depuesto procurador, el general Macedo de la Concha, todavía aprecie sus argumentos.
El GI nos regaña también por oponernos al desafuero de AMLO porque el fuero de funcionarios del poder ejecutivo, sostiene, es una “medida antidemocrática”. Para justificar su negativa a defender un derecho democrático elemental en lo concreto, el GI recurre a abstracciones democráticas. Nosotros tomamos posición contra el desafuero de López Obrador con base en los intereses de la clase obrera en el caso concreto, no en generalizaciones sobre formalidades de la ley burguesa tales como si debería o no la cámara de diputados votar para que se procese a un funcionario cualquiera con base en cualquier acusación. La cuestión es bastante simple: 1) expropiar un predio para construir un acceso a un hospital no es ningún crimen contra el proletariado; 2) la acusación no era más que una patraña antidemocrática del clerical Fox y cía. para deshacerse del nacionalista burgués AMLO como contendiente a la presidencia.
Entendiblemente, muchos jóvenes izquierdistas que están hartos del lodazal de la política capitalista sienten que los revolucionarios nunca deben tomar lado en rencillas “interburguesas” ni oponerse a las injusticias estatales cuando sus víctimas sean políticos capitalistas, ya que, desde el punto de vista moral, estos tipos “se lo merecen”. Estos son los sentimientos a los que el GI apela. Sin embargo, este criterio no ha sido nunca el del marxismo. La labor de los comunistas no es adaptarse a la conciencia existente, sino elevarla, diciendo la verdad con toda su complejidad. La polarización en la sociedad a raíz de la maniobra foxista planteó a quemarropa la aplicación concreta de la revolución permanente. El GI podrá citar al derecho y al revés los escritos de Trotsky pero, al rehusarse a oponerse al ataque de Fox, renuncia a la esencia de la perspectiva trotskista: la lucha por las demandas democráticas de la población en los países subdesarrollados es una fuerza motriz de la revolución socialista. En los hechos, este grupo le da la espalda a los millones de obreros que luchan por sus derechos democráticos.
El GI afirma: “Lejos de que la embestida contra AMLO sea resultado de un complot entre Fox y los imperialistas norteamericanos (como afirman falsamente los seudomarxistas de Militante), en su visita a principios de marzo la mismísima secretaria de estado de EE.UU., la halcona Condoleezza Rice, afirmó que el gobierno de EE.UU. aceptaría con beneplácito un gobierno de izquierda en México. Según reportó Reforma (10 de marzo), ‘Rice descartó que a Estados Unidos le generen preocupación los triunfos electorales y los gobiernos encabezados por políticos de izquierda.’” ¡Que fe tan conmovedora muestra el GI en las promesas del gobierno de Bush! No sabemos qué negociaciones secretas sucedieron entre Fox y sus amos imperialistas. Si por ahora los imperialistas estadounidenses encuentran expedito restringir a Fox por preocupación de que su campaña por el desafuero podría desestabilizar México, sólo alguien muy inocente concluiría que los imperialistas han renunciado a su práctica de muchas décadas de usar a la CIA y otras fuerzas para fomentar las intervenciones militares en América Latina contra regímenes que les displacen.
La poca importancia que el GI da a los muy reales peligros planteados por las provocaciones del gobierno derechista de Fox recuerdan el gentil trato que este grupo dio a los dirigentes de la federación sindical venezolana CTV, quienes están estrechamente ligados a la CIA y han desempeñado un papel activo en los fallidos golpes de estado patrocinados por los imperialistas contra el populista-bonapartista Hugo Chávez. En un artículo de noviembre de 2000, el GI minimizó los peligros de la intervención imperialista en Venezuela y las conexiones entre la CTV y los imperialistas. Su doble discurso es evidente en el hecho de que el GI considera que la corporativista CTV es una federación sindical genuina, mientras que afirma que la igualmente corporativista CTM mexicana (que en ocasiones lleva a cabo huelgas contra los patrones) “representa al enemigo de clase” (El Internacionalista/Edición México, mayo de 2001). Según las concepciones del GI, los únicos sindicatos verdaderos en México son los “independientes”, dirigidos por burócratas afines al PRD. (Ver “El Grupo Internacionalista sobre Venezuela: El oportunismo une las parejas más extrañas”, Espartaco No. 19, otoño-invierno de 2002.) Al tropezar a menudo con la línea de clases y oscilar entre la conciliación de nacionalistas burgueses de izquierda del PRD y la ceguera ante provocaciones derechistas, el GI es incapaz de defender la independencia de clase del proletariado.
El GI también nos acusa de repetir “la propaganda electoral del PRD y unirse a su campaña” por haber escrito en Workers Vanguard (No. 846, 15 de abril), en la introducción a una traducción de nuestro volante del 7 de abril, que Fox es un “añejo aliado de Bush y un favorito de los imperialistas estadounidenses”. El que el GI arremeta contra una afirmación tan obvia es un testimonio de su alejamiento de la realidad. No hace falta ser un marxista para darse cuenta de que Fox es un lamebotas del imperialismo estadounidense, y sus políticas económicas derechistas y atraso religioso oscurantista se identifican con los de la actual administración republicana. El PRD denuncia estos hechos demagógicamente para apuntalar su propia popularidad al tiempo que deja claro a sus amos en el norte que AMLO no es un “Chávez mexicano”, como sostienen sus oponentes en la derecha.
Polemizando contra nosotros, el GI también escribe:
“Tomar partido por López Obrador en contra del ataque de Fox, no importan las salvedades que añaden aparte, es darle apoyo político. Pensamos en casos paralelos: ‘¡Abajo con el ataque de los republicanos contra el presidente Clinton!’ durante el impeachment, por ejemplo. O, ‘¡Abajo con el ataque de Bush contra Gore!’ luego de las elecciones de 2000 cuando la presidencia de EE.UU. fue decidida por un derechista Tribunal Supremo. No importaría cuántas veces se dijera ‘Romper con el Partido Demócrata!’ [sic] esto habría implicado indiscutiblemente dar apoyo político a un sector de la burguesía.”
El GI implica, en retrospectiva, que fue indiferente al ataque derechista de los republicanos contra Clinton. En 1998 los republicanos sometieron a Clinton a un impeachment, similar a un juicio político, por haber mentido sobre sus relaciones sexuales con Monica Lewinsky. Este juicio fue parte de una cruzada moralista reaccionaria —que Clinton mismo había promovido ampliamente— para apuntalar los “valores familiares”. Como escribieron nuestros camaradas estadounidenses entonces en un artículo titulado “La campaña del impeachment amenaza el derecho de todos a la privacía”:
“La campaña para destituir a Bill Clinton de la presidencia por su relación sexual consensual con la antigua empleada de la Casa Blanca, Monica Lewinsky, plantea una amenaza para cada uno de nosotros. Lo que está en entredicho es uno de los más elementales derechos democráticos, el derecho a la privacía, que en la práctica se reduce al derecho a tener una vida sexual privada sin que las autoridades estatales y eclesiásticas se entrometan o espíen. Los políticos y medios de comunicación están persiguiendo a Clinton por la única cosa que ha hecho que no es un crimen desde el punto de vista de la clase obrera.”
—Workers Vanguard No. 697, 25 de septiembre de 1998
En general, una de las marcas más distintivas y únicas del comunismo es la capacidad de distinguir entre la oposición a ataques reaccionarios y el apoyo político a las víctimas de estos ataques. Pero el GI encuentra muy difícil hacer esta distinción.
Norden vs. Norden
El GI tiene en verdad mucho que explicar para justificar su línea. En julio de 1988, ante el evidente fraude electoral que llevó a Salinas a la presidencia por encima de Cuauhtémoc Cárdenas, incluso antes de que se diera a conocer el resultado de las elecciones escribimos en Workers Vanguard, cuyo editor era nada menos que Jan Norden, hoy el principal dirigente internacional del GI:
“Si Cárdenas fue elegido presidente, los marxistas defendemos su derecho a asumir el cargo. Pero no sumamos nuestras fuerzas al bloque político cardenista burgués, sino que defendemos los derechos democráticos de los obreros por medios proletarios.”
—“México: Erupción sobre elecciones”, Spartacist No. 21, octubre de 1988
Ésta fue una posición genuinamente trotskista en contradicción con la actual indiferencia del GI a los mismos derechos democráticos. Los pretextos absurdos que el GI presenta hoy para justificar su posición agnóstica respecto a la intentona de fraude foxista sólo sirven para ocultar deshonestamente su ruptura con esta tradición.
En un caso similar, en 1984 ofrecimos contribuir con un equipo de seguridad compuesto de sindicalistas y partidarios de la Spartacist League para defender la Convención Nacional Demócrata contra crecientes amenazas de ataques por parte de los republicanos del beligerante lunático Reagan. Entonces escribimos: “La profunda diferencia política y de clase entre la Spartacist League y el Partido Demócrata en ninguna manera contradice nuestra posición de que el Partido Demócrata tiene el derecho de reunirse y nominar a sus candidatos” (ver Workers Vanguard No. 358, 6 de julio de 1984). ¿Norden ha cambiado de parecer? Irónicamente, nuestros oponentes seudotrotskistas en aquel entonces nos acusaron de capitular a los demócratas al inventar una “amenaza ficticia” a la Convención Demócrata, como hoy el GI declara inexistente el ataque bonapartista de Fox.
Si bien el caso de AMLO se trata de un ataque jurídico y no un golpe militar, nuestra posición en defensa de derechos democráticos bajo un ataque derechista tiene un precedente fundamental en la lucha de los bolcheviques contra Kornílov en agosto-septiembre de 1917, en la víspera de la Revolución Rusa. En ese entonces Rusia era aún gobernada por el Gobierno Provisional burgués encabezado por Aleksandr Kerensky. El gobierno de Kerensky, carente de una base social, trataba de balancearse entre el proletariado y la burguesía autocrática. El descontento creciente entre los obreros y la oposición de los soviets obreros maniataba al Gobierno Provisional. La burguesía y los monarquistas estaban también hartos de la “inestabilidad” social y la debilidad del gobierno, incapaz de aplastar a los obreros. Bajo estas circunstancias, el general Kornílov —un Pinochet antiguo— se aventuró en un intento de golpe de estado para derrocar al gobierno de Kerensky y aplastar a los soviets. Lenin argumentó por un cambio de táctica: había que luchar con las tropas de Kerensky contra Kornílov, sin dar ningún apoyo político al primero y sin dejar de denunciar el carácter burgués de su gobierno, pues el ataque de Kornílov estaba dirigido, a fin de cuentas, contra las masas. Lenin escribió:
“¿En qué consiste, pues, nuestro cambio de táctica después de la rebelión de Kornílov?
“En que cambiamos la forma de nuestra lucha contra Kerenski. Sin aflojar un ápice nuestra hostilidad hacia él, sin renunciar a la tarea de derrocar a Kerenski, decimos: hay que tener en cuenta la situación actual. No vamos a derrocar a Kerenski ahora. Encararemos de otra manera la tarea de luchar contra él, o más precisamente, señalaremos al pueblo (que lucha contra Kornílov) la debilidad y las vacilaciones de Kerenski. Eso también se hacía antes. Pero ahora pasa a ser lo fundamental; en esto consiste el cambio.”
Según la nueva línea del GI, Lenin estaba dándole apoyo político a Kerensky, “no importa las salvedades que añaden aparte”.
¡Por un partido obrero revolucionario!
Como lo demuestra toda la historia del movimiento obrero, ninguna generación aislada de militantes obreros puede, por sí sola, acumular en carne propia la experiencia suficiente para construir una política propia plenamente desarrollada, y por muy combativa que sea su conciencia espontánea no cuestionará el dominio social de la burguesía y necesariamente tenderá a buscar su complemento político en uno u otro partido capitalista.
Es urgentemente necesario que los obreros más avanzados y los intelectuales radicalizados dispuestos a tomar el lado del proletariado sobre la base de un programa marxista se organicen como tendencia independiente y disciplinada, es decir, como partido. Sólo así podrán combatir al colaboracionismo de clases, al nacionalismo y a todos los demás medios ideológicos con los que la clase dominante encadena y desarma al proletariado. Sólo el marxismo, que encarna la combinación de la más alta cultura de la humanidad con la experiencia de más de un siglo de lucha en el movimiento obrero, puede armar al proletariado con la capacidad de defender sus intereses históricos en el plano político. Por eso, hablar de independencia política de la clase obrera implica necesariamente hablar de forjar un partido obrero revolucionario.
Por ahora, las ilusiones en el burgués López Obrador son dominantes en las conciencias de las masas en lucha, incluyendo a la clase obrera, y mientras eso siga así, por masiva que sea su movilización, estarán condenadas a mantenerse dentro de los marcos estériles de una gigantesca campaña electoral. Sabemos que hoy en día nuestra política revolucionaria no será la más popular en el movimiento de masas, pero cuando en un futuro no tan lejano las masas obreras mexicanas, en lucha por sus propios intereses, encuentren frente a ellas la oposición clasista del PRD burgués y empiecen a considerar alternativas de izquierda, los obreros más conscientes recordarán quiénes defendieron sus derechos democráticos básicos cuando la derecha los tenía bajo ataque en 2005, pero también y sobre todo quiénes se atrevieron a denunciar la naturaleza reaccionaria de López Obrador cuando éste estaba en la cima de su popularidad. Por eso hoy invitamos a los jóvenes y a los trabajadores izquierdistas más conscientes a que consideren seriamente estos argumentos y a que se unan a la lucha del Grupo Espartaquista por construir un partido obrero y revolucionario.
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2016.05.21 18:59 ShaunaDorothy ¡Abajo la rapiña imperialista! ¡Por movilizaciones obreras contra el TLC, el ALCA y las privatizaciones! ¡Ninguna confianza en el PRD burgués! (1 - 2) (2003)

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Abajo la rapiña imperialista!
¡Por movilizaciones obreras contra el TLC, el ALCA y las privatizaciones!
¡Ninguna confianza en el PRD burgués!
Reproducido de Espartaco No. 20, primavera-verano de 2003.
El pasado 31 de enero, más de 100 mil manifestantes llenaron el enorme Zócalo de la Ciudad de México para protestar contra la brutalidad del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC). Esto fue porque el pasado primero de enero entraron en vigor las cláusulas del TLC que abren a la rapiña del "libre comercio" a todos los productos fundamentales de la economía agropecuaria excepto el maíz, el frijol y la leche. Al mismo tiempo, el gobierno de Vicente Fox está en medio de una campaña inhumana por retirar todos los subsidios al campo (hoy, ¡el subsidio gubernamental al campo en México es una décima parte del subsidio en EE.UU.!). Los manifestantes eran en su gran mayoría campesinos, pero también confluyeron miles de obreros organizados en contingentes sindicales, tanto del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) como de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), y grandes cantidades de estudiantes y ciudadanos individuales que se solidarizaron con las demandas campesinas. Días después, el 5 de febrero 19 manifestantes fueron violentamente golpeados y arrestados por los granaderos por colocar en el Ángel de la Independencia una manta en oposición al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Mientras tanto, la prensa nacional e internacional de todos los colores da cuenta todos los días de la desesperada situación que enfrenta el campo mexicano. El nombre de una de las organizaciones campesinas que ha surgido en los últimos meses deja bien clara la situación: "¡El campo no aguanta más!"
El inicio del TLC el primero de enero de 1994 estuvo marcado por el levantamiento del EZLN en Chiapas, con su denuncia del "libre comercio" como un "acta de defunción de las etnias indígenas en México, que son prescindibles para el gobierno". Siendo un país con aproximadamente cinco millones de campesinos pobres y sin tierra —en gran parte indígenas horriblemente oprimidos—, apenas unas 4 mil personas poseen el 56 por ciento de la tierra cultivable. Sin financiamiento suficiente, con técnicas de producción obsoletas, e incluso ancestrales, incapaces de competir en el mercado capitalista, la mayor parte de los agricultores produce fundamentalmente para el autoconsumo, y el ingreso mensual promedio del campesino es de menos de 500 pesos. En estas condiciones, millones de campesinos son forzados a abandonar su tierra y emigrar a la ciudad, donde enfrentan un destino de mendicidad, ambulantaje y prostitución. Sólo a la Ciudad de México, arriban 600 campesinos cada día.
Durante casi toda la década pasada, las maquiladoras sirvieron como pequeña válvula de escape para la explosividad del campo, atrayendo a la población rural que emigraba a los centros industriales en busca de un ingreso regular —aunque fuera raquítico—. Tan sólo de 1997 a 2001, el número de obreros maquiladores creció de unos 800 mil a un millón 240 mil. Pero incluso antes de la actual recesión económica, la industria podía emplear sólo a una ínfima parte de la población rural que era echada de sus tierras. Ahora se ha cerrado esa válvula, con despidos masivos y cierres de plantas a través del país y en proporciones aún mayores en la franja fronteriza. Tan sólo en 2001, según la Universidad Obrera, hubo en el país 810 mil despidos, de los cuales 310 mil se dieron en las maquiladoras. Estos despidos han afectado sobre todo a la mujer obrera, que constituye la mayoría de la fuerza de trabajo en las maquiladoras.
La firma del TLC se dio como parte de la ofensiva capitalista a escala mundial detonada por la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS en 1991-92, una gigantesca derrota para los trabajadores que dio forma al mundo en el que todavía hoy vivimos. Es un mundo en el que el arrogante imperialismo estadounidense se ve a sí mismo como omnipotente y recorre el planeta misiles en mano confiado en que no va a encontrar ninguna oposición real. En ausencia del poderoso "enemigo común" que los imperialistas de EE.UU., Europa Occidental y Japón veían en la Unión Soviética, las rivalidades económicas entre ellos han pasado a primer plano.
Es como parte de esta competencia furiosa que el imperialismo estadounidense necesita cercar económicamente su "patio trasero" (es decir el México capitalista) para dejar afuera a sus rivales y quedar acreditado como la única potencia imperialista que puede saquear este territorio a voluntad. Para un país atrasado como México, la apertura comercial frente a un país imperialista como EE.UU., con su industria agrícola altamente avanzada y productiva, sólo puede significar una condena a muerte por hambre de miles de campesinos y una profundización aún mayor de la subyugación política y la rapiña económica. Así mismo, la "libre competencia" con EE.UU. exige al capitalismo mexicano un recrudecimiento en su campaña por la "competitividad", que es el eufemismo que usan los portavoces del capital para referirse a su guerra permanente contra los sindicatos y las conquistas obreras. Y es que son precisamente la mano de obra barata y la brutalidad de las condiciones de trabajo permitidas en el México burgués lo que atrae a los voraces capitalistas de EE.UU., España y otros países en busca de ganancias.
Al mismo tiempo, la burguesía mexicana busca desesperadamente complacer a sus amos imperialistas vendiendo la industria nacionalizada a la iniciativa privada. A excepción de la energía eléctrica y el petróleo, prácticamente toda la industria estatal ha desaparecido —Altos Hornos, Concarril, la Fábrica Nacional de Máquinas-Herramientas, etc.—. Todavía está fresca la experiencia de Ferrocarriles Nacionales, que después de la privatización despidió a cuatro quintas partes de sus trabajadores. Más aún, la espantosa crisis de Argentina, un país donde las industrias clave habían sido privatizadas, muestra claramente a dónde lleva el camino que ordena el FMI —¡más del 60 por ciento de la población vive por debajo del nivel oficial de pobreza!—. Como decía un evocativo cartel publicado por el SME: "si privatizar es la cura, ¿por qué Argentina agoniza?"
Los marxistas defendemos a la industria nacionalizada contra la actual embestida privatizadora, que es un intento por elevar la tasa de explotación de los obreros y las ganancias de los capitalistas, especialmente con el pillaje por los imperialistas a través del TLC. Las nacionalizaciones del petróleo y la industria eléctrica fueron un golpe al imperialismo, y estamos por el derecho de los países coloniales y semicoloniales a explotar sus propios recursos naturales. Como explicó Trotsky en "México y el imperialismo británico" (1938) refiriéndose a la expropiación petrolera: "la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia". A fin de cuentas, la única forma de obtener la emancipación frente al imperialismo consiste en la expropiación de toda la burguesía y la construcción de una economía planificada mediante la revolución socialista.
Como tendencia internacional, los espartaquistas nos hemos opuesto desde el principio al TLC, del mismo modo como hoy nos oponemos a su intensificación y a su extensión al resto de América Latina bajo la forma del ALCA. No basta "renegociar" tal o cual cláusula, ¡hay que echarlo abajo! Cuando el tratado empezó a negociarse entre los gobiernos de Carlos Salinas y Bush padre en 1991, las secciones de México, Estados Unidos y Canadá de la Liga Comunista Internacional (LCI) emitimos una declaración internacionalista de oposición al tratado (ver "Alto al TLC, rapiña a México por el imperialismo EE.UU.", Espartaco No. 2). Tomando como punto de partida el interés indivisible del proletariado mundial, la declaración trinacional explica:
"Lejos de ‘liberar’ el comercio a escala internacional, el tratado tiene como meta el establecimiento de un coto de caza privado para la burguesía imperialista estadounidense, sus socios menores canadienses y sus lacayos en la clase dominante mexicana. Ya desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, Lenin señalaba que los estrechos límites del estado-nación capitalista se habían convertido en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas, dando origen a una lucha por una nueva repartición del mundo. Los diversos ‘mercados comunes’ de ningún modo superan esto, sino que intensifican las rivalidades interimperialistas. Nosotros los trotskistas, los comunistas, luchamos por la integración económica del mundo sobre bases socialistas. Pero el TLC es un paso reaccionario hacia la guerra comercial mundial (y de ahí a una guerra armada). El pacto comercial con México es la respuesta del imperialismo estadounidense al IV Reich y a Japón, S.A."
Para luchar contra las privatizaciones y el TLC es necesario movilizar el poder social de la clase obrera: ¡Por movilizaciones obreras para detener el TLC y el ALCA!
¡Por la revolución obrera! ¡Por una federación socialista de las Américas!
La historia del capitalismo latinoamericano ha sido una de constantes oscilaciones entre el proteccionismo populista y la retórica nacionalista, por un lado, y la apertura comercial del "libre mercado" por el otro. Alternativamente, la burguesía de estos países recurre al populismo, temerosa del descontento de las masas, y protege su industria con barreras arancelarias y subsidios. Entonces, bajo la presión política del imperialismo y por su propia ineficacia interna, este modelo fracasa y la burguesía recurre nuevamente al liberalismo del "libre mercado", entregando la economía a los imperialistas, que en pocos años fracasa también al destruir al mercado interno y condenar a las masas a un empobrecimiento aún mayor, y el ciclo vuelve a comenzar. El ascenso de gobernantes burgueses con retórica populista como Chávez en Venezuela y el socialdemócrata Lula en Brasil apunta hacia esto último. Las únicas constantes en esta inhumana rueda de la fortuna son la subyugación frente al imperialismo y la miseria humana de millones de campesinos y trabajadores.
México es un país capitalista atrasado, política y económicamente dependiente de los imperialistas estadounidenses. Ha habido a lo largo de las últimas décadas una inversión masiva de capital imperialista. Esto se ha traducido en un desarrollo desigual y combinado; las condiciones de subyugación ancestrales del campo coexisten con una infraestructura industrial moderna y correspondientemente, con un proletariado urbano joven, poderoso y dinámico. La mayor parte de esas industrias modernas que se han levantado en suelo mexicano no le pertenecen a una burguesía nacional desarrollada correspondientemente, sino al imperialismo extranjero (estadounidense en su mayor parte). Por eso, la burguesía nacional de países como México tiene el control del poder estatal, pero es socialmente débil y está condenada a vivir dependiendo de sus patrones imperialistas, enfrentando al mismo tiempo a un proletariado moderno y poderoso y a una masa de campesinos descontentos en su propio territorio.
A diferencia del viejo campesinado, la clase obrera moderna se encuentra en una relación directa con los medios de producción (y generación de ganancia) más dinámicos y productivos de la sociedad: tiene, pues, el poder social necesario para emprender victoriosamente la lucha por la emancipación de todos los explotados y oprimidos. Así, es este proletariado industrial moderno, resultado de la inversión y de la sed de ganancias del capitalismo, el que puede convertirse en su sepulturero. En última instancia, la burguesía nacional teme mucho más a la movilización de "sus propias" masas, que a sus amos estadounidenses.
Pero si la subordinación de los panistas a los dictados de Estados Unidos es franca y bien conocida, existen otras fuerzas capitalistas de ideología nacionalista que se presentan como una alternativa a esta subyugación descarada y proponen en cambio una subyugación más "digna". Este es el caso del PRD, fundado por viejos dirigentes priístas como Cuauhtémoc Cárdenas en oposición al giro "neoliberal" del PRI en la década de 1980.
Hoy, los funcionarios perredistas conceden medidas mínimas de bienestar social en las entidades que gobiernan (como los subsidios a los adultos mayores de López Obrador en el DF), que en contraste con las medidas descaradamente antipopulares de los panistas (como el incremento del IVA), los hacen parecer amigos de las masas. Este partido nacionalista ha sido desde su origen un polo de atracción para toda la "izquierda" reformista, que sueña con una solución nacionalista burguesa a las reivindicaciones democráticas más candentes. Pero el PRD no es más que un partido burgués comprometido a la perpetuación de la dominación capitalista. Por eso mismo tampoco puede poner en duda la subordinación de México al imperialismo estadounidense.
Esto se ha reflejado explícitamente en la posición del PRD respecto al TLCAN, al que este partido no se opone, limitándose a pedir que su capítulo agrario se renegocie en términos menos desfavorables. Cuando el tratado se firmó en 1991, Cuauhtémoc Cárdenas habló de un fantasioso "tratado alternativo" de libre comercio con el imperialismo que incluyera un "estatuto social" y "normas comunes sobre derechos laborales, sociales y medioambientales" (Canadian Tribune, 21 de enero de 1991). Cárdenas ofrece sus políticas populistas burguesas como una forma más factible de crear una "convergencia de intereses nacionales" con los imperialistas yanquis, ya que "únicamente un gobierno mexicano con...credenciales nacionalistas impecables" puede hacer que la clase obrera acepte "compartir" las consecuencias (Foreign Policy, primavera de 1990). Esta política no es el resultado de una traición encubierta ni de la corrupción de tal o cual dirigente, sino que es la consecuencia lógica e ineludible de su carácter de clase. Pese a que ocasionalmente el PRD utiliza la movilización popular para situarse mejor en su competencia con sus rivales burgueses, este partido ha mostrado sobradamente que está perfectamente dispuesto a reprimir todo intento de los oprimidos de rebelarse contra las injusticias inherentes al capitalismo. Así, el gobierno perredista de la Ciudad de México reprimió sistemáticamente las manifestaciones de la huelga estudiantil de 1999-2000 en defensa de la educación gratuita, trató repetidamente de descarrilarla por medios políticos, y finalmente apoyó el reaccionario "referéndum" que las autoridades universitarias usaron para "justificar" la brutal represión del 6 de febrero, además de mandar a sus propios granaderos en apoyo a la Policía Federal Preventiva para romper la huelga. Fue este gobierno quien ordenó el sangriento desalojo de los residentes de Xochimilco el otoño pasado. Hoy, el gobierno del DF ha llegado al extremo de solicitar la asesoría del cerdo racista Rudolph Giuliani, que como alcalde de Nueva York se hizo famoso por sus medidas policiacas de estado de sitio, incluyendo el famoso caso de Amadou Diallo, un inmigrante africano inocente y desarmado, que murió acribillado con 41 tiros a manos de la policía de Giuliani —¡esto es lo que significa su famosa "tolerancia cero"!—.
Pero si bien a fuerza de macanazos muchos jóvenes activistas han ido perdiendo sus ilusiones en que el PRD burgués pueda actuar directamente como un defensor genuino de los intereses de los oprimidos, en ausencia de un movimiento obrero combativo y prominente, muchos siguen viendo con esperanza a las organizaciones campesinas como el EZLN o los ejidatarios de Atenco para que actúen como un centro del movimiento de resistencia popular. Para ellos, el proletariado no es más que otro sector oprimido, o en todo caso un aliado potencialmente útil. La ausencia de un movimiento obrero combativo que atraiga a los miles de jóvenes que hoy buscan la dirección de los zapatistas subraya el papel reaccionario de las actuales direcciones procapitalistas del movimiento sindical.
En realidad, el campesinado por sí solo no tiene ni el poder social ni el interés objetivo para convertirse en la vanguardia de la emancipación general. Por eso está destinado a seguir políticamente a una de las dos clases fundamentales de la sociedad urbana moderna: el proletariado o la burguesía. En el contexto de una lucha frontal entre la clase obrera y la burguesía, los campesinos pobres pueden ser un aliado importante del proletariado, pero como lo mostró la experiencia de la revolución mexicana de 1910, en ausencia de un proletariado movilizado independientemente, el movimiento campesino está condenado a regresar a la órbita de la política burguesa (ver "Un análisis marxista de la Revolución Mexicana de 1910", Espartaco No. 12). Un ejemplo contemporáneo de esto es la guerrilla del EZLN que a lo largo de su historia, en cada disyuntiva política de relevancia nacional (como las elecciones), ha seguido sistemáticamente la dirección política del PRD. A pesar de sus recientes y justificadas denuncias al PRD por haber votado a favor de la infame "ley [anti]indígena" en el Senado, la estrategia fundamental del EZLN es presionar al gobierno burgués en turno. El EZLN no cuestiona al capitalismo —la raíz de la miseria en la ciudad y en el campo— sino que plantea reformarlo mediante la presión de las masas. Los comunistas llamamos a defender al EZLN y las demás guerrillas izquierdistas del terror estatal burgués, pero también combatimos toda ilusión en que puedan constituir una dirección independiente del movimiento social contra la burguesía.
Una de las bases fundamentales de la economía agrícola de autoconsumo es el ejido. En su cruzada por abrir completamente el campo mexicano a la rapiña imperialista, el gobierno de Salinas aprobó en 1991 la reforma al artículo 27 constitucional que permite a los terratenientes privados comprar, arrendar o enajenar la propiedad ejidal, supuestamente para hacer la tierra más competitiva. Pero la mayor parte de las tierras ejidales son infértiles: laderas rocosas o valles semidesérticos como las "Tierras flacas" descritas en la famosa novela de Agustín Yáñez. La pérdida de estos ejidos priva a sus propietarios de su delgada base de subsistencia, y los condena a una vida de extrema miseria en las ciudades, ya que el dinero que podrían obtener a cambio de sus ejidos apenas alcanza para mantener a una familia por uno o dos meses.
Los comunistas nos oponemos al despojo forzoso de tierras de los campesinos pobres y nos solidarizamos con sus luchas contra los terratenientes y el gobierno, como hicimos cuando el gobierno de Fox pretendía expropiar las tierras ejidales de San Salvador Atenco para construir un aeropuerto. Sin embargo, entendemos que la conservación de las actuales condiciones de la propiedad ejidal no es ninguna panacea. Como escribimos en un volante de julio pasado:
"A diferencia de muchos intelectuales pequeñoburgueses y seudoizquierdistas, nosotros no romantizamos las actuales condiciones de pobreza, aislamiento y atraso del campo mexicano. Queremos que los avances de la tecnología —como educación, tractores, irrigación, comunicaciones, etc.— estén al alcance de la población rural elevando su nivel de comodidad, productividad y cultura. Es imposible llevar esto a cabo dentro del marco del capitalismo: un sistema basado en la producción de ganancias para un puñado de patrones y la miseria de la inmensa mayoría."
—reimpreso en "Atenco: campesinos detienen la expropiación de Fox", Espartaco No. 19, otoño de 2002.
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2016.05.21 18:51 ShaunaDorothy Declaración de la Liga Comunista Internacional ¡Defender a Irak contra el ataque imperialista de EE.UU. y sus aliados! ¡Abajo el bloqueo hambreador de la ONU! (2 - 2) 23 de octubre de 2002

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La doctrina Bush: Los principales policías nucleares del mundo
En septiembre, la administración Bush hizo pública su “Estrategia de seguridad nacional”, una bomba diplomática que consagra el principio de la guerra “preventiva”, incluso con armas nucleares, contra cualquiera que se le ponga en el camino a EE.UU. y declara que ninguna potencia remontará jamás la enorme ventaja militar que EE.UU. ha alcanzado desde que la Unión Soviética fue destruida a través de la contrarrevolución capitalista en 1991-92. (El presupuesto militar estadounidense es ahora mayor que el de los siguientes 19 países juntos.) Esta amenaza está dirigida en primer lugar contra China, así como contra los rivales imperialistas de EE.UU. Esta nueva política representa un cambio significativo en la manera en la que EE.UU. ha dominado al mundo desde que emergió triunfante de la primera y la segunda guerras mundiales interimperialistas sobre sus rivales. Por décadas, EE.UU. ha envuelto su absoluto bandidaje en el disfraz de la “democracia” y la “liberación” de la gente de “las dictaduras”. Las Naciones Unidas con frecuencia han servido de hoja de parra “humanitaria” para el terror y la destrucción que ha desatado el imperialismo estadounidense a lo largo y ancho del mundo, desde la Guerra de Corea de 1950-53 hasta el bloqueo hambreador contra Irak.
Las quejas de los socialdemócratas y los falsos izquierdistas europeos respecto de la “unilateralidad” de EE.UU. no representan ninguna oposición clasista al imperialismo estadounidense; representan tan sólo los chillidos de estados menos poderosos y sus apologistas, que quieren un trozo más grande del botín y preferirían ser tratados de forma menos grosera. Sus maniobras en la ONU son en esencia juegos de poder para presionar un poco a los EE.UU., buscando satisfacer sus propios intereses nacionales. Lenin llamaba “guarida de ladrones” a la predecesora de la ONU, la Liga de las Naciones, y actualmente la ONU sirve para el mismo propósito: regular las disputas globales dentro del marco establecido por las potencias imperialistas más poderosas, cubriendo todas sus maniobras como misiones de “pacificación”. Hoy en día, EE.UU. se siente lo suficientemente confiado para dejar caer esta máscara y gruñir una advertencia directa: “haz lo que digo o podrías ser el siguiente”. Y de hecho lo hacen, ¡accediendo a exentar al ejército estadounidense de los tribunales internacionales que juzgan crímenes de guerra y accediendo también a las apelaciones de EE.UU. a los iraquíes para que asesinen a su jefe de estado!
El cambio de política de la Casa Blanca no es meramente una cuestión de semántica o de ausencia de sutilezas diplomáticas. Es la forma que ha tomado el “nuevo orden mundial” que surgió de la caída de la Unión Soviética. La Unión Soviética era la tierra natal de la Revolución de Octubre de 1917, la primera, y hasta ahora la única, revolución obrera victoriosa en el mundo. El sistema de explotación capitalista fue derrocado y remplazado por una economía planificada y colectivizada. Sin embargo, en ausencia de revoluciones socialistas en Alemania y otros países industriales avanzados, el joven estado obrero permaneció empobrecido y rodeado de potencias imperialistas hostiles, y los propios obreros soviéticos fueron políticamente expropiados por una casta burocrática conservadora, similar a la burocracia obrera que descansa sobre los sindicatos en los países capitalistas. León Trotsky, codirigente junto con Lenin de la Revolución de Octubre, luchó contra la degeneración burocrática de la Unión Soviética bajo Stalin y luchó por devolver a la Unión Soviética al camino del internacionalismo revolucionario. En 1933, Trotsky llamó por una revolución política para expulsar a la burocracia, al tiempo que seguía insistiendo que era deber del proletariado internacionalmente defender militarmente al primer estado obrero del mundo de los intentos internos o externos de restauración capitalista.
A pesar de la deformación estalinista, la Unión Soviética era el motor industrial y militar de todos los estados que derrocaron el dominio capitalista, desde Vietnam hasta Cuba. Sin el poderío militar soviético que lo contenga, el imperialismo estadounidense ha estado desbocado, expandiendo su presencia militar en cada continente y cada mar. Las rivalidades interimperialistas, que generalmente se subordinaban a la causa común de destruir la Unión Soviética, han pasado a un primer plano. La reelección del canciller alemán Gerhard Schröder sobre la base de su posición antiamericana sobre el conflicto en Irak (la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en la que la Alemania capitalista ha expresado su abierta oposición a una política estratégico-militar estadounidense de importancia) es una indicación del creciente cisma en el campo imperialista. Otra es el cortejo hacia Corea del Norte por parte de Japón en septiembre, en desafío del objetivo de Bush de matar de hambre y poner en cuarentena a ese “estado delincuente”. Fox, el presidente mexicano que quiere ser el hombre de Bush en América Latina, ni siquiera puede lograr que le arrojen una migaja diplomática de la mesa de Washington en premio por sus servicios. Durante la Guerra del Golfo de 1991, Alemania y Japón pagaron, ellos solos, más del 25 por ciento del costo de la guerra, en tanto que otros aliados de EE.UU. (como Arabia Saudita) cubrieron casi todo lo demás. Sin embargo, Schröder jura que está vez no pagará ni un pfennig y Japón ha puesto en claro que tampoco planea contribuir. La recesión económica que cada vez se hace más profunda está exacerbando las tensiones entre los países de Europa Occidental, Estados Unidos y Japón. Las guerras comerciales económicas entre los bloques rivales y dentro de los mismos por la obtención de porciones más grandes del mercado mundial, conducirán en última instancia a conflictos militares.
Actualmente, EE.UU. tiene la mira puesta en arrebatar y controlar una porción mayor de la riqueza petrolera del Medio Oriente, pero el premio que busca en última instancia es China. Envalentonado por la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética, EE.UU. está incrementando la presión militar contra China —desde la expansión de las bases estadounidenses en las Filipinas hasta el establecimiento de nuevas bases en la frontera afgana—. Al mismo tiempo, EE.UU. y otros imperialistas, al igual que los capitalistas chinos de ultramar, promueven las incursiones del mercado capitalista en las “Zonas Económicas Especiales” para la explotación de libre mercado en el corazón del estado obrero deformado chino. China es uno de los siete blancos potenciales en la mira de los planes estadounidenses para un ataque nuclear preventivo, según se explica en la “Reseña de la postura nuclear” que publicó el Pentágono a principios de este año. A pesar de ello, la miserable burocracia estalinista de Beijing endosó la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU. en Afganistan. Además, hay elementos de la burocracia que buscan convertirse en una nueva clase capitalista dominante, auxiliando a los imperialistas y a la burguesía china de ultramar en su penetración económica de China. El terrible revés sufrido en todos los niveles del progreso humano, desde la mortandad infantil y la esperanza de vida hasta la taza de alfabetización, a partir de la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética y en Europa Oriental es una advertencia para las masas trabajadoras chinas de que entregarse al “libre mercado” significa caer de lleno en la explotación capitalista y en la miseria —y más aún en el caso de China, con sus amplias extensiones de atraso económico—. Están en riesgo las conquistas de la Revolución China de 1949, que sacó a China del yugo de la dominación imperialista, terminó con la esclavitud de la mujer y mejoró enormemente las condiciones de vida de las masas obreras y campesinas a través de la creación de una economía planificada y colectivizada. Nosotros los trotskistas luchamos por la defensa militar incondicional de China —al igual que de Corea del Norte, Vietnam y Cuba— contra el ataque imperialista y la contrarrevolución interna, al tiempo que luchamos por la revolución política proletaria para expulsar a las traicioneras burocracias estalinistas que socavan los estados obreros.
La LCI empleó todos los recursos a su alcance en la lucha para detener la contrarrevolución capitalista en la antigua Unión Soviética, y en Alemania Oriental un poco antes. En ese entonces, buscamos reimplantar el comunismo auténtico de los bolcheviques de Lenin y llevar a la clase obrera el brillante análisis de Trotsky sobre el carácter contradictorio de los estados obreros deformados, para poder construir partidos revolucionarios internacionalistas que funcionaran como el instrumento necesario para defender las viejas conquistas y obtener otras nuevas. No tuvimos éxito, pero el amargo resultado de la victoria del capitalismo —un mundo mucho más peligroso de guerras y explotación imperialista desatada— hace que las luchas inmediatas resulten mucho más urgentes y fortalece nuestra determinación. En contraste, prácticamente toda la “izquierda” aulló al lado de los lobos imperialistas, al respaldar las fuerzas de la contrarrevolución en la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental. Al hacerlo, expresaron su acercamiento con sus burguesías nacionales. De ese modo, no es sorprendente que, reflejando el incremento en las diferencias entre las principales potencias imperialistas, estos “izquierdistas” hayan actuado como tamborileros a favor de los “derechos humanos” en apoyo de sus gobernantes imperialistas contra Serbia en 1999 y hoy adopten una postura “contra la guerra” que no es sino una fachada rosa para los intereses nacionales de sus propias clases capitalistas dominantes.
La falsa izquierda marcha al ritmo de sus propios gobernantes capitalistas
Es correcto oponerse al imperialismo estadounidense, pero promover la idea de que los imperialistas europeos son más benévolos y progresistas que sus rivales estadounidenses no es sino vil socialchovinismo. Sin embargo, ésta es precisamente la moneda falsa de la “izquierda” europea. De ese modo, la italiana Rifondazione Comunista (RC), la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR) francesa y los británicos Socialist Workers Party (SWP) y Workers Power (WP), entre otros muchos, firmaron un llamado “A todos los ciudadanos de Europa y todos sus representantes” que proclama:
“Quienes muestren solidaridad con el pueblo de Irak no serán escuchados en la Casa Blanca. Pero tenemos la oportunidad de influenciar a los gobiernos europeos —muchos de los cuales se han opuesto a la guerra—. Llamamos a todos los jefes de estado europeos a que se opongan públicamente a esta guerra, tenga o no el respaldo de la ONU, y a que exijan que George Bush abandone sus planes de guerra.”
¡Qué apelación más conmovedora a la burguesía alemana de Auschwitz, a los imperialistas franceses que bañaron en sangre a Argelia, a los británicos que saquearon al subcontinente indio y dividieron el Medio Oriente, y cuyas tropas imperialistas reprimen brutalmente a los católicos en Irlanda del Norte! ¿Y qué hay de los actores secundarios de hoy, como los belgas, cuya ocupación colonial del Congo no tuvo rival en su brutalidad, o los holandeses, que subyugaron a Indonesia y también estuvieron involucrados en el tráfico de esclavos intercontinental? Y no hay que olvidar que fue la burguesía italiana la que puso campos de concentración en Libia y la que utilizó gas venenoso contra la población etíope. Además, este sangriento pasado colonial pavimentó el camino para la represión contra los inmigrantes de piel oscura por parte de los gobernantes actuales de Europa Occidental, desde el racista Rasterfahndung (un sistema que usa computadoras para fichar a las personas por su raza, principalmente a los inmigrantes musulmanes) en Alemania, hasta el terror policiaco racista institucionalizado de la campaña francesa de “Vigipirate”, las muertes por ahogamiento de refugiados albaneses que viajaban en bote provocadas por Italia, las deportaciones de personas en busca de asilo por parte de Gran Bretaña y un muy largo etcétera.
Posiblemente los “izquierdistas” firmantes de la declaración citada anteriormente sienten que sus amos imperialistas les “deben” una. Después de todo, ellos de hecho ayudaron a colocar en el poder gobiernos reaccionarios a lo largo de Europa. El SWP británico se declaró “encantado” cuando Tony Blair, el perro faldero de Bush, se convirtió en Primer Ministro por primera vez. La LCR francesa hizo una vigorosa campaña “en las calles y en las urnas” para “poner alto a Le Pen” y colocar en el poder al gaullista de derecha Jacques Chirac. El grupo cliffista alemán, Linksruck, ayudó a poner una vez más en el poder a Schröder (que aprovechó la Guerra de los Balcanes para convertirse en el primer hombre en enviar tanques del Bundeswehr fuera de Alemania desde Adolf Hitler) como un candidato antiestadounidense “a favor de la paz”. El líder de la RC italiana, Bertinotti, suelta palabrería que suena izquierdista acerca de una “huelga general europea a favor de la paz” (excluyendo notoriamente a los trabajadores estadounidenses), mientras apela simultáneamente a los jefes de estado europeos, incluyendo al derechista Berlusconi (que está aliado con los fascistas) para que se opongan a la guerra. En los hechos, Bertinotti está llamando a “una huelga a favor de la paz” por parte de los gobiernos capitalistas. Proposta y Falcemartello (la rama italiana de los grantistas británicos), acurrucados al interior de RC, se niegan a tomar un lado y defender a Irak, y promueven manifestaciones contra las bases militares estadounidenses sin dirigirse al imperialismo italiano. De hecho, Proposta respaldó al anterior gobierno de RC y la coalición “Ulivo” que invadió Albania en 1997. En el ciberespacio, Workers Power y su League for a Revolutionary Communist International (LRCI) llaman a “defender a Irak”, pero en las calles de Gran Bretaña hicieron campaña a favor de Tony Blair, que lleva a cabo la guerra contra Irak. Workers Power hizo campaña abiertamente a favor de la derrota de Serbia a manos del Ejército de Liberación de Kosovo —un instrumento del imperialismo de la OTAN durante la Guerra de los Balcanes— y apareció en una manifestación en Londres que incluía prominentemente el llamado “¡Buena suerte OTAN!”. WP también hizo la declaración demente de que “en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo, una situación prerrevolucionaria está madurando” (“La lucha para derrocar a Milosevic en Serbia”, declaración de la LRCI, 11 de agosto de 1999).
En Gran Bretaña, el SWP cliffista saca espuma por la boca contra la “guerra de Bush” y, sin embargo, apoyó la entrada de tropas imperialistas británicas a Irlanda del Norte en 1969 ¡y todavía no puede decidirse a exigir su retiro inmediato incondicional! Aunque ocasionalmente denuncian a las Naciones Unidas en sus periódicos, varios afiliados internacionales de la tendencia de Cliff constituyen el ala derecha del movimiento contra la guerra y criminalmente crean ilusiones en la ONU, cuyas sanciones contra Irak son un acto de guerra asesino. En 1990-91, el SWP organizó el Committee to Stop the War in the Gulf [Comité para detener la guerra en el Golfo] dirigido por Tony Benn, quien apoyó las sanciones de la ONU. Ahora, Linksruck ha publicado una petición en su sitio de Internet: “Apelamos al Gobierno Federal Alemán con gran preocupación: ¡Hay que hacer todo lo posible en el marco de la ONU en respuesta a los EE.UU. para evitar la amenaza de guerra!”
En Australia, la International Socialist Organisation (ISO) anunció en el número del 4 de octubre del Socialist Worker que respalda la Victorian Peace Network (VPN), un grupo contra la guerra que afirma: “Las resoluciones de la ONU sobre el desarme y los derechos humanos sólo funcionarán si son aplicadas de manera pareja, sin miedos ni favoritismos. Todas las potencias nucleares y todos los estados del Medio Oriente deben abolir sus reservas de armas químicas, biológicas y nucleares.” Éste es un llamado abiertamente proimperialista por el desarme de Irak frente al inminente ataque estadounidense y británico. Por lo que respecta a los imperialistas, sólo serán desarmados cuando sean expropiados por revoluciones obreras victoriosas. Colgándose de los faldones de liberales como el VPN, la ISO termina de nuevo en el campo del imperialismo.
De forma similar, el marcyista Workers World Party (WWP) de Estados Unidos habla de forma un poco más izquierdista en su periódico, pero en la práctica dedica sus esfuerzos a subordinar al movimiento contra la guerra a los políticos capitalistas en el Partido Demócrata del racismo y la guerra. El WWP promueve a Ramsey Clark, que fue policía en jefe en la administración de Lyndon Johnson durante la Guerra de Vietnam y hoy exige que el imperialismo estadounidense “nos guíe en el camino hacia la paz”.
Las bases militares estadounidenses a lo largo de Europa y Asia, al igual que las instalaciones de espionaje de alta tecnología como Pine Gap en Australia, se han convertido en blancos dignos de las protestas contra la guerra efectuadas por izquierdistas y sindicatos. Sería bueno que EE.UU. fuera privado de sus plataformas internacionales de lanzamiento para la guerra contra Irak. Pero, sin importar toda la palabrería electorera del canciller alemán Schröeder contra la guerra en Irak, es altamente improbable que interfiera de modo alguno con las principales bases aéreas o instalaciones militares estadounidenses a lo largo de Alemania, que alojan a unas 70 mil tropas estadounidenses. Lo que necesitamos no es un “movimiento contra la guerra” de apoyo socialchovinista a la “propia” burguesía de uno, sino una oposición revolucionaria, proletaria e internacionalista a las bases de EE.UU. y la OTAN. El Partido Obrero Espartaquista, sección alemana de la LCI, llama por el retiro inmediato de todas las tropas alemanas de los Balcanes, Afganistán y el Medio Oriente. Y mientras que gran parte de la izquierda hizo campaña a favor de la intervención imperialista en Timor Oriental en 1999, la Spartacist League/Australia se opuso a la presencia militar australiana allí desde el principio.
El grupo francés Lutte Ouvrière (L.O.) parece haberse separado del pantano e incluso denunció “la total hipocresía de los estados europeos respecto del incremento en el belicismo de Bush” (Lutte Ouvrière, 6 de septiembre). Sin embargo, L.O. no ofrece perspectiva alguna para una contienda contra la guerra basada en la lucha de clases, y mucho menos contra el reflejo local de esta campaña bélica: el incremento en el terror de estado policiaco contra los inmigrantes, los sans-papiers (inmigrantes indocumentados) y los jóvenes de “segunda generación”. L.O. ha oscilado salvajemente en los últimos meses, yendo desde el apoyo grotesco a las “huelgas” policiacas y los llamados por más policías en los barrios pobres hasta la oposición a la brutalidad policiaca. Sin embargo, en lo que es consistente L.O. es precisamente en su firme negativa a luchar por cualquier otra cosa que no sean las demandas económicas más estrechas del proletariado. De manera increíble, en meses de volantes fabriles de L.O. no puede encontrarse ni una palabra contra el racismo antiinmigrante, pero sí pueden encontrarse muchos de sus eternos balbuceos reformistas acerca de “prohibir los despidos”. De ese modo, L.O. cumple con su parte para atar a los obreros a los explotadores con la mentira de que el sistema capitalista de algún modo puede ser regulado bajo un “buen” gobierno para que sea “humanitario”.
En su compendio clásico contra la guerra, El socialismo y la guerra, escrito en 1915 en el crisol de la Primera Guerra Mundial, Lenin escribió:
“El contenido ideológico y político del oportunismo y del socialchovinismo es el mismo: la colaboración de las clases en lugar de la lucha entre ellas, la renuncia de los medios de lucha revolucionarios y la ayuda a ‘sus’ gobiernos en su difícil situación, en lugar de sacar partido de esas dificultades en interés de la revolución.”
De hecho, el apoyo de los seudomarxistas a sus propios gobernantes, como si fueran más morales o humanos que la burguesía estadounidense, es el mismo argumento que usaron los socialdemócratas alemanes como “justificación” para “defender a la patria” y votar a favor de los créditos de guerra para el Kaiser en 1914. Este abandono de la perspectiva marxista fundamental de clase contra clase —encapsulada en el llamado inequívoco de El Manifiesto Comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”— impulsó a Lenin a arrancarse la camisa sucia de la II Internacional y a construir una nueva III Internacional comunista. La traición de los socialdemócratas hizo que Lenin se diera cuenta que el oportunismo tenía una base material en el movimiento obrero mismo, particularmente entre los funcionarios sindicales que ataban su destino al sistema capitalista. La mayor contribución de Lenin al marxismo fue su conclusión de que la ruptura decisiva con los oportunistas era la precondición para que el proletariado luchara por sus propios intereses de clase y por su propio dominio de clase. Compárese este entendimiento con el oportunismo fundamental de grupos como el Comité por una Internacional de los Trabajadores de Peter Taaffe, encabezado por el Socialist Party británico, que ocasionalmente puede hacer declaraciones que suenan ortodoxas acerca de que el capitalismo es la raíz de la guerra, pero que está comprometido a apoyar a socialdemócratas como el Partido del Socialismo Democrático alemán.
Lenin explica en El socialismo y la guerra:
“Hoy la unidad con los oportunistas significa de hecho la subordinación de la clase obrera a ‘su’ burguesía nacional y la alianza con esta burguesía para la opresión de otras naciones y para la lucha por los privilegios propios de una gran potencia, constituyendo, al mismo tiempo, la escisión del proletariado revolucionario de todos los países.”
Lenin concluye que la tarea inmediata consiste en:
“[U]nir a estos elementos marxistas —por poco numerosos que sean al principio—, en recordar en su nombre las olvidadas palabras del verdadero socialismo y exhortar a los obreros de todos los países a que rompan con los chovinistas y se agrupen bajo la vieja bandera del marxismo.”
El Medio Oriente, detonador para una Tercera Guerra Mundial
Para movilizar plenamente y de manera efectiva a los obreros y a los trabajadores rurales de Irak contra el imperialismo estadounidense, es necesario que el régimen iraquí sea derrocado y remplazado por un gobierno de consejos (soviets) obreros y campesinos como el que fue establecido por la Revolución Bolchevique Rusa de 1917 bajo la dirección de Lenin y Trotsky. De ese modo, un partido leninista-trotskista en Irak hoy en día buscaría combinar la lucha por la independencia nacional contra el militarismo estadounidense con una revolución social contra los capitalistas y los terratenientes iraquíes. Los líderes árabes a través del Medio Oriente temen que una invasión estadounidense de Irak encienda el descontento social en sus propios países. Mientras tanto, Israel continúa golpeando a los palestinos, haciendo pedazos toda estructura básica de la sociedad en los Territorios Ocupados y planteando la muy real posibilidad de una expulsión masiva de los palestinos. La guerra dirigida por EE.UU. contra Irak podría proporcionar una “cubierta” a los planes genocidas de Sharon. Turquía teme que la destrucción del régimen de Saddam Hussein pueda incitar una lucha por parte del pueblo kurdo en Irak —y Turquía— por sus derechos nacionales. El Medio Oriente es un mosaico de estados artificiales cuyas fronteras fueron literalmente dibujadas por los imperialistas para que se adecuaran a sus apetitos coloniales, incluyendo el control de las vitales reservas petroleras.
La dominación imperialista ha reforzado el atraso social y la brutal represión contra las mujeres, los homosexuales y las minorías étnicas y religiosas en el Medio Oriente. La “guerra santa” antisoviética del imperialismo estadounidense en Afganistán en los años 80, junto con la bancarrota del nacionalismo árabe y las traiciones nacionalistas de los partidos comunistas estalinistas, ayudó, y no en poca medida, a alimentar el asenso del fundamentalismo islámico en el Medio Oriente. En tanto que buena parte del resto de la izquierda marchó detrás de los imperialistas y en contra de la Unión Soviética en Afganistán, nosotros, de manera única, tomamos lado con el Ejército Rojo contra los reaccionarios islámicos respaldados por la CIA. La presencia soviética trajo la esperanza de la liberación a los pueblos afganos y especialmente a las mujeres esclavizadas por el velo y la ley islámica. En ese entonces proclamamos: ¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán! ¡Extender las conquistas de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos! Nos opusimos a la traicionera retirada de Afganistán por parte de Gorbachov y advertimos proféticamente sobre el impulso que ésta le daría a la contrarrevolución, señalando: “Es mejor luchar en Afganistan que en Moscú”.
En los centros urbanos a través del Medio Oriente hay un proletariado industrial moderno que tiene el poder social y el interés de clase para trascender las divisiones étnicas y religiosas y para barrer con el orden capitalista. La tarea es hacer al proletariado consciente de sus intereses, combatiendo todas las variantes del nacionalismo, incluyendo el nacionalismo “progresista” de la Organización para la Liberación de Palestina, y toda forma de fundamentalismo religioso. La clave es forjar una dirección revolucionaria basada en el programa de la revolución permanente de Trotsky, que enseña: “Con respecto a los países de desarrollo burgués retrazado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas” (La revolución permanente, 1929).
Trotsky enfatizó que “el destino ulterior de la dictadura [proletaria] y del socialismo dependerá, en último término, no tanto de las fuerzas productivas nacionales como del desarrollo de la revolución socialista internacional.” Hoy en día, en el Medio Oriente la lucha contra la guerra y la dominación imperialistas, y contra el opresivo dominio capitalista de los despóticos jeques, coroneles y gobernantes sionistas, no puede ser resuelta dentro de los confines de un solo país. La justicia para el pueblo palestino, la emancipación nacional de los kurdos y la emancipación de las mujeres del velo y la sharia (ley islámica), requiere que los fundamentalistas medievales en Irán y Sudán, los sangrientos carniceros en Siria e Irak, las monarquías reaccionarias en Jordania, Arabia Saudita y los estados del Golfo y los asesinos y enloquecidos gobernantes sionistas de Israel sean todos barridos. ¡Todas las fuerzas de EE.UU., la OTAN y los demás imperialistas fuera del Medio Oriente! ¡Israel fuera de los Territorios Ocupados! ¡Defender al pueblo palestino! ¡Por una república socialista del Kurdistán! ¡Por una Federación Socialista del Medio Oriente!
Estas luchas deben ser enlazadas a la lucha por la revolución socialista en los países capitalistas avanzados de Europa, Norteamérica y Japón. A lo largo de los centros imperialistas, los trabajadores inmigrantes y sus hijos representan un puente viviente que conecta la lucha de clases entre las metrópolis y las antiguas colonias, y enlaza a los inmigrantes racialmente oprimidos con el poder del proletariado en su conjunto. Una lucha contra la guerra y contra la opresión racial y nacional no puede ser llevada a cabo con la política de compromisos empujada por los socialdemócratas, los exestalinistas y sus colas en la llamada “extrema izquierda”. La lucha contra la guerra presupone un instrumento revolucionario de combate: un partido trotskista internacional. Ésta es la tarea a la que está dedicada la Liga Comunista Internacional.
La vasta maquinaria de la muerte en manos de los imperialistas es una medida del enorme progreso científico y tecnológico que la Revolución Industrial hizo posible. Hoy en día, la ciencia y la tecnología son empleadas principalmente para allanar el camino a la extracción de ganancias por parte de la burguesía, a través de la aplastante explotación de la abrumadora mayoría de la población mundial, amenazando la existencia misma de la civilización humana. Para hacer que la ciencia y la tecnología actúen en bien de la humanidad se necesita arrancar los medios de producción de las manos de los gobernantes capitalistas imperialistas y crear una economía planificada internacional. Sólo de esta forma podrá empezarse a satisfacer las necesidades de los miles de millones de trabajadores que actualmente están condenados a una terrible y embrutecedora pobreza, y podrá acabarse con la amenaza de la guerra de una vez por todas. Sólo la revolución socialista puede acabar con la guerra imperialista: ¡Reforjar la IV Internacional de Trotsky, partido mundial de la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/Irak-lci.htm
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2016.05.21 17:03 ShaunaDorothy Argentina: El FMI apaga el switch ¡Por un partido obrero revolucionario! ¡Romper con el peronismo! (7 de enero 2002)

https://archive.is/eLxkE
7 de enero—El colapso del gobierno del presidente Fernando de la Rúa, del Partido Radical, entre protestas callejeras masivas durante los días 19 y 20 de diciembre ha marcado el comienzo de una crisis social de gran importancia en Argentina. Mientras que manifestantes enfurecidos combatían las embestidas de la policía en la Plaza de Mayo, De la Rúa escenificó un escape en helicóptero, envuelto en pánico, desde el techo de su asediado palacio presidencial. Después de él, tres presidentes más vinieron y se fueron en menos de dos semanas, al tiempo que continuaba el descontento popular.
Ahora, Eduardo Duhalde del partido peronista ha sido asignado a dirigir un autodenominado “gobierno de salvación nacional”. El nuevo régimen busca apaciguar a las masas a través de dádivas retóricas y suavizando una pequeña porción de las duras medidas de austeridad ordenadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los ataques que han sido dictados por los imperialistas, centralmente los EE.UU., e implementados por la burguesía argentina han provocado profundo enojo en toda la población. Ahora, el gobierno de Duhalde ha interrumpido temporalmente el pago de la deuda argentina de 155 mil millones de dólares a los banqueros internacionales —el incumplimiento más grande de ese tipo en la historia—. El gobierno también anunció una devaluación del peso, así como medidas supuestamente dirigidas a aliviar la situación apremiante de los pobres. Pero nadie finge que esto pondrá fin a los levantamientos. Días antes de que tomara el poder, el mismo Duhalde advirtió que el país podría entrar en una espiral hacia la guerra civil.
Argentina se encuentra en un callejón sin salida: la población ya no va a aceptar ser gobernada como antes, en tanto que los gobernantes ya no pueden gobernar como antes. Cerca de la mitad de la población a duras penas vive por debajo de la línea de pobreza, el desempleo oficial es de casi el 20 por ciento, gran parte de la clase obrera se encuentra en una situación desesperada y los estándares de vida de la clase media pequeñoburguesa, que alguna vez fueron los más prósperos en América Latina, están desplomándose. Los dos partidos burgueses más prominentes —los radicales y los peronistas justicialistas, quienes sirvieron como ejecutores de línea dura para el FMI bajo el régimen de Carlos Ménem en los 90— son ampliamente vilipendiados entre las masas trabajadoras. Y acechando en las sombras se encuentra el ejército, cuya brutal dictadura militar desde 1976 hasta 1983 vio a más de 30 mil izquierdistas y militantes obreros ser asesinados o “desaparecidos”.
La ola de luchas que derribó al régimen de De la Rúa comenzó en las provincias con el bloqueo de caminos llevado a cabo por piqueteros desempleados y semiempleados. A continuación, se extendió a las ciudades, donde las masas hambrientas saquearon tiendas de abarrotes y trabajadores en huelga apedrearon oficinas del gobierno, llevando a De la Rúa a proclamar un estado de sitio. La ola culminó con la octava huelga general en dos años, seguida inmediatamente por protestas masivas de cientos de miles de personas, desde jóvenes obreros, estudiantes y desempleados hasta funcionarios públicos jubilados y amas de casa golpeando cacerolas vacías. Al tiempo que fogatas callejeras ardían en todo Buenos Aires y en otras ciudades, los manifestantes que coreaban “¡Fuera todos ellos!” se enfrentaban con la policía antimotines, que disparaba gas lacrimógeno y municiones reales fuera del palacio presidencial y de las Cámaras del Congreso, controladas por los peronistas. Por lo menos 30 manifestantes fueron asesinados, varios cientos heridos y miles encarcelados antes de que el odiado presidente saliera. ¡Libertad a todos los manifestantes arrestados!
La actual situación en Argentina presenta muchos componentes de una crisis prerrevolucionaria. La burguesía se encuentra en un impasse, existe un agudo descontento entre la pequeña burguesía y la clase obrera ha demostrado una gran combatividad. Sin embargo, crucialmente ausente está una dirección revolucionaria proletaria que pueda dar voz a las aspiraciones de todos los oprimidos en una lucha para hacer añicos el gobierno de la corrupta burguesía argentina y la dominación de sus amos imperialistas. La lucha por un partido proletario de vanguardia es, por tanto, la cuestión central que hoy en día enfrenta Argentina. La lucha por la independencia completa y absoluta de la clase obrera de todos los partidos y agencias del dominio burgúes es decisiva para llevar adelante esta perspectiva.
La mayoría de los sindicatos potencialmente poderosos de Argentina está directamente ligada al partido peronista nacionalista burgués. Hoy, los burócratas sindicales nacionalistas trabajan de nuevo para canalizar el descontento popular a los brazos de los peronistas, cuya retórica “antiimperialista” ocasional sólo sirve para enmascarar su lealtad al imperialismo capitalista. Viviendo bajo el miedo mortal de la leña acumulada en el fondo de la sociedad, los burócratas del movimiento obrero han encontrado necesario llamar repetidamente por huelgas generales en los dos últimos años. Al mismo tiempo, han trabajado de la mano con los gobernantes argentinos para contener el descontento.
Tan sólo hace unos meses, las dos alas de la CGT (Confederación General del Trabajo) peronista firmaron un pacto para controlar el descontento social “en los intereses del país”. En medio de las protestas masivas y las batallas callejeras del 19 y 20 de diciembre, los líderes de la corriente principal de la CGT llamaron por “garantizar la resolución de la gravísima crisis política en el marco de la Constitución” (La Nación, 21 de diciembre de 2001), mientras que la disidente CGT-rebelde llamaba a que el régimen “adopte resoluciones políticas para controlar los desbordes sociales” (La Nación, 20 de diciembre de 2001). Cuando De la Rúa cayó, se unieron con los burócratas “independientes” de la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos), la federación sindical de trabajadores del gobierno y maestros, para cancelar una huelga general emplazada en contra del estado de sitio y corrieron a una reunión privada con el nuevo (y efímero) presidente peronista, Rodríguez Saá.
Por su parte, varias organizaciones seudomarxistas de Argentina —incluyendo a falsos grupos trotskistas de considerable tamaño, algunos con diputados en el parlamento— han sido por mucho tiempo poco más que satélites de izquierda del peronismo. A pesar de que hoy levantan muchas críticas a Duhalde y sus ayudantes en el movimiento obrero, estos grupos impulsan ilusiones mortales en que los obreros y los oprimidos pueden eliminar su miseria dentro del marco del dominio burgués, buscando meramente darle adornos más “democráticos”. Existe una necesidad candente de forjar un núcleo trotskista genuino en Argentina que luche por conectar las actuales luchas a un programa de revolución socialista como la única solución a la crisis del país. En las condiciones actuales, incluso una organización revolucionaria relativamente pequeña podría crecer de manera explosiva y echar raíces en el proletariado, abriendo así el camino para el poder de la clase obrera.
Sólo se puede forjar tal partido sobre la base de un programa de internacionalismo revolucionario proletario que busque extender las luchas del proletariado argentino a toda América Latina y a los centros imperialistas de los Estados Unidos y Europa occidental. En Europa, donde muchos trabajadores están enfrentando despidos masivos y cierres de fábricas, existe una identificación con, y una aprensión hacia, la situación apremiante de las masas argentinas, que son en gran parte de ascendencia europea. Los periódicos y las televisiones europeas están llenos de imágenes de gente tomando los bancos por asalto, enfrentándose a la policía y saqueando tiendas para obtener las necesidades básicas de la subsistencia diaria, en lo que una vez fuera el país más rico de América Latina. Hay un miedo genuino de que si los motines por hambre pudieron estallar en Argentina, entonces una caída dramática de los estándares de vida podría también ser el futuro de los trabajadores europeos. Aunque los mecanismos particulares de colaboración de clases son distintos (reformismo obrero socialdemócrata en Europa, nacionalismo burgués en América Latina), la cuestión fundamental es la misma: desatar a un poderoso proletariado de una dirección procapitalista.
Por su parte, los imperialistas de EE.UU. han visto por mucho tiempo a América Latina como su propia reserva para la explotación. Las dictaduras militares que dominaron América del Sur en los años 60 y 70 fueron el producto de la “Alianza para el Progreso” instituida por el presidente Demócrata y favorito de los liberales, John F. Kennedy, como parte de la “guerra contra el comunismo”. Hoy día, como un reflejo de las exacerbadas rivalidades interimperialistas que han surgido en la secuela de la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, los EE.UU. han buscado extender su rapiña de “libre comercio” a través del TLC contra México a toda América Latina, bajo el propuesto Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Como revolucionarios proletarios en las entrañas de la bestia imperialista estadounidense, la Spartacist League/U.S. lucha para movilizar el poder social del proletariado para hacer añicos el dominio del imperialismo estadounidense desde dentro. Los burócratas sindicales proimperialistas de la AFL-CIO, que por décadas han servido de capataces del imperialismo de EE.UU. en su guerra contra los trabajadores y oprimidos de América Latina, impulsan ahora el veneno chovinista del proteccionismo en contra de estos trabajadores. Romper las cadenas, forjadas por los líderes del movimiento obrero, que atan al proletariado en los EE.UU. a su “propia” clase dominante es central para una perspectiva revolucionaria en todo el hemisferio. ¡Abajo el TLC y el ALCA! ¡Por la revolución socialista en todas las Américas!
El capitalismo argentino en un callejón sin salida
Argentina fue por mucho tiempo uno de los países más avanzados económica y socialmente en el antiguo mundo colonial. Teniendo sustanciales recursos naturales y una fuerza de trabajo altamente educada, y libre del gran peso de los remanentes precapitalistas tales como un gran campesinado, para 1930 se había distanciado enormemente del resto de América Latina en el ingreso per cápita y en los niveles de los salarios. La clase obrera urbana gozaba de un estándar de vida superior, en algunos aspectos, al de la mayoría de los obreros en la Europa continental. Para 1945, habiéndose enriquecido vendiendo comida a los ejércitos imperialistas durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina tenía aproximadamente un ingreso per cápita igual al de Canadá. Hoy, el argentino promedio gana un sexto de lo que gana el canadiense promedio.
La actual postración del país proporciona una vívida ilustración de una de las premisas centrales de la teoría de la revolución permanente, elaborada por el líder marxista revolucionario León Trotsky: que las burguesías de los países capitalistas dependientes son demasiado débiles, están demasiado atadas al imperialismo, y temen demasiado al poder del proletariado para ser capaces de romper el yugo de la dominación imperialista. Las formas de gobierno burgués en Argentina han recorrido toda una gama: desde el liberalismo de laissez-faire (la era de los estancieros burgueses agrarios y la economía de exportación dominada por los británicos a principios del siglo XX), hasta el nacionalismo burgués y el desarrollo industrial patrocinado por el gobierno detrás de barreras proteccionistas (el peronismo en las décadas de los 40 y 50), hasta la dominación imperialista sin freno bajo los recientes regímenes neoliberales. Y éste ha sido el caso tanto bajo los adornos de la democracia burguesa como bajo la bota de la dictadura militar.
Con la destrucción de la Unión Soviética y el fin de las configuraciones de la Guerra Fría, la mínima autonomía que la clase gobernante argentina pensaba que poseía —como se demostró, por ejemplo, durante la Guerra de las Malvinas/Falklands contra Gran Bretaña— se ha evaporado. No hay forma de romper el ciclo de crisis, golpes de estado y represión estatal, que ha sido una constante en Argentina desde por lo menos la década de los 30, sin una lucha proletaria triunfante por el poder estatal. Las tareas del proletariado en Argentina no pueden separarse de las de la clase obrera en el resto de América Latina. Explicando la perspectiva de la revolución permanente en la región, Trotsky escribió:
“Las tesis de la Cuarta Internacional declaran:
“‘Sud y Centro América sólo podrán romper con el atraso y la esclavitud uniendo a todos sus estados en una poderosa federación. Pero no será la retrasada burguesía sudamericana, agente totalmente venal del imperialismo extranjero, quien cumplirá este objetivo, sino el joven proletariado sudamericano, destinado a dirigir a las masas oprimidas. La consigna que presidirá la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta explotación de las camarillas compradoras nativas será, por lo tanto: Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centro América.’”
Trotsky continuó:
“Sólo bajo su propia dirección revolucionaria el proletariado de las colonias y las semicolonias podrá lograr la colaboración firme del proletariado de los centros metropolitanos y de la clase obrera mundial. Sólo esta colaboración podrá llevar a los pueblos oprimidos a su emancipación final y completa con el derrocamiento del imperialismo en todo el mundo.”
—“Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, mayo de 1940
La austeridad hambreadora del FMI enfurece a las masas argentinas
Por más de una década, Washington y el FMI elogiaron a Argentina como un magnífico ejemplo de una “economía emergente fiscalmente responsable”. A cambio, Argentina ha sido un firme aliado del imperialismo estadounidense, comprometiéndose recientemente a enviar 800 tropas “pacificadoras” para auxiliar la guerra estadounidense en Afganistán. Pero ahora el país está en quiebra y en caos (y las tropas van a quedarse en casa).
En un editorial del New York Times intitulado “Llorando con Argentina”, el columnista Paul Krugman escribió:
“Argentina, más que cualquier otro país en desarrollo, se creyó las promesas del ‘neoliberalismo’ (es decir, liberal en el sentido de los mercados libres, no de Ted Kennedy) promovido por EE.UU. Las tarifas fueron recortadas, las empresas estatales fueron privatizadas, las corporaciones multinacionales bienvenidas y el peso atado al dólar. Wall Street celebraba y el dinero llegó en abundancia: por un tiempo, la economía de libre mercado parecía vindicada y sus partidarios no eran tímidos al reclamar reconocimiento. Entonces las cosas comenzaron a caerse a pedazos....
“Ahora Argentina está en completo caos —algunos observadores incluso la comparan con la República de Weimar—. Y los latinoamericanos no ven a los Estados Unidos como un espectador inocente.”
Tan estrechamente atada al destino del dolár estadounidense, la economía argentina fue dañada severamente por el boom financiero y económico de EE.UU. de mediados y finales de los años 90. Éste vio a los inversionistas capitalistas de todo el mundo inundar el mercado alcista de Wall Street, causando que el valor del dólar se incrementara agudamente con relación a casi todas las demás monedas...excepto la de Argentina. El peso argentino —y por tanto el precio de los productos argentinos en el mercado mundial— también se incrementó agudamente en comparación con casi todos los demás países, incluyendo a su principal socio comercial, Brasil. Esto hizo a los productos argentinos poco competitivos y produjo crecientes déficits en la balanza comercial. El mecanismo normal del mercado capitalista para remediar esto sería la devaluación de la moneda, que reduce el precio de las exportaciones en el mercado mundial e incrementa el precio doméstico de las importaciones. Pero en un intento por estabilizar la economía, el gobierno argentino y muchos grandes negocios habían denominado la mayor parte de sus nuevos bonos en dólares, de modo que cualquier devaluación del peso habría incrementado proporcionalmente la deuda de Argentina.
De ese modo el país se deslizó a una profunda recesión hace cuatro años, mucho antes del actual bajón mundial. Los despidos y los cierres de plantas crecían cada mes. Para julio del año pasado, la economía estaba colapsándose a una tasa anual del 11 por ciento y las masas estaban desesperadas. Pero los EE.UU. dejaron claro que esperaban que todos los préstamos negociados por Menem y De la Rúa fueran pagados con intereses. En agosto, Washington armó un “paquete de rescate de emergencia” a través del FMI —para sacar del apuro no a Argentina, sino a los bancos de Wall Street que poseen bonos gubernamentales (y privados) argentinos—. Como es costumbre, esto implicó duras condiciones de austeridad, incluyendo una suspensión del sistema de seguridad social. Pero los obreros y los pobres, junto con una clase media cada vez más empobrecida, no estaban dispuestos a aguantar más y tomaron las calles en protesta. La respuesta del FMI fue congelar mil 300 millones de dólares en ayuda a principios del mes pasado, después de lo cual el gobierno robó 700 millones de los fondos de pensión de los trabajadores gubernamentales para pagar los intereses de la deuda. Todo esto condujo a protestas incluso más amplias, que derribaron al gobierno de De la Rúa.
La situación exige desesperadamente el repudio de la deuda externa, que por décadas ha alimentado las arcas de los imperialistas a expensas de los trabajadores de Argentina. Pero ningún gobierno capitalista argentino va a dar ese paso, ya que acarrearía hostilidad incesante por parte de sus patrones imperialistas y socavaría la base entera de su dominio. Los portavoces del FMI afirman ahora que haga lo que haga el gobierno, ¡se necesitará una reducción adicional del 30 por ciento en los salarios reales, más otros cinco o diez años de recesión, para que Argentina se vuelva internacionalmente competitiva!
Desde el punto de vista de clase de la burguesía, es difícil ver cualquier régimen fuera de la dictadura militar que sea capaz de implementar una austeridad tan asfixiante contra una población ya enfurecida. Sin embargo, cualquier movimiento hacia un golpe militar se enfrentaría con la inmensa oposición de una población que recuerda vívidamente la última dictadura militar, cuyo dominio brutal terminó sólo después de su ignominiosa derrota en la Guerra de las Malvinas/Falklands de 1982.
Desde 1977, las madres en protesta se han reunido en la Plaza de Mayo cada semana para recordar a los miles de asesinados y “desaparecidos” por el gobierno militar, que trabajó de manera cercana con la CIA contra las insurgencias izquierdistas a lo largo de América Latina. Las madres estaban al frente de las gigantescas manifestaciones contra el gobierno del 19 y 20 de diciembre, donde los manifestantes coreaban “¡Madres de la Plaza, el pueblo las abraza!”.
El peronismo: trampa mortal para los obreros
Para tratar de controlar el alzamiento, la burguesía argentina ha recurrido, por ahora, a los peronistas, específicamente al ala de Duhalde que ha escogido ponerse adornos nacionalpopulistas. Éste es un intento transparente de utilizar la nostalgia popular por el gobierno del general Juan Perón de finales de los 40 y principios de los 50, que ha llegado a ser visto como una época de oro en la que se incrementaron los salarios, se implementaron programas sociales y se organizaron los sindicatos. Tras un golpe militar en 1943, Perón emergió como el hombre fuerte de Argentina. Siguió un modelo nacional corporativista de capitalismo en el que sectores claves de la economía eran propiedad del estado, la industria nacional era protegida con tarifas y las licencias de importación y las transacciones cambiarias estaban sujetas a una serie de controles.
Aunque ocasionalmente utilizaban demagogia antiyanqui, los peronistas en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial funcionaban como los agentes políticos locales de Wall Street, manteniendo en línea al proletariado a través de la burocracia sindical. Periódicamente recortaban los salarios y reducían los estándares de vida para pagar la deuda argentina a los bancos estadounidenses y de otros países, generalmente a través del mecanismo de la inflación acelerada, no a través de las medidas deflacionarias favorecidas actualmente por el FMI. Los salarios de los obreros se incrementaban, pero los precios de la comida, el combustible, la ropa y otras necesidades se incrementaban aún más rápido. Perón mismo era un abierto admirador de la España de Franco y la Italia de Mussolini. Durante los “años de las vacas gordas”, proscribió al Partido Comunista, aplastó cada manifestación de independencia obrera y subordinó a los obreros al estado de forma corporativista.
Con el incremento masivo de la industrialización, hubo un correspondiente crecimiento explosivo de los sindicatos. Perón demostró ser bastante exitoso tanto cooptando líderes sindicales disidentes como organizando sindicatos corporativistas dependientes directamente del gobierno para su existencia. Sólo aquellos sindicatos que juraron lealtad a los planes peronistas fueron declarados legales, y sólo los sindicatos legales calificaban para que los patrones descontaran la cuota sindical de los salarios, para recibir subsidios para edificios sindicales y tener acceso a los programas de seguridad social, a los fondos de pensión, etc. El régimen peronista utilizó la retórica “antiimperialista” nacionalista para atar aún más a las masas trabajadoras al estado capitalista argentino.
El nuevo presidente Duhalde, antiguo vicepresidente bajo Menem, el hombre del FMI, ahora salpica sus discursos con alabanzas a Perón y su esposa Eva y culpa cínicamente al “modelo de libre mercado” apoyado por EE.UU., al que llama “inmoral”, de la grave situación del pueblo argentino. Pero este desplazamiento hacia la retórica nacionalpopulista de antaño simplemente está diseñado para fortalecer las fuerzas del capitalismo en América Latina, asegurando de nuevo las ataduras de la clase obrera a su “propia” burguesía nacional. Amplias secciones de la población continuarán sufriendo el terrible empobrecimiento bajo los peronistas de Duhalde mientras estos últimos tratan de “reconstruir” al país sobre las espaldas de la clase obrera y secciones de la pequeña burguesía.
Las cadenas imperialistas que atan al proletariado argentino sólo pueden romperse a través de la lucha por la revolución socialista en Argentina, a lo largo de América Latina y más allá. Una revolución en un país como Francia o España tendría profundos efectos en las luchas de la clase obrera argentina. Por su parte, nada sería más esperanzador para el proletariado en Sudáfrica y para los obreros y oprimidos a lo largo del Tercer Mundo que una revolución socialista en un país como Argentina. La oposición intransigente al nacionalismo burgués peronista, el cual ha llevado una y otra vez al desastre a los obreros y oprimidos argentinos, es crucial para esta perspectiva.
La izquierda argentina promueve el reformismo nacionalista
La oposición al nacionalismo burgués es la última cosa que ofrecen los grupos seudotrotskistas que pueblan la izquierda argentina. Lejos de tener una perspectiva de independencia de clase contra la burguesía, están atascados en el reformismo nacional, particularmente yendo a la cola de los peronistas. La principal corriente del autoproclamado trotskismo en Argentina es la del difunto Nahuel Moreno, representada hoy en día por el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y su escisión, el Partido de Trabajadores por el Socialismo (PTS). En los años 50, Moreno se hacía pasar por peronista “de izquierda”; ¡su periódico en esa época era publicado como “órgano del peronismo obrero revolucionario” y “bajo la disciplina del Gral. Perón y del Consejo Superior Peronista”! (Ver “La verdad sobre Moreno”, Spartacist [edición en español] No. 11, para la historia de esta tendencia.)
Durante la Guerra de las Malvinas/Falklands, la izquierda reformista en Argentina apoyó abiertamente a los militares genocidas en el poder en nombre del “antiimperialismo”. La tendencia morenista presumía que estaba firmemente “en el campo militar de la dictadura argentina” (Correo Internacional, abril de 1982). Con el apoyo de la falsa izquierda, los generales utilizaron la guerra para decapitar una huelga general, parte de una lucha proletaria en expansión contra el régimen militar. En agudo contraste, nosotros luchamos por la oposición proletaria revolucionaria al imperialismo británico, entonces gobernado por la “dama de hierro” Margaret Thatcher, y a los generales argentinos, declarando: “¡Hundir a Thatcher! ¡Hundir a la Junta! ¡El enemigo principal está en el propio país!”.
En 1989, los morenistas le dieron apoyo encubierto a la instauración de un nuevo gobierno peronista bajo Menem. Declarando que “Menem recibió la mayoría de los votos del pueblo trabajador”, preguntaron por qué no utilizaba ese apoyo “para imponer las soluciones que dice que tiene” (El Cronista Comercial, 31 de mayo de 1989). Y eso fue exactamente lo que hizo Menem.
Hoy en día, con los peronistas ampliamente desacreditados, la izquierda argentina está tratando de ocultar su reformismo nacionalista en una retórica ligeramente distinta. El MST morenista y el Partido Comunista estalinista son los principales componentes de la Izquierda Unida (IU), un bloque electorero cuyo programa levanta como su demanda máxima el llamado por “una alternativa política independiente de los trabajadores y el pueblo”. En la secuela del estallido popular que derrocó a De la Rúa, la IU se unió a otro grupo seudotrotskista, el Partido Obrero (PO) de Jorge Altamira, y algunos grupos más pequeños en una declaración del 22 de diciembre que presenta prominentemente el llamado por un “gobierno popular y obrero”. Y el PTS, con una postura más izquierdista, promueve la misma perspectiva en sus volantes y declaraciones, escribiendo que “los revolucionarios del PTS luchamos por un gobierno de los trabajadores y el pueblo” (volante del 31 de diciembre de 2001).
Este llamado deliberadamente confusionista, que disuelve al proletariado en la masa del “pueblo” es la fachada clásica de una alianza de colaboración de clases con un ala de la burguesía nacional (que es, después de todo, parte del “pueblo”). Todos estos grupos sostienen la perspectiva desastrosa y antirrevolucionaria del “frente único antiimperialista”, que no es sino una frase en clave para la subordinación de la clase obrera a su “propia” burguesía. El descontento social en Argentina hoy en día involucra muchas capas de la sociedad, desde la clase obrera y los estudiantes hasta los desempleados y los pobres rurales. Si el proletariado va a emerger como la fuerza dirigente de los oprimidos, luchando por el derrocamiento del orden capitalista y de la dominación imperialista, es crucial trazar una línea de clases clara. El MST, PO, PTS y demás, en contraste, mezclan todo junto en un guisado “popular” reformista.
Esto también puede verse en el perenne llamado levantado por el PO y el PTS por una “asamblea constituyente” que, en palabras de un volante del PO del 31 de diciembre, expresaría “la voluntad soberana de los trabajadores y desempleados”. El PTS agrega su propia variante a esta demanda en una declaración llamando tanto por una “Asamblea Nacional de trabajadores ocupados y desocupados” como por una “Asamblea Constituyente soberana para que el pueblo pueda discutir libre y democráticamente la salida a la crisis nacional” (“Jornadas Revolucionarias”, 22 de diciembre de 2001). ¿Y cómo debe lograrse esto? “Aún para abrir el camino a esta democracia generosa”, escribe el PTS, “hay que barrer el poder existente con una huelga general y un gran levantamiento nacional que complete la obra iniciada por las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre”.
El llamado por una asamblea constituyente es, en el mejor de los casos, una consigna democrática que puede ser utilizada en situaciones particulares contra regímenes capitalistas dictatoriales como un elemento subordinado en un programa por la revolución obrera. Pero Argentina actualmente tiene una forma democrática burguesa de dominio de clase capitalista con elecciones periódicas, y ese ha sido el caso por ya casi dos décadas. Bajo estas circunstancias, el llamado por una asamblea constituyente sirve solamente para fomentar, no para romper, las ilusiones democráticas burguesas entre los obreros y los oprimidos. En situaciones de agitación prerrevolucionaria, los trotskistas genuinos lucharían para forjar órganos de poder dual —soviets (consejos obreros), comités de fábrica, etc.— como centros de organización en la lucha por la revolución proletaria. Pero para el centrista PTS, el llamado por una “asamblea de trabajadores” sólo es una fachada para su perspectiva de una “gran insurrección nacional” para obtener...¡otro cuerpo parlamentario burgués!
A pesar de toda su retórica “antiimperialista”, la izquierda reformista y centrista argentina formó una unidad con los gobernantes imperialistas estadounidenses apoyando las fuerzas de la contrarrevolución que destruyeron a la Unión Soviética y a los estados obreros deformados de Europa oriental. Mientras los imperialistas germano-occidentales empujaban por la anexión contrarrevolucionaria del estado obrero deformado de Alemania Oriental en 1989-90, los morenistas salieron con un programa “cuya consigna ordenadora es: Reunificación alemana ya” (Correo Internacional, enero de 1990). Por su parte, el PTS llamó por “la defensa del derecho de las masas alemanas a unificarse como ellas lo deseen, aun cuando decidan hacerlo en los marcos del capitalismo” (Avanzada Socialista, 30 de marzo de 1990).
Esta traición fue repetida cuando los morenistas y el PO de Altamira saludaron el contragolpe proimperialista de Boris Yeltsin en Moscú en agosto de 1991. En una declaración del 28 de agosto de 1991, los morenistas dijeron que había sido una “Gran Victoria Revolucionaria en la URSS”, mientras que el PO proclamaba que “La victoria popular contra el golpe tiene un alcance revolucionario” (Prensa Obrera, 29 de agosto de 1991). Estos grupos cargan su propia pequeña medida de responsabilidad por la devastación postcontrarrevolucionaria que se extendió por la antigua Unión Soviética y Europa oriental y que redundó tan negativamente contra los trabajadores de América Latina. En contraste, la Liga Comunista Internacional luchó hasta el fin en defensa de las conquistas de la clase obrera encarnadas en esos estados, a pesar de sus malgobernantes estalinistas. Mientras que el resto de la izquierda abrazaba la “democracia” imperialista contra el “totalitarismo” estalinista, nosotros luchamos por la revolución política proletaria para sacar a los burócratas estalinistas y restaurar el programa del internacionalismo revolucionario que animaba al Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky.
¡Por un partido trotskista genuino!
La necesidad candente hoy en día en Argentina es el forjamiento de un partido leninista-trotskista auténtico. Tal partido llamaría por la completa independencia de los sindicatos del estado burgués. Actuaría, en palabras de Lenin, como un “tribuno del pueblo”, reuniendo a todos aquellos que sufren bajo el yugo capitalista, desde los desempleados y los empobrecidos pensionistas hasta los pobres rurales y los pequeños tenderos que están siendo arruinados por la crisis de la austeridad. Inscribiría en su bandera la lucha por la liberación de la mujer, combatiendo al machismo y a las atrasadas actitudes católicas e impulsando demandas por la plena integración de las mujeres a la fuerza laboral con salario igual. Lucharía por aborto libre y gratuito como parte de un sistema de salud gratuito y de calidad para todos, y por plenos derechos democráticos para los homosexuales.
La sociedad argentina está saturada con el chovinismo de una clase dominante que se deleita con su supuesta superioridad “europea” sobre el resto de América Latina y que está plagada de antiguos nazis. Crucial para cualquier perspectiva revolucionaria es la oposición absoluta a toda manifestación de racismo, antisemitismo y hostilidad contra las minorías indígenas y los inmigrantes.
Sólo un programa de internacionalismo revolucionario puede ofrecerle un camino hacia adelante a la clase obrera argentina. Después de la revolución obrera rusa de 1917, el Partido Bolchevique de Lenin canceló la deuda amasada por el zar y la burguesía rusa simplemente negándose a pagarla. Reconociendo que el imperialismo no podía ser apaciguado, lucharon por extender la Revolución de Octubre al mundo entero. Hoy en día, para liberarse de la servidumbre de la deuda con Wall Street, los obreros y las masas oprimidas de Argentina y a través de América Latina deben ser ganados a los principios y el programa del internacionalismo proletario como fue representado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Ésta es la perspectiva de la LCI: reforjar la IV Internacional para dirigir la lucha por nuevas revoluciones de Octubre alrededor del planeta.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/Argentin.htm
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2016.05.21 16:25 ShaunaDorothy Declaración de la LCI para las protestas de Praga contra el FMI y el Banco Mundial ¡Aplastar la explotación imperialista mediante la revolución socialista mundial! (noviembre de 2000)

https://archive.is/feRdA
A continuación publicamos una declaración de la Liga Comunista Internacional, emitida el 16 de septiembre pasado, dirigida a las protestas planeadas contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Praga ese mismo mes. Las protestas contra la "globalización" se han convertido en un foco de actividad internacionalmente, y han sido objeto de viciosos ataques y terror policiacos, incluyendo arrestos masivos. Exigimos la inmediata liberación de todos los arrestados y el levantamiento de todos los cargos.
Los jóvenes radicalizados atraídos a estas protestas quieren superar el odioso empobrecimiento de las masas en el "Sur Global" que se justifica y forza en nombre del capitalismo del "libre mercado". Sin embargo, los organizadores de la campaña contra la "globalización" buscan encauzar estas preocupaciones y la lucha por la justicia social hacia apelaciones nacional-chovinistas a su propia burguesía.
La demanda principal de la protesta de Seattle fue que la Casa Blanca de Clinton presionara a la OMC para que adoptara y forzara una ley de normas internacionales para el trabajo y el medio ambiente. Además, la protesta estuvo dominada políticamente por la burocracia sindical de la AFL-CIO, que puso en escena una orgía anticomunista contra China y de proteccionismo chovinista. Las manifestaciones en Washington unos meses después se enfocaron en apelaciones liberales a los dirigentes del Banco Mundial para que cancelaran la deuda de los países del "Tercer Mundo".
Los organizadores de estas movilizaciones denuncian molestos al FMI, la OMC y el Banco Mundial por ser antidemocráticos y estar bajo el control de grandes corporaciones "trasnacionales". Al mismo tiempo, apelan a los gobiernos "democráticos" de América del Norte y Europa Occidental. En realidad, el estado capitalista estado u ni dense es el instrumento político fundamental de los bancos de Wall Street, General Motors, Boeing y otros; el estado capitalista alemán cumple el mismo propósito para los bancos de Frankfurt, Daimler-Benz y Siemens; etc. Las instituciones económicas internacionales como el FMI y la OMC están dominadas políticamente por los estados imperialistas principales, mientras que se convierten cada vez más en una arena de conflictos entre ellos.
En México, entre los principales porristas del "espíritu de Seattle" se encuentran la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y su grupo juvenil Contracorriente. En su periódico Estrategia Obrera núm. 14 (octubre de 2000) ensalzan las manifestaciones como "una nueva vanguardia anticapitalista" sin mencionar una sola palabra sobre sus ilusiones en el imperialismo "democrático" ni sobre la contrarrevolución capitalista que ha dado pie a la embestida burguesa antiproletaria a nivel mundial. La LTS apoyó esos movimientos contrarrevolucionarios en Europa Oriental y la URSS sin cuyo triunfo, para empezar, no se habrían reunido el FMI y el BM en Praga, capital del antiguo estado obrero checoslovaco. Con una verborrea nacionalista tercermundista antiestadounidense, el artículo de la LTS no menciona ni por equivocación al enemigo principal de los obreros y jóvenes radicalizados en México: la burguesía mexicana lacaya de los imperialistas.
En oposición fundamental a los principales impulsores seudoizquierdistas del "imperialismo de los derechos humanos", la Liga Comunista Internacional lucha por la liberación de los obreros, campesinos y otros trabajadores, de la explotación, la pobreza y la degradación social mediante revoluciones proletarias tanto en los centros imperialistas como contra sus lacayos en los países neocoloniales, estableciendo así la base para una economía socialista planificada internacional.
¿"Convertir a Praga en Seattle"? ¡Si no hubiera sido por la contrarrevolución que destruyó Europa Oriental y la antigua Unión Soviética hace una década, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional no se estarían reuniendo en Praga! La "revolución de terciopelo" desmembró a Checoslovaquia y ahora el pueblo trabajador, las mujeres y las minorías nacionales y étnicas sufren la cruda explotación, el empobrecimiento y las depredaciones del mercado capitalista. En cuanto a las ilusiones de "libertad", hoy las fuerzas policiacas especialmente entrenadas por el FBI estadounidense y apoyadas por la OTAN amenazan las manifestaciones obreras e izquierdistas con un reforzamiento brutal de la "ley y el orden" de los banqueros imperialistas.
A pesar de toda la palabrería sobre la preocupación por las masas trabajadoras, el llamado oficial para un "día global de acción" en Praga no dice nada sobre el tratamiento de choque capitalista que llevó a una precipitación en la expectativa de vida y devolvió la hambruna a Rusia, echó hacia atrás el derecho de las mujeres al aborto a lo largo de Europa Oriental y dio pie a la emergencia de una plaga parda de terror fascista dirigida especialmente contra inmigrantes y romaníes (gitanos). La guerra de los Balcanes del año pasado hundió a Serbia en una devastación peor que la de los nazis de Hitler. El resultante desastre económico, social y ecológico tampoco mereció mención en el manifiesto oficial para Praga. ¿Por qué sucede esto? Porque los supuestos izquierdistas que organizaron la protesta "antiglobalización" de este año son principalmente la mismísima gente que apoyó la guerra imperialista contra Serbia a nombre de la preocupación "humanitaria" por los albaneses kosovares. Son también los mismos "izquierdistas" que se unieron a sus propios gobernantes capitalistas para luchar por la destrucción de la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa Oriental y quienes apoyaron la elección de la sangrienta camarilla de falsos "socialistas", "ex comunistas" y dirigentes "laboristas" que actualmente gobiernan la Europa capitalista.
Nosotros, camaradas de la Liga Comunista Internacional (LCI), estamos orgullosos de luchar por el auténtico comunismo de los bolcheviques de Lenin y Trotsky. Nuestra perspectiva es proletaria, revolucionaria e internacionalista. Reconocemos que el conflicto fundamental en la sociedad es la lucha del trabajo contra el capital. Debido a su papel central en la producción, el proletariado tiene el poder social para tirar a los explotadores capitalistas y a todo su sistema de explotación de clase, la opresión racial, sexual y nacional y la guerra imperialista. El proletariado tiene el poder y el interés de clase para crear una sociedad —inicialmente un estado obrero— sobre la base de la propiedad colectiva y una economía racional e internacionalmente planificada, llevando a una sociedad comunista sin clases y a la extinción del estado. Alcanzar esta meta requiere de la construcción de un partido leninista-trotskista igualitario internacional. Luchamos por convertirnos en el partido capaz de dirigir revoluciones socialistas internacionales.
Sostener las conquistas proletarias ya arrebatadas a la clase capitalista es parte integral de nuestra lucha. Es por eso que nosotros los trotskistas luchábamos por la defensa militar incondicional de la Unión Soviética y de los estados obreros deformados de Europa Oriental contra el ataque imperialista y la restauración capitalista. Con todos los recursos a nuestro alcance, luchamos en 1989-90 en la RDA [Alemania Oriental] por dirigir una revolución política obrera, manteniendo las formas de propiedad colectiva y reemplazando a los falsos dirigentes estalinistas por un gobierno de consejos obreros. Esto pudo haber sido la guía para la resistencia contra la restauración capitalista a lo largo de Europa Oriental y para la revolución socialista proletaria en occidente. La LCI luchó de nuevo por despertar a los obreros soviéticos para preservar y extender las conquistas de la Revolución Rusa de 1917, que había sido asquerosamente traicionada por décadas de falsa dirección estalinista, pero que no fue derrocada hasta 1991-92. Hoy, el destino del estado obrero deformado chino y la vida de miles de millones de trabajadores en China, a lo largo de Asia y alrededor del mundo, penden en la balanza. Luchamos por la defensa militar incondicional del estado obrero chino contra las renovadas maquinaciones militares e intromisiones económicas imperialistas. Las conquistas de la Revolución China de 1949 están amenazadas por las "reformas" económicas de mercado de los estalinistas chinos, pero estos ataques también han engendrado una revuelta proletaria significativa. Es necesario un partido trotskista para dirigir al proletariado a la victoria mediante una revolución política obrera para preservar y extender las conquistas de la Revolución China de 1949.
Las devastadoras consecuencias mundiales de la contrarrevolución capitalista también destruyeron las teorías antimarxistas del "capitalismo de estado", adoptadas por la Tendencia Socialista Internacional del fallecido Tony Cliff y los estrafalarios y siempre cambiantes "ideólogos" de la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria (LICR, o sea Workers Power) y otros renegados del marxismo (ver "La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’", Spartacist [edición en español] núm. 30, primavera de 2000). Según los cliffistas, la contrarrevolución en la antigua URSS fue simplemente un "paso a un lado" de una forma de capitalismo a otra. Su antisovietismo rabioso de la Guerra Fría se expresó en aquel momento: "El comunismo colapsó.... Es un hecho que debe regocijar a todo socialista." (Socialist Worker, [Gran Bretaña], 31 de agosto de 1991).
Hoy, el proletariado fue arrojado hacia atrás en todo el mundo, y los imperialistas de EE.UU., sin el freno del poderío militar soviético, pueden andar sin miramientos por todo el planeta, utilizando algunas veces a la Organización de las Naciones Unidas como hoja de parra, en volviendo intervenciones militares globales en el manto del "humanitarismo". Los imperialismos rivales, especialmente Alemania y Japón, sin la restricción de la unidad antisoviética de la Guerra Fría, buscan aplacar sus propios apetitos por controlar los mercados mundiales y proyectar concomitantemente su poder militar. Estos intereses nacionales en conflicto llevaron a la ruptura de las pláticas de la OMC en Seattle el año pasado. Estas rivalidades interimperialistas demarcan guerras futuras con armas nucleares, lo cual amenaza con extinguir la vida en el planeta.
Así, la tarea de quitar el poder a los explotadores capitalistas es ahora más urgente que nunca. Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. Hoy, las premisas básicas del marxismo auténtico deben ser motivadas contra la falsa identificación prevaleciente del colapso del estalinismo con el fracaso del comunismo. El dominio estalinista no era comunismo, sino su perversión grotesca. La burocracia estalinista, una casta parasitaria empotrada sobre el estado obrero como la burocracia asentada sobre un sindicato, surgió en el estado obrero degenerado soviético bajo condiciones de atraso económico y aislamiento debido al fracaso por extender la revolución a cualquiera de los países capitalistas avanzados. Los estalinistas dijeron que construían el "socialismo en un solo país", algo imposible, como explicó León Trotsky (y Marx y Engels antes que él), ya que el socialismo es necesariamente de extensión internacional. El "socialismo en un solo país" fue una justificación para vender revoluciones internacionalmente para aplacar al imperialismo mundial. Como lo explicó de manera brillante Trotsky en La revolución traicionada (1936), las contradicciones de la sociedad soviética no podían durar por siempre: "¿Devorará el burócrata al estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas?" Esa contradicción se resolvió amargamente por la negativa.
Marxismo contra anarquismo y "globalización"
La gente que se llama a sí misma "anarquista" reúne una gama que va desde los golpeadores pequeñoburgueses derechistas que odian a la clase obrera y atacan a los comunistas, hasta revolucionarios subjetivos que se solidarizan con el proletariado y buscan genuinamente derrocar a la burguesía. En el último caso, el atractivo del anarquismo es un rechazo saludable al reformismo parlamentario de los socialdemócratas, los ex estalinistas y los falsos izquierdistas que promueven y mantienen el orden capitalista. De hecho, por oponerse a los falsificadores reformistas del marxismo, el mismo Lenin fue denunciado como anarquista. Cuando el líder bolchevique llegó a Rusia en abril de 1917 y llamó por una revolución obrera para derrocar al gobierno provisional capitalista, los mencheviques denunciaron a Lenin como "un candidato... ¡al trono de Bakunin!" (Sujánov, The Russian Revolution, 1917: A personal record [La Revolución Rusa, 1917: Un registro personal, 1984]). (Bakunin era el líder anarquista de la I Internacional). Como lo puso Lenin en El estado y la revolución: "Los oportunistas de la socialdemocracia actual tomaron las formas políticas burguesas del estado democrático parlamentario como límite del que no podía pasarse y se rompieron la frente de tanto prosternarse ante este ‘modelo’, considerando como anarquismo toda aspiración a romper estas formas."
No es sorprendente que haya algún resurgimiento de las creencias anarquistas, fertilizadas por el triunfalismo burgués multilateral de que "el comunismo ha muerto". La Revolución Rusa redefinió a la izquierda internacionalmente y su desmantelamiento final tiene un efecto similar a la inversa. Cuando el nuevo estado obrero era en los hechos un faro para la liberación, en el clímax de los levantamientos revolucionarios internacionales fomentados por la Revolución Rusa, los mejores de los militantes anarquistas y sindicalistas (por ejemplo James P. Cannon, Víctor Serge y Alfred Rosmer) se convirtieron en luchadores dedicados y disciplinados por el comunismo de Lenin y Trotsky. Antes de su ruptura final con el marxismo, Serge el anarquista increpó a los socialdemócratas, que llevaron a los obreros a la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial y viajó a la Rusia soviética a apoyar al nuevo estado obrero. En el curso de la lucha contra los revanchistas contrarrevolucionarios (a quienes algunos anarquistas apoyaron de manera criminal), Serge se unió al Partido Bolchevique y escribió a sus amigos anarquistas franceses para motivar al comunismo contra el anarquismo:
"¿Qué es el Partido Comunista en épocas de revolución? Es la élite revolucionaria, poderosamente organizada, disciplinada, obedeciendo a una dirección congruente, avanzando hacia una sola meta claramente definida por los caminos trazados para ésta, mediante una doctrina científica. Siendo una fuerza tal, el partido es el producto de la necesidad; es decir, son las leyes de la historia misma. Esa élite revolucionaria que en época de violencia permanece desorganizada, indisciplinada, sin una dirección congruente y abierta a impulsos variables o contradictorios, se dirige al suicidio. No es posible ningún punto de vista contrario a esta conclusión."
—La vie ouvrière, 21 de marzo de 1922; reimpreso en The Serge-Trotsky Papers [Los archivos de Serge-Trotsky], Cotterill, ed. (1994)
La difusa popularidad del "anarquismo" entre la juventud actual es por sí misma un reflejo del retroceso en la conciencia política en el nuevo periodo político que comenzó con la derrota colosal que fue la contrarrevolución capitalista en la URSS y en Europa Oriental. En el fondo, el anarquismo es una forma de idealismo democrático radical que apela a la supuesta bondad innata, incluso de los imperialistas más rapaces, para servir a la humanidad. La Liga de los Justos (que cambió de nombre a Liga de los Comunistas alrededor del ingreso de Karl Marx en 1847) tenía como consigna principal "Todos los hombres son hermanos". Observando que había algunos hombres de los que no era ni quería ser hermano, Marx convenció a sus camaradas de cambiar la consigna a "¡Proletarios de todos los países, uníos!"
Históricamente, el anarquismo ha probado ser un obstáculo colaboracionista de clase para la liberación de los oprimidos. Uniéndose a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios, algunos anarquistas saludaron el levantamiento de Kronstadt contra la Revolución Rusa, y Kronstadt sigue siendo una piedra de toque anticomunista para los anarquistas de hoy. Durante la Guerra Civil española, los anarquistas se convirtieron en ministros del gobierno del frente popular que desarmó y reprimió la lucha armada de los obreros contra el capitalismo, abriendo el camino a las décadas de dictadura franquista.
Hoy, las diferencias fundamentales entre el marxismo revolucionario y el idealismo liberal anarquista también se pueden ver en las protestas contra la "globalización". La noción de que las grandes corporaciones capitalistas trascienden actualmente el sistema de estado-nación y dominan el mundo a través de instituciones como el FMI y la OMC es falsa hasta la médula. La "globalización" es una versión actual de la idea del "ultraimperialismo" propuesta por el socialdemócrata alemán Karl Kautsky, quien arguyó que los capitalistas de diferentes países pueden resolver sus conflictos de intereses con medios pacíficos (incluso democráticos). Como señalamos en nuestro folleto Imperialism, the "Global Economy" and Labor Reformism [El imperialismo, la "economía global" y el reformismo obrero]: "Las firmas llamadas multinacionales o trasnacionales no operan por encima ni independientemente del sistema de estado-nación; más bien, dependen vitalmente de sus estados burgueses nacionales para proteger sus inversiones más allá de sus fronteras de la oposición popular y de los estados capitalistas rivales. De allí que los estados imperialistas deben mantener poderosas fuerzas militares y la correspondiente base industrial doméstica."
Muchas organizaciones que apoyan la movilización de Praga piden un "control democrático" del FMI o del Banco Mundial para mejorar las condiciones de la gente del "Sur Global" (Asia, África y América Latina). El PDS alemán (Partido del Socialismo Democrático) argumenta que el trabajo del FMI y del Banco Mundial debe hacerse más transparente y está por una Organización de las Naciones Unidas genuinamente internacional. Hemos llamado "imperialismo de los derechos humanos" a estas apelaciones a la acción, en nombre de los obreros y de los oprimidos, a los opresores y amos directos imperialistas. No sólo son absurdas, sino que estas apelaciones a que el imperialismo se vuelva de alguna manera más responsable y humanitario, son reaccionarias porque crean ilusiones mortales en que la dictadura de la burguesía en sus adornos "democráticos" pueden de alguna manera ser el agente del cambio social a favor de los obreros y de los oprimidos. Esta mentira ata a los explotados a sus explotadores y traza un callejón sin salida para la lucha social.
La idea de que una Organización de las Naciones Unidas "global" puede actuar a favor de los intereses de la humanidad es una mentira que enmascara los mecanismos económicos del imperialismo capitalista. El imperialismo no es una política basada en "malas ideas", sino que es integral para el funcionamiento del sistema basado en la propiedad privada, la extracción de ganancias y la necesidad del capitalismo de conquistar nuevos mercados. Como explicó Lenin respecto a la antecesora de la ONU, la Liga de las Naciones: "Resultó que la Liga de las Naciones no existe, que la alianza de las potencias capitalistas es puro engaño y que, en realidad, es una alianza de asaltantes, cada uno de los cuales trata de arrebatar algo al otro.... La propiedad privada es un robo, y un Estado basado en la propiedad privada es un Estado de asaltantes que hacen la guerra para el reparto del botín." (Discurso en la conferencia de presidentes de comités ejecutivos de distritos, subdistritos rurales y aldeas de la provincia de Moscú", 15 de octubre de 1920).
La primera intervención de la ONU (1950-53) fue una "acción policiaca" contra los estados obreros deformados norcoreano y chino, masacrando a hasta cuatro millones de corea nos. Una década después, la intervención militar asesina en el antiguo Congo Belga fue dirigida bajo los auspicios de la ONU e incluyó el asesinato del nacionalista de izquierda Patrice Lumumba. En el extremo izquierdo del espectro anarquista aparece un artículo en la "página de internet A-Infos" anarquista, que sobresale entre los constructores de la manifestación de Praga por su aguda oposición a rogarle al enemigo de clase que actúe con moralidad y "cancele la deuda del Tercer Mundo". Llaman a aplastar al FMI y al Banco Mundial, y proponen: "Las demandas directas se colocarán no sobre los apaciguadores y compañía, sino sobre las organizaciones obreras y sus direcciones reformistas para desechar al FMI-Banco Mundial y para cancelar la deuda trillonaria ¡YA!" Pero el mundo no se cambiará mediante consignas lanzadas en una gran manifestación o incluso en una gran huelga, y las direcciones reformistas a las que llaman apoyan al imperialismo capitalista. ¿Cómo llegamos entonces del capitalismo al socialismo? Esa es la pregunta para la cual el anarquismo no tiene respuesta.
La teoría marxista y el modelo de los bolcheviques de Lenin dirigiendo a la clase obrera al poder estatal en la Revolución Rusa de octubre de 1917 es la única solución revolucionaria. Los obreros no pueden tomar la maquinaria del estado capitalista y "reformarla" en el interés de los oprimidos. Deben luchar por el poder, aplastando al estado capitalista y creando un estado obrero –una dictadura del proletariado— que aplastará la resistencia contrarrevolucionaria de los antiguos gobernantes capitalistas. Los bolcheviques de Lenin cancelaron la deuda acumulada por el zar y la burguesía rusa al tomar el poder y negarse a pagarla. Esto fue parte de la perspectiva revolucionaria internacionalista de los bolcheviques; contra el apaciguamiento del imperialismo, lucharon por extender el Octubre ruso a una revolución socialista mundial. Entendieron que no podía construirse el socialismo en un solo país.
Contra los aspectos reaccionarios predicados por los anarquistas tradicionales como Prudhon y de los que hoy hacen eco los "verdes" pequeñoburgueses, de que los trabajadores no deben aspirar al bienestar, sino que deben vivir en una existencia espartana comunal, nosotros los marxistas luchamos por la eliminación de la escasez, por una sociedad donde los trabajadores disfruten los frutos de su trabajo que hoy expropian los capitalistas. Decirle a los trabajadores que "aprieten el cinturón" es, de hecho, el programa del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, mediante las políticas hambreadoras de "austeridad" impuestas a las masas del "Tercer Mundo". En nombre de "defender al medio ambiente", los partidos verdes que están ahora en las coaliciones gobernantes en Alemania y en Francia son aún más agresivos que los socialdemócratas imponiendo la "austeridad" capitalista. Frente a las recientes protestas masivas contra los precios extorsionados del combustible, los verdes franceses se opusieron a la concesión del primer ministro socialista de reducir el impuesto al combustible en un 15 por ciento.
En contraste con el impulso anarquista/verde de detener el avance técnico y reducir el nivel de consumo, nosotros los marxistas tomamos el lado de Big Bill Haywood, un dirigente de los IWW (Obreros Industriales del Mundo, conocidos como los "Wobblies"). Cuando un camarada le reprochó que fumara un buen puro, respondió: "¡Nada es demasiado bueno para el proletariado!" Los marxistas reconocemos que la historia del progreso humano ha sido una lucha por dominar a las fuerzas de la naturaleza. El desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales fue una incursión exitosa dentro de la "ecología natural" del planeta, que creó un excedente social, abriendo un camino hacia delante partiendo de la breve y brutal lucha por la subsistencia diaria en la sociedad humana temprana. Para extender a las masas empobrecidas del "Tercer Mundo" todas las cosas de las que gozan los izquierdistas pequeñoburgueses occidentales —electricidad, escuelas, agua limpia potable, medicinas, transporte público, computadoras— se requiere un gigantesco avance en la capacidad industrial y técnica. Ese avance requiere de una revolución internacional victoriosa dirigida por una vanguardia revolucionaria consciente, para hacer consciente a la clase obrera de su misión y para arrebatarla del grillete de los reformistas y seudorrevolucionarios, lacayos del capitalismo.
Es precisamente el servicio leal de los "verdes" nacionalistas burgueses a la clase dominante lo que los lleva a ignorar los más grandes desastres ecológicos del planeta. Así, Joschka Fisher, el ministro verde de asuntos exteriores del IV Reich, apoyó el bombardeo a Serbia de manera vociferante. Los Balcanes están ahora asolados por las cápsulas de uranio residuales y el agua envenenada, y la destrucción de la infraestructura industrial y social moderna significa que la verdadera cuenta de muertos de la guerra de los Balcanes será engrosada por muchos años. Con "verdes" como estos, ¿quién necesita al Doctor Insólito, a I.G. Farben o a la Dow Chemical Company?
De la misma manera, la Guerra del Golfo contra Irak en 1991 destruyó una de las sociedades más avanzadas en la región. Hace diez años, la tasa de mortandad infantil en Irak estaba entre las más bajas del mundo y hoy es la mayor; una sociedad cuya avasalladora mayoría sabía leer y escribir y tenía acceso al servicio médico, ahora muere literalmente de hambre, gracias al bloqueo continuo de la Organización de las Naciones Unidas. Los llamados "izquierdistas" que se opusieron a la guerra devastadora contra Irak contrapusieron las sanciones de la ONU como una alternativa "humanitaria". La LCI se opuso a las sanciones como un acto de guerra que ha matado a más gente que las bombas. El apoyo de la falsa izquierda a los sangrientos crímenes del "imperialismo de los derechos humanos" es la única explicación del estruendoso silencio sobre estas cuestiones en cualquier propaganda oficial para las protestas "anti-globalización" en Seattle, Washington D.C. y Praga. La LCR francesa llamó abiertamente por una intervención militar imperialista en Kosovo bajo el control de la OCSE [Organización para la Cooperación y la Seguridad Europea] o de la ONU (Rouge, 1º de abril de 1999). La LICR (Workers Power) hizo campaña abiertamente por la derrota de las fuerzas serbias ante el ELK, herramienta del imperialismo de la OTAN; compartió una plataforma en Londres con entusiastas del bombardeo de la OTAN y celebró el retiro de las fuerzas serbias, proclamando estúpidamente que "en la secuela de la victoria de la OTAN en Kosovo una situación prerrevolucionaria está madurando" ("La lucha por derrotar a Milosevic en Serbia", 11 de agosto de 1999, declaración de la LICR).
En contraste, la LCI luchó en todas partes por la defensa militar de Serbia contra el imperialismo de EE.UU./ONU/OTAN, sin dar ni un miligramo de apoyo político al chovinista serbio Milosevic, de la misma forma en la que anteriormente luchamos por movilizar al proletariado en la Guerra del Golfo por la derrota del imperialismo y tomamos abiertamente la defensa de Irak (ver la declaración de la LCI sobre la guerra en los Balcanes, abril de 1999 en Spartacist [núm. 30]). Los internacionalistas revolucionarios luchan por la derrota de "su propia" burguesía y por la defensa de las víctimas de la guerra imperialista. La orgía de socialchovinismo de los supuestos izquierdistas es un reflejo directo de su apoyo a los gobiernos europeos que impulsaron la Guerra de los Balcanes. Hace dos años, el SWP británico [el cliffista Socialist Workers Party] hizo una campaña a favor de y se declaró a sí mismo "por encima de la luna" por la elección de Tony Blair, quien era el más grande halcón de la OTAN en Europa. Mientras que posaban a la izquierda en la guerra en los Balcanes contra la cobarde multitud del "pobrecito Kosovo", el SWP mostró su juego en su repugnante apoyo al "Nuevo" Laborismo de Tony Benn, cuya oposición a la guerra estuvo empapada del antiamericanismo chovinista de la "Pequeña Inglaterra". ¡Argüir que los cerdos imperialistas de Europa deben dirigir directamente la guerra en lugar de los estadounidenses difícilmente es un movimiento contra la guerra!
Al extremo derecho de este espectro nacionalista están los fascistas. El año pasado, los nazis alemanes marcharon contra la guerra en los Balcanes con consignas como "¡Ni una gota de sangre alemana por los intereses extranjeros!" El antiamericanismo nacionalista con el que el movimiento europeo contra la "globalización" se empapa profundamente, se transforma en fascismo abierto. Las organizaciones fascistas checas planean montar una provocación para su programa genocida en Praga el 23 de septiembre.
En el crisol de la primera guerra de importancia en Europa en cincuenta años, los falsos "trotskistas" demostraron ser productos en descomposición de la "muerte del comunismo". Hoy compiten por la posición para arrebatar el control del "movimiento antiglobalización". Sólo un tonto puede confiar en que los grupos que ayudaron a llevar a los actuales gobiernos capitalistas europeos al poder puedan ahora luchar contra estos gobiernos, sus bancos e instituciones en el interés de los oprimidos. Lejos de ser una alternativa marxista al anarquismo, los seudotrotskistas son oponentes activos del marxismo revolucionario encarnado en el programa y la prácticas de la LCI.
Las bases materiales del oportunismo y el chovinismo nacional
La ideología burguesa —por ejemplo el nacionalismo, el patriotismo, el racismo y la religión— penetra dentro de la clase obrera centralmente a través de la agencia de los "lugartenientes del capital dentro del movimiento obrero", las burocracias sindicales parasitarias basadas en un estrato superior privilegiado de la clase obrera. Si no son reemplazados por una dirección revolucionaria, estos reformistas dejarán a la clase obrera indefensa frente a los ataques capitalistas y permitirán que se destruya a las organizaciones del proletariado, o las dejarán impotentes al atar crecientemente a los sindicatos al estado capitalista. En su trabajo de 1916, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin explicó:
"La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria, de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros, y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo... Lo más peligroso en este sentido son las gentes [como el menchevique Mártov] que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se haya ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa."
El chovinismo nacional y la cobarde capitulación de los organizadores de un movimiento contra la "globalización" son abundantemente evidentes. Así, los organizadores sindicales de la protesta de Seattle contra la OMC se unieron a las fuerzas anticomunistas de extrema derecha, denunciando el "trabajo esclavizado" en los estados obreros deformados chino y vietnamita. Se arrojó acero chino a la bahía y los letreros proclamaban "Primero la gente, no China". Ilustrando por qué Trotsky describió a la burocracia obrera norteamericana como la herramienta ideal de Wall Street para el dominio imperialista de América Latina, las cúpulas sindicales norteamericanas hicieron una campaña para vetar a los camioneros mexicanos de trabajar en EE.UU. No por nada, en América Latina la AFL-CIO es popularmente conocida como la "AFL-CIA". ¡Increíblemente, la Rifondazzione Comunista italiana y los seudotrotskistas del agrupamiento Proposta sostienen a la "dirección" de la AFL-CIA como un modelo a imitar para los trabajadores europeos (véase Proposta núm. 27, enero de 2000)!
Antes de Praga, el SWP británico trabajó poderosamente en la promoción de una manifestación sindical laborista en defensa de salvar los empleos británicos de la fábrica automotriz Rover. Esta manifestación fue un mar de banderas inglesas y de virulento chovinismo antialemán que pone a los obreros británicos contra los alemanes y ata a los primeros a la clase dominante británica. Consignas como "La Gran Bretaña ganó dos guerras mundiales—ganemos la tercera" dan una probada del veneno. Después de lo sucedido en Rover, el SWP se enterró en una campaña a favor de Ken Livingstone a la alcaldía de Londres; un político laborista que fue un vociferante exponente del terror imperialista contra Serbia y desató a la fuerza policiaca en casa. Cuando los manifestantes anarquistas profanaron irreverentemente los símbolos del imperialismo británico en una protesta del Día del Trabajo en Londres, el SWP se alejó por temor de avergonzar a su candidato a la alcaldía de Londres, el "Rojo" Ken Livingstone. Livingstone endosó la represión policiaca a los manifestantes del Día del Trabajo, muchos de los cuales continúan languideciendo en prisión o enfrentan cargos.
En Francia, José Bové dirige masas en protesta contra McDonald’s y las incursiones de la comida rápida norteamericana dentro del pala dar francés. Nuestro interés es organizar a las fuerzas laborales terriblemente mal pagadas en estas cadenas de comida rápida, sin importar cuál sea su propiedad nacional o su "cuisine". Además, si las preferencias culturales o culinarias son sinónimo de "imperialismo"; entonces, para las pocas luces de Bové, mejor preocupémonos por los italianos, porque la gente adora la pizza y ahora se vende en todas partes desde las Islas Aleutianas hasta el Amazonas. ¡¿O fue "imperialismo" cuando una máquina particular alemana, o sea, la imprenta, conquistó el mundo e hizo posible la alfabetización masiva?!
Hablando más en serio, el chovinismo nacional y el oportunismo de las cúpulas obreras de la falsa izquierda envenenan la conciencia de clase y la solidaridad entre los obreros al fomentar las divisiones religiosas, nacionales y étnicas. En años recientes, esto ha alcanzado un grado febril en el frenesí antiinmigrante. Esto amenaza la unidad y la integridad del proletariado como clase para resistir los ataques de los capitalistas y su estado. Como se señaló en la declaración de principios de la LCI (Spartacist [edición en español] núm. 29, otoño-invierno de 1998):
"El capitalismo moderno, es decir, el imperialismo, que alcanza todas las regiones del planeta, en el curso de la lucha de clases y conforme la necesidad económica lo exige, introduce al proletariado por sus estratos más bajos nuevas fuentes de mano de obra más barata, principalmente inmigrantes de otras regiones del mundo, más pobres y menos desarrolladas; trabajadores con pocos derechos que son considerados más desechables en tiempos de contracción económica. Así, el capitalismo, en forma continua crea estratos diferentes entre los obreros; mientras, simultáneamente, amalgama obreros de muchas tierras diferentes."
En el acuerdo Schengen, las potencias europeas cerraron sus fronteras a los inmigrantes, muchos de los cuales huyeron de la destrucción contrarrevolucionaria de Europa Oriental. Las políticas racistas antiinmigrantes de los socialdemócratas actualmente en el gobierno hacen eco a la demagogia de los nazis de "el barco está lleno" y ciertamente alimentan el terror fascista. Mientras tanto, los gobiernos socialdemócratas de frente popular a lo largo de Europa (gobiernos de coalición que involucran a partidos obreros reformistas y a partidos burgueses) arrullan peligrosamente a los obreros con ilusiones parlamentarias de que los socialdemócratas, cuyas propias políticas han pavimentado el camino a los fascistas, "prohibirán" a los fascistas. Tales prohibiciones han servido históricamente sólo para retocar la imagen de la misma burguesía que recurre al fascismo cuando ve amenazado su dominio. Históricamente, tales prohibiciones contra los "extremistas" se han utilizado contra la izquierda, no contra la derecha. En Alemania, en el periodo inmediato de la posguerra, en 1952, se prohibió un pequeño partido neonazi para retocar cosméticamente las credenciales "democráticas" de los herederos del III Reich, quienes reconstruyeron a la Alemania capitalista bajo los auspicios del imperialismo estadounidense. El verdadero propósito fue "justificar" una prohibición constitucional contra el Partido Comunista Alemán en 1956. Exigimos: ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! ¡Ninguna con fianza en el estado burgués! ¡Por movilizaciones obreras y de minorías para detener a los fascistas!
El partido es el instrumento de la revolución socialista
El partido leninista es el instrumento para llevar la conciencia revolucionaria al proletariado, para organizar las luchas proletarias y guiarlas a la consolidación victoriosa en una revolución socialista. Un partido revolucionario debe luchar contra todos los casos de injusticia social y contra todas las manifestaciones de opresión. Es central a nuestra tarea el combatir todos los casos de opresión a las mujeres y "toda la antigua basura" que ha regresado con el oscurantismo religioso, los ataques contra los derechos al aborto y el fanatismo antigay. Soldar la audacia de la juventud al poder social del proletariado es crucial a la lucha por una nueva sociedad socialista.
Nuestro objetivo es una dirección revolucionaria cuyos cuadros deben probarse y entrenarse en la lucha de clases. El camino hacia delante es que las ahora pequeñas fuerzas adheridas al programa de Lenin y Trotsky forjen partidos con la experiencia, la voluntad revolucionaria y la autoridad entre las masas para dirigir revoluciones proletarias exitosas. Nada menos que una IV Internacional trotskista reforjada será suficiente para la tarea de dirigir a los obreros y a los oprimidos a la victoria del socialismo mundial. No tenemos ilusiones en que éste será un camino fácil y reconocemos que la posesión de la tecnología para un holocausto nuclear por una clase dominante irracional y genocida acorta las posibilidades: no queda mucho tiempo.
Nos guiamos por el programa y las prácticas del comunismo auténtico. Como escribió Trotsky en "La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional" (1938):
"Mirar la realidad de frente, no ceder a la línea de menor resistencia; llamar al pan pan y al vino vino; decir la verdad a las masas, por amarga que sea; no tener miedo de los obstáculos; ser exacto tanto en las cosas pequeñas como en las grandes; basar el programa propio en la lógica de la lucha de clases; ser audaz cuando llega la hora de la acción: tales son las reglas de la IV Internacional."
¡Únete a la Liga Comunista Internacional!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/PRAGUE.HTM
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2015.11.26 00:16 RaulMarti PRIMER DISCURSO DE CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER luego de la derrota de su partido

Durante su mandato (dos períodos)la Presidente ha inaugurado una cantidad de obras acompañada en el evento por su pueblo.
Son discursos políticos-claro- y referidos a hechos actuales.
Este es primero que pronuncia luego de las elecciones del domingo y lo dedica expresamente a los compañeros de "Plaza Podemos"
Es extenso,como todas sus intervenciones,pero para que no siguen los avatares argentinos,es una buena oportunidad de enterarse de unas cuantas cosas.
Demás está decir que en tiempos de oradores sin gracia , a quienes les escriben los discursos o se valen de largos apuntes,como nuestros compañeros Pablo Iglesias,Monedero, "ametralladora" Errejón , etc.(son muy pocos y son NUESTROS) habla improvisando,como es su costumbre, PORQUE ASÍ LO HACEN LOS QUE TIENEN DESDE EL ALMA,ALGO QUE DECIR.
Me he permitido suprimir párrafos por su escaso interés para nosotros.
Con Uds.....¡Cristina Fernández de Kirchner !!!
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Cristina Fernández inauguró obras en el Hospital Posadas.
25–11–2015 / El Palomar: Acompañada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y el ministro de Salud, Daniel Gollan, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró este mediodía las obras de ampliación del Hospital Posadas El hospital público de alta complejidad que está ubicado en El Palomar, partido de Morón, posee un área de influencia de más de 7 millones de personas
El Hospital Posadas es el único nosocomio polivalente nacional que atiende distintos niveles de complejidad y uno de los hospitales públicos más grande de Latinoamérica en relación a la cantidad de prestaciones y trabajadores que forman parte del sector.
Durante el acto, la jefa de Estado inauguró además, mediante videoconferencias, la puesta en funcionamiento de los consultorios externos, laboratorio y diagnostico por imágenes del Hospital de la Baxada “Dra. Teresa Ratto”, en Paraná, provincia de Entre Ríos; y presentó el avance de obras de los Hospitales del Bicentenario de Ituzaingó y Esteban Echevarría.
 PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN, CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER 
Gracias, muchísimas gracias -no me voy a ir, quédense tranquilos, siempre voy a estar con ustedes, siempre-, por estar hoy aquí en Morón, El Palomar, provincia de Buenos Aires, y junto a nosotros el perfil que se recorta de este emblemático e histórico hospital o centro de salud.
Emblemático porque durante décadas fue abandonado, porque durante mucho tiempo sus trabajadores estuvieron precarizados, porque además sus instalaciones estaban obsoletas, pero además de emblemático de lo que fue la salud durante décadas en nuestro país para los gobiernos de turno, es histórico también porque de este edificio faltan once trabajadores que fueron arrebatados durante la noche oscura de la dictadura y en sus legajos rezaba la frase “cesante por abandono”, porque no se habían presentado a trabajar.
Hoy a su Director y a la Directora de Derechos Humanos, les hemos dado los legajos reparados de esos once trabajadores, que no habían abandonado su trabajo, sino que por el contrario, los habían llevado para más tarde desaparecerlos definitivamente.
Hoy también culminamos las obras a las que nos habíamos comprometido: la primera etapa del Plan Director. Más de 350 millones de pesos destinados a las nuevas salas de showroom pediátrico y de ingreso a los nuevos doce quirófanos. Hoy no los pudimos ver, no pudimos ver la mayor parte de la obra.
¿Saben por qué? Porque estaba lista durante la veda y cuando me vinieron a consultar dije “lo abren ya porque la gente lo necesita ya, no vamos a estar especulando para inaugurarlo y mostrarlo durante la campaña electoral”. Y hoy hay gente en los quirófanos, hay profesionales luchando por la vida de otros argentinos, ayudando a recuperar la salud a otros argentinos.
Hoy pude recorrer la sala del showroom pediátrico donde estaba Isabella, una niña pequeñita que había tenido un accidente y que estaba junto a su madre y a su padre y también junto a otros pacientes.
Y quiero decir que también hoy estuvimos en videoconferencia con Ituzaingó, que está en la provincia de Buenos Aires, acá nomás, era el antiguo gran partido de Morón que todos saben a partir de qué momento se dividió en tres partidos.
Y también en Esteban Echeverría, provincia de Buenos Aires, y en Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos. En los dos primeros, en Ituzaingó y en Esteban Echeverría, ya con más del 90 por ciento de la obra avanzada y en Paraná ya inaugurando muchas secciones de estos hospitales modelo.
Yo quiero decirles a todos los argentinos, que el PAMI ha invertido más de 1.400 millones de pesos en la construcción de estos tres modernísimos hospitales.
El primero que tiene Ituzaingó, que no tenía hospital; el mejor de Estaban Echeverría, que era apenas un hospital municipal, como nos señalaba su Intendente, de 120 camas, y en Paraná también. De esos 1.400 millones, ya han sido abonados por esta gestión más de 1.200 millones.
Por eso para la inauguración de estos hospitales, que será por los meses de mayo y junio, solo le resta pagar a la próxima administración 235 millones de pesos y un poco de equipamiento. Miren qué diferentes etapas y épocas. Ojalá, cuando él llego (Néstor Kirchner) el 25 de mayo del 2003, hubiera dejado el gobierno anterior tres hospitales nuevos listos para inaugurar dentro de dos o tres meses.
También dejamos listo para ser entregada al nuevo gobierno, toda la documentación que se requiere para llamar a licitación de la Etapa II del Plan Director. Está todo listo, solamente va a ser necesaria la decisión política de hacerlo, tienen toda la documentación preparada para esa licitación.
También hoy, y por eso nos acompaña en la mesa nuestra querida ministra de Cultura, Teresa Parodi, dos hitos importantes: el primero, el honor de entregarle a la Secretaria General de la Asociación Argentina de Actores, Alejandra Darín, la promulgación de la Ley del Actor, que reconoce como sujetos de derecho a los actores argentinos que carecían de toda protección o cobertura previsional.
Esos hombres y mujeres que nos hacen llorar o reír, o que nos hacen emocionar desde una película, desde una cámara de televisión o desde el antiguo radioteatro.
Por eso también hoy presentamos lo que denominamos “La plataforma Odeón”, que es nada más ni nada menos que una muy humilde, porque mañana sino voy a ser motivo de sorna en los diarios, muy pequeña, una suerte de Netflix criollo en el cual todos van a poder acceder a más de 700 horas, al día de hoy, y 200 horas más de buenas películas argentinas, de series argentinas en un emprendimiento conjunto del INCAA y ARSAT.
A través de las redes sociales, de tu tablet, de tu netbook, de tu computadora, de tu celular podrás ver películas argentinas que, dicho sea de paso, hoy se informó que este 2015, a esta altura, hemos roto el récord de venta de tickets de cine en la República Argentina, más de 42 millones, récord en los últimos 30 años de venta de entradas de cine a un promedio de 62 pesos cada una.
La cultura, la salud que, como decía también Fernando Grey, no se hace únicamente construyendo hospitales, se hace además haciendo lo que hemos venido haciendo desde el primer día de gobierno aquí en la provincia de Buenos Aires y en el resto del país: agua potable, cloacas, obras sanitarias, plantas de tratamiento, acceso al gas, a la educación, mejores colegios, viviendas, todo lo que contribuye el universo para que los argentinos… (corte en la transmisión)
Que hace pocos días…en paz, en absoluta paz, tranquilidad y normalidad y convivencia entre los 42 millones de argentinos en un hecho inédito: por primera vez hubo balotaje en nuestro país.
La diferencia entre ambas fuerzas, porque son dos únicamente las que intervienen, obviamente, en un balotaje, fue muy escasa, muy chiquita. Y yo me pregunto hoy aquí: si hubiera sido al revés, ¿qué estaría pasando hoy en la Argentina? ¿Hubieran reaccionado como lo hicimos nosotros, con la grandeza y la comprensión y la vivencia democrática que debemos tener como argentinos?
Y hoy que estamos firmando junto a los gobernadores argentinos, a muchos de ellos, la refinanciación de los pasivos provinciales, que les permite ir desendeudándose cada año más como lo ha hecho el país, no puedo olvidarme, y cuando lo miro veo a mi ex ministro de Salud y actual Gobernador de la provincia de Tucumán, Juan Manzur, que ganó por 14 puntos de diferencia, sin embargo se mantuvo en vilo a todo un país y a toda una sociedad por un pretendido fraude.
Por eso yo quiero decirles a los argentinos, a todos, a los 42 millones, a los que nos votaron y a los que no nos votaron, que se queden tranquilos, nosotros no vamos a hacer las cosas que nos han hecho a nosotros.
¿Saben por qué? Porque este espacio político plural y diverso, cuyo uno de sus principales componentes es el peronismo, del que soy militante desde muy joven, ha sufrido persecuciones, privaciones, proscripciones como nunca tal vez ningún otro partido político en la Argentina.
Y es precisamente, en nombre de esos dolores, en nombre de esas tragedias, que jamás se nos ocurriría hacer algo que dañara la gobernabilidad y la convivencia de los argentinos; al contrario, vamos a velar por los derechos de todos los argentinos para que sean respetados, para que sean reconocidos.
Vamos a colaborar, no vamos a dejar nunca a un gobierno sin presupuesto, como me tocó gobernar a mí, en el año 2010, cuando nos dejaron sin presupuesto.
¿Saben por qué? Porque los hombres y mujeres que integramos este espacio político, sabemos de las responsabilidades de gobierno. Y saben qué, además, sabemos que cuando las responsabilidades de gobierno no se cumplen no impactan en los que más tienen y en los ricos, sino en los de abajo, en los más vulnerables.
Por eso siempre sostenemos las instituciones, la gobernabilidad, porque sabemos que cuando ésta se rompe, como nos sucedió en el año 2001, los más vulnerables, los que más sufren y los que aún pierden la vida son los de abajo.
Yo los desafío a que entre las víctimas de aquel año 2001 encuentren a alguien que no haya sido del pueblo trabajador o humilde, son siempre los que le ponen el pecho cuando los derechos de todos son conculcados; son ellos los que salen a la calle, los que menos tienen, los que son más castigados y muchas veces los que nunca tuvieron nada.
Por eso quiero darles a todos los argentinos la tranquilidad de que la responsabilidad que la historia y que nuestras propias convicciones y sentimientos, porque además es un sentimiento profundo no sólo el de respetar la voluntad democrática, sino de que las cosas le vayan bien a la Patria, porque por sobre todas las cosas nos inspira un profundo amor a la Patria, un profundo amor al país. Queremos que al país le vaya bien, no somos del ejército del tanto peor tanto mejor.
Por eso quiero decirles en esta tarde tan importante de esta inauguración maravillosa de la primera etapa de remodelación y reconstrucción este hospital, que también, porque he leído en letra de molde que estaban dando ingreso a gente irrestricto, yo quiero también plantearles que no solamente estaba en ruinas el Posadas, estaba en ruinas también la planta de más de 4.400 trabajadores que la integran, todos precarizados, salvo 1.000 trabajadores, algunos trabajadores con más de 20 o 30 años de antigüedad precarizados.
Se hicieron concursos, nadie entró sin concurso y es más, hay 1200 trabajadores que por no reunir las condiciones, precisamente están como monotributistas. Por eso a los que sostienen que entraron por la ventana, acá nadie entra por la ventana, nosotros no acostumbramos a meter a nadie por la ventana, entramos y salimos por la puerta como debe ser siempre.
Entramos y salimos por la puerta, por la misma puerta que entramos, por la misma puerta salimos, pero salimos, además, con el orgullo como argentinos de haber cumplido parte de la tarea, y fíjense que no digo cumplido la tarea, nunca nadie que gobierne termina de cumplir la tarea, porque siempre va a haber alguien al que todavía le falte trabajo, que esté precarizado, que no pueda acceder a su vivienda propia, que por ahí no tenga acceso a un centro de salud moderno y complejo.
Hoy me tocaba visitar en una obra que también ya está por terminar, lo que se denomina “Casa Posadas”, detrás del hospital.
La “Casa Posadas” va a ser, ya está casi terminada, un lugar de alojamiento para aquellas familias que viniendo del interior, o teniendo que trasladarse demasiado lejos, en los tratamientos ambulatorios, por ejemplo, de quimioterapia, van a tener a su disposición un alojamiento de 26 habitaciones, cocinas, baños y esparcimiento para poder estar aquí también, dignidad a la gente, a los que menos tienen.
Les decía que entramos y salimos por la misma puerta, pero salimos con muchas cosas más porque cuando entramos casi un cuarto de los argentinos no tenían trabajo y hoy cuando salimos hay un índice de desocupación del 5,9; entramos con una Argentina donde había impunidad y salimos habiendo iniciado la tarea de reconstrucción y reparación de la memoria, la verdad y los derechos humanos más importante que se registrar en la historia del mundo.
Y debo decirlo, del mundo, pocos países, no recuerdo ninguno, que hayan juzgado ellos mismos sus propios crímenes, siempre han sido tribunales internacionales ad hoc, empezando por el drama y la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Es la primera vez que un país con sus propios tribunales, con sus propios jueces y con sus propios derechos y garantías que otorga la Constitución, juzga un genocidio.
Por eso cuando el otro día, el domingo 22, me tocó leer a mí y a otros argentinos un editorial del mismo diario que le dijo a Néstor Kirchner que apenas iba a durar un año en el gobierno, reclamando que cesaran los juicios de lesa humanidad y cuando vi la reacción popular que esto generó pensé no solamente hemos sembrado memoria y verdad, hemos sembrado historia, coraje y cultura para defender la memoria, la verdad y la justicia.
Entramos por esa puerta con más del 50 por ciento de los trabajadores que tenían trabajo, no de todos, de los que tenían precarizado totalmente y hemos descendido considerablemente los índices de precarización; falta más, mucho más, pero tienen que ayudarnos los sindicatos, los trabajadores, la sociedad empoderada.
Entramos a esa casa de gobierno donde no había convenios colectivos ni consejo del salario mínimo, vital y móvil, donde había más del 40 por ciento de los jubilados con una mínima de 200 los que estaban jubilados y salimos con convenciones colectivas – ya voy a hablar de ese tema, quédate tranquila.
Entramos y salimos con un salario que es el salario mínimo, vital y móvil más importante de América latina, lo midan contra lo que lo quieran medir, contra dólares, contra inflación, paridad de poder adquisitivo; salimos con el 97 por ciento de nuestros viejos y viejas cubiertas por el sistema previsional y garantizada la movilidad jubilatoria; entramos sin ninguna cobertura para aquellos que no tenían trabajo o estaban precarizados y salimos con el derecho, no el programa o el plan social, el derecho de la AUH que significa que mientras no se consigue trabajo el Estado tiene que estar presente para que los pibes vayan al colegio, tengan educación y tengan salud, que no tienen la culpa de lo que les pasó a los padres o de lo que le hicieron a los padres.
Entramos a esa Casa de Gobierno a punto de perder las únicas dos órbitas satelitales que tenía nuestro país, porque hasta el espacio aéreo había sido privatizado; Néstor a través de un decreto sacó del medio esto y volvió a recuperar para el patrimonio de los argentinos el dominio espacial.
Pero no nos conformamos porque si no ocupábamos las órbitas las perdíamos, una de ellas era solicitada por Inglaterra. Entramos en esas condiciones y nos vamos con dos satélites en sus órbitas, hechos por argentinos, por el INVAP. Científicos argentinos, proyecto argentino, trabajo argentino, satélites argentinos.
Entramos con un déficit energético muy fuerte, pero que estaba escondido porque no había actividad económica, no se había hecho ninguna obra importante. La última obra se había hecho era allá por el 98, pero no se notaba.
¿Saben por qué no se notaba? Primero porque no había fábricas abiertas, segundo porque ustedes en sus casas, los que tenían casa, no tenían nada que enchufar. Ahora tienen que enchufar un lavarropas nuevo, una heladera, un plasma, un aire acondicionado.
Por eso había superávit energético. Falso, fue necesario construir miles y miles de megavatios para dar abasto al proceso de reindustrialización más importante, porque entramos sin industrias y salimos con un país con industrias en marcha, dándole trabajo a millones y millones de argentinos.
Entramos a esa Casa de Gobierno, a la Casa Rosada, con científicos que no creían en nada ni en nadie, con científicos que se habían ido del país, porque este país que desde la universidad nacional pública y gratuita les había dado tantas oportunidades a tantos argentinos, no les daba trabajo.
Y hoy nos vamos con más de 1.000 científicos y científicas que han retornado al país, con un Ministerio de Ciencia y Tecnología y con la inversión en ciencia y tecnología, en salarios, en laboratorios y también en eventos tecnológicos más importante que se recuerde en toda la historia de la Argentina.
Entramos en un país donde los últimos museos o espacios culturales se habían hecho hacía décadas, es más, recuerdo que había habido un gran proyecto cultural en lo que terminó siendo un hermoso shopping.
Nosotros en cambio realizamos y llevamos a cabo la inversión en infraestructura cultural, pero además inversión cultural que no es solamente en museos o en edificios, como el Centro Cultural Kirchner o el Museo del Bicentenario o el Museo de la Lengua y la Palabra, la reparación del Museo de Bellas Artes, no –ya vamos, son muchas cosas, y como no es cadena nacional no van a poder decir nada- nos vamos con una inversión que ha permitido generar una industria de contenidos y series a través del BACUA y de numerosos programas que nos han permitido que nuestros artistas por primera vez conquisten premios internacionales sin precedentes.
Más de 200 películas argentinas financiadas por el INCAA, el Estado, como nunca antes se había hecho, trabajo para los actores, trabajo para los utileros, para los cámaras, para los cableros, y también exportación. Nos vamos en un país donde teníamos que importar software y ahora estamos exportando software.
Entramos en un país donde no había habido inversión y quienes podemos dar cuenta que no había habido ni aerolínea de bandera somos nosotros, los de la Argentina profunda y lejana. Para lo que ustedes es el bondi para nosotros es el avión.
Y si no era un destino turístico rentable no llegaba nadie, con reducción de vuelos, con impacto también en el turismo. Y aquí está esta nueva Aerolíneas Argentinas, modelo en el mundo, que hemos recuperado y que hoy, lo reconoce la propia competencia privada, es de un grado de excelencia mejor, pero que además, a diferencia de los privados, va a todas las provincias argentinas, las 23, a las que son turísticas y a las que no lo son.
Porque el concepto de un país no se puede medir con una empresa, un país no es una empresa, un país es una nación, conformada por hombres y mujeres, con diversidad, con necesidades que deben ser cubiertas no con un criterio economicista o de balance, para que cierre el balance.
El balance de una empresa se cierra de una manera, pérdida o ganancia, cuánto entró y cuánto salió. El balance de un país se cierra por cuántos argentinos están adentro y cuántos quedan afuera. Por eso no es lo mismo un país que una empresa, que nadie se confunda.
Entramos a un país cuando habíamos perdido un recurso estratégico que ningún país renuncia y pierde, el energético, y nos tocó recuperar Yacimientos Petrolíferos Fiscales, convertida hoy en la empresa argentina más grande y una de las 2.000 más grandes del mundo.
Mañana vamos a ir a La Plata, y vamos a visitar las inversiones que se están haciendo en el YTEC, que es un instituto de investigación petrolera hecho en conjunto entre YPF y el Ministerio de Ciencia y Tecnología.
Y también vamos a visitar la modernísima planta de coque, que la va a convertir en la más importante de toda Sudamérica. Esa es nuestra YPF, sostenida y ayudada por el Estado con políticas activas, como todo el sector petrolero también privado.
Porque todos ustedes saben que ha caído el precio del petróleo, y cuando cae el precio del petróleo si vos tenés un criterio empresario bajás equipos y que la gente quede en la calle; cuando vos tenés un concepto de país sabés que tenés que mantener ese trabajo, fundamentalmente la inversión, pero fundamentalmente también que esa empresa siga funcionando para todos los argentinos hasta lograr el autoabastecimiento energético.
Podría seguir enumerando, podría seguir hablando de los derechos reconocidos de la universidades, estas 19 nuevas universidades que permiten que nuestros chicos puedan estudiar, que no tengan que hacer, como hacían no hace mucho tiempo, apenas allá por la década del 60 ó del 70, los jóvenes del sur o del norte venirse a Córdoba, a La Plata, a Buenos Aires o a Rosario para estudiar.
Esto ha permitido por primera vez en la historia que los hijos de los trabajadores, como fue también en mi época, signada por el paso del peronismo en el gobierno, pudieran llegar a la universidad.
Lo hemos logrado porque hemos protagonizado en estos 12 años y medio el proceso de movilidad social ascendente más importante del que se tenga memoria. Nadie puede decir en estos 12 años y medio que no ha progresado un poco más de lo que era su vida por el 2001, 2002 ó 2003.
También y finalmente quiero decirles que hay otros derechos, tal vez, que no eran reclamados o por lo menos no eran vistos por el conjunto de la sociedad, pero les damos cabida. Tengo el inmenso orgullo como mujer, pero como ser humano fundamentalmente, de que bajo nuestra gestión se promulgara la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, la Ley de Fertilización Asistida, para todas esas mujeres que no podían quedar embarazadas y no podían pagar los costosos tratamientos.
El honor de haber inaugurado el otro día el Polo Científico Tecnológico en lo que eran las ex bodegas GIOL, donde había solamente ocupas y ratas, ratas de cuatro patas digo.
Y debo decir algo, después de lo que hemos vivido en los últimos días digo que hemos hecho algo mucho más importante que todo esto y todo lo que seguramente se me olvidó enumerar. ¿Saben qué hemos hecho? Hemos empoderado al pueblo en sus derechos, la gente sabe cuáles son sus derechos, no son autoconvocados, son empoderados.
En cabeza de todos y cada uno de ustedes están los derechos y son ustedes los que deberán defenderlos si alguien se atreve a querer arrebatárselos. Aquí estaremos, junto a ustedes, defendiendo las conquistas logradas y reconociendo esta siembra de conciencia nacional, popular y democrática que hemos sembrado a lo largo y a lo ancho de la Argentina, en las mujeres, en los trabajadores, en los científicos, en los jóvenes y en todos aquellos que creen que la patria es el otro porque la solidaridad y el prójimo siguen siendo lo más importante.
Gracias argentinos, muchas gracias a todos por el esfuerzo, por el coraje, por la valentía, por el empeño puesto y porque sé que nunca más van a abandonar la lucha. Gracias todos, los quiero mucho.
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